INALCANZABLE [GOYUU Omegaverse]

Sinopsis

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Genero:
Romance
Autor/a:
SnowPolar_
Estado:
En proceso
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

Capítulo 1:

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La madrugada en Tokyo tenía ese silencio denso e inquietante. Satoru Gojo conducía sin prisa por las calles vacías, una de sus manos sobre un volante y la otra apoyada sobre la ventanilla abierta.


Había sido obligado a asistir a una fiesta. El ruido, las luces, las personas que sonreían demasiado y hablaban cosas que poco le interesaban, todo eso lo agotaba mental y físicamente. Por esa misma razón había decidido marcharse sin su representante.


A medida que pasaban los minutos, un creciente dolor de cabeza comenzaba a instalarse a los costados, volviéndose insoportable. Por ello decidió detenerse en una gasolinera.


La gasolinera se encontraba parcialmente vacía, aislada en medio de una carretera secundaria vacía, iluminada por luces blancas fluorescentes que parecían parpadear como si se tratase de una película de terror. No era el tipo de lugar donde alguien como él solía detenerse, pero tampoco era el tipo de noche donde le importasen ese tipo de cosas cuando —con urgencia— necesitaba descansar por unos segundos.


Terminó aparcando su coche —demasiado caro, demasiado llamativo para un lugar como aquel— y caminó en dirección a la tienda sin mirar siquiera a su alrededor. Un grave error.


No tardó demasiado en el interior. Compro unas galletas y una botella de agua para pasar el rato.


Al salir fue cuando se percató del espantoso error que había cometido.


Seis alfas, jóvenes, de aspecto peligroso veían su coche con una sonrisa maliciosa en los labios. No hacía falta que dijeran nada ya que su intenciones estaban más que claras.


Gojo se quedó inmóvil por un segundo, intentaba evaluar la situación, encontrar la forma de salir sin tener que llamar a la policía o terminar mal herido. Nunca había sido un hombre de peleas, pese a que su cuerpo era entrenado. Ahora siendo seis contra uno le dejaba más que claro que sería aún más imposible.


No retrocedió. Sabía que no podía mostrar debilidad.


—Bonito coche— dijo uno de los alfas, con una sonrisa torcida y burlona.


Satoru no respondió. Su mirada se limitó a recorrer a cada uno. No iba a suplicar, no iba a negociar. Si aquello terminaba mal, al menos no sería humillante para él.


El sonido llegó antes que la imagen.


Una moto, rápida se dirigía en su dirección.



El cuartel de bomberos se encontraba en completo silencio cuando Yuji Itadori terminó de revisar el último informe. Las luces blancas de la sala de descanso hacían que todo pareciera más frío de lo habitual, demasiado pesado.


Había sido un turno largo, y aun así se había quedado más tiempo de lo necesario, atrapado entre papeles y pensamientos que no terminaban de ordenarse en su cabeza.


Cuando por fin salió, el aire de la madrugada lo golpeó con fuerza. Pasó una mano por sus cabellos rosados y échalo despacio, como si intentará soltar el peso acumulado.


—Mierda— se dijo al notar las llamadas perdidas— Voy tarde.


Sin perder más tiempo terminó por ponerse el casco sobre la cabeza y subió a su moto.


Como cada día realizaba el camino de siempre. El atajo de siempre. Conocía lo peligrosa que era la zona, pero él no tenía miedo en absoluto.


Las calles estaban casi vacías, apenas iluminadas por dispersas farolas que apenas si conseguían iluminar las calles. Todo era rutina hasta que lo vio a lo lejos.


En una gasolinera de mala muerte se encontraba un coche de lujo, demasiado fuera de lugar. Yuji frunció ligeramente el ceño al pasar cerca. No se detuvo porque no era asunto suyo. Para él cualquier idiota capaz de conducir algo así en esas calles se merecía el susto que le darían.


Siguió conduciendo unos segundos más, pero a mitad del camino soltó un suspiro cargado de fastidio. Era bombero. No podía dejar a un idiota desprotegido.


—Joder— murmuró para sí mismo.


Sabía a la perfección lo que le harían al pobre que había tomado esa mala decisión.


Dio un giro rápido. La moto rugió al cambiar de dirección, rompiendo la tranquilidad de la carretera. No necesito pensarlo por más tiempo, fue instinto o quizás costumbre.


El motor rugió y en cuestión de segundos irrumpió en la escena. Frenó con brusquedad, el sonido del neumático cortó el asfalto con fuerza.


Todos lo miraron.


Satoru se tensó ligeramente.


—Otro más— pensó en cuanto vio al hombre bajar de la moto.


El recién llegado se quitó el casco y el silencio cambió. Frente a ellos no se encontraba otro alfa, sino que había un hermoso omega de mirada afilada.


Su presencia lo decía todo: la estructura de su cuerpo —pese a estar muy bien entrenado—, la forma en la que se movía, esa mezcla de suavidad y firmeza. Su cabello rosado, sus ojos marrones intensos, los rasgos afilados. Nadie dudaba que era de los omegas más hermosos que habían visto.


—Mira esto— murmuró uno de los alfas mientras devoraba al omega con la mirada— parece que después de hacernos con el coche nos divertiremos un poco más.


Satoru sintió como algo en su interior se tensaba, demasiado incómodo. Aquellas palabras lo habían irritado.


—Omega, vete— dijo sin apartar la vista del grupo de alfas— no es asunto tuyo.


—Lo sé— se limitó a decir Yuji.


Yuji dejó el casco sobre la moto, con una calma impropia de un omega que se encontrase ante aquella situación, como si no hubiera seis alfas frente a él. Solo avanzó sin hacer mucho caso al alfa albino.


—Fuera— dijo mirando al grupo de alfas.


Hubo un segundo de silencio y después risas.


—¿Qué vas a hacer, monada? — dijo uno sacando una pequeña navaja— ¿llorar?


El alfa dio un paso en dirección al omega, se notaba que deseaba asustarlo, doblegarlo.


Satoru ya estaba listo para intervenir, aunque supiera que sería inútil esperaba darle oportunidad al omega para huir, pero no tuvo siquiera oportunidad.


El movimiento fue rápido, preciso. Yuji no dudó ni un solo segundo.


El golpe fue seco, directo. Consiguió desarmar a su atacante. El segundo golpe fue más calculado. No peleaba como alguien que improvisara en el momento, sino como alguien que sabía exactamente lo que hacía.


Cada movimiento tenía una intención. Cada impacto un resultado excepcional.


Los alfas no tardaron en reaccionar, pero ya era demasiado tarde. No esperaban resistencia, mucho menos de parte de un omega.


Uno a uno cayó, rendidos. La pelea no duró tanto como debería para ser seis contra uno. Cuando terminaron, los atacantes decidieron simplemente correr fuera.


—¡Jodido loco! — gritó uno mientras corría.


Satoru no apartó la mirada del omega en ningún momento. Se notaba que había recibido golpes, pero nada grabe.


—Mierda— dijo limpiándose el labio roto— Sin duda alguna eres un idiota— soltó Yuji mirando al alfa albino— ¿A que jodido idiota se le ocurre venir con un coche así a este lugar?


Satoru soltó una risa baja, le resultaba interesante la actitud desafiante de aquel omega frente a él.


—Bueno, tú eres más idiota— respondió con una sonrisa en los labios— pararte a ayudar a un “idiota” siendo un omega. A esta hora…


Yuji puso los ojos en blanco, claramente sin interés en seguir con aquella conversación.


—Yo por lo menos si se defenderme— remató el omega.


El omega se giró, caminó hacia su moto y tomó el casco entre sus manos. Por culpa de aquel alfa llegaría más tarde a casa y conocía las consecuencias.


Al notar que el omega estaba por irse, Gojo reaccionó.


—Espera un momento.


El omega se detuvo, apenas girando la cabeza.


—Dame tu número— pidió acercándose al omega frente a él.


Hubo un segundo de silencio y después una risa. No burlón, o por lo menos no del todo, pero sí incrédula.


—No le doy mi número a desconocidos sin cerebro.


Sin decir más se colocó el casco, subió a la moto y se marchó.


El sonido del motor desapareció en la distancia, dejando atrás el eco de algo que Satoru Gojo no terminaba de procesar.


Ningún omega lo había tratado así en todos sus años de vida. Ninguno lo había desafiado así. Nadie jamás lo había ignorado. Eso era un enorme problema, porque ahora quería saber más sobre ese omega.


—Seas quien seas, voy a encontrarte.


Continuará…

Siento la redacción y las faltas ortográficas.