Celos que queman《CharlieBabe》

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Sinopsis

Es sobre la 2 temporada de pitbabe2, capitulo 2 con algunos cambios....

Genero:
Drama
Autor/a:
Vanesa
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

ONE SHOT

El Desafío en el Bar

Babe se encontraba sentado solo en la barra del bar, con un vaso de whisky en la mano. El ambiente estaba cargado de humo de cigarrillos y luces tenues que apenas iluminaban los rostros de los presentes. Había pasado solo un día desde que perdió contra Willy en la pista de Red Racing, y la derrota aún le ardía en el pecho como una herida fresca. Vestía un pantalón negro ajustado, una musculosa blanca ceñida al torso, encima una remera blanca, un abrigo gris y, por último, su chaqueta negra favorita que le daba ese aire de intocable.

De repente, sintió una presencia fuerte a su lado. Un olor a alfa invadió su espacio personal, intenso y provocador. Babe no necesitó girarse para saber de quién se trataba.

—Hola, Babe.— dijo Willy con una voz grave y confiada, apoyando un brazo en la barra.

Babe giró el rostro lentamente, con una sonrisa fría y distante.

—No nos conocemos tanto.— respondió, sin mostrar ningún interés.

Willy se sentó en el taburete contiguo sin pedir permiso, acercándose un poco más de lo necesario.

—Todos estamos en el mismo círculo. No pierdes nada con conocerme…¿De verdad no quieres saber de mí?

Babe soltó una risa corta y sarcástica.

—¿Por qué tendría que conocer a alguien del equipo rival?

—Pero yo sí quiero conocerte.— insistió Willy, mirándolo fijamente.— Eres mi ídolo. Empecé a correr porque quería ser como tú. He visto todas tus carreras…Incluso puedo recitar los parámetros técnicos de cada una de ellas.

Babe lo miró con una sonrisa cargada de desdén, removiendo el hielo en su vaso.

—¿Y qué? No eres el primero que intenta acercarse a mí de esa manera.

Willy sonrió con arrogancia.

—Pero la última persona que usó ese truco ahora es tu novio, ¿verdad? ¿No tengo derecho a una oportunidad así? A decir verdad…soy más atractivo que Charlie, ¿no?

El rostro de Babe se endureció al instante.

Sus ojos brillaron con ira contenida.

—No me interesan para nada las tonterías que salen de tu boca.— dijo con voz baja y peligrosa.— Pero te lo advierto: no vuelvas a mencionar el nombre de mi novio.

Willy levantó las manos en señal de rendición, aunque su sonrisa no desapareció.

—Está bien, no lo mencionaré.

Miró a su alrededor con fingida curiosidad y preguntó:

—¿Y a dónde fue tu novio? Ustedes siempre están pegados.

—Ocúpate de lo tuyo.— respondió Babe secamente, terminando de un trago lo que quedaba en su vaso.

Willy soltó una risa suave y se inclinó un poco más hacia él.

—Eso significa que esta noche estás libre. Déjame invitarte a tomar una copa…¿Qué tal si pretendes estar soltero por esta noche? No se da todos los días. Antes no rechazabas a nadie…con tal de que fuera guapo, intenso…— Willy se acercó bastante al rostro de Babe, su aliento rozándole la mejilla.— y supiera lo que hacía en la cama.

Babe sonrió por unos segundos, una sonrisa fría y sin calidez. Luego, sin decir nada más, se levantó del taburete con la intención de irse.

Pero Willy fue más rápido y se interpuso en su camino. Sus rostros quedaron peligrosamente cerca, casi rozándose.

—¿Estás buscando que te parta la cara?— preguntó Babe, harto, con la voz cargada de enojo y disgusto.

Willy lo miró directamente a los ojos, lleno de confianza.

—Pues prueba. Soy de primera categoría. ¿De verdad no te late ni un poco?

Babe soltó una risa seca, casi burlona. Con lentitud deliberada, se acercó al cuello de Willy y aspiró su olor profundamente. Al alejarse, su expresión era de puro desagrado.

—Lo siento, el olor de los alfas me revuelve el estómago.

Intentó pasar de largo, pero Willy volvió a bloquearle el paso, esta vez con el cuerpo más cerca.

—Si huelo tan mal, ¿necesitas estar así de cerca para notarlo? ¿O ya no te funciona el olfato?— preguntó Willy con tono provocador.

Babe sonrió con frialdad.

—Como te había dicho…ocúpate de lo tuyo.

—Solo adivino…Después de todo, tu cara estaba tan cerca…— Willy entrecerró los ojos.— ¿Perdiste contra mí porqué ya no tienes tus superpoderes?

Babe se detuvo, su mirada se volvió más oscura y desafiante.

—Escúchame bien, yo, PitBabe, sin superpoderes sigo siendo mejor que tú en tu mejor forma.

Estaba por girarse definitivamente para marcharse cuando Willy lo detuvo tomándolo suavemente del brazo.

—¿Qué tal si jugamos algo más emocionante? ¿Te atreves, PitBabe?

Babe se quedó mirándolo fijamente, el enojo y el odio evidentes en sus ojos. No sentía absolutamente nada de atracción por Willy; solo repulsión, irritación y un profundo desprecio hacia ese alfa arrogante que se atrevía a invadir su espacio y hablar de Charlie de esa forma. Su corazón y su lealtad seguían perteneciendo únicamente a su novio.

La tensión entre ambos era palpable en el aire del bar, mientras la noche de la carrera aún estaba por comenzar.

Celos en la Sombra y Victoria en la Pista

En el laboratorio de Pete, el ambiente estaba cargado de tensión científica y esperanza.

Las pantallas de las computadoras iluminaban los rostros concentrados de los presentes. Charlie se acercó a donde estaba Chris, el científico extranjero, con una carpeta en la mano y los ojos fijos en los datos que aparecían en la pantalla principal.

—De hecho, los resultados más recientes del experimento muestran que es muy parecido a lo que el Tío Raven me inyectó en su momento.— dijo Charlie, señalando con el dedo los gráficos en la computadora. Su voz reflejaba una mezcla de concentración y optimismo.— Incluso a nivel celular, se están produciendo cambios positivos.

Chris asintió lentamente, ajustando sus gafas mientras analizaba los datos junto a él.

—En realidad, si logramos combinar ambas fórmulas y seguir desarrollándolas, quizás logremos un avance significativo.— respondió Chris con tono profesional pero esperanzado.

El otro ayudante científico, que estaba revisando notas en una tablet, levantó la vista y dijo con determinación:

—De acuerdo, me pongo a trabajar en eso ahora mismo.

Chris le dio una palmada en el hombro.

—Cuento contigo.

—Déjamelo a mí.— respondió el ayudante con una sonrisa confiada antes de girarse hacia su estación de trabajo.

Charlie sonrió ligeramente, sintiendo cómo la esperanza crecía en su interior. Por fin parecía que estaban avanzando en la creación de la poción que podría disolver o controlar los poderes de alfas y omegas. Esa sonrisa duró solo unos segundos.

—Charlie…— lo llamó una de sus compañeras de trabajo, una científica joven que se acercaba con el celular en la mano.

Tanto Charlie como Chris se acercaron a ella.

—¿Es Babe?— preguntó Charlie, frunciendo el ceño al ver la expresión preocupada de su compañera.

La científica le mostró la foto en la pantalla del celular. Era una imagen tomada en el bar: Babe sentado en la barra, y justo en el momento en que Willy se había acercado demasiado a su rostro, casi rozándolo. La foto capturaba la cercanía incómoda y la sonrisa provocadora de Willy.

La expresión de Charlie cambió por completo en un instante. Sus cejas se fruncieron profundamente, su mandíbula se apretó con fuerza y su mirada se volvió seria y oscura.

Un torrente de enojo, celos y una posesividad intensa lo invadió. Su cuerpo se tensó, los puños se cerraron a los lados y respiró profundamente para contener la rabia que le subía por el pecho. No dijo nada en ese momento, pero sus ojos ardían con la necesidad de ir a buscar a Babe y alejar a ese alfa rival de su lado.

Mientras tanto, en la pista de carreras nocturna, el rugido de los motores y los gritos entusiastas de la multitud llenaban el aire. Las luces de los focos iluminaban la línea de salida. Babe y Willy estaban listos para competir.

Willy, con una sonrisa arrogante, se giró hacia Babe antes de subir a su auto.

—¿Qué apostamos?— preguntó con voz provocadora.

Babe se calmó, cruzando los brazos con curiosidad fría.

—Si pierdes, me dejas de molestar.— respondió con tono firme y cortante.

Willy miró directamente a los labios de Babe por unos segundos, con una mirada cargada de deseo.

—Si gano, eres mío esta noche…Vamos a competir en dos rondas. El que llegue primero gana.

Ambos subieron a sus autos. Sus miradas se cruzaron a través de las ventanillas. Willy le guiñó un ojo con descaro, pero Babe lo ignoró por completo, su expresión llena de disgusto y determinación.

El semáforo bajó y la carrera comenzó. Los motores rugieron, los autos salieron disparados y la multitud enloqueció. Las curvas eran agresivas, los adelantamientos arriesgados, pero Babe condujo con su habilidad legendaria. Al final de las dos rondas, Babe cruzó la meta primero, ganando claramente.

Babe salió de su auto con paso firme y expresión satisfecha. Willy hizo lo mismo, bajando de su vehículo con una sonrisa que intentaba ocultar su frustración.

—Le haces honor a tu título y nunca decepcionas.— dijo Willy, acercándose un poco.

Babe sonrió con arrogancia y frialdad.

—Has perdido la apuesta. Ahora puedes irte a la mierda.

Willy soltó una risa baja, sin perder su sonrisa burlona.

—Pero soy tu fan número uno…¿Qué tal si nos tomamos una foto juntos?

Babe suspiró, molesto, pero no quería armar una escena delante de la multitud que aún los observaba y gritaba. Asintió de mala gana.

Willy sacó su celular rápidamente y se colocó al lado de Babe para una selfie. Cuando Babe estaba a punto de posar con expresión neutra, Willy puso una mano en su hombro y acercó mucho su cara, haciendo que sus mejillas se tocaron por un segundo.

Babe reaccionó con enojo inmediato. Lo empujó con brusquedad, separándolo de golpe.

—¿Qué carajos haces?— exclamó Babe, la voz llena de irritación y odio.— Dije que no me molestaras.

Babe se dio la vuelta sin esperar respuesta y se dirigió a su auto para subirse e irse de allí cuanto antes.

Willy, aún con esa sonrisa burlona en los labios, levantó la voz para que Babe lo escuchara:

—Buenas noches, Babe.

La multitud seguía gritando y celebrando, pero la tensión entre ambos alfas quedaba flotando en el aire de la pista.

Celos que Arden en las Escaleras

Babe entró a la casa con paso cansado, quitándose la chaqueta negra de un solo movimiento y dejándola sobre la silla del recibidor junto con el abrigo gris y la remera blanca. Solo quedó con su musculosa blanca ajustada, que marcaba cada línea de su torso. Subió directamente hacia la escalera, pero se detuvo en seco al ver a Charlie sentado en uno de los escalones, esperándolo. Charlie solo llevaba un pantalón de dormir suelto y una remera blanca sencilla.

Su expresión era seria, los ojos fijos en él.

—Charlie…— murmuró Babe, sorprendido.

Charlie levantó la mirada lentamente.

—¿Te lo has pasado bien esta noche?— preguntó con voz baja, casi demasiado calmada.

Babe soltó una risa corta.

—Ibas a llegar tarde…No quería estar solo.

Charlie se levantó con lentitud, sin apartar los ojos de él.

—No llegué tarde.

Caminó hacia Babe, que retrocedió un par de pasos instintivamente. Charlie siguió avanzando.

—Llegué a casa antes que tú.

Babe no dijo nada. Charlie se detuvo frente a él y preguntó:

—¿Has ido a beber?

—Solo un poco…Casi no he bebido.— respondió Babe, intentando sonar casual.

Pasó de lado y siguió subiendo la escalera, pero Charlie lo siguió y se plantó en su camino.

—¿Qué pasa?— preguntó Babe, deteniéndose.

Charlie lo miró fijamente, sin decir una palabra. Babe suspiró.

—Está bien, es mi culpa…Solo bebí un poco, no es nada.

Intentó seguir subiendo, pero Charlie bloqueó el paso otra vez. Se acercó más. Babe retrocedió un poco, pero Charlie inclinó la cabeza y olió directamente su cuello. Su mano se apoyó en la baranda, atrapándolo.

—¿Había mucha gente en el bar? ¿Por qué huelo a otro alfa en ti?— preguntó Charlie, con la voz ronca y cargada de algo peligroso.

Babe se sorprendió por un segundo. El olor de Willy aún estaba pegado a su piel y eso lo llenó de disgusto, pero no lo mostró. Solo sonrió con frialdad.

—Como siempre, no hay nada especial.

Charlie lo analizó en silencio. Babe intentó bromear.

—¿Aún no has desarrollado la poción disolvente de habilidades? Tus sentidos siguen siendo tan buenos.

Charlie sonrió con sorna, pero sus ojos no tenían calidez.

—Todavía estoy trabajando duro para desarrollarlo…¿Y tú? ¿Te lo has pasado bien, mi amor? Digo, ya que saliste solo.

Babe bufó con una sonrisa.

—No…Solo bebí, Charlie…Una copa y ya.

Quiso seguir subiendo, pero Charlie puso una mano contra la pared, cortándole completamente el paso.

—Charlie, no sigas…La carrera se acerca. Prometo que no beberé más.

Charlie lo observó un momento más y se acercó hasta que sus cuerpos casi se rozaban.

—Si no estás contento con la salida, ¿por qué no volviste antes? Tienes algo bueno esperando en casa.

Babe sonrió, esa sonrisa que solo reservaba para él, y deslizó los dedos por el abdomen de Charlie por encima de la remera.

—¿Y ese algo bueno es mío, verdad?

Charlie no respondió con palabras. En un movimiento rápido lo giró y lo empujó contra la baranda, quedando detrás de él. Sus manos se aferraron con fuerza a las caderas de Babe. Empezó a besar su cuello con hambre, mordiendo la piel y chupando con fuerza.

—¿Qué haces?— preguntó Babe con una sonrisa confusa, intentando girarse.

Charlie lo retuvo, una mano firme en su cuello, y siguió besando, chupando y mordiendo.

—Charlie…— jadeó Babe, tratando de alejarse un poco.

Pero Charlie no lo soltó. Su voz sonó ronca contra su oído:

—¿No me deseas, Babe?

Babe sonrió al sentir los dientes de Charlie clavándose en su cuello.

—De hecho, cuando entré por la puerta y vi a mi cachorro esperándome…lo deseé.

Se dejó hacer, inclinando la cabeza para darle más acceso. Charlie pasó los besos al hombro y mordió más fuerte.

—Charlie, duele…No muerdas.— se quejó Babe, aunque su voz tenía un tono de placer.

Charlie lo ignoró y siguió marcándolo, mordiendo y chupando la piel hasta dejar marcas rojas. Babe se mordió el labio inferior un segundo, conteniendo un gemido. Charlie besó y mordió su oreja mientras una mano subía por debajo de la musculosa y apretaba su pecho, pellizcando y retorciendo el pezón con rudeza.

Babe estaba completamente perdido en el placer cuando, sin aviso, Charlie agarró la musculosa blanca con ambas manos y la rompió de un tirón violento, dejando el torso de Babe desnudo.

Babe jadeó, sorprendido, y soltó una risa entrecortada.

—Cachorro…

Charlie siguió besando su cuello y su mejilla, posesivo, mientras Babe preguntaba con voz ronca:

—¿Por qué estás tan feroz esta noche?

Babe giró la cabeza y lo besó en la boca.

Charlie le respondió con brutalidad, devorando sus labios. Luego lo volteó completamente, dejándolo desnudo de cintura para arriba. Tomó la musculosa rota y la usó para vendar los ojos de Babe con un nudo firme.

Atrajo a Babe contra su pecho y le susurró al oído con voz ronca y oscura:

—El chico malo tiene que ser castigado.

Babe sonrió ampliamente, excitado por el tono de Charlie. Este lo tomó de la mandíbula con fuerza, pasando el pulgar por sus labios entreabiertos. Luego atrapó el labio inferior de Babe entre sus dientes y lo estiró con rudeza antes de soltarlo.

Charlie lo empujó hacia atrás, haciéndolo recostarse sobre los escalones. Babe quedó expuesto, con los ojos vendados y la respiración agitada. Charlie se quitó los anteojos y se deshizo de su propia ropa en segundos, quedando completamente desnudo. Sin preparación, sin aviso, se colocó entre las piernas de Babe y lo embistió de una sola vez con brutalidad.

Babe soltó un gemido fuerte, arqueando la espalda sobre los escalones.

—Joder…Charlie…— jadeó, sonriendo a pesar del dolor inicial.

Charlie empezó a penetrarlo con embestidas duras, profundas y sin piedad. Su mirada era seria, oscura, llena de enojo y celos aún latiendo en su pecho. Cada golpe era posesivo, dominante, marcando territorio.

—Eres mío.— gruñó Charlie entre embestidas, inclinándose para besar, chupar y morder el cuello de Babe con fuerza, dejando chupetones visibles.— Solo mío. Nadie más te toca. Nadie más te huele.

Babe gemía con cada embestida brutal, el cuerpo temblando por el placer masoquista.

—Sí…joder…más fuerte…— suplicó entre dientes, sonriendo.

Charlie bajó la boca hasta uno de sus pezones, lo chupó con fuerza y lo mordió, tirando de él mientras seguía follándolo sin descanso. Babe se retorció debajo de él, los ojos vendados impidiéndole ver, pero sintiendo cada lametazo, cada mordida y cada golpe seco de las caderas de Charlie.

—Charlie…ah…¡mierda!— gritó Babe cuando Charlie mordió el otro pezón con más fuerza, dejando la piel roja y marcada.

Charlie no hablaba mucho. Solo gruñía contra su piel, besando, chupando y marcando cada centímetro que podía alcanzar mientras sus embestidas se volvían más salvajes, más profundas, castigando y reclamando al mismo tiempo.

Babe estaba completamente entregado, sonriendo con placer doloroso, el cuerpo lleno de marcas frescas y el culo recibiendo cada golpe sin piedad.

—Más…cachorro…rómpeme…— jadeó Babe, perdido en el placer.

Charlie solo respondió con otra embestida brutal, mordiendo su cuello una vez más mientras lo follaba con furia posesiva sobre las escaleras.

Castigo Salvaje en las Escaleras

Charlie seguía embistiendo a Babe con fuerza brutal, cada golpe de sus caderas resonando en el silencio de la casa. Los escalones se clavaban en la espalda de Babe, pero él solo sonreía con los ojos vendados, el placer masoquista recorriéndole el cuerpo. Charlie tenía una mano firme en su cuello, presionando lo justo para mantenerlo en su lugar, mientras la otra apretaba su cadera con dedos que dejaban marcas.

—Eres mío, Babe…solo mío.— gruñó Charlie contra su oído, la voz ronca por los celos que aún ardían en su pecho. Embistió más profundo, más rápido, el sonido húmedo y obsceno de la piel chocando llenando el espacio.— Ese olor de otro alfa en tu piel me da asco. Voy a borrarlo…voy a follarte hasta que solo huelas a mí.

Babe soltó un gemido largo y entrecortado, arqueando la espalda.

—Joder…Charlie…sí…más fuerte.— pidió, la voz temblorosa de placer.— Castígame…rómpeme si quieres.

Charlie soltó una risa baja y oscura. Bajó la cabeza y atrapó uno de los pezones de Babe entre sus dientes, mordiendo con fuerza mientras seguía penetrándolo sin piedad. Tiró del pezón, chupándolo después con saña, dejando la piel hinchada y roja. Babe jadeó fuerte, las manos buscando algo a lo que aferrarse en los escalones.

—Ah…¡mierda! Duele…pero no pares.— gimió Babe, sonriendo a pesar del dolor.

Charlie cambió al otro pezón, chupándolo con fuerza, succionando y mordiendo mientras sus caderas no dejaban de moverse. Cada embestida era profunda, salvaje, golpeando justo en el punto que hacía que Babe se retorciera debajo de él.

—Nadie más te toca.— gruñó Charlie, levantando la cabeza para morder el cuello de Babe otra vez, chupando con fuerza para dejar un chupetón grande y oscuro.— Nadie se acerca a ti así. ¿Entendido?

Babe asintió como pudo, la venda en los ojos impidiéndole ver la expresión posesiva de Charlie.

—Sí…solo tuyo…joder…más adentro…— suplicó, las piernas temblando alrededor de la cintura de Charlie.

Charlie lo tomó de las muñecas y las sujetó por encima de su cabeza con una sola mano, inmovilizándolo completamente contra los escalones. Con la otra mano apretó la mandíbula de Babe, obligándolo a abrir la boca para besarlo con brutalidad. Su lengua invadió su boca, devorándolo mientras seguía follándolo con embestidas duras y rápidas.

—Gime más fuerte.— ordenó Charlie contra sus labios, mordiendo el labio inferior de Babe y tirando de él.— Quiero oír cuánto te gusta que te folle así de duro.

Babe obedeció, soltando gemidos altos y entrecortados con cada golpe.

—Ah…Charlie…¡sí! Me gusta…me gusta cuando eres así de feroz…— jadeó, el cuerpo cubierto de sudor y marcas rojas por los mordiscos y chupetones.

Charlie soltó sus muñecas solo para bajar la mano y rodear la polla de Babe, masturbándolo con movimientos bruscos y rápidos, sincronizados con sus embestidas.

—Mírate…tan mojado para mí…tan desesperado.— murmuró Charlie, mordiendo la oreja de Babe.— ¿Pensaste en mí cuando ese hijo de puta se te acercó? ¿O te gustó que te oliera?

Babe negó con la cabeza, aunque Charlie no podía ver la mirada en sus ojos por la venda.

—No…solo me dio asco…te juro…solo te quiero a ti…— gimió, empujando las caderas hacia arriba para encontrarse con cada embestida.— ¡Más! ¡Fóllame más duro!

Charlie gruñó satisfecho y aumentó el ritmo, penetrándolo con brutalidad, el sonido de sus cuerpos chocando volviéndose más fuerte. Se inclinó y chupó el cuello de Babe otra vez, mordiendo la piel ya marcada, dejando nuevos hematomas. Luego bajó hasta el pecho y atacó los pezones de nuevo, chupando uno mientras pellizcaba y retorcía el otro con fuerza.

Babe estaba perdido, el cuerpo temblando, los gemidos volviéndose más agudos.

—Charlie…voy a…¡joder! No pares…— suplicó, la polla palpitando en la mano de Charlie.

—No te corras todavía.— ordenó Charlie con voz autoritaria, apretando la base de su polla para detenerlo.— Primero vas a sentir cómo te lleno…cómo te marcó por dentro.

Charlie siguió follándolo sin piedad durante varios minutos más, besando, chupando y mordiendo cada parte de su cuello, hombros y pecho que alcanzaba. Sus embestidas eran cada vez más salvajes, profundas, castigando y reclamando al mismo tiempo.

Finalmente, con un gruñido bajo, Charlie se enterró hasta el fondo y se corrió dentro de Babe con fuerza, llenándolo con chorros calientes mientras mordía su hombro con fuerza.

Babe jadeó, sintiendo el calor dentro de él, el cuerpo temblando por el esfuerzo de contenerse.

—Charlie…por favor…déjame correrme…— suplicó, la voz rota de placer.

Charlie, aún dentro de él, respirando agitado, sonrió contra su piel marcada.

—Todavía no, mi amor…la noche es larga. El castigo apenas empieza.

Sacó lentamente su polla, solo para voltear a Babe sobre los escalones, poniéndolo de rodillas con la cara contra un escalón superior y el culo en alto. Volvió a entrar de una sola embestida brutal, agarrando sus caderas con fuerza.

—Ahora vas a gritar mi nombre mientras te follo como te mereces.— dijo Charlie, empezando de nuevo con embestidas duras y profundas.

Babe solo pudo gemir alto, sonriendo con los ojos aún vendados, completamente entregado al placer doloroso y posesivo de su cachorro celoso.

Marcas que Quedan y Mensajes que Queman

Charlie estaba sentado en el sillón frente al sofá, con la mirada fija en Babe. Después de la intensa sesión en las escaleras, habían terminado en la sala. Babe dormía profundamente en el sofá, con el cuerpo cubierto solo desde la cintura para abajo por una manta fina. Su torso estaba lleno de marcas rojas y moradas: chupetones oscuros en el cuello, mordidas en los hombros y el pecho, y la piel aún enrojecida en algunos lugares. Charlie solo llevaba su pantalón de dormir, el torso desnudo. Sus ojos seguían fríos, el enojo y los celos aún latiendo fuerte en su pecho a pesar de todo lo que habían hecho.

De pronto, el celular de Babe vibró sobre la mesita frente al sofá. Charlie lo tomó sin dudar. La pantalla se encendió con una notificación de Instagram. Era un mensaje de Willy. Había enviado la foto que se tomaron en la pista: la selfie donde Willy tenía su mejilla pegada a la de Babe, con una sonrisa arrogante. El mensaje decía: “Buena carrera, ídolo. Guárdala de recuerdo ;)”.

Charlie apretó el celular con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. Su mandíbula se tensó y respiró hondo para no lanzar el teléfono contra la pared. Después de unos segundos, lo dejó exactamente donde estaba y se quedó mirando a Babe dormir, los celos quemándole por dentro.

Al día siguiente por la mañana, Charlie ya se había duchado y vestido: pantalón oscuro, una remera blanca y una camisa abierta por encima. Salió del baño y se dirigió a la cocina.

Babe estaba frente a la encimera, preparando el desayuno. Solo llevaba puesta una camisa de Charlie, que le quedaba grande y le cubría apenas hasta la mitad del muslo. Se veía relajado, moviéndose con naturalidad mientras freía huevos y arroz.

Charlie se sentó en uno de los taburetes altos, observándolo en silencio.

—De repente te levantas a hacer arroz con huevo frito…Algo anda mal.— comentó Charlie con tono neutro.

Babe sonrió sin girarse del todo, sirviendo la comida en el plato de Charlie.

—Anoche trabajaste muy duro…Tenía hambre cuando me levanté.

Charlie asintió con una mini sonrisa que no llegó del todo a sus ojos.

Babe puso el plato frente a él.

—¿Qué tal? ¿Se ven bien?

—Sí.— respondió Charlie simplemente, probando un bocado.

Babe lo observó un momento y luego lo llamó:

—Charlie.

Se acercó más a la encimera y le mostró el cuello, inclinando la cabeza.

—¿Ves algo?

Charlie miró las marcas: varios chupetones oscuros y mordidas visibles en la piel de Babe. No dijo nada al principio.

Babe sonrió con picardía.

—Te dije que no dejaras chupones en ese lugar. Alan y North se burlarán de mí.

Charlie lo miró con tranquilidad y confesó:

—Quiero que todos los demás lo vean, para que sepan que tienes pareja.

Babe lo miró fijamente y puso ambas manos sobre la encimera, inclinándose un poco hacia adelante.

—¿No fue bastante obvio anoche? Soy todo tuyo, cachorro…— dijo con voz suave, casi ronroneante.— Pero así es bastante sexy.

Babe sonrió coqueto, mordiéndose el labio inferior por un segundo. Charlie finalmente sonrió con satisfacción genuina ante sus palabras.

—Hoy es día de descanso…¿Vas a estar en casa o quedaste en salir con alguien?— preguntó Charlie.

—Iré a entrenar con Alan.— respondió Babe mientras se servía su propio plato.

—Pero hoy es día de descanso.— insistió Charlie.

Babe aclaró con naturalidad:

—Más día de descanso significa seguir entrenando…¿Quieres venir conmigo?

Charlie negó con la cabeza.

—No, debo ir al laboratorio.

Babe protestó, frunciendo el ceño.

—¿Otra vez al laboratorio? Termina con tu investigación y salgamos a divertirnos.

Charlie lo observó en silencio un momento.

—¿Salir juntos?— preguntó.

—Sí…Hace mucho que no salimos juntos.— dijo Babe, sirviendo agua en un vaso y caminando hacia la cafetera.— He estado corriendo y entrenando todos los días…Y tú te la pasas todos los días en el laboratorio…¿A dónde quieres ir? Reservaré con anticipación.

Charlie sonrió suavemente.

—Como quieras.

Babe sonrió con alegría.

—Es una promesa.

Charlie asintió.

—Sí, una promesa.

Babe río feliz mientras servía el café. En ese momento, su celular sonó sobre la encimera.

Lo tomó y revisó la pantalla. Era la foto de Willy con él, la misma selfie de la pista, y debajo había un mensaje escrito: “La próxima vez que quedemos, te invito yo. Sin novio de por medio esta vez 😉”.

Babe se quedó en silencio, la expresión cambió a puro hartazgo y disgusto. Sus dedos apretaron el celular con fuerza. Estaba harto de ese tipo.

Charlie, desde su taburete, lo observó en completo silencio. Sus ojos volvieron a enfriarse, los celos y la posesividad regresando con fuerza mientras veía la reacción de Babe.

Celos al Descubierto

Charlie seguía sentado en el taburete, mirando fijamente a Babe mientras este revisaba su celular. El silencio se volvió pesado. Charlie habló con voz baja y firme, sin que fuera una pregunta:

—Te llegó otro mensaje de Willy.

Babe se quedó quieto por unos segundos, el cuerpo tenso. Luego se giró lentamente para mirarlo, con el celular aún en la mano.

—¿Revisaste mi celular?— preguntó Babe, entre sorprendido.

Charlie lo miró con tranquilidad, sin apartar la vista.

—¿Te molesta?

Babe negó con la cabeza de inmediato.

—Claro que no.

Dejó el celular sobre la encimera y se acercó a donde estaba Charlie. Se cruzó de brazos, y la camisa grande de Charlie que llevaba puesta se subió un poco, dejando ver parte de la piel desnuda de su muslo. Charlie bajó la mirada por un segundo, fijándose en esa piel expuesta, antes de volver a subir los ojos al rostro de Babe.

—Vi la foto, Babe…Pero no esa que te mandó ahora. Sino la otra…Ese hijo de puta estaba muy cerca tuyo.— dijo Charlie, la voz cargada de resentimiento.

Babe frunció ligeramente el ceño.

—¿La del bar?

Charlie asintió en silencio, la mandíbula tensa.

Babe lo analizó un momento y recordó lo sucedido la noche anterior: la forma feroz en que Charlie lo había tomado en las escaleras, las marcas, la intensidad.

—¿Estás celoso, Charlie? Por eso estabas así anoche…

Charlie no lo negó. Su mirada se oscureció.

—Sí, jodidamente lo estoy.

Babe soltó una sonrisa irónica, casi burlona.

—O sea que en vez de decirme lo que sentías y viste, preferiste follarme como tu puta personal.

Charlie gruñó, molesto por la elección de palabras.

—No te llames así.

Babe lo desafió, inclinando la cabeza con una sonrisa provocadora pero sin malicia.

—¿No lo soy?

Charlie se levantó del taburete, rodeó la encimera con pasos firmes y se detuvo justo frente a Babe, quedando muy cerca. Sus ojos se clavaron en los de él.

—Eres mi novio, carajo…Y no me gusta ver a un bastardo tan cerca tuyo. Además, tú también mentiste. No me dijiste la verdad.

Babe lo miró fijamente. Luego hizo un pequeño puchero, sabiendo que Charlie tenía razón. Bajó los brazos y suspiró.

—Sí, lo sé…Pero no le di importancia. Lo que me diga ese tipo no me interesa, Charlie. De verdad.

Se quedaron en silencio unos segundos, mirándose. Babe continuó, suavizando un poco la voz:

—Willy solo es un idiota arrogante que cree que puede acercarse a mí porque ganó una carrera. Me molestó desde el primer momento. Me revolvió el estómago su olor y su cercanía. No sentí nada por él, ni curiosidad, ni atracción…solo enojo y asco. Te lo juro.

Charlie lo escuchaba atentamente, aún con la tensión en el cuerpo.

—Entonces ¿por qué no me lo contaste cuando llegaste?— preguntó, la voz más baja.— ¿Por qué dejaste que ese olor quedara en ti?

Babe se pasó una mano por el cabello, frustrado consigo mismo.

—Porque no quería que te preocuparas por tonterías. Pensé que si te lo decía ibas a reaccionar exactamente como lo hiciste…y no quería pelear. Solo quería llegar a casa y estar contigo. Anoche, cuando me besaste y me tocaste…no me estabas usando como una “puta”. Me estabas reclamando, y a mí me gustó. Me encanta cuando eres así de posesivo, cachorro. Pero ahora entiendo que te dolió.

Charlie respiró hondo, relajando un poco los hombros.

—Me dolió ver esa foto. Verte tan cerca de él…y luego olerlo en tu cuello. Sentí que alguien estaba invadiendo lo que es mío. No soporto la idea de que otro alfa se te acerque de esa forma.

Babe dio un paso más cerca, hasta que sus cuerpos casi se rozaron. Levantó una mano y la puso suavemente sobre el pecho de Charlie, por encima de la camisa.

—Nadie está invadiendo nada. Soy tuyo, Charlie. Completamente tuyo. Ni Willy ni nadie puede cambiar eso. Anoche te lo demostré dejándome marcar por ti, ¿no? Todas esas mordidas y chupetones…las llevo con orgullo. Aunque Alan y North se burlen.

Charlie miró las marcas visibles en el cuello de Babe y una pequeña sonrisa apareció en sus labios, aunque los celos aún no desaparecían del todo.

—Quiero que todo el mundo las vea. Quiero que sepan que tienes pareja y que no estás disponible.

Babe sonrió, esta vez con ternura.

—Y lo tienen claro. Pero la próxima vez que sientas celos…dímelo. No te guardes esa mierda y luego me folles como si quisieras castigarme. Aunque…admito que me encanta cuando lo haces. Solo que prefiero que hablemos primero.

Charlie lo miró a los ojos, su mano subiendo para acariciar la mejilla de Babe con el pulgar.

—Está bien. La próxima vez te lo diré. Pero tú prométeme que no me ocultarás cosas, aunque creas que son “tonterías”. No quiero oler a otro alfa en ti nunca más.

Babe asintió, inclinándose un poco para apoyar su frente contra la de Charlie.

—Prometido. No más secretos tontos. Y tú prométeme que confiarás en mí. Porque yo solo tengo ojos para mi cachorro celoso.

Charlie cerró los ojos un segundo, respirando el olor de Babe (ahora mezclado con el suyo propio).

—Confío en ti. Solo…odio que ese tipo siga insistiendo.

Babe soltó una risa suave.

—Que insista todo lo que quiera. Yo ya le dije que se fuera a la mierda. Y si vuelve a molestar…te lo contaré de inmediato. ¿Trato?

Charlie finalmente sonrió de verdad y rodeó la cintura de Babe con los brazos, atrayéndolo más cerca.

—Trato.

Se quedaron así unos segundos, abrazados en la cocina, la tensión de los celos disminuyendo poco a poco mientras hablaban abiertamente de lo que sentían.

Celos que se Convierten en Hambre

Charlie seguía abrazando a Babe en la cocina, pero la duda aún rondaba en su mente. Separó ligeramente el rostro y preguntó, mirándolo a los ojos:

—¿En serio no sientes nada por él? ¿Ni siquiera un poco?

Babe se separó un poco del abrazo, con una sonrisa traviesa en los labios.

—Bueno…está guapo.

Charlie lo miró mal, los ojos entrecerrados y la expresión seria. Babe se mordió el labio inferior con fuerza para no soltar una carcajada.

Charlie lo acusó inmediatamente:

—¿Te atreves a burlarte de mí?

Babe no pudo contenerse más y rió un poco, negando con la cabeza.

—Charlie, no siento nada por él…Además, no es mi tipo de hombre. Solo te amo a ti, me encantas tú y solo te deseo a ti.

Charlie relajó un poco la expresión, pero sus ojos seguían oscuros. Deslizó una mano por el muslo desnudo de Babe, acariciando la piel con lentitud. Babe se puso tenso al instante, sintiendo el calor de esa mano subiendo.

Charlie acercó su boca al oído de Babe y confesó con voz ronca y baja:

—¿Sabes? Amaría dejarte embarazado, mi amor.

Babe soltó una risa sorprendida, aunque sintió un escalofrío placentero recorriéndole la espalda.

—¿Acaso quieres atarme con un hijo?

Charlie rió suavemente contra su oído, el sonido grave y posesivo.

—No necesito hacer eso…Sé que me amas lo suficiente para no dejarme, mi amor.

Babe bufó, aunque sonreía.

—Qué narcisista eres.

Charlie sonrió con satisfacción.

—Aprendí del mejor, o sea de ti.

La mano de Charlie siguió subiendo por el muslo de Babe, cada vez más arriba, rozando la piel sensible. Babe intentó apartarla con suavidad.

—Deberías terminar tu desayuno y luego irte al laboratorio…

Pero Charlie no le dio oportunidad. Lo tomó firmemente de la nuca y devoró su boca con hambre voraz. Babe se sorprendió, gimiendo contra sus labios.

—Charlie…espera…Debes ir a tu laboratorio…— logró decir entre besos.

Charlie gruñó contra su boca, sin separarse.

—¿Desde cuándo te importa eso?

Babe sonrió en medio del beso, respirando agitado.

—Desde que te la pasas más en ese maldito lugar que conmigo…Así que ve.

Babe intentó empujarlo y alejarse, pero Charlie lo agarró con fuerza de la cintura y lo subió de un solo movimiento encima de la encimera. Se metió entre sus piernas abiertas, presionando su cuerpo contra el de Babe.

—Charlie…— protestó Babe, aunque su voz ya sonaba excitada.

Charlie lo acercó más al borde de la encimera, una mano bajando rápidamente para sacar su propio miembro duro. Sin más preámbulos, alineó la punta y lo penetró de una sola embestida brutal y profunda.

Babe soltó un gemido fuerte, arqueando la espalda.

—Joder…Charlie…

Charlie empezó a follarlo con fuerza, embestidas violentas y posesivas que hacían que el cuerpo de Babe se sacudiera sobre la encimera. Sus manos apretaban las caderas de Babe con rudeza, marcando la piel.

—Eres tan apretado…tan perfecto para mí.— gruñó Charlie, la voz ronca de deseo.— Este culo es mío…solo mío. Nadie más lo va a tocar nunca.

Con un movimiento brusco, Charlie agarró la camisa de Babe (su propia camisa) y la rompió de un tirón desde el cuello hasta abajo, dejando el torso de Babe completamente expuesto. Bajó la cabeza de inmediato y atacó uno de sus pezones: lo chupó con fuerza, succionando y mordiendo mientras seguía penetrándolo sin piedad.

—Ah…mierda…Charlie…— jadeó Babe, una mano enredándose en el cabello de Charlie.

Charlie pasó al otro pezón, chupándolo con saña, tirando de él con los dientes y luego lamiéndolo para calmar el dolor. Sus embestidas eran brutales, profundas, golpeando sin control.

—Quiero llenarte…quiero que sientas cómo te reclamo por dentro.— murmuró Charlie contra su pecho, mordiendo la piel alrededor del pezón.— Eres tan jodidamente sexy cuando estás así…abierto para mí, gimiendo mi nombre.

Babe gemía alto con cada embestida violenta, el cuerpo temblando.

—Más…Charlie…fóllame más fuerte…— suplicó, las piernas rodeando la cintura de Charlie.

Charlie levantó la cabeza y atacó el cuello de Babe: besó, chupó y mordió con fuerza, dejando nuevos chupetones oscuros sobre los que ya tenía. Luego subió a su boca, devorándola en un beso sucio y desesperado, mordiendo sus labios y enredando sus lenguas.

—Te voy a follar hasta que no puedas caminar derecho.— gruñó Charlie entre besos.— Hasta que solo puedas pensar en mi polla dentro de ti. Eres mío, Babe…mío para marcar, mío para follar, mío para amar.

Sus caderas no dejaban de moverse con brutalidad, el sonido húmedo y fuerte de la penetración llenando la cocina. Charlie seguía chupando y mordiendo los pezones de Babe, alternando entre uno y otro, mientras una mano bajaba para masturbarlo con movimientos rápidos y firmes.

—Quiero que te corras así…con mi polla enterrada bien profundo.— dijo Charlie, la voz oscura y obscena.— Quiero sentir cómo te aprietas alrededor de mí cuando te llenes de mi semen.

Babe estaba perdido en el placer, gimiendo y jadeando sin control, el cuerpo cubierto de sudor y nuevas marcas.

—Charlie…sí…soy tuyo…¡joder, más!

Charlie sonrió con satisfacción posesiva y aumentó la velocidad de sus embestidas, follándolo con violencia dominante sobre la encimera, besando, chupando y mordiendo cada parte de su cuello, boca y pezones que alcanzaba.

Hambre Posesiva en la Encimera

Charlie seguía follándolo con embestidas brutales y profundas sobre la encimera de la cocina. Cada golpe hacía que el cuerpo de Babe se sacudiera, sus gemidos resonaban entre las paredes. La camisa rota colgaba de los hombros de Babe, completamente abierta y hecha jirones.

—Joder…Charlie…más lento…— jadeó Babe, aunque sus caderas se movían hacia atrás buscando más.

Charlie soltó una risa oscura y negó con la cabeza, acelerando el ritmo.

—No. Quiero que sientas cada centímetro de mí…Quiero que este agujero apretado recuerde solo mi forma.— gruñó contra su cuello, mordiendo con fuerza la piel ya marcada. Chupó con saña, dejando otro chupetón grande y oscuro justo debajo de la oreja.— Eres tan jodidamente caliente cuando te abres así para mí…tan mojado y caliente por dentro.

Babe arqueó la espalda, soltando un gemido agudo cuando Charlie golpeó justo en su punto sensible.

—Ah…¡mierda! Ahí…sí, justo ahí…

Charlie bajó la boca hasta el pecho de Babe y atacó uno de sus pezones hinchados. Lo chupó con fuerza, succionando como si quisiera tragárselo, mientras su lengua lo rodeaba y sus dientes tiraban de él con rudeza. Cambió al otro pezón, mordiéndolo más fuerte, tirando de la piel sensible hasta que Babe gritó de placer y dolor.

—Estos pezones están tan duros para mí…Me encanta cómo se ponen cuando te follo fuerte.— murmuró Charlie, lamiendo el pezón enrojecido antes de morderlo otra vez.— Quiero marcarlos también…que queden hinchados todo el día.

Sus embestidas se volvieron más violentas, el sonido de sus caderas chocando contra el culo de Babe era fuerte y obsceno. Charlie agarró las nalgas de Babe con ambas manos, abriéndolas más para penetrarlo aún más profundo.

—Este culo es mío…tan perfecto, tan apretado…apriétame más, mi amor. Quiero sentir cómo me succionas.— ordenó con voz ronca, mordiendo el hombro de Babe al mismo tiempo.

Babe temblaba, las manos apoyadas en la encimera para no caer, los ojos entrecerrados de placer.

—Charlie…eres un animal…ah…¡sí! Fóllame así…rómpeme…— suplicó, sonriendo con esa expresión masoquista que volvía loco a Charlie.

Charlie lo besó en la boca con hambre feroz, mordiendo su labio inferior y tirando de él mientras su lengua invadía todo. Cuando se separó, un hilo de saliva los unió por un segundo.

—Voy a llenarte tanto que vas a sentir mi semen chorreando de ti todo el día.— dijo Charlie, la voz cargada de posesividad.— Quiero que camines con mi marca por dentro…que cada vez que te muevas recuerdes quién te folló como te mereces.

Aumentó la velocidad, penetrándolo con brutalidad salvaje. Una mano bajó para rodear la polla dura de Babe y lo masturbó con movimientos rápidos y firmes, sincronizados con cada embestida.

—Quiero que te corras en mi mano mientras te lleno…vamos, mi amor…apriétame con ese culo tan rico.— gruñó Charlie, chupando el cuello de Babe otra vez, mordiendo y dejando más marcas rojas.

Babe estaba al límite, el cuerpo temblando violentamente.

—Charlie…voy a correrme…¡joder, no pares!— gritó, arqueándose.

Charlie mordió su pezón con fuerza al mismo tiempo que lo penetraba hasta el fondo.

—Córrete para mí…quiero sentirlo.— ordenó.

Babe soltó un gemido largo y roto, corriéndose con fuerza sobre la mano de Charlie y sobre su propio abdomen. Sus músculos internos apretaron la polla de Charlie con espasmos.

Charlie gruñó salvajemente y siguió follándolo sin piedad durante unos segundos más, hasta que se enterró profundo y se corrió dentro de él con chorros calientes y abundantes.

—Te lleno…todo mío…— jadeó contra su boca, besándolo con posesión mientras su cuerpo temblaba por el orgasmo.

Ambos respiraban agitados. Charlie no salió de inmediato; se quedó dentro de Babe, moviéndose lentamente para prolongar el placer, besando con ternura ahora los chupetones que había dejado en su cuello y pecho.

—Te amo…y eres solo mío.— susurró Charlie contra su piel, aún con esa posesividad latiendo en su voz.

Babe sonrió exhausto, el cuerpo lleno de marcas nuevas y el interior caliente y lleno.

—Eres un maldito celoso…pero me encanta.— murmuró, atrayendo a Charlie para otro beso lento.

Charlie finalmente salió con cuidado, pero mantuvo a Babe sentado en la encimera, abrazándolo fuerte mientras ambos recuperaban el aliento. La cocina olía a sexo y a ellos dos juntos.

Promesa Marcada en la Piel

Charlie seguía dentro de Babe, moviéndose con lentitud perezosa mientras ambos recuperaban el aliento. El semen caliente de Charlie chorreaba lentamente por los muslos de Babe, mezclándose con el sudor. La encimera estaba manchada y la camisa rota de Babe colgaba inútilmente de sus hombros.

Charlie besó con suavidad el cuello marcado de Babe, lamiendo una de las mordidas más recientes.

—Eres tan jodidamente hermoso cuando te corres así…apretándome como si no quisieras que salga nunca.— murmuró contra su piel, la voz aún ronca por el placer.— Me encanta cómo tu cuerpo me acepta todo…cómo te llené hasta el fondo.

Babe soltó una risa entrecortada, aún temblando ligeramente. Pasó los dedos por el cabello húmedo de Charlie.

—Eres un animal, cachorro…Mira cómo me dejaste. Estoy todo marcado y lleno de ti. Si Alan me ve el cuello hoy, me va a joder la vida.

Charlie sonrió con satisfacción oscura y mordió suavemente el lóbulo de su oreja.

—Bien. Que lo vea. Que todos lo vean. Quiero que sepan que anoche y esta mañana te follé hasta que no pudiste pensar en nadie más.

Sacó su polla lentamente, observando cómo un hilo espeso de semen salía del agujero enrojecido de Babe. Pasó dos dedos por allí, empujando un poco de su corrida de vuelta dentro.

—Quédate así…con mi semen dentro de ti todo el día. Quiero que sientas que te marqué por dentro también.

Babe jadeó al sentir los dedos, mordiéndose el labio.

—Eres un pervertido posesivo…pero me pone caliente cuando hablas así.

Charlie retiró los dedos y besó a Babe con más calma, un beso profundo pero menos violento. Sus manos acariciaron los costados de Babe, bajando hasta sus caderas.

—Te amo.— dijo Charlie contra sus labios.— Y sí, estoy celoso. Muy celoso. Pero sé que eres mío. Solo…no me ocultes cosas. No soporto la idea de que otro alfa se te acerque.

Babe lo miró a los ojos, serio por un momento.

—No te ocultaré nada más. Te lo prometo. Willy no significa nada. Solo tú me importas. Solo tú me haces sentir así.

Charlie asintió y lo ayudó a bajar de la encimera con cuidado. Babe hizo una mueca al sentir las piernas débiles y el semen escurriéndose por sus muslos.

—Joder…sí que me follaste fuerte.— se quejó Babe con una sonrisa.

Charlie lo abrazó por detrás, besando su hombro.

—Ve a ducharte. Yo limpio aquí. Y después…ve a entrenar con Alan. Pero vuelve temprano. Quiero cenar contigo.

Babe se giró y lo besó una vez más.

—Está bien. Pero tú termina rápido en ese laboratorio. Recuerda tu promesa: salir juntos pronto.

Charlie sonrió.

—La recuerdo. Terminaré la poción lo antes posible para que podamos tener más días como este…sin interrupciones.

Babe recogió los pedazos de la camisa rota, riendo.

—Vas a tener que comprarme otra camisa tuya. Esta ya no sirve.

Charlie lo miró con ojos brillantes.

—Te compro todas las que quieras…siempre y cuando termine rota en el suelo después.

Babe negó con la cabeza, divertido, y se dirigió al baño cojeando ligeramente, sintiendo todavía el calor y la posesión de Charlie en cada paso.

Charlie se quedó en la cocina, mirando las marcas que había dejado en el cuerpo de su novio y sintiendo cómo los celos se calmaban poco a poco, reemplazados por una satisfacción profunda y un amor feroz.

Marcas que Hablan Solas

El taller X Hunter estaba lleno de ruido de motores, herramientas y risas de siempre.

Babe llegó puntual, bajando de su moto con el casco bajo el brazo. Todavía sentía el cuerpo marcado por la mañana: las piernas un poco débiles, el culo sensible y, sobre todo, el cuello y el pecho llenos de chupetones oscuros y mordidas que no había podido ocultar del todo. Llevaba una camiseta negra ajustada y un pantalón de entrenamiento, pero la chaqueta ligera que se quitó al entrar dejó todo a la vista.

Alan, su mejor amigo y jefe del taller, estaba revisando unos papeles junto al auto de entrenamiento. Jeff, su novio y mecánico del taller (el hermano menor no de sangre de Charlie), estaba debajo de un capó con una llave en la mano. Dean, North y Sonic estaban sentados en unas cajas, tomando agua después de su propia sesión.

North fue el primero en verlo.

—Joder, Babe…¿qué te pasó en el cuello? ¿Te atacó un vampiro o qué?— soltó North con una risa fuerte, señalando descaradamente.

Sonic se acercó de inmediato, silbando.

—Joder, mira eso. Están hasta en la clavícula. ¿Charlie te marcó como si fueras su territorio o qué?

Dean soltó una carcajada, cruzando los brazos.

—Parece que anoche no solo “hablaron”. Ese color morado es de primera categoría. ¿Te dolió o te gustó, PitBabe?

Jeff levantó la cabeza del capó y sonrió con picardía.

—Charlie no se anda con juegos, eh. Mira cómo te dejó. Si Alan me hiciera eso, yo no podría ni salir de casa.

Alan, que hasta entonces había estado callado, levantó una ceja y miró directamente el cuello de Babe. No pudo evitar sonreír.

—Vaya…mi mejor amigo convertido en mapa de carreteras. ¿Eso es trabajo de tu cachorro celoso o qué?

Babe ignoró completamente las burlas. Se quitó la camiseta de un tirón (quedando solo con una musculosa negra que aún dejaba ver parte de las marcas) y la tiró sobre una silla.

Agarró sus guantes de entrenamiento y empezó a ajustar el volante del simulador de carrera que Alan había preparado.

—No es nada.— dijo Babe con tono seco, sin mirar a ninguno.— ¿Empezamos o van a seguir hablando de mi cuello todo el día?

North no se rindió.

—O sea que sí fue Charlie. ¿Qué pasó? ¿Vio algo qué no le gustó y decidió recordarte quién es tu dueño?

Sonic se rio y le dio un codazo a Dean.

—Seguro que Willy le mandó una foto y Charlie se volvió loco. Pobre Babe, ahora es propiedad privada.

Jeff se limpió las manos con un trapo y se acercó, mirando las marcas con curiosidad.

—Son bonitas, eh. Bien hechas. Charlie tiene buena boca, hay que reconocerlo.

Alan soltó una risa baja y se puso al lado de Babe, dándole una palmada en la espalda.

—Déjenlo en paz, idiotas. Aunque…sí que se nota que anoche alguien estaba muy posesivo. ¿Todo bien, Babe? ¿O tengo qué ir a hablar con tu novio?

Babe ajustó los pedales del simulador, ignorando las risas que seguían de fondo. Su expresión era seria, concentrada.

—Todo bien. Solo entrenemos. Hoy quiero mejorar los tiempos en la curva tres. La última vez perdí medio segundo ahí.

North insistió, sonriendo.

—Oye, pero en serio…¿te duele? Porque parecen mordidas de verdad. ¿Charlie te folló tan fuerte qué …?

Babe lo cortó sin mirarlo, subiéndose al simulador.

—Cállate, North. Si quieres burlarte, hazlo mientras yo corro. No me importa.

Alan negó con la cabeza, divertido, y se colocó frente a la pantalla de control.

—Está bien, chicos. Suficiente. Babe tiene razón. Entrenamiento serio. North y Dean: preparen sus autos para la siguiente ronda después de él. Jeff, revisa los frenos del mío.

Jeff guiñó un ojo a Babe antes de volver al trabajo.

—Como digas, jefe. Pero que conste que las marcas te quedan bien, Babe. Muy…“marcado por Charlie”.

Babe puso los ojos en blanco, pero no respondió. Se colocó el casco, ajustó los guantes y encendió el simulador. El rugido del motor virtual llenó el taller. Empezó a correr con precisión, ignorando por completo las bromas que seguían flotando en el aire.

North murmuró a Sonic en voz baja (pero lo suficientemente alto para que Babe escuchara):

—Diez dólares a que Charlie le mandó un mensaje diciéndole que no se quite la camiseta hoy.

Sonic se rio.

—Acepto. Babe está completamente marcado como “propiedad de Charlie”.

Babe apretó el volante con más fuerza, pero siguió conduciendo sin decir una palabra más. Una pequeña sonrisa interna apareció en sus labios: sabía que cada marca era de su cachorro celoso…y, aunque lo negara en voz alta, le encantaba llevarlas.

Alan, desde su puesto, solo sonrió y sacudió la cabeza.

—Este grupo nunca cambia…

Esperanza en el Laboratorio

El laboratorio de Pete estaba en silencio, salvo por el zumbido constante de las máquinas, el tecleo en los teclados y el ocasional pitido de los analizadores. Las luces blancas y frías iluminaban las estaciones de trabajo llenas de tubos de ensayo, computadoras con gráficos moleculares y muestras cuidadosamente etiquetadas. Charlie estaba de pie frente a una de las pantallas principales, con los brazos cruzados y la mirada fija en los resultados del último test. Su camisa estaba ligeramente arrugada después de la mañana intensa en casa, pero su mente estaba completamente enfocada en el trabajo.

Chris, el científico extranjero, se acercó con una tablet en la mano, revisando los datos por enésima vez.

—Los niveles de inhibición siguen estables, pero la descomposición de las cadenas proteicas no es lo suficientemente rápida.— dijo Chris con tono profesional, señalando un gráfico en la pantalla.— Estamos cerca, pero aún no logramos que la poción disuelva completamente los poderes sin afectar otras funciones celulares.

Charlie suspiró, pasándose una mano por el cabello.

—Seguimos sin dar con la fórmula exacta… Cada vez que combinamos las dos bases, aparece ese pico de inestabilidad en la fase tres. Es frustrante.

El otro ayudante científico, que estaba al lado de una centrífuga, levantó la vista y asintió.

—Exacto. Los cambios a nivel celular son positivos en los primeros minutos, como vimos con la muestra de Raven, pero después de eso…el cuerpo rechaza parte de la solución. Si pudiéramos estabilizar ese rechazo, tendríamos algo usable.

Chris colocó la tablet sobre la mesa y se cruzó de brazos, mirando a Charlie.

—Sin embargo, hay progreso. Los resultados de hoy muestran un 18% más de compatibilidad que la semana pasada. No es mucho, pero es algo. Algún día lo lograremos. Solo necesitamos ajustar la proporción de los inhibidores y quizás agregar un estabilizador orgánico.

Charlie sonrió levemente, aunque sus ojos reflejaban cansancio y determinación.

—Algún día…Eso es lo que me repito cada vez que salgo de aquí. Quiero correr sin depender de los superpoderes, sin que nadie pueda usarlo nunca más por ellos. Quiero que seamos normales…o al menos, que tener la opción de serlo.

El ayudante se acercó un poco más, revisando unos papeles impresos.

—Estoy de acuerdo. Si logramos que la poción sea segura para alfas como tú, podríamos ayudar a muchos otros. Pero no podemos apresurarnos. Un error y podría ser contraproducente.

Chris dio una palmada suave en el hombro de Charlie.

—Exacto. Hoy probaremos una nueva variante con el estabilizador que sugeriste esta mañana. Los datos preliminares se ven prometedores. Mantengamos la esperanza, Charlie. Has hecho un excelente trabajo integrando lo que Raven te inyectó en su momento. Esa es la clave.

Charlie miró la pantalla una vez más, donde los gráficos mostraban pequeñas mejoras en las curvas de degradación.

—Gracias. Sé que estamos cerca. Solo…a veces siento que el tiempo se nos escapa. Babe está entrenando duro, compitiendo, y yo me paso aquí encerrado. Quiero terminar esto para poder estar más con él, sin esta sombra de los poderes sobre nosotros.

El ayudante sonrió con empatía.

—Todos queremos lo mismo. Por eso seguimos aquí. Vamos a preparar la nueva mezcla ahora mismo. Dame media hora y tendré los reactivos listos.

Chris asintió y se dirigió a su estación.

—Cuento con ustedes dos. Si esta variante funciona mejor, mañana podríamos probarla en una muestra más compleja.

Charlie se sentó frente a la computadora, abriendo el archivo de notas para registrar los cambios.

—Está bien. Mientras tanto, voy a simular el comportamiento celular con los nuevos parámetros. Si sale estable, avanzamos.

Los tres siguieron trabajando en silencio durante unos minutos, cada uno concentrado en su parte. De vez en cuando intercambiaban comentarios técnicos:

—Sube la temperatura de incubación dos grados.— sugirió Charlie.

—Entendido. Monitoreando la reacción…— respondió el ayudante.

Chris agregó:

—Los resultados iniciales se ven más limpios. Hay menos fragmentos residuales.

Charlie se recostó en la silla un momento, mirando el reloj. Pensó en Babe, en las marcas que le había dejado esa mañana, en la promesa de salir juntos cuando terminara esto. Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.

—Vamos a lograrlo.— murmuró para sí mismo.— Algún día…muy pronto.

El laboratorio siguió lleno de actividad tranquila y esperanzada. Aunque aún no tenían la poción definitiva, el ambiente estaba cargado de una determinación compartida: seguirían trabajando hasta que lo consiguieran.

Cena Prometida

La casa estaba tranquila cuando Charlie llegó del laboratorio. Había terminado un poco más temprano de lo habitual, cumpliendo su palabra. El olor a comida recién hecha flotaba en el aire: arroz frito con verduras, pollo a la plancha con salsa teriyaki y una ensalada fresca que Babe había preparado con esfuerzo. La mesa del comedor estaba puesta con dos platos, vasos y una botella de agua fría. Babe había cambiado la camiseta rota de la mañana por una camisa negra holgada de Charlie, que le quedaba grande en los hombros y dejaba ver algunas de las marcas más visibles del cuello cuando se movía.

Babe estaba terminando de servir cuando escuchó la puerta. Se giró con una sonrisa.

—Llegaste. Pensé que ibas a quedarte hasta medianoche otra vez.

Charlie dejó las llaves en la entrada y se acercó, quitándose la chaqueta. Sus ojos recorrieron el cuello de Babe y sonrió con satisfacción al ver que las marcas seguían allí, intensas.

—Te prometí que terminaría temprano. Y cumplo mis promesas.— dijo, rodeando la cintura de Babe desde atrás y dejando un beso suave en su nuca.— Huele delicioso. ¿Tú cocinaste todo esto?

Babe se rio bajito, apoyándose contra su pecho un segundo antes de seguir sirviendo.

—Sí, no te emociones demasiado. Es arroz frito, pollo y ensalada. Nada fancy. Pero al menos no quemé nada esta vez.

Charlie soltó una risa suave y lo soltó para sentarse en su lugar. Babe puso los platos en la mesa y se sentó frente a él. Ambos empezaron a comer en un silencio cómodo al principio.

—Está bueno.— comentó Charlie después del primer bocado, genuinamente sorprendido.— El pollo tiene justo el punto dulce que me gusta.

Babe sonrió con orgullo, pinchando un trozo de pollo.

—Aprendí mirando tutoriales. Y recordé que te gusta la salsa un poco más dulce. ¿Cómo te fue en el laboratorio hoy?

Charlie masticó lentamente, pensando.

—Seguimos sin la poción definitiva…pero estamos más cerca. Chris dice que la nueva variante muestra un 18% más de compatibilidad. Los cambios celulares son más estables. Todavía hay inestabilidad en la fase tres, pero…tenemos esperanza. Algún día lo lograremos.

Babe lo miró con ternura, apoyando los codos en la mesa.

—Me alegra oír eso. Sé que te frustras cuando no avanzas rápido, pero estás trabajando duro. Y yo estoy orgulloso de ti, cachorro.

Charlie levantó la vista y sonrió, una sonrisa real y cálida.

—Gracias. ¿Y tu entrenamiento con Alan? ¿Cómo te fue? ¿Los chicos te dieron mucha guerra con…bueno, con lo de tu cuello?

Babe soltó una carcajada y se tocó inconscientemente una de las marcas más grandes.

—Guerra es poco. North empezó con lo del vampiro, Sonic silbó como si hubiera visto un accidente, Dean apostó que me habías marcado porque viste la foto de Willy. Jeff dijo que si Alan le hiciera lo mismo, no saldría de casa. Alan solo se rio y me dijo “mapa de carreteras”. Los ignoré todo el tiempo, pero joder…no pararon en media hora.

Charlie rio con ganas, casi atragantándose con el arroz.

—Suena exactamente a ellos. ¿Y tú qué les dijiste?

—Que se callaran y entrenáramos. Pero por dentro…— Babe se inclinó un poco sobre la mesa, sonriendo con picardía.— me gustó llevarlas. Aunque me molesten, me encanta saber que son tuyas.

Charlie extendió la mano sobre la mesa y tomó la de Babe, entrelazando los dedos.

—Me alegra que no te molesten de verdad. Porque no pienso parar de dejarte marcas cuando sienta celos…o cuando simplemente quiera recordarte que eres mío.

Babe apretó su mano y rio.

—Eres un celoso incurable. Pero está bien. Me gusta ese lado tuyo. Me hace sentir…deseado. Aunque la próxima vez avísame antes de romperme otra camisa, ¿eh? Ya van dos esta semana.

Charlie soltó una risa baja y culpable.

—Lo siento…no, mentira. No lo siento. Te ves demasiado bien con mis camisas rotas. Pero sí, compraré más. Muchas más.

Comieron un rato más, intercambiando miradas y sonrisas. Babe pinchó un poco de ensalada y preguntó con tono juguetón:

—Entonces…¿ya tienes pensado a dónde quieres ir en nuestra salida? Dijiste “como quieras”, pero necesito ideas. ¿Playa? ¿Cine? ¿Un hotel solo para nosotros dos dónde nadie nos moleste?

Charlie pensó un segundo, sonriendo.

—Playa suena bien…pero solo si prometes no correr en la arena y dejar que te ponga protector solar por todas partes.

Babe levantó una ceja, riendo.

—¿Por todas partes? Eres un pervertido.

—Soy tu pervertido.— corrigió Charlie, guiñándole un ojo.— O podemos ir a ese restaurante italiano que te gusta y después caminar por el centro. Solo…sin carreras, sin laboratorio, sin Willy apareciendo de la nada.

Babe soltó una carcajada fuerte.

—Trato. Nada de Willy. Solo tú y yo. Y si se atreve a mandar otra foto, te la enseño de inmediato y tú decides cómo “castigarme” después.

Charlie sonrió con esa mirada oscura que Babe conocía bien.

—Cuidado con lo que propones…podría tomarte la palabra.

Terminaron de cenar entre risas y charlas ligeras. Babe se levantó a traer agua fresca y Charlie lo siguió con la mirada, admirando cómo la camisa grande se movía sobre su cuerpo marcado.

—Sabes…— dijo Babe mientras servía el agua.— hoy en el entrenamiento pensé en ti todo el tiempo. En cómo me follaste esta mañana sobre la encimera. Casi pierdo el tiempo en la curva tres por estar recordando tus gemidos.

Charlie se rio y se levantó para ayudarlo a recoger los platos.

—Entonces mi plan funcionó. Quería que pensaras en mí todo el día.

Babe se giró y lo empujó suavemente contra la nevera, besándolo con lentitud.

—Funcionó demasiado bien, cachorro. Ahora voy a cobrarme esa salida prometida. Y más noches como esta.

Charlie lo abrazó por la cintura, devolviendo el beso con cariño.

—Todas las noches que quieras, mi amor. Te lo prometo.

Se quedaron un rato así, abrazados en la cocina después de la cena, riendo bajito y hablando de planes futuros, con la promesa de más momentos juntos flotando en el aire.

La Sombra del Pasado Regresa

Habían pasado unos días desde la cena prometida. La rutina entre Babe y Charlie seguía su curso: entrenamientos, laboratorio, momentos robados en casa. Pero esa tarde todo cambió.

El grupo se había reunido de urgencia en el taller X Hunter después de que Kenta apareciera de la nada. El ex mano derecha de Tony, con la mirada cansada y la voz baja, les soltó la bomba sin rodeos: Tony estaba vivo.

El hombre que supuestamente había muerto hacía un año durante la emboscada en la mansión, el traficante que había criado y explotado a niños con habilidades especiales —incluyéndolos a ellos: Babe, Charlie, Jeff y otros— había sobrevivido. Nadie sabía dónde se ocultaba ahora, pero Kenta les advirtió claramente:

—Cuiden sus espaldas. Tony no olvida. Y sigue obsesionado con los que tienen poderes más fuertes…especialmente contigo, Babe.

La noticia cayó como un balde de agua fría.

Alan maldijo, North y Sonic se pusieron alerta, Jeff palideció al instante. Charlie, en cambio, se quedó en silencio, pero su expresión se endureció. El miedo se instaló en su pecho como una piedra: Tony ya había intentado controlar a Babe antes, usarlo, traficarlo por sus habilidades. La idea de que ese monstruo pudiera aparecer y llevárselo lo volvía loco de preocupación. Desde ese momento, Charlie se volvió aún más protector: no dejaba que Babe saliera solo, revisaba constantemente los alrededores y se pegaba a él más de lo habitual.

Esa misma noche, en casa, el ambiente estaba tenso. Charlie entró a la sala después de una ducha rápida y vio a Babe sentado en el sofá, con la espalda recta y el ceño fruncido, mirando fijamente su celular. La luz de la pantalla iluminaba su rostro serio.

Charlie se acercó en silencio y se sentó a su lado en el sofá, lo suficientemente cerca para que sus muslos se rozaran.

—¿Qué haces mirando la red social de ese tipo?— preguntó Charlie con voz baja pero firme, señalando con la cabeza el perfil de Instagram de Willy que Babe tenía abierto.

Babe dio un pequeño respingo, como si lo hubieran sacado de sus pensamientos. Bajó el celular lentamente y lo dejó sobre el cojín, girándose hacia Charlie.

—No me fío de él, Charlie…Hay algo en Willy que no me gusta.

Charlie entrecerró los ojos, estudiando el rostro de su novio. La preocupación por Tony aún latía fuerte en su interior, y ver a Babe prestando atención a Willy no ayudaba.

—¿Algo como qué?— insistió, intentando mantener la calma.— ¿Es por las fotos qué te manda? ¿O por qué sigue coqueteando contigo cada vez que puede?

Babe suspiró y se pasó una mano por el cabello, recostándose un poco contra el respaldo del sofá.

—No es solo el coqueteo. Es…la forma en que apareció justo después de que perdí contra él. Cómo insiste tanto, cómo se acerca como si tuviera derecho. Y ahora, con lo de Tony vivo…no sé. Todo me parece sospechoso. ¿Y si Willy no es solo un corredor rival? ¿Y si tiene algo qué ver con esto? No confío en nadie nuevo que se me pegue tanto.

Charlie se quedó callado un momento, procesando. Su mano subió instintivamente al muslo de Babe, apretándolo con suavidad pero con posesividad.

—Entiendo que no te fíes. Yo tampoco. Pero…— Charlie respiró hondo, su voz bajó un tono más protector.— con Tony vivo, lo último que necesito es que te expongas a otro alfa que claramente quiere algo de ti. Ya estoy bastante paranoico pensando que Tony podría aparecer en cualquier momento y tratar de llevarte. No quiero agregar a Willy a la lista de amenazas.

Babe lo miró, notando la tensión en los hombros de Charlie y la forma en que sus ojos se oscurecieron.

—Charlie…sé que estás preocupado por Tony. Yo también lo estoy. Ese hijo de puta nos jodió la vida a todos. Pero no voy a dejar que me controle desde las sombras. Y Willy…solo estoy revisando su perfil para ver si hay algo raro: quiénes son sus contactos, dónde ha estado últimamente. No es que me interese él. Ya te dije que me revuelve el estómago su olor y su cercanía.

Charlie apretó un poco más el muslo de Babe, acercándose hasta que sus rostros quedaron a pocos centímetros.

—Prométeme que no te acercarás a él solo. Ni para “investigar”. Si sospechas algo, me lo dices y lo manejamos juntos. No quiero que te pase nada, Babe. Tony ya te vio como su posesión una vez. No voy a permitir que nadie más te mire de esa forma.

Babe sonrió suavemente, aunque la seriedad no abandonó sus ojos. Puso su mano sobre la de Charlie.

—Te lo prometo. No haré nada estúpido. Somos un equipo, ¿recuerdas? Tú y yo contra quien sea. Pero tú también tienes que prometerme que no te volverás loco de protector. No quiero que dejes el laboratorio o que dejes de vivir por miedo a Tony.

Charlie soltó una risa corta y amarga, apoyando su frente contra la de Babe.

—Es difícil no volverme loco cuando se trata de ti. Eres lo más importante que tengo. Si Tony o Willy o quien sea intenta algo… no voy a dudar en romperles la cara.

Babe rio bajito y besó la comisura de los labios de Charlie.

—Mi cachorro feroz…Me encanta cuando te pones así. Pero por ahora, solo quédate cerca de mí. Eso es suficiente.

Charlie asintió, rodeando los hombros de Babe con un brazo y atrayéndolo contra su pecho. Ambos se quedaron en silencio un rato, mirando el celular apagado sobre el sofá. La sombra de Tony había regresado, y con ella, la desconfianza hacia cualquiera que se acercara demasiado a Babe.

Encuentro en el Baño

Babe salió furioso de la pista. Había vuelto a perder contra Willy, y la derrota le quemaba en el pecho como ácido. El rugido de los motores y los gritos de la multitud aún resonaban en sus oídos mientras caminaba a grandes zancadas hacia los baños del lugar.

Necesitaba refrescarse, calmar la rabia que le hervía bajo la piel.

Entró al baño vacío, se acercó al lavamanos y abrió el grifo. Se mojó la cara con agua fría varias veces, respirando agitado, intentando bajar la adrenalina. Cuando levantó la mirada hacia el espejo, su corazón dio un vuelco.

Willy estaba detrás de él.

No había escuchado pasos, ni la puerta, ni nada. Simplemente apareció, como una sombra. Babe se tensó al instante, los músculos en alerta.

Se dio la vuelta rápidamente, dispuesto a salir de allí sin decir una palabra.

Pero Willy fue más rápido. Lo sujetó firmemente por la muñeca.

—¿A dónde vas tan rápido, precioso?— preguntó Willy con una sonrisa arrogante, la voz baja y cargada de intención.

Babe tiró con fuerza para soltarse.

—Que te importa. Suéltame.

Se liberó del agarre con un movimiento brusco y dio un paso hacia la puerta. En cuestión de segundos, todo cambió. Willy lo tenía contra la pared, su cuerpo presionándolo sin piedad. Una mano fuerte se cerró alrededor del cuello de Babe, inmovilizándolo.

Babe abrió los ojos con sorpresa y miedo. Los ojos de Willy brillaban con un deseo crudo y evidente.

—Lo que daría por probarte…Eres una belleza, Babe.— murmuró Willy, acercando su rostro hasta que su aliento caliente rozó la piel del cuello de Babe.

Babe forcejeó con furia, empujando el pecho de Willy con ambas manos.

—¡Suéltame, hijo de puta!— gruñó, la voz ahogada por la presión en su garganta.— ¡No me toques!

Willy solo sonrió más, disfrutando claramente de la situación. Apretó un poco más el cuello, sin llegar a asfixiarlo, pero lo suficiente para mantenerlo en su lugar.

—Siempre tan peleador…Me encanta esa actitud. ¿Sabes cuánto tiempo llevo imaginando esto? Tenerte así, contra la pared, solo para mí.

Babe intentó patearlo, retorciéndose.

—¡Eres un enfermo! ¡Quítame las manos de encima, maldito! ¡No eres nada para mí!

Willy rio bajito, inclinando la cabeza para oler directamente el cuello de Babe.

—Hueles tan bien…incluso cuando estás enojado. Podría comerte entero aquí mismo. Nadie nos vería. Nadie nos interrumpiría.

Babe sintió un escalofrío de asco y pánico. El aliento de Willy era caliente y demasiado cerca. Forcejeó con más fuerza, su corazón latiendo desbocado.

—¡Te voy a matar si no me sueltas ahora mismo! ¡Eres patético! ¿Crees qué porque ganaste dos carreras ya tienes derecho a tocarme? ¡Eres solo un perdedor disfrazado de rival!

Willy se rio de nuevo, claramente divertido por la resistencia de Babe. Su mano libre bajó un poco por el costado de Babe, rozando su cintura.

—Tan bonito cuando te enojas…Me pone aún más caliente. ¿Qué dirías si te digo que he soñado con tenerte debajo de mí, gritando mi nombre en vez del de ese noviecito tuyo?

Babe sintió la bilis subir por su garganta. Con toda la fuerza que pudo reunir, levantó la rodilla y le clavó un rodillazo brutal en la entrepierna a Willy.

Willy soltó un gruñido de dolor y aflojó el agarre por un segundo. Babe aprovechó y le lanzó un golpe seco con el puño cerrado directo a la mandíbula.

El impacto hizo que Willy retrocediera un paso, tocándose la cara con sorpresa y dolor.

Babe respiraba agitado, los ojos llenos de furia y asco.

—No vuelvas a ponerme una mano encima.— escupió Babe con voz temblorosa pero llena de veneno.— porque la próxima te mato, hijo de puta.

Sin esperar respuesta, Babe salió corriendo del baño, empujando la puerta con fuerza.

Apenas había dado unos pasos fuera cuando las lágrimas empezaron a caer por sus mejillas, calientes y silenciosas.

La escena se había repetido.

Recordó a Way, su ex mejor amigo, el que había muerto…el cómplice de Tony que también había intentado abusar de él de forma parecida. La misma sensación de impotencia, la misma cercanía asfixiante, el mismo miedo de que, si el otro se lo proponía de verdad, podría lograrlo.

Babe se limpió las lágrimas con rabia mientras caminaba rápido hacia la zona de boxes, el corazón latiendo con fuerza. No quería que nadie lo viera así, pero el recuerdo de Way y el miedo de que Willy fuera capaz de algo peor lo estaban destrozando por dentro.

No Quiero Hablar

Babe caminaba rápido entre la gente, limpiándose las lágrimas con el dorso de la mano mientras intentaba controlar la respiración. El corazón le latía con fuerza y cada ruido a su alrededor lo ponía más nervioso. Solo quería salir de allí, subirse al auto y alejarse lo más posible de la pista y de Willy.

Charlie lo vio desde lejos. Estaba esperando cerca de los boxes junto con Alan, North, Sonic, Dean y Jeff. En cuanto notó la forma en que Babe caminaba —rígido, rápido, con la mirada baja y los hombros tensos— supo que algo estaba muy mal.

—Babe.— llamó Charlie, acercándose con pasos largos.

Babe intentó esquivarlo, girando hacia el estacionamiento.

—Ahora no, Charlie. Quiero irme.

Charlie lo alcanzó y lo tomó suavemente del brazo.

—Espera. ¿Qué pasó? Estás pálido.

Babe se soltó con un tirón brusco y siguió caminando.

—Nada. Solo quiero salir de aquí. Ahora.

Charlie no lo dejó. Lo sujetó de nuevo, esta vez con más firmeza, y lo giró hacia él.

—Babe, mírame. Estás temblando. ¿Qué te pasó?

Babe forcejeó, empujando el pecho de Charlie con ambas manos.

—¡Suéltame! ¡No quiero hablar! ¡Solo quiero irme, carajo!

Su voz salió más alta de lo que pretendía.

Algunos corredores cercanos miraron en su dirección. Charlie no lo soltó. En cambio, lo atrajo contra su pecho con fuerza, rodeándolo con los brazos.

—No te voy a soltar así. Respira.

En ese momento, el grupo se acercó. Alan fue el primero en hablar, con tono preocupado:

—¿Qué pasa? Babe, ¿estás bien?

North frunció el ceño al ver la expresión de Babe.

—Parece que vio un fantasma…

Sonic y Dean se quedaron un poco atrás, pero también miraban con alarma. Jeff se acercó un paso más.

—Charlie, ¿necesitas ayuda?

Charlie miró a sus amigos por encima del hombro de Babe y negó con la cabeza.

—Denme un momento con él. Por favor.

Alan entendió al instante. Hizo un gesto con la mano para que los demás retrocedieran.

—Vamos, chicos. Démosles espacio. North, Sonic, vayan a revisar los autos. Dean, Jeff, conmigo.

Los chicos se alejaron a regañadientes, lanzando miradas preocupadas hacia atrás, pero dejaron a la pareja sola en un rincón más apartado cerca de los boxes.

Babe seguía forcejeando débilmente contra el agarre de Charlie, aunque ya no intentaba correr.

—Charlie…déjame…no quiero estar aquí…— No te voy a dejar solo.— dijo Charlie con voz baja y firme, pero llena de preocupación.— Estás temblando entero. Dime qué pasó.

Babe no lloró. Sus ojos estaban secos, pero brillaban con una mezcla de rabia y miedo. En lugar de responder, se aferró con fuerza a la camiseta de Charlie, enterrando la cara en su pecho. Sus manos temblaban mientras se agarraba a la tela. Miraba hacia todos lados: la entrada del baño, la gente que pasaba, las sombras entre los autos…como si esperara que Willy apareciera en cualquier momento.

Charlie sintió claramente el temblor en el cuerpo de Babe. Lo abrazó más fuerte, una mano en su nuca y la otra rodeando su espalda.

—Está bien…estoy aquí.— murmuró contra su cabello.— No voy a dejar que te pase nada. Respira conmigo, mi amor.

Babe no dijo una palabra. Solo se aferró más a él, los dedos clavados en la espalda de Charlie. Su respiración era irregular, rápida.

Charlie no lo presionó. Sabía que si lo hacía ahora, Babe se cerraría aún más. Solo lo sostuvo allí, frotando su espalda con movimientos lentos y calmados.

—Sea lo que sea…estoy contigo.— susurró Charlie.— No tienes que hablar ahora. Solo quédate aquí. No te suelto.

Pasaron varios minutos en silencio. Babe seguía mirando a su alrededor con desconfianza, el cuerpo rígido contra el de Charlie. Poco a poco, el temblor empezó a disminuir, aunque no desapareció del todo.

Charlie besó suavemente la parte superior de su cabeza.

—Cuando estés listo…me cuentas. Pero por ahora, solo déjame abrazarte.

Babe no respondió con palabras. Solo asintió apenas contra su pecho y se aferró con más fuerza, como si Charlie fuera lo único que lo mantenía en pie en ese momento.

Desde lejos, el grupo observaba en silencio.

Alan cruzó los brazos, preocupado.

—Algo grave pasó…Babe nunca se pone así.

North murmuró:

—Seguro fue ese imbécil de Willy. Lo vi dirigirse hacia los baños hace rato.

Jeff apretó la mandíbula.

—Si le hizo algo, Charlie lo va a matar.

Alan suspiró.

—Ahora no. Dejemos que Charlie lo calme primero. Después veremos qué hacemos.

Charlie siguió sosteniendo a Babe sin soltarlo, protegiéndolo con su cuerpo y su presencia.

No preguntó más. Solo estuvo allí, firme y cálido, esperando a que Babe se sintiera seguro otra vez.

Miedo que se Comparte

Charlie seguía abrazando a Babe con fuerza, frotando su espalda en círculos lentos y calmados. El temblor en el cuerpo de su novio había disminuido un poco, pero aún estaba allí, como una corriente eléctrica bajo la piel.

El grupo se mantenía a distancia, respetando el espacio que habían pedido.

Babe respiró hondo varias veces, todavía aferrado a la camiseta de Charlie. Finalmente, levantó la cabeza lo suficiente para hablar, con la voz baja y entrecortada, sin mirar a los ojos de Charlie.

—Willy…apareció en el baño detrás de mí.— empezó Babe, tragando saliva con dificultad.— Cuando quise irme, me tomó del brazo. Me solté de él y…no sé cómo, pero en cuestión de segundos me tenía contra la pared. Me tenía agarrado del cuello.

Charlie se tensó al instante. Sus brazos se endurecieron alrededor de Babe, pero no lo interrumpió.

Babe continuó, la voz cada vez más temblorosa:

—Me dijo que le gustaría probarme…que yo era una belleza…que podía hacerlo en ese momento sin que nadie lo notara. Sentí su aliento en mi cuello, Charlie. Se estaba riendo, como si le divirtiera tenerme así.

Charlie sintió cómo la ira y el enojo surgían en su interior como una ola ardiente. Su mandíbula se apretó con tanta fuerza que le dolió. La imagen de Willy sujetando a Babe contra la pared, tocándolo, amenazándolo…le nubló la vista. Quiso soltarse, ir a buscar a ese hijo de puta y golpearlo hasta que no pudiera levantarse nunca más.

Su cuerpo se movió por instinto. Empezó a separarse de Babe, los puños ya cerrados.

—Ese maldito…— gruñó Charlie entre dientes, la voz oscura y peligrosa.— Lo voy a matar. Ahora mismo.

Pero Babe lo abrazó con más fuerza, impidiéndole moverse. Sus brazos rodearon la cintura de Charlie con desesperación, enterrando la cara en su pecho. La voz de Babe salió rota, llena de miedo puro:

—No me dejes, por favor…Mi amor, tengo miedo…mucho miedo…

Las lágrimas que Babe había estado conteniendo finalmente cayeron. Sollozó contra el pecho de Charlie, el cuerpo temblando de nuevo con fuerza. No eran sollozos ruidosos, sino ahogados, como si intentara tragárselos pero ya no pudiera.

—Se sintió igual que con Way…— susurró Babe entre sollozos.— Igual de cerca, igual de asqueroso. Pensé que si Willy se lo proponía de verdad…lo iba a lograr. No pude hacer nada al principio. Solo…solo reaccioné cuando le di un rodillazo en la entrepierna y le golpeé la mandíbula. Le dije que si volvía a ponerme una mano encima lo mataría…pero tengo miedo, Charlie. Tengo mucho miedo de que vuelva a intentarlo.

Charlie se quedó congelado un segundo. La ira seguía allí, quemándole el pecho, pero el miedo y el llanto de Babe lo detuvieron en seco. No podía dejarlo. No ahora. Cerró los ojos con fuerza, respiró hondo y envolvió a Babe completamente con sus brazos, sosteniéndolo como si quisiera protegerlo del mundo entero.

—Shh…estoy aquí.— murmuró Charlie contra su cabello, la voz ronca por la emoción contenida.— No me voy a ninguna parte. No te voy a dejar solo ni un segundo. Te lo juro.

Babe sollozó más fuerte, aferrándose a él como si fuera su único ancla.

—No quiero que me toque…no quiero que nadie más me toque así…solo tú. Solo tú, Charlie.

—Lo sé, mi amor. Lo sé.— susurró Charlie, besando repetidamente la parte superior de su cabeza y su sien.— Nadie te va a tocar. Ni Willy, ni Tony, ni nadie. Voy a estar pegado a ti todo el tiempo que haga falta. Si ese hijo de puta se acerca otra vez, lo destrozaré. Pero ahora mismo…solo quédate conmigo. Deja que te sostenga.

Charlie lo meció suavemente, una mano en la nuca de Babe y la otra rodeando su espalda con fuerza protectora. Sentía cada sollozo de Babe vibrar contra su pecho y eso le rompía el corazón. La ira seguía allí, latiendo con fuerza, pero la prioridad era calmar a su novio.

—No llores más, por favor…— dijo Charlie con voz suave, aunque su propia garganta estaba apretada.— Estoy aquí. Te tengo. Nadie te va a hacer daño mientras yo esté vivo. Respira conmigo…así, lento.

Babe asintió contra su pecho, intentando controlar los sollozos. Se aferró aún más fuerte, sus dedos clavados en la espalda de Charlie.

—Quédate…no te vayas…

—No me voy.— prometió Charlie, la voz firme a pesar de la furia que aún ardía en su interior.— Hoy, mañana y todos los días que necesites. Vamos a salir de aquí juntos. Y cuando estés más calmado…hablaremos con los chicos. Pero ahora solo somos tú y yo.

Charlie siguió abrazándolo en silencio, dejando que Babe llorara todo lo que necesitaba en sus brazos. No lo soltó ni un segundo. Su mente ya estaba pensando en cómo protegerlo mejor, en cómo asegurarse de que Willy nunca volviera a acercarse, pero por ahora solo existía Babe y su miedo.

El grupo, desde la distancia, observaba con preocupación, pero nadie se acercó. Sabían que este momento era solo de ellos dos.

Protección entre Amigos

Charlie siguió abrazando a Babe con fuerza, meciéndolo suavemente mientras los sollozos de su novio se iban calmando poco a poco.

No lo soltaba ni un centímetro. Una de sus manos subía y bajaba por la espalda de Babe en movimientos lentos y reconfortantes, mientras la otra le acariciaba la nuca con ternura.

—Respira conmigo, mi amor…— susurró Charlie contra su cabello.— Inhala…exhala…así. Estoy aquí. Nadie te va a tocar. Te lo prometo.

Babe respiró tembloroso, todavía aferrado a la camiseta de Charlie como si fuera su salvavidas. Sus sollozos se habían reducido a respiraciones entrecortadas y pequeñas sacudidas.

—No quiero que se acerque nunca más…— murmuró Babe con voz ronca.— Me sentí tan… impotente. Igual que antes.

—Lo sé.— dijo Charlie suavemente, besando su sien.— Pero reaccionaste. Le diste un rodillazo y le golpeaste. Eso fue bueno, Babe. Fuiste fuerte. Y ahora estoy yo. No vas a estar solo ni un segundo. Si quieres, me quedo pegado a ti como una sombra. Donde vayas, yo voy.

Babe soltó una risa débil y rota, todavía con la cara escondida en el pecho de Charlie.

—Vas a ser insoportable…

—Probablemente.— admitió Charlie con una pequeña sonrisa, aunque su voz seguía cargada de preocupación.— Pero prefiero ser insoportable a que te pase algo. Te amo demasiado para arriesgarme.

Se quedaron así varios minutos más, en silencio. Charlie solo hablaba de vez en cuando para calmarlo:

—Estás seguro. Estoy contigo. Respira…eso es. Poco a poco.

Cuando Babe parecía más estable, aunque aún temblaba ligeramente, Charlie besó su frente.

—¿Quieres que nos vayamos ya? ¿O prefieres quedarte un rato más aquí conmigo?

—Quiero irme…pero no solo.— respondió Babe en voz baja.

—No vas a ir solo. Nunca más.

Charlie lo abrazó un poco más fuerte antes de separarse solo lo necesario para mirarlo a los ojos. Limpió con el pulgar las lágrimas que quedaban en las mejillas de Babe.

—Vamos a hablar con los chicos. Ellos también necesitan saber. No les voy a dar detalles si no quieres, pero tienen que estar alerta.

Babe asintió lentamente, aún sin soltar del todo la camiseta de Charlie.

—Está bien…pero quédate cerca.

—Siempre.

Charlie tomó la mano de Babe con firmeza y ambos caminaron hacia donde estaba el grupo. Alan, North, Sonic, Dean y Jeff esperaban a una distancia respetuosa, con expresiones serias y preocupadas. En cuanto los vieron acercarse, se reunieron alrededor.

Alan fue el primero en hablar, con voz baja:

—¿Todo bien? Babe, te ves…jodido.

Charlie mantuvo a Babe pegado a su costado, un brazo alrededor de sus hombros.

—Willy atacó a Babe en el baño.— dijo Charlie directamente, sin rodeos. Su voz estaba cargada de furia contenida.— Lo acorraló contra la pared, lo agarró del cuello y le dijo que quería “probarlo”. Babe logró soltarse dándole un rodillazo y un puñetazo, pero…está asustado. Muy asustado.

North abrió los ojos con rabia.

—¿Qué carajos? ¿Ese hijo de puta se atrevió a tocarte?

Sonic apretó los puños.

—Voy a romperle la cara ahora mismo. ¿Dónde está ese imbécil?

Dean miró a Babe con preocupación.

—¿Estás bien? ¿Te hizo algo más?

Jeff se acercó un paso, mirando a Babe con cariño.

—Babe…lo siento mucho. Si necesitas cualquier cosa…

Babe no soltó la mano de Charlie. Su voz salió baja, pero firme:

—No diré detalles. Solo…se acercó demasiado. Me recordó a Way. Tuve miedo de que pudiera…ya saben. Pero le pegué fuerte. Solo quiero irme de aquí.

Alan asintió con seriedad, cruzando los brazos.

—Entendido. No vamos a presionarte. Pero esto no se queda así. Willy se pasó de la raya. Vamos a estar todos alerta. Nadie sale solo. Si ese tipo aparece cerca de ti otra vez, Babe, avísanos inmediatamente. Entre todos lo manejamos.

North agregó, aún furioso:

—Y si se atreve a acercarse, no va a ser solo Charlie quien le rompa la cara. Cuenta conmigo. Nadie toca a uno de los nuestros.

Sonic y Dean asintieron al mismo tiempo.

—Estamos contigo, Babe.— dijo Sonic.— Lo que necesites.

Jeff miró a Charlie y luego a Babe.

—Charlie, cuídalo mucho. Y Babe…si quieres quedarte en casa unos días o que alguien te acompañe al entrenamiento, solo dilo. No estás solo en esto.

Charlie apretó el hombro de Babe y miró al grupo con gratitud.

—Gracias, chicos. Por ahora solo quiero llevarlo a casa. Mañana veremos cómo organizamos la seguridad. Nadie se acerca a Babe sin que yo esté presente. Y si ven a Willy merodeando…avísenme primero.

Alan dio una palmada suave en el brazo de Charlie.

—Hecho. Vayan a casa. Descansen. Mañana hablamos con más calma. Babe, si necesitas cualquier cosa, llámanos a cualquier hora.

Babe asintió débilmente, todavía pegado al costado de Charlie.

—Gracias…

Charlie besó la sien de Babe y empezó a guiarlo hacia el estacionamiento, sin soltar su mano ni un segundo.

—Vamos a casa, mi amor. Solo nosotros dos. Te preparo algo caliente y nos acostamos. No te suelto en toda la noche.

Babe se dejó llevar, aferrándose a la mano de Charlie como si fuera lo único sólido en ese momento. El grupo se quedó atrás, hablando en voz baja sobre cómo proteger a su amigo, mientras Charlie y Babe se alejaban juntos.

En el Regazo de la Seguridad

La habitación estaba en penumbras, solo iluminada por la luz tenue de una lámpara de noche. Charlie estaba sentado en el borde de la cama, con la espalda apoyada contra el cabecero. Babe se encontraba acurrucado en su regazo, con las piernas a cada lado de las caderas de Charlie y la cabeza descansando sobre su hombro. Solo llevaba puesta una de las camisas grandes de Charlie, esa que le quedaba holgada y le llegaba casi hasta la mitad del muslo. Después de lo ocurrido en el baño, Babe necesitaba sentir el olor de su novio en la tela, como si esa prenda pudiera protegerlo de todo.

Charlie lo rodeaba con ambos brazos, una mano acariciando lentamente su espalda por debajo de la camisa, la otra sosteniendo su cintura con firmeza. No había dejado de tocarlo desde que llegaron a casa. Babe estaba callado, respirando contra el cuello de Charlie, pero su cuerpo aún conservaba cierta rigidez.

De pronto, Babe levantó ligeramente la cabeza y murmuró con voz baja, casi un susurro:

—Charlie…yo creo que Willy también tiene poderes.

Charlie se tensó debajo de él. Sus caricias se detuvieron por un segundo antes de continuar, más lentas y atentas.

—¿Por qué lo dices?— preguntó con tono calmado, aunque su mente ya estaba dando vueltas.

Babe se acomodó mejor en su regazo, aferrándose un poco más a la camisa que llevaba puesta. Sus dedos jugaban distraídamente con el borde de la tela.

—No es normal que se me haya aparecido detrás mío sin que yo lo escuchara…Ni un paso, ni la puerta, nada. Estaba solo en el baño, mojándome la cara, y de repente…lo vi reflejado en el espejo. Como si se hubiera materializado. Eso no lo hace un alfa común.

Me recordó demasiado a cómo actuaban los niños con poderes cuando Tony nos entrenaba.

Charlie frunció el ceño, procesando la información. Su mano subió hasta la nuca de Babe y la masajeó suavemente.

—Explícame más. ¿Sentiste algo raro en su olor? ¿O en su presencia?

Babe negó con la cabeza, pero su voz seguía baja y preocupada.

—No solo eso. Fue demasiado rápido. Cuando intenté irme, en un segundo ya me tenía contra la pared y con la mano en mi cuello. No tuve tiempo de reaccionar. Es como si…pudiera moverse sin hacer ruido, o como si controlara el espacio a su alrededor. Y la forma en que me miraba…no era solo deseo. Había algo más. Algo que me dio mucho miedo.

Charlie respiró hondo, tratando de mantener la calma por Babe, aunque por dentro la ira y la preocupación crecían.

—Kenta nos advirtió que Tony estaba vivo…y que seguía interesado en los que tienen poderes fuertes. Si Willy también tiene habilidades, podría estar conectado con él. O tal vez Tony lo envió para acercarse a ti.

Babe levantó la vista y lo miró a los ojos, sus dedos apretando la tela de la camisa.

—Exacto. Por eso no me fío de él desde el principio. Su insistencia, la forma en que aparece de la nada…No es solo un corredor arrogante. Creo que tiene algún tipo de poder relacionado con sigilo o velocidad. Y si es así…podría ser peligroso. Mucho más de lo que pensábamos.

Charlie lo atrajo más cerca, besando su frente con ternura.

—Te creo. No voy a descartar nada. Mañana mismo les voy a contar esto a Alan y a los chicos. Vamos a investigar quién demonios es Willy en realidad: de dónde viene, quién lo patrocina, si tiene algún vínculo con Tony. No vas a volver a estar cerca de él sin que yo esté presente. Ni en la pista, ni en ningún lado.

Babe asintió lentamente y volvió a apoyar la cabeza en el hombro de Charlie, inhalando su olor a través de la camisa.

—No quiero volver a sentirme así de vulnerable…— susurró.— Cuando me tenía contra la pared, por un segundo pensé que no podría escapar. Me recordó demasiado a Way…y a todo lo que Tony nos hacía.

Charlie lo abrazó con más fuerza, una mano subiendo para acariciarle el cabello.

—Nunca más vas a sentirte así. Te lo prometo. Si Willy tiene poderes, vamos a descubrir cuáles son y cómo contrarrestarlos. Y si está relacionado con Tony…lo enfrentaremos juntos. Tú no estás solo en esto, Babe. Nunca más.

Se quedaron en silencio un momento. Charlie siguió acariciándole la espalda por debajo de la camisa, trazando líneas suaves sobre su piel.

—¿Quieres qué te prepare algo caliente? ¿Té? ¿O prefieres qué nos acostemos ya?— preguntó Charlie con voz suave.

Babe negó con la cabeza, acurrucándose más en su regazo.

—Solo quédate así…No me sueltes todavía. Me gusta sentirte cerca. La camisa huele a ti…y ahora mismo eso es lo único que me calma.

Charlie sonrió débilmente y besó su sien.

—No te suelto. Me quedo aquí toda la noche si quieres. Puedes dormir en mi regazo si te hace sentir más seguro.

Babe soltó una risa muy pequeña, casi imperceptible.

—Eres un exagerado…pero sí. Me gusta estar así.

Charlie lo meció suavemente, susurrando contra su cabello:

—Te amo, Babe. Y voy a protegerte con todo lo que tengo. Willy, Tony…quien sea. Nadie te va a tocar mientras yo esté vivo.

Babe cerró los ojos y se dejó envolver por el calor y la seguridad de los brazos de Charlie, todavía con la camisa grande envolviéndolo como un escudo improvisado.

Deseo que Despierta en la Noche

Charlie seguía sosteniendo a Babe en su regazo, con las manos firmes en su cintura, cuando sintió los labios cálidos de su novio rozar su cuello. Primero fue un beso suave, luego otro más húmedo…y de repente los dientes de Babe se clavaron con suavidad en la piel sensible justo debajo de su oreja. Un escalofrío recorrió la espalda de Charlie.

Sonrió, esa sonrisa oscura y satisfecha que reservaba solo para Babe, y ladeó la cabeza para darle más espacio.

—¿Qué haces, mi amor?— preguntó con voz ronca, casi un ronroneo.

Babe no respondió con palabras. Siguió besando y mordiendo su cuello con más intención, lamiendo la marca que dejaba. Al mismo tiempo empezó a moverse encima de Charlie: lento, provocador, meneando su trasero contra la entrepierna de su novio en círculos deliberados. La camisa grande que llevaba puesta se subió un poco más, dejando sus muslos desnudos rozando contra el pantalón de dormir de Charlie.

Charlie soltó un gruñido bajo, sus manos apretando con más fuerza las caderas de Babe.

—Mmm…Babe…

Babe levantó la cabeza lo suficiente para mirarlo a los ojos, la voz baja y cargada de necesidad:

—Quiero que me folles, cachorro.

Eso fue todo lo que Charlie necesitó. En un movimiento rápido y dominante, lo giró y lo tumbó de espaldas sobre la cama, colocándose entre sus piernas abiertas. La camisa de Babe se abrió completamente, dejando su torso expuesto. Charlie se cernió sobre él, posesivo, con los ojos oscuros de deseo y protección.

—Tan desesperado por mí…— murmuró Charlie contra su boca antes de devorarla en un beso profundo, mordiendo su labio inferior y tirando de él.— Me encanta cuando me pides que te folle. Este cuerpo es mío…y voy a recordártelo hasta que solo puedas pensar en cómo te lleno.

Bajó la cabeza y atacó el cuello de Babe: besos húmedos, succiones fuertes y mordidas que dejaron marcas rojas frescas sobre las que ya tenía. Babe arqueó la espalda, gimiendo bajito.

—Charlie…

Charlie siguió bajando, besando y chupando uno de sus pezones con hambre. Lo succionó con fuerza, rodeándolo con la lengua y mordiendo suavemente la piel sensible mientras su mano libre bajaba entre las piernas de Babe. Sus dedos rozaron la entrada ya húmeda y caliente.

—Estás tan mojado para mí…— gruñó Charlie contra el pecho de Babe, mordiendo el otro pezón al mismo tiempo.— Este agujero tan rico ya me está esperando. Voy a abrirte con mis dedos primero…quiero sentir cómo te aprietas alrededor de ellos.

Deslizó un dedo lentamente dentro de Babe, profundo y sin prisa, curvándolo para rozar ese punto que sabía que lo volvía loco. Babe jadeó fuerte, las manos aferrándose a las sábanas.

—Ah…joder, Charlie…

—Así…déjame sentirte.— susurró Charlie, añadiendo un segundo dedo y empezando a moverlos con ritmo lento pero firme, abriéndolo con cuidado pero sin piedad.— Tan apretado…tan caliente por dentro. Me vuelve loco saber que solo yo puedo tenerte así. Nadie más va a tocarte nunca. Solo yo voy a follarte, a llenarte, a hacerte gemir.

Sus dedos entraban y salían con más velocidad, curvándose, abriéndose en tijera para estirarlo. Charlie levantó la cabeza para besar la boca de Babe otra vez, tragándose sus gemidos mientras seguía masturbándolo con los dedos.

—Mírate…tan hermoso y abierto para mí.— murmuró contra sus labios, mordiendo el inferior.— Quiero que sientas cada dedo…que te prepares para mi polla. Porque cuando te folle, voy a hacerlo profundo y duro, mi amor. Hasta que sientas que soy parte de ti.

Babe se retorcía debajo de él, empujando contra los dedos, la respiración entrecortada.

—Más…Charlie…por favor…quiero más…

Charlie sonrió con esa sonrisa dominante y posesiva, añadiendo un tercer dedo y acelerando el ritmo, follándolo con ellos sin descanso.

—Vas a tener todo lo que quieras…pero primero voy a hacer que te corras así, solo con mis dedos. Quiero verte deshacerte antes de enterrarme dentro de ti.

Sus dedos se movían con precisión, golpeando ese punto una y otra vez mientras su boca volvía a atacar los pezones de Babe: chupando, mordiendo y lamiendo sin piedad.

—Eres mío…todo mío.— gruñó Charlie contra su piel.— Y esta noche voy a recordártelo hasta que no puedas caminar derecho.

Deseo que Arde en la Oscuridad

Babe se arqueó con fuerza sobre la cama, las piernas temblando mientras los dedos de Charlie lo follaban sin piedad. El tercer dedo se curvaba una y otra vez contra ese punto sensible, golpeándolo con brutal precisión.

—Charlie…¡joder!— gimió Babe, la voz rota.— Voy a…voy a correrme…¡no pares!

Charlie sonrió con esa sonrisa oscura y posesiva, acelerando el movimiento de sus dedos.

—Córrete para mí, mi amor. Quiero sentir cómo te aprietas alrededor de mis dedos…solo con esto. Vamos.

Babe soltó un gemido largo y profundo cuando el orgasmo lo atravesó. Su cuerpo se tensó, los músculos internos contrayéndose con fuerza alrededor de los dedos de Charlie mientras chorros calientes salían de su polla, salpicando su propio abdomen y pecho. Sus manos se aferraron a las sábanas a ambos lados de su cabeza, las piernas abiertas y temblorosas.

Charlie no sacó los dedos hasta que el último espasmo pasó. Lentamente los retiró y los llevó directamente a su boca. Los lamió con lentitud, saboreando el sabor de Babe con un gruñido bajo de placer.

—Mmm…tu sabor es una puta delicia, mi amor.— murmuró Charlie, mirándolo con ojos hambrientos.— Dulce, caliente…jodidamente adictivo.

Babe estaba tendido allí, respirando agitado, las piernas todavía abiertas, las manos a los lados de su cabeza, el cuerpo marcado y brillante de sudor y semen. Era una imagen tentadora, vulnerable y completamente entregada.

Charlie se incorporó y se deshizo rápidamente de su ropa, quedando completamente desnudo. Su polla dura y gruesa se alzaba contra su abdomen. Se posicionó entre las piernas abiertas de Babe, agarró su miembro con una mano y frotó la cabeza contra la entrada aún palpitante y mojada.

—Voy a follarte tan profundo que vas a sentirme por días.— gruñó Charlie, empujando la punta dentro de golpe, solo un poco.— Este culo tan perfecto es mío…y hoy lo voy a reclamar hasta el fondo.

Sin más aviso, embistió con fuerza brutal, enterrándose hasta el fondo de una sola vez.

Babe soltó un grito de placer mezclado con la sensación de estar lleno.

—Ah…¡mierda, Charlie! ¡Tan grande…!

Charlie empezó a follarlo con embestidas profundas, duras y salvajes. Cada golpe era posesivo, dominante, haciendo que la cama crujiera. Se inclinó sobre Babe y atacó su cuello: besos húmedos, chupetones fuertes y mordidas que dejaban marcas rojas y moradas.

—Te sientes tan jodidamente apretado…tan caliente y mojado por dentro.— gruñó contra su piel, mordiendo el cuello con fuerza.— Me encanta cómo me succionas la polla cada vez que entro…como si no quisieras que salga nunca.

Babe levantó las caderas para encontrarse con cada embestida, respondiendo con la misma intensidad.

—Fóllame más duro, cachorro…quiero sentirte hasta la garganta.— jadeó Babe, clavando las uñas en la espalda de Charlie.— Eres tan grande…me estás abriendo entero…joder, me encanta.

Charlie bajó la boca hasta uno de sus pezones, chupándolo con saña mientras seguía penetrándolo sin piedad. Mordió la piel sensible, tirando de él con los dientes antes de pasar al otro.

—Estos pezones son tan sensibles…tan duros para mí.— murmuró, lamiendo y mordiendo.— Me vuelve loco ver cómo se ponen cuando te follo así de brutal. Quiero marcarlos también…que queden hinchados y rojos todo el día.

Sus embestidas se volvieron más violentas, profundas, golpeando ese punto exacto con cada movimiento. El sonido húmedo y obsceno de sus cuerpos chocando llenaba la habitación.

—Voy a llenarte tanto…voy a correrme tan adentro que vas a chorrear mi semen cuando te levantes.— gruñó Charlie, besando la boca de Babe con hambre feroz, mordiendo su labio inferior.— Eres mío…este cuerpo es mío para follarlo cuando quiera.

Babe gimió contra su boca, respondiendo el beso con la misma brutalidad, mordiendo la lengua de Charlie.

—Entonces lléname…quiero sentir cómo me marcas por dentro.— jadeó Babe entre besos.— Fóllame más fuerte, Charlie…rómpeme si quieres…soy tuyo…solo tuyo.

Charlie aceleró el ritmo, follándolo con fuerza animal, una mano agarrando la cadera de Babe para mantenerlo en su lugar mientras la otra apretaba uno de sus pezones con rudeza. Mordía su cuello, chupaba su boca y atacaba sus pezones sin descanso, todo mientras sus caderas golpeaban sin piedad.

—Así…apriétame más con ese culo tan rico.— gruñó Charlie.— Quiero que sientas cada centímetro…que te corras otra vez con mi polla bien adentro.

Babe estaba perdido en el placer, gimiendo alto y respondiendo cada embestida con desesperación.

—Más…¡joder, más! Quiero que me llenes…quiero que me folles hasta que no pueda pensar en nada más que en ti…

Charlie sonrió con satisfacción posesiva y siguió follándolo profundo, duro y brutal, marcando cada parte de Babe con besos, mordidas y chupetones mientras sus cuerpos se movían en un ritmo salvaje y perfecto.

Marcado hasta el Alma

Charlie seguía follándolo con embestidas brutales y profundas, el sonido húmedo y fuerte de sus caderas chocando contra el culo de Babe llenaba toda la habitación. Cada golpe era preciso, salvaje, golpeando ese punto sensible sin descanso.

—Joder…Babe…estás apretándome tan rico— gruñó Charlie contra su boca, mordiendo su labio inferior con fuerza antes de besarlo con hambre.— Siento cómo me succionas cada vez que entro hasta el fondo…este culo tan caliente y mojado fue hecho para mi polla.

Babe arqueó la espalda, las manos todavía a los lados de su cabeza, las piernas abiertas y temblando alrededor de la cintura de Charlie.

Respondió con la misma intensidad, empujando sus caderas hacia arriba para encontrarse con cada embestida.

—Más duro, cachorro…¡rompe mi culo!— jadeó Babe, la voz ronca y desesperada.— Me encanta cómo me llenas…eres tan grueso…me estás abriendo entero…¡ah, mierda, ahí!

Charlie soltó un gruñido animal y aceleró el ritmo, follándolo con brutalidad. Bajó la cabeza y atacó el cuello de Babe otra vez: chupó con fuerza, dejando un chupetón grande y oscuro justo encima de la clavícula, luego mordió la piel sensible, tirando de ella con los dientes.

—Quiero que lleves mis marcas por todas partes.— murmuró contra su piel, lamiendo la mordida fresca.— Que todo el mundo vea que eres mío…que este cuello, estos pezones, este culo…todo te lo follé yo.

Bajó la boca hasta el pecho de Babe y chupó uno de sus pezones con saña, succionándolo fuerte mientras mordía la piel alrededor. Su lengua lo rodeaba, tiraba de él, lo dejaba hinchado y rojo. Cambió al otro pezón y lo mordió con más fuerza, tirando de él mientras seguía penetrándolo sin piedad.

—Estos pezones tan duros y sensibles…me vuelven loco.— gruñó Charlie, lamiendo el pezón maltratado.— Cada vez que te muerdo, aprietas más mi polla…como si quisieras que te folle más fuerte.

Babe gimió alto, retorciéndose debajo de él.

—Porque quiero que me folles más fuerte…¡sí! Muerde más…chúpame los pezones mientras me rompes el culo…¡joder, Charlie, eres un animal!

Charlie sonrió con satisfacción posesiva y obedeció. Mordió el pezón con fuerza al mismo tiempo que daba una embestida especialmente profunda y brutal, enterrándose hasta la base. Babe soltó un grito de placer.

—Así…grita para mí.— dijo Charlie, la voz oscura y obscena.— Quiero oír cómo te deshaces mientras te lleno. Voy a correrme tan adentro que vas a sentir mi semen caliente chorreando de ti toda la noche…y mañana cuando camines, vas a recordar quién te folló como te mereces.

Sus embestidas se volvieron aún más violentas, rápidas y profundas. La cama golpeaba contra la pared con cada movimiento. Charlie agarró las muñecas de Babe y las sujetó por encima de su cabeza con una sola mano, inmovilizándolo completamente mientras seguía follándolo sin control.

—Eres tan jodidamente perfecto…tan apretado y caliente…— gruñó Charlie, besando su boca otra vez, mordiendo su lengua y devorándolo.— Quiero que te corras otra vez…quiero sentir cómo aprietas mi polla cuando te llenes de mi semen.

Babe estaba perdido, gimiendo sin parar, el cuerpo cubierto de sudor y nuevas marcas.

—Charlie…voy a correrme otra vez…¡no pares! ¡Fóllame más profundo…lléname!

Charlie soltó un gruñido salvaje y aumentó la velocidad, penetrándolo con fuerza animal.

Mordió el cuello de Babe con fuerza, chupó sus pezones una vez más y luego lo besó con brutalidad, tragándose sus gemidos.

—Córrete para mí, mi amor…apriétame.— ordenó contra sus labios.

Babe se corrió con un grito ahogado, su segundo orgasmo golpeándolo con fuerza.

Sus músculos internos apretaron la polla de Charlie con espasmos intensos, ordeñándolo.

Charlie gruñó profundamente, enterrándose hasta el fondo y corriéndose con chorros calientes y abundantes dentro de Babe.

Siguió moviéndose lentamente durante el orgasmo, prolongando el placer, llenándolo hasta que sintió que se desbordaba.

—Te lleno…todo mío…— jadeó Charlie contra su cuello, mordiendo suavemente mientras su cuerpo temblaba por el clímax.— Siente cómo te marcó por dentro…cómo te reclamo.

Ambos respiraban agitados, sudados y marcados. Charlie no salió de inmediato. Se quedó dentro de Babe, moviéndose con lentitud perezosa mientras besaba con más ternura su cuello, su boca y sus pezones hinchados.

—Te amo…— susurró Charlie, soltando por fin las muñecas de Babe para abrazarlo.— Eres mío…y nadie va a cambiar eso.

Babe, aún temblando de placer, rodeó el cuello de Charlie con los brazos y lo atrajo para un beso lento y profundo.

—También te amo y soy tuyo…siempre.— murmuró contra sus labios, sonriendo débilmente.— Y me encanta cuando me follas así de duro, cachorro.

Charlie sonrió con satisfacción y lo besó una vez más, todavía enterrado profundamente dentro de él.

¡FIN!

Dedicado a @patricia19898 disculpa la demora, espero te guste….