Chapter 1
Arturo y Ralf, su hermano menor, miraban de cuclillas la tumba de sus padres, el cielo estaba como si fuese a llover.
—Quiero a mi mamá —soltó con una lagrima Ralf y Arturo lo abrazó.
—También los extraño Ralf.
Hubo silencio en la casa al volver, como si el día estuviera en velo, Ralf jugaba con sus juguetes en la mesa. Arturo se sienta, dejando se acostarse, sacando su celular.
—Pediré algo para comer.
—Sí —respondió Ralf, moviendo uno de sus carros.
—¿De qué tienes gana?
—No lo se, no tengo mucha hambre —respondió Ralf, sin ganas de nada.
En la noche, Ralf miraba la foto de ellos con sus padres, y Arturo lo vio y se sentó junto con él en la cama.
—Lo mejor es recordar los momentos que pasamos con ellos Ralf —dijo Arturo.
Hubo silencio.
—¿Es cierto Arturo, ¿que los volvemos a ver cuando morimos? —preguntó Ralf, esperando que fuese cierto.
—No lo se, aunque sería bonito.
Arturo acerca a Ralf para abrazarlo. Arturo camina a su cuarto solo, cerrando la puerta con seguro para poder sentarse en su cama y que Ralf no lo mirara, y colocar sus manos en su cara y sollozar con la boca cerrada, impidiendo sonar fuerte. Arturo dejó caer agua caliente de la regadera, con las manos cerca de su pecho, masajeando para mojarse bien con las gotas que caían.
El frio calaba en la mañana, y Ralf caminaba por la calle solo, para regresar a casa, sin nadie más que estuviera con él. Cubierto por la chamarra y los brazos cruzados y con la cabeza agachada tapado con la gorra de la chamarra. Tropezó colocando sus manos en el piso, e inclinado, miró sus manos, habían tocado caca de perro, y expresó disgusto. Caminó por el bosque, mirando un par de veces sus manos, sin querer tocar su ropa, teniéndolas casi extendidas hacia el frente. Giró la mirada y observó un lago a unos metros de él. Caminó y se inclinó y sin pensarlo mucho, sumergió sus manos en el agua, sin querer sacarlas, mientras hacía fricción con ellas, hasta quedar limpias, sin contar con la peste que sobraba. Arturo editaba una imagen de un paisaje en su laptop, agregando algunos filtros, y entrá Ralf a la sala.
—Ya volví.
—Que bueno —respondió Arturo.
En una mesa de su cuarto, Ralf jugaba con un lápiz, haciéndolo mover a los lados, con su mano recargada en su mentón, y expresión decaída en su rostro. Esa misma noche, Ralf caminó solo por el bosque, la luz de la luna llena, dejaba ver el oscuro bosque. Seguía avanzando, con los pies descalzos, ensuciándose con el lodo y algunas hojas se le pegaban en los talones. Giró la mirada a escuchar una voz susurrado su nombre, ahí estaba el lago y se dirigió a pasos lentos, hasta llegar. Se quedo viendo el agua, moviendo sus pequeñas olas, el silencio parecía intencional, y Ralf solo miraba el lago, con la vista en frente, una mano sale del agua, con algunas ramas pegadas, tomando el pie de Ralf, quien agacha la mirada, mira sus pies y es una niña dentro del agua, con piel poco amarilla, y ojos rojizos, quien tomaba el pie de Ralf, y la niña saca su rostro del agua para aspira aire por la boca, como si se estuviera ahogado y termina gritando. Ralf abre los ojos, acostado en su cama, con la luz del sol entrando por su ventana, haciendo la mañana hermosa. Unos waffles eran cocinados con mantequilla por Arturo, en una cazuela, y Ralf entra por la cocina.
—Hice waffles.
—Que bueno —responde Ralf y se lava las manos en el grifo de la cocina.
La hora los estaba apresurando, y se les estaba haciendo tarde para que Arturo fuera a trabajar, y Ralf a la escuela. Se subía la mochila a la espalda con prisa, el eso era poco molesto para Ralf.
—Vamos —ordenó Arturo, moviendo de lado la mano hacia él para que Ralf saliera de la casa primero.
Los dos salieron de la casa, y caminaron rápido, hacía poco frio en la mañana.
Arturo corre solo por el bosque, ya que tenía prisa para llegar a casa, una vez saliendo del trabajo, hasta que llego al lago, iba con prisa, pero tropezó con una rama y cayó en el lago, estaba poco profundo, miraba a los lados, como flotaban ramas y pedazos piedras pequeñas, y empezó a nadar a la superficie, salió nadando hasta llegar a tierra firme tosiendo y tirado en el piso. Se sienta en la tierra y escucha un susurro, sin entender una sola palabra, se pone de pie, pensando que pudo haber venido del lago, gira la mirada y mira a un niño, con la ropa sucia y mojada, con lodo y algunas ramas, con la piel poco gris y los dedos de las manos estaban arrugados, como si hubiese pasado mucho tiempo en el agua por unos días, sus ojos eraban poco rojizos.
—¿Estás bien? — preguntó Arturo.
Aquél niño solo lo miraba, y empezó abrir la broca y levantar la mirada, empezó a derramar un liquido negro de la boca, parecía lodo con algunas ramas. Arturo solo daba pasos hacia atrás, mirando aquello sin poder creerlo, el niño empezó a gritar con la mirada hacia arriba y Arturo salió de ahí corriendo, esquivando los arboles y sin querer detenerse y mirar atrás. Ralf jugaba con sus juguetes y escucho pasos rápidos hacia la puerta de la casa y Arturo abrió la puerta de un golpe. Haciendo gritar a Ralf, y Arturo le devuelve la mirada estando en la entrada con la puerta abierta, y con la ropa mojada igual que algunos cabellos caídos en su frente.
—¿Qué tienes?
Arturo no dijo ni una palabra.
No había clases al siguiente día, Ralf pensó en salir al bosque para distraerse y jugar, caminó solo, sus pisadas por la tierra, hacían que se sintieran poco lentas, miro un lago con algunas piedras que habían en el lugar, recordando que había soñado. Ralf se puso de cuclillas para tomar una piedra y lanzarla al agua, y luego tomar un suspiro. Giró la mirada y a unos metros de él, había un niño llorando estando inclinado, tenía la piel poco blanca, y estaba sucio con poco lodo seco y algunas ramas y despeinado.
—¿Hola?, ¿Qué te pasa? —preguntó Ralf dando unos pocos pasos para verlo mejor.
Aquel niño dejó de llorar y solo hubo silencio, Algo empujo a Ralf, tropezando sus pies hasta caer la lago, no era tan profundo y pudo salir poniéndose de pie. Miraba a los lados y aquel niño ya no estaba, Ralf pensó que seguro era una broma y que aquel niño era cómplice de una broma pesada, con el frio que le provocaba su ropa mojada, camino a la orilla rápido.
Ralf se secaba el pelo con la toalla, lo bueno es que Arturo no estaba en ese momento en la casa. La tierra mojada caía en el piso de mármol del baño, con el agua de la regadera, mientras Ralf se bañaba. En unas horas Arturo comía cereal sentado en el sillón de la sala mirando la tele, y llega Ralf hacia el comedor con el cabello húmedo.
—¿Te bañaste? —preguntó Arturo.
—Sí.
Hubo tranquilidad esa misma noche, afuera de la casa no había casi nada de ruido, Ralf dormía en su cama, el sueño era agradable, con el silencio del cuarto y la oscuridad que lo cubría. Unos pies descalzos caminaban en su cuarto, manchados con lodo, con algunas ramas con hojas secas pegadas y mojados, con la piel arrugada y casi blanca, como si llevara mucho tiempo dentro del agua. Había alguien con el en el cuarto.
El cielo de la mañana tenía un tono azul verde, hacía un frío que podía calar. Dentro de una olla llena de agua, cayó una rama de canela y unas cuantas guayabas.
—¿Qué haces? —preguntó Ralf.
—Ponche, hace frio y pues, esto nos ayudara.
—Sí, hace frio.
Arturo derramaba pasta de dientes en su cepillo, para luego cepillarlos, se sentó en la taza del baño después de terminar, y baja la taza del bajo a pasar un rato, pero al irse el agua, empezó a elevarse, llenando la taza, saliendo también lodo y ramas de la taza. Arturo quedó sorprendió, no entendía como era eso posible, tomó el destapa caño, para empezar a usarlo en la taza, hacía fuerza para destapar la taza. El destapa caño se había atorado en la taza, al intentar sacarla, o eso parecía, intentó sacarlo sin resultado. Una mano con heridas y sucia de lodo, con la piel poco amarilla, sale del agua de la taza, y toma con fuerza la mano de Arturo, intenta zafarse, pero aquella mano era más fuerte, y logra zafarse, resbalando la mano por lo mojado que estaba, hasta caer al piso, la taza del baño se destapa, yéndose todo y quedar casi limpio, sin que no hubiera nadie ahí.
Había oscuridad en la sala, casi no entraba la luz del sol, los dos estaban sentados en diferentes sillones.
—Han estado pasando cosas raras —dijo Ralf.
—¿Cuáles?
Hubo silencio.
—No pensaba contarte, una vez soñé con una niña, que me tomaba los pies, y una vez vi un niño, creo que son hermanos.
Arturo sabia de lo qie hablaba Ralf, pero no quiso contar.
Arturo cerraba sus ojos, y empezó a soñar, nadaba por aquél lago, el cielo era gris, como si fuese a llover, escuchó pasos correr en el bosque, miraba a los lados, sin resultado de que hubiera alguien. Fue sumergido con fuerza, se le escapaban algunas burbujas dentro del lago, y abre los ojos, no miraba nada mas, que el agua y levantó la mirada para ver la superficie, nadó para volver, pero una manó con rasguños y un poco blanca, lo toma de la camisa, miró hacia abajo y salieron otras tres manos que lo tomaban, era la niña y el niño que no lo dejaban volver a la superficie, Arturo se movía a los lados para zafarse, la niña lo tomo por detrás del pescuezo para ahogarlo más y sumergirlo. Ralf caminaba por el bosque, y sumergiese en el agua, dando solo pasos, como si algo lo obligara a hacerlo. Arturo abre los ojos, y camina por toda la casa, pero Ralf no estaba por ningún lado, y se pone a pensar donde podría estar. Ralf caminaba por el bosque solo, descalzo y llega al lago, deteniéndose para ver el lago. Arturo sale corriendo de la casa y se adentra al bosque, Ralf da pasos hacia el lago, empezando a sumergir los pies en el agua fría. Arturo no deja de correr, pasando algunos arboles, y Ralf sigue adentrándose en el agua hasta sumergirse por completo, y Arturo llegar al lago sin ver a Ralf y corre metiéndose al lago y sumergirse, dentro del lago, Ralf luchaba por salir sin lograrlo, y Arturo lo abraza y lo jala a la superficie, llegan y Arturo abraza a Ralf quien toce.
—Respira, respira —dice Arturo y Ralf deja de toser y vuelve a respirar.
Intentan nada a la orilla, pero las manos de los niños dentro del lago, toman con fuerza los pies de Arturo.
—Tú sigue, yo te alcanzo —ordena Arturo, y Ralf sigue nadando, sin darse cuenta que está dejando atrás a Arturo, hasta que llega ala superficie y gira la mirada, inclinado, mirando a Arturo que sigue en el lago.
—Arturo —expresó Ralf.
—Quédate ahí, no vuelvas —dijo Arturo, moviéndose a los lados.
Y se sumerge dejando a Ralf solo en la tierra lodosa.
—Arturo —grita Ralf.
Arturo se sumerge nadando mirando a los lados aguantado la respiración, y la mano del niño lo tomó del brazo, tratando de sumergir a Arturo, y la niña lo tomó del cuello, y Arturo la toma de la mano del niño y empezó a subir a la superficie, llevándose a los dos niños a la superficie. Los niños intentaban sumergirlo, pero Arturo intento ser más fuerte para jalarlos, cada vez más se acercaba a la superficie hasta que llega y respira fuerte, y Arturo camina donde apenas podía tocar tierra con los pies sumergidos, mirando a los lados, a unos centímetros de él, estaba una mujer de vestido negro, y con un velo negro que cubría su cabeza y rostro, con la mitad de su cintura dentro del lago con los dos niños, y la mujer dirige a los niños a la parte del lago donde está más profundo, y los empuja de golpe al agua profunda, los niños no sabían nadar y se sumergían poco a poco, Arturo miraba aquello, con los ojos un poco más abiertos, la niña se sostuvo de la mano de la mujer, pero la mujer toma una roca y la golpea en la cabeza varias veces, hasta dejarla inconsciente y volverla a sumergir, los dos niños estaban cayendo lentamente en el fondo del lago ya sin luchar por sobrevivir. Arturo solo se quedo en silencio, y corre con los pies en el lago a donde los ahogó. Y se sumerge y nada hacia los niños sumergidos, con fuerza para alcanzarlos y los toma, y vuelve a nadar hacia arriba y llegar a la superficie, tomando a los niños, lo más que puede por su peso, y salir a la superficie, tomando aire con fuerza, hubo silencio y voltea la mirada al escuchar un llanto desgarrador, era la mujer llorando dentro del lago hasta que solo termina sollozando. Arturo se dirige a ella con los niños en sus brazos, la mujer levanta la mirada y su piel estaba poco gris oscura, con lagrimas rojas derramadas como sangre y los ojos gris oscuro. Arturo le entrega a sus hijos a la mujer en sus brazos y la mujer toma a sus hijos en sus brazos, y Arturo y Ralf les devuelve la mirada y luego la mujer con sus hijos se dan la vuelta y se van alejando sumergiéndose en el lago hasta ya no verse.
—¿Estarán descansando? —preguntó Ralf.
Hubo silencio.
—No lo se —responde Arturo calmadamente.
Pasan unas horas y están sentados en una roca.
—¿Cómo puede alguien matar a sus hijos? —preguntó Ralf.
Hubo silencio.
—No lo se.
Ralf abraza Arturo y Arturo le devuelve el abrazo.
Pasaron los días y Arturo y Ralf estaban empacando su ropa en maletas, y ya la casa no tenía muebles.
—Rápido —ordenó Arturo.
—Ya voy.
Los dos salen de la casa y se suben al carro junto con la maletas y se empiezan alejar de la casa hasta perderse. El lago está en calma, y sale un burbujeo con un grito dentro del agua.
Fin.








