Prólogo.
—Debe de estar bromeando.—La voz de Taehyung resonó por todo el recinto, incrédulo por la respuesta que obtuvo. Cuando recibió una mala mirada del hombre, se percató de sus palabras y un rubor se instaló sobre sus mejillas.—Entrenador Choi, siempre asisto a sus clases, soy puntual y trato de estar presente en las actividades, solo necesito una carta de recomendación y prometo seguir manteniendo mi compromiso con su clase tal como lo he hecho hasta ahora.
—Kim, ¿Has visto a mis chicos últimamente?—Al recibir una negativa, suspiró.—Esos chicos necesitan de alguien que los oriente, más de lo que yo lo hago en cada entrenamiento. Me está costando comunicarme con ellos, y eso solo está logrando que perdamos en los últimos juegos.
—Y es por ello que no entiendo en qué me necesita, ¿Quiere que haga magia con sus chicos o algo por el estilo?—Cruzándose de brazos arqueó una ceja sin comprender el verdadero asunto del problema.
—Quiero que me ayudes a comunicarme con ellos, mientras yo les doy la práctica, tú puedes explicarles la teoría de los movimientos y todo lo que conlleva cada una de las técnicas.
Taehyung estuvo tentado a echarse a reír, pero se detuvo ante la mirada seria que el entrenador le daba. Ocultando su sonrisa con su mano, negó ante sus palabras.—Ellos ni siquiera pueden conectar su cerebro con su boca, ¿No tienen un capitán? ¿Acaso él no está haciendo bien su trabajo para hacerlos ganar? Usted ya debería de saber que tanto ellos como yo no hemos congeniado jamás, si compartimos el salón de clase fue por pura coincidencia al momento de que nuestros horarios fueron asignados, pero dudo mucho que ellos siquiera entiendan algo tan básico como la potencia y precisión de los golpes, o los ángulos adecuados para tirar. ¿Realmente cree que yo puedo ser útil en su equipo?
—Es tu carta de recomendación la que está en juego, Kim. Acepta mi propuesta de ayudar a mis muchachos para que les vaya mejor en los siguientes juegos, o de mi parte jamás verás una carta, posiblemente el maestro Kang pueda hacértela.
—¡Él me odia desde que le tiré el café encima!—Exclamó con molestia, alzando sus manos sobre su cabeza.
El entrenador sonrió.—Todos los maestros lo sabemos, él es muy rencoroso.
Taehyung observó cómo el hombre se alejaba hacia la salida, con la tabla de entrenamientos cargada en una mano, mientras con la otra sostenía un termo con café. El castaño jamás tuvo ningún impulso de suplicar o derramar otro café por accidente en toda su vida como en ese momento, pero conforme el entrenador se alejaba su carta de recomendación parecía también desaparecer de sus manos. Gritó lo último que jamás imaginó decir.
—¡Bien! Ayudaré a su equipo con la teoría, pero si esto no funciona, usted me dará mi carta sin objeción.
Cuando el entrenador Choi se giró con una sonrisa, supo que había vendido su alma al diablo.—Nos vemos mañana después de clases, Kim. Espero que vengas preparado para soportar a mis muchachos, ellos también tendrán mucho que aprender.








