Capítulo 1: El comienzo
Hace mucho tiempo, en el lugar que separa el dolor del amor con la incertidumbre de descubrir quién eres realmente...
The Hollow
1
—Esto no puede ser una historia de amor, señorita.
El arquero, con unos ojos tan azules que se le antojaban gélidos; atravesando el frío de un alma rota.
Tomó con delicadeza el mentón de la preciosa campesina, y sostuvo el aliento.
—Archer, estás…Estás sangrando. —pronunció ella como única respuesta.
En efecto, el arquero, que incontables veces atrás había hecho gala de un comportamiento mas bien inmaduro y anhelante; ahora estaba desarmado frente a ella…Llorando lágrimas de sangre.
Al percatarse de esto, el arquero solo sonrió con suficiencia y mientras mordía su labio inferior, limpió un poco de la sangre con la tela de su chaqueta y, tras el sonido de un beso que no llegó a los labios de la muchacha, pintó con el liquido rojo su mejilla.
La joven de cabello tan rosa como un atardecer de los preciosos cielos olvidados se quedó estática.
—Archer. —musitó— ¿Por qué no puedes quedarte conmigo? ¿Qué hemos hecho mal?
El joven dio dos pasos en falso hacia delante, intentando guardar distancia entre los dos. Era la última vez que una maldición así le robaba este tipo de cosas; privándolo de estos…Sentimientos.
—Yo soy el que he hecho las cosas mal —gruñó, empuñando su arco. Apuntó con el filo de su flecha, enmarcando las facciones ligeramente abatidas de la joven. Ella simplemente retrocedió y por un instante sintió miedo, pero lo dejó continuar—: Soy un monstruo entre la pureza de todo este lugar, donde las hadas revolotean y se come el más dulce pastel de miel. Un asesino inservible que disfruta quemando sus heridas ayudado de aquellos tiernos dragoncitos que la mantienen caliente, y…
Antes de que pudiera siquiera finalizar su auto-escrutinio, la muchacha simplemente le regaló una sonrisa de azúcar.
Aquellos dientes blancos y facciones besadas por pequeñas pecas hacían que incluso la crueldad de una mentira se sintiese real. Así, ella resopló:
—No creo que alguien que se exprese así de los dragones y las hadas pueda ser tan malo, ¿sabes?
Él le entregó una mirada glacial y arqueó una ceja:
—Cuidado, señorita. Empezaré a creer que todo lo que siento es benevolente.
—¿Por qué es tan difícil para ti creerlo, Archer?
Aquel chaqueta de cuero que resguardaba una camisa del color de la champaña se estaba tornando bicolor a causa de las manchas de sus lágrimas, pero él optó por sorberse la nariz, admiró el cielo a pinceladas en tonalidades que en ese instante él consideraba nauseabundas y confesó:
—No me conoces realmente, Eva.
—Sigue siendo un desastre.
—Incluso para ustedes "un desastre" es preocupante. —replicó Lala.
El de cabello dorado levantó una navaja, y el filo destelló contra el cálido sol de la tarde allí, en el modesto hogar de otra Destino que, a diferencia de Castor y Aurora, había decidido seguir siendo su amiga.
El chico empezó a pelar una manzana y avivó la chimenea con unos cuantos troncos al que les había clavados sus flechas.
—Aún no recuerda mi nombre. Cree que me llamo “Archer”.
La Destino dejó escapar una risita.
—Bueno, yo diría que con esa vestimenta cualquiera te llamaría así, Jacks.
El joven se masajeó las sienes y mordió un lado de la fruta roja.
—Aun sigo asqueado, enojado, harto de ese principito…¿Crees que Valorfell me perdonaría si le corto la garganta?
La Novia Maldita le lanzó una mirada que él enfrentó con unos ojos de hielo.
—Sabes que volvimos a estar en ese punto de la línea temporal, Jacks. Pero, salvaste su vida; eso debería ser ya suficiente; ¿no lo crees?
—Tú lloras lágrimas envenenadas, Lala. —acotó él, en un gruñido— Las mías no dejan de recordarme que si la beso, si acorto la distancia entre sus labios y los míos…Y lo que siento por dentro quema, me está consumiendo y no se siente bien…
—Nunca dije que la intensidad con que tú sientes las cosas fuese algo divertido. —aclaró ella— Más bien, estaba esperando.
El supuesto arquero se enfrentó a su amiga y dejó caer el corazón de la manzada en la chimenea. El crepitar de las chispas se hizo presente por unos segundos. La Destino lo contempló, separados únicamente por su mesón de campo y exclamó:
—¡Eso! ¡Estaba esperando eso!
Su amigo le dedicó una sonrisa que podría cortar el sonido del silencio.
—¡Solo necesitaba que lo reconocieras! ¡He estado trabajando en algo!
Mencionó a Tiempo.
Al joven arquero le encantaba cómo sonaba todo eso: una pelea entre Destinos para devolverle a la joven a la que tanto amaba.
—¿Estás dispuesto a pagar el precio? El riesgo puede resultar muy elevado…
Así pues, mientras ella volvía a subir a su carruaje, el arquero pronunció:
—No hay nada de igual valor para mí.








