Your voice can calm the sea | Jikook O.S.

Sinopsis

Escribir una canción que hablara de sus sentimientos más profundos fue quizá el mayor de sus aciertos. ⭐︎ One-shot ⭐︎ Fluff · Inicio: 21.04.2026 · Terminada: 21.04.2026

Estado:
Completado
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1
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Clasificación por edades:
13+

I can show you love

Jimin observó a Jungkook por el rabillo del ojo, una sonrisa involuntaria tiró de la comisura de sus labios al notar cómo la mejilla del menor se aplastaba contra la almohada en un ángulo extraño. La habitación que Jungkook había reclamado —nada más llegar a la casa donde se enclaustrarían para componer las canciones que contendrían en su nuevo álbum— era, en pocas palabras, un caos monumental que solo una mente inquieta como la de Jungkook podía causar. Por eso mismo, ahora se encontraba profundamente dormido sobre la cama recién tendida de Jimin.

Bajó la vista hacia el pedazo de papel una vez más, el mismo del que había huido minutos atrás para poder admirar mejor el semblante casi angelical que adquiría Jungkook al dormir. Era una vista mucho más cautivadora que el sol del atardecer fundiéndose con las violentas olas de mar. Jimin golpeó la punta de su lapicero contra la mesa en un ritmo constante; una manía nerviosa que comenzaba a adquirir de forma involuntaria. Namjoon le había sugerido corregirla antes de que Seokjin llegara para evitarle una crisis innecesaria al mayor. Jungkook, al enterarse, había soltado una risita instándolo a ignorar el consejo, Jimin estaba tentado a hacerle caso.

Conteniendo un suspiro, subrayó la oración como si con ello remarcara la importancia que se negaba a otorgarle dentro de sus pensamientos. La interpretaba como un resumen, una forma sencilla de expresar todo lo que revoloteaba por su mente cada vez que permanecía en silencio por más tiempo del necesario. Un quejido por parte de Jungkook forzó su mirada hacia él, la velocidad del movimiento provocando un tirón en la base del cuello que le arrancó un siseo. El menor acomodó su cuerpo contra el colchón hasta quedar en una posición que, ante la mirada atenta de Jimin, no podía ser para nada cómoda. Sonrió volviendo hacia el papel para subrayar una vez más sobre la línea que ya había creado debajo de la oración que escribió.

No era brillante.

Él no la consideraba el último grito de poesía moderna.

Sin embargo, desde que la había escuchado en una de las tantas canciones que pasaron por la radio mientras salían a despejarse en un improvisado paseo por las abarrotadas calles de Los Ángeles, no había podido dejar de pensar en ella al borde de que tuvo que escribirla en papel para que dejara de asediar sus pensamientos.

They don’t know about us

Podía sonar simple en esencia, pero para Jimin significaba mucho más. No se trataba solo de la traducción literal que Naver le daba. La frase lo encapsulaba todo. Las críticas, los comentarios mal intencionados, las burlas, las personas que solo buscaban dañarlos y… a Jungkook.

Jimin dejó caer la cabeza hacia atrás con un suspiro. Jungkook era el secreto más grande que ha guardado bajo millones de cerraduras en una caja fuerte hecha del material más resistente del universo aun por descubrir por la ciencia. Lo suyo no solo no era de dominio público, ante los ojos de los demás, no existía. Ellos vivían en una realidad dolorosa que solo se veía sanada cuando estaban solos, sin nadie más a su alrededor.

They don’t know about us

No era un secreto que debieran ocultar a los demás miembros, pero esa confianza no les otorgaba un pase libre para ser descuidados, en especial cuando se encontraban fuera de Corea. Para Jimin, haber revelado su relación ante el grupo fue la prueba final de su amistad. Aquel año había sido angustiante; uno de sus mejores amigos de la infancia había traicionado su confianza vendiendo información privada a uno de los medios más relevantes dentro de la farándula surcoreana. La empresa estaba furiosa insistiendo en cubrirlo todo con rumores falsos y fanservice, pero Jungkook se negó casi de inmediato, suplicando a Jimin que confiara en los chicos. No se arrepentía de la conversación, aún cuando aquella misma tarde casi lo habían perdido todo. Hoseok fue quien propuso separarse como banda, no solo por el agobiante peso de la fama que recaía sobre ellos, sino también para regalarles la libertad que una relación como la suya necesitaba.

Lo demás era una historia que solo se comentó por encima frente a los fans y que ahora pertenecía al pasado.

They don’t know about us

En realidad, existían muchos secretos sobre ellos que bajo ninguna circunstancia permitirían que salieran al público. La gran mayoría se habían compartido entre ellos, algunas veces por confianza y muchas otras como precaución. Jimin sentía la situación como llevar una extraña doble vida donde existía su yo público; aquel que solo pertenecía a sus fans, y su yo privado; aquel que pertenecía a Jungkook.

Dobló el papel por la mitad marcando el pliegue con la punta de la uña para poder cortarlo pero el peso de unos brazos rodeándolo detuvieron por completo su intención, sacándole una sonrisa que dolió en sus mejillas.

—¿Qué haces? —murmuró contra su hombro con voz somnolienta.

—¿Qué parece?

—Pensar demasiado —se quejó recargando más su cuerpo contra Jimin. —Estuve parado en la puerta por horas y no lo notaste.

Jimin resopló alzando la vista con una ceja arqueada en un gesto de absoluta incredulidad. Jungkook rió por lo bajo colocando un beso rápido en su frente antes de liberarlo de su agarre.

—¿Cuantas canciones llevas, eh?

—Minie-yah —se quejó frunciendo los labios en un dulce mohín. —Acabo de despertar.

—Creo que tengo algo —cedió contra su mejor juicio después de unos segundos de silencio, consciente de que al único que permitiría juzgar su pequeña epifanía era a Jungkook. El menor adquirió un semblante serio casi al instante de soltar su confesión, como siempre hacia cuando Jimin estaba a punto de pedir su opinión profesional. —No estoy seguro.

Jungkook señaló el papel bajo la mano de Jimin sin emitir palabra alguna para alivio del mayor. Asintió permitiéndole deslizar sus dedos hasta el papel y tomarlo de su agarre. El corazón de Jimin dio un vuelco cuando Jungkook abrió el papel para leer el contenido, sus ojos adquiriendo un tamaño mayor del que naturalmente poseían con cada palabra que leía.

—Es increíble. —bajó el papel sobre la mesa revelando su ceño fruncido. —¿Por qué no te convence? Quizá llegaste al camino que hemos estado buscando por días.

—No exageres, Koo —tomó el papel de entre las manos de Jungkook para volver a doblarlo y descartarlo entre la pila de papeles que ya tenía al lado. Todos contenían intentos de letras que seguramente nunca verían la luz.

—Termínala —su rostro adquirió una suavidad que solo surgía en Jungkook cuando se trataba de Jimin. —Merece la pena Jimin-ah.

Jimin asintió tamborileando los dedos sobre la mesa en un gesto ansioso, permitiendo que el silencio los envolviera. Jungkook no lo presionó, alejándose para regresar al interior de la habitación con pasos sigilosos. Cuando lo sintió lejos, Jimin rescató el papel de la pila y lo desdobló para volver a leerlo con más calma, buscando con precisión hasta donde había llegado con la letra.

Después de un momento, notó por el rabillo del ojo como Jungkook empujaba una silla fuera del cuarto para sentarse a su lado. El menor extendió la mano para tomar una de las hojas en blanco y uno de los lápices que Jimin había rescatado de la habitación minutos antes cuando se encontraba sumido en un plácido sueño. No lo mencionaría en voz alta, pero le resultaba intrigante como había escapado a la terraza en busca de silencio para su mente ruidosa y solo había llegado en cuanto Jungkook estuvo presente.

La tarde cayó sobre ambos mientras escribían en un silencio confortable que les permitió trabajar en sus versos. Las nuevas palabras escritas y los tachones rompían de vez en cuando la tranquilidad que se percibía entre ellos. Una sonrisa cómplice adornaba sus rostros.




Yoongi asintió; la satisfacción en su rostro reflejaba una complacencia que había mostrado poco en esos últimos días. Jimin, en cambio, se encogió en su asiento después de pausar el demo que preparó para la reunión de ese día. Notando su agitación, Jungkook presionó su muslo con suavidad en un intento por infundirle la calma de la que carecía en el silencio que comenzó a envolver a la banda. Jimin respondió al gesto como si se tratara de un salvavidas, entrelazando sus dedos con los del menor en unabúsqueda silenciosa de refugio.

Habían escuchado ya más de veinte propuestas antes de llegar a la suya, cada una más impresionante que la anterior; incluso una de las canciones de Jungkook ya había sido seleccionada como finalista. Entre todos, juntaban más de cien canciones y solo catorce podían ser elegidas. Jimin no lo admitiría en voz alta, pero una parte de él anhelaba poder contribuir al álbum con una de sus composiciones, aunque, al mismo tiempo, esperaba que aquella canción no fuera la elegida.

—¡Me encanta! —Hoseok rompió el silencio con una expresión de absoluta confianza brillando en su rostro. —Debería ser una finalista.

—Opino lo mismo.

Jimin mordió su labio inferior sintiéndose atrapado por la intervención de Yoongi. La aprobación del mayor siempre pesaba distinto entre el grupo; para ellos, su palabra poseía el yugo de un veredicto final.

—La letra no me encanta, creo que es demasiado agresiva —Namjoon leyó la hoja con aquella mirada de precisión clínica que le dio un vuelco al estómago de Jimin. —Me gusta la intención, quizá si cambiamos un par de cosas-

—No —interrumpió Taehyung cruzando los brazos sobre el pecho. —Yo creo que así esta bien, muchas veces hay que ser directos, incluso si eso lastima a oídos sensibles. Agradezco que sea Jiminie quien traiga una crítica directa a esta mesa. Todos estamos siendo demasiado discretos al respecto.

—La letra no solo habla de nosotros como Bangtan —no era una pregunta, el tono de Namjoon lo dejaba en claro para todos. Jimin sabía que él entendería el mensaje que tanto se esforzó por ocultar incluso antes de terminar de escuchar el demo, el primer verso lo gritaba.

Una mezcla rara de orgullo y molestia se instaló cálida dentro del pecho de Jimin, por razones como esa siempre acudía a Namjoon por consejo en cuanto a la composición de letras para sus canciones.

—Lo sé.

—¿Están seguros de que-

—Yo insistí en que terminara de escribirla —interrumpió Jungkook por primera vez en toda la reunión, su tono de voz firme al igual que el agarre que tenía sobre la mano de Jimin bajo la mesa. —Estamos seguros.

Namjoon asintió, volviendo hacia el papel mientras se mordía el labio inferior,absorto una vez más en la letra que Jimin proponía. El aire se le escapó de los pulmones cuando Namjoon tomó el marcador azul que estaba utilizando para resaltar detalles que preferiría reescribir y comenzó a subrayar algunas secciones de la hoja.

El trazo del color sobre el papel se sintió como una sentencia para Jimin. La canción que más temía mostrar se había convertido en finalista para el álbum de su regreso.

A su alrededor, el ambiente estalló en alegría: las palmadas afectuosas de Seokjin, el entusiasmo contagioso de Hoseok y las sonrisas cálidas de Taehyung y Yoongi afianzaron en él una extraña incomodidad que no pudo quitarse de encima. Sin embargo, en medio del ruido, la única calma que encontró fácilmente fue la que le brindaba la mano de Jungkook, la cual permaneció entrelazada a la suya por el resto de la tarde.




Jimin se giró en la cama una vez más hasta quedar sobre su abdomen, apretando la hoja con la nueva letra recién impresa con tal fuerza que los bordes casi se arrugaban bajo sus dedos. Repitió la primera línea una y otra vez, como si se tratara de un mantra, sintiendo como el calor le subía a las mejillas con cada lectura, incapaz de creer en lo osada que había resultado. Una confesión brillaba en cada verso, de la misma manera en que había hecho desde el inicio, pero ahora, con los cambios finales de Namjoon cobraba un sentido que no había vislumbrado.

—¿Está lista? —Jungkook se recostó sobre él cuidando de no dejar caer todo su peso, refugiándose en el hueco del hombro de Jimin asomó el rostro lo suficiente para poder espiar los versos plasmados sobre el papel. Silbó quedito después de unos minutos. —Es muy buena.

—¿No te molesta? —murmuró sin despegar la mirada de la primera línea de la canción.

—¿Debería? —la preocupación resultó evidente en el tono de Jungkook, y Jimin se recriminó internamente por haberle causado una angustia innecesaria. —¿Qué sucede Minie-yah? Has estado así desde que elegimos tu canción.

—Siento que es demasiado obvia. —volteó con brusquedad al escuchar el resoplido de Jungkook, sintiendo las mejillas arder cuando se dejó caer junto a él y pudo ver la sonrisa divertida que adornaba su rostro.

—Claro que es obvia, por eso es genial. —acomodó un mechón rebelde del cabello de Jimin tras su oreja con un gesto distraído, como si se tratara de un impulso que no pudo contener. —Nadie más que nosotros sabemos de lo que en verdad hablaba la canción. Las personas solo podrán teorizar, algunos llegarán a la respuesta y la ignorarán, como han hecho con todo lo demás.

—¿Estás seguro?

Jungkook le regaló una nueva sonrisa mucho más brillante que la anterior, al borde de resultar deslumbrante. Jimin sintió que su corazón daba un vuelco, dejándolo sin aliento sintiendo como si el mundo entero se hubiera detenido solo para contemplar la dulzura de Jungkook. Los dedos de Jimin picaron por tener el botón de una cámara al alcance y poder capturar el momento para la posteridad.

—Minie, tenemos un programa de viajes juntos. Si eso no fue evidencia suficiente, nada lo será. Estaremos bien.

—¿Estas seguro? —insistió mordiendo su labio inferior sin despegar la mirada de los hermosos ojos del hombre que amaba.

—Estoy seguro. —cerró la distancia entre ellos con un suspiro, rozando sus labios en una suave caricia que despertó un torrente eléctrico en el cuerpo de Jimin. Al percibir la curva de una sonrisa en los labios de Jungkook, Jimin se aferró a él para devolverle el beso con más ahínco, sintiéndose derretir cuando Jungkook lo atrajo hacia si rodeando su cintura en un abrazo con la familiaridad y ternura que solo le pertenecían a él.

Jungkook estaba en lo correcto. Habían dejado demasiadas evidencias a lo largo de los años, cada una más atrevida que la anterior, y aún así, el mundo permanecía inhibido ante la idea de ellos. Una canción no haría la diferencia; a esas alturas, nada lo haría. Jimin sentía la asfixia del nerviosismo trepar por todo su cuerpo, quizá la realidad regresaría pronto para devolverle sus palabras y confirmar sus peores temores, pero con el hombre que tenía a su lado, sosteniendo su mano cuando las cosas se ponían difíciles, valía cada riesgo. Si se trataba de Jungkook, no existía peligro que no estuviera dispuesto a correr.

Estaba seguro.