Fherwil Y Los Tuneles Del Tiempo Libro 1: El Despertar De La Anormalía por Fherwil en Inkitt
Personalizar legibilidad
Aa

Fherwil y los Tuneles del Tiempo Libro 1: El Despertar de la Anormalía

Todos los derechos reservados ©

Sinopsis

Armado con una ridícula capa de mago y mucho valor, Fherwil debe atravesar los túneles del tiempo antes de que la historia cambie para siempre.

Genero:
Fantasy
Autor/a:
Fherwil
Estado:
Completado
Capítulos:
22
Rating
4.6 8 reseñas
Clasificación por edades:
16+

La Mañana Frustrante de un Aspirante a Mago

La alarma del viejo reloj digital de Ben parpadeó insistentemente: 7:00 AM. El sonido, un pitido agudo y molesto que Ben odiaba, pareció rasgar la tranquilidad de la mañana. Con un gruñido de dormido, extendió su brazo flaco desde su cama, bajo sus sábanas desordenadas, golpeando el despertador con más fuerza de la necesaria.

Su pequeña habitación, en un modesto apartamento en el pueblo de Río Piedras, estaba bañada por una luz matutina pálida. El sol de Puerto Rico, ya fuerte a esta hora, luchaba por filtrarse a través de unas cortinas baratas con motivos de estrellas fugaces, tan descoloridas por el sol que las estrellas parecían más bien manchas borrosas. La luz apenas lograba disipar la oscuridad residual de sus sueños, que, como siempre, habían estado llenos de hechizos deslumbrantes, aplausos ensordecedores y él, Fherwil, en el centro de todo.

Se levantó arrastrando su cuerpo como un quién sabe qué. La realidad no estará a la altura de mis sueños, pensaba. Mientras ponía el primer pie en el suelo, «¡uy!», decía quejándose al sentir la loseta que estaba fría bajo sus pies descalzos. Arrastrándolos, llegó hasta el pequeño espejo colgado en la puerta de su armario, un espejo cuya superficie estaba ligeramente manchada por intentos fallidos de pociones (que en realidad eran mezclas de refresco y especias de la cocina).

Se miró con el ceño fruncido. Ben no era alto, su complexión era delgada, casi espigada, con hombros ligeramente encorvados por las horas que pasaba leyendo y por una timidez que lo hacía encogerse un poco. Su cabello castaño, de un tono común y corriente, estaba revuelto en una maraña indomable que desafiaba cualquier intento de peinado. Un mechón rebelde caía constantemente sobre su frente. Bajo ese desorden, sus ojos, de un marrón profundo y a menudo soñolientos, revelaban sin embargo una chispa de inteligencia y una curiosidad insaciable. Unas leves ojeras se insinuaban bajo ellos, testimonio de las noches pasadas inmerso en libros o persiguiendo sueños de grandeza mágica. En general, no era la imagen imponente de un mago poderoso que él imaginaba ser; era más bien la de un estudiante perpetuo, un poco desaliñado, pero con una mirada que prometía mundos internos. Sus ojos, aún hinchados por el sueño, reflejaban la decepción de otra noche sin revelaciones mágicas.

Ben siempre había estado fascinado por la magia. Desde niño, no solo devoraba libros de fantasía, sino que los vivía. Veía películas de magos con los ojos brillantes, rebobinando las cintas de VHS hasta desgastarlas para analizar el movimiento exacto de las manos de los actores. Pasaba horas practicando torpes trucos de cartas que siempre terminaban con las cartas cayendo al suelo, y movimientos de manos que, según él, canalizaban energía, aunque nunca parecían canalizar nada más que el calambre en sus dedos.

Se había autodenominado «Fherwil», un nombre que había construido letra por letra una tarde aburrida, un nombre que sonaba misterioso y poderoso en su mente. En la vida real, sin embargo, cuando lo usaba, solo provocaba risas tímidas o miradas confundidas entre sus pocos amigos.

Hoy, como tantos otros días, Ben tenía la firme intención de dedicar tiempo a sus “estudios sobre la magia”. Su escritorio era un caos organizado (o eso quería él creer). Sobre él se encontraban varios tomos polvorientos que eran sus tesoros, encontrados en ventas de garaje y en los estantes olvidados de bibliotecas de segunda mano: Hechizos para Principiantes (y los No Tan Principiantes), La Historia Secreta de los Magos del Mundo (un libro de dudosa autenticidad, con manchas de café en la portada) y un manual de ilusionismo bastante desgastado, con las esquinas dobladas en las páginas de “levitación” y “desaparición”.

Con ese renovado optimismo (una cualidad que, a pesar de sus constantes fracasos, inexplicablemente persistía como una mala hierba), Ben intentó el hechizo de levitación de la página 42.

Sostuvo la pequeña pluma gris (probablemente de una paloma) sobre su palma. El aire de la mañana entraba por la ventana entreabierta, trayendo consigo el olor a café colao del apartamento vecino y el sonido distante de las primeras guaguas de la AMA del día, con su motor ruidoso y el fssshhh de sus frenos de aire.

—Ok, Fherwil... concéntrate —se dijo con una voz susurrada.

Cerró los ojos con tanta fuerza que le dolían los párpados. Frunció el ceño, visualizando la pluma flotando, ligera como el polvo. Murmuró las palabras del libro: «Aerthos... Venti... Sursum...». Puso toda su intención en ello, sintiendo un leve cosquilleo en la nuca, ¡quizás esta vez sí!

Esperó un segundo. Dos. Abrió un ojo.

Un suspiro largo y tembloroso escapó de sus labios. No era solo frustración; era ese viejo y conocido sabor a decepción. Sintió un calor que le subía por el cuello. ¿A quién engaño?, pensó por un instante fugaz. Solo soy Ben, el chico de los libros raros.

Sacudió la cabeza, negándose a aceptar el fracaso.

—¡No! —exclamó en voz alta, mirando fijamente a la pluma como si fuera un enemigo—. ¡Flota, dichosa pluma! ¡Soy Fherwil, el... el aspirante a maestro de las artes arcanas!

La pluma, ajena a su drama, permaneció desafiante y sin moverse.

Luego de eso, la mañana continuó de manera similar. Intentó un hechizo para cambiar el color de una manzana (terminó magullándola con tanta concentración que la apretó demasiado). Intentó un encantamiento para encontrar objetos perdidos (siguió buscando sus llaves durante media hora, para luego encontrarlas en el bolsillo de los pantalones de ayer).

Finalmente, intentó un conjuro para hablar con los animales, dirigiendo su mirada más mística a su gata, Mittens, que estaba acurrucada en una pila de ropa limpia.

—Mittens... Felis catus... escúchame. ¿Cuál es... cuál es el secreto del universo?

Mittens lo miró con su habitual indiferencia felina, bostezó mostrando sus pequeños dientes y procedió a lamerse una pata. Ben suspiró. Ni siquiera su gata lo tomaba en serio, pensó.

Ben dejó escapar otro suspiro, esta vez más profundo, y se dejó caer sobre la silla de su escritorio, que chirrió en protesta. Mittens lo observó desde su trono (la pila de ropa), con esa calma felina que Ben a veces encontraba desesperante y otras, reconfortante.

Mittens era una gata de pelaje atigrado en tonos grises y negros, con algunas pinceladas de un naranja deslavado que parecían ecos de un sol lejano. Sus ojos, de un amarillo verdoso penetrante, parecían haberlo visto todo. Y, en cierto modo, lo habían hecho. Habían visto a Ben practicar sus movimientos de manos frente al espejo hasta que le daban calambres. Lo habían visto susurrarles a las plumas, celebrar con un baile ridículo la única vez que un truco de cartas le salió bien frente al espejo, y lo habían visto quedarse dormido con la cara pegada a un libro abierto sobre “runas antiguas”.

Mittens no era una gata delicada ni con hábitos de limpieza profundos. Su pelaje, a veces ligeramente revuelto, llevaba el sutil aroma de las aventuras domésticas de Ben: un toque de polvo de rincón, una pizca del misterioso residuo pegajoso encontrado cerca del escritorio (probablemente de un refresco derramado hace semanas), y quizás, en días particularmente ajetreados, una hebra suelta de los fideos de ramen instantáneo (sabor a pollo) que Ben había cenado anoche en su escritorio.

Mittens se movía con una desenvoltura felina y una dignidad que Ben envidiaba, navegando el laberinto de objetos esparcidos por el suelo. Un laberinto compuesto por camisetas olvidadas, cables de cargadores y audífonos enredados como serpientes, torres precarias de libros y cómics, cajas de videojuegos viejos, y los restos de proyectos creativos (o mágicos) a medio terminar, como una baraja de cartas esparcida o una cuchara ligeramente doblada por un intento fallido de telequinesis.

A menudo se la encontraba acurrucada sobre la pila de ropa “limpia, pero no lo suficiente como para guardar”, o durmiendo plácidamente dentro de una caja de cartón vacía (que alguna vez contuvo una pieza de computadora) y que llevaba semanas sin ser desechada porque, según Ben, “tenía potencial”.

Sus bigotes, largos y sensibles, temblaban ligeramente mientras exploraba nuevos montículos de desorden. Su cola, a veces recta y curiosa, otras veces ondulante con pereza, era un barómetro silencioso del ambiente caótico, pero familiar, de su hogar.

A pesar del aparente caos, Mittens se sentía cómoda. Este desorden era su ecosistema. Conocía cada rincón, cada obstáculo, y había reclamado varios puntos estratégicos desde donde observar el peculiar universo de su joven dueño. Su ronroneo, un suave motor en medio del silencio, era la única banda sonora constante a los fallidos intentos mágicos de Ben.

Para cuando el sol estaba alto y se colaba con fuerza por las cortinas, calentando el polvo en el aire, la moral de Ben estaba por los suelos. La magia parecía ser algo esquivo, un sueño inalcanzable reservado para los personajes de los libros y las películas. Se sentía ridículo, un chico normal de Río Piedras con fantasías extravagantes que ni siquiera su gata respetaba.

¡Cuéntale a Fherwil lo que piensas sobre este capítulo!
Me encanta

7

Me encanta

Divertido

1

Divertido

Picante

0

Picante

Suspense

4

Suspense

Emotivo

0

Emotivo

Profundo

0

Profundo

Alentador

4

Alentador

Impactante

3

Impactante

Bien escrito

5

Bien escrito

Trama absorbente

5

Trama absorbente

Buenos personajes

3

Buenos personajes

Diálogos potentes

3

Diálogos potentes

Ver 6 comentarios anteriores...
author

Bella la historia♥️

3 meses
1
author

Me la recomendaron y la verdad es que es muy buena✨️

3 meses
1
author

Buena historia

3 meses

Otras recomendaciones

Destino Secreto

Karin Rogowski: Gut geschrieben und beschrieben. Die Charaktere und Situationen sind stimmig und nehmen einen gefangen. Mich hat das Buch ab der ersten Zeile fasziniert, genau wie die anderen Bücher davor. Sehr guter Schreibstil und eine sehr gute Übersetzung, nebenbei bemerkt. Dankeschön, dass Du Deine Bücher ...

Leer ahora
Chroniken der Werwölfe Band 1 Der Gefährte

Stefanie : Manchmal irritieren die Schreibfehler aber die Geschichte ist sehr spannend und ich freue mich das ich weiter lesen kann und es sogar noch weitere Bücher gibt... Bin gespannt wie es weiter geht..

Leer ahora
Die verschmähte Mate

Angela Dahmen: Nicht ganz logisch. Sie studiert Medizin und kennt sich mit der alten Kräuterkunde aus und schluckt trotzdem die Tabletten ohne zu wissen was drin ist.

Leer ahora
No scent

lamia housni: Le style de rédaction

Leer ahora
Ein Kuss für den CEO

phelix21: Gesucht, leichte Kost für zwischendurchGefunden, viel Wahrheit in jedem Kapitel!Jedes Kapitel mit einem Tagebucheintrag zu beenden ist ein schöner schreibtechnischer Kniff.

Leer ahora
Ruthless Lord

Ock: romance captivante. Hâte de lire la suite

Leer ahora
Silver's Second Chance

natstarr: Druid? That’s so interesting. Love these little surprises you give

Leer ahora
The Grumpy Next Door

Rikke: It’s a nice feel good story. It’s funny, romantic and absolutely perfect for a Saturday morning with your morning coffee.

Leer ahora
Bloodlines

Diana: Would recomend a good read, I like it's not to long

Leer ahora