𝑪𝒊𝒄𝒂𝒕𝒓𝒊𝒄𝒆𝒔 𝒚 𝑯𝒐𝒓𝒊𝒛𝒐𝒏𝒕𝒆𝒔

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Sinopsis

​"Mudarse a un nuevo estado era la oportunidad de nathy para dejar atrás una vida de exigencias y silencios. En los pasillos del liceo, entre rumores y miradas cruzadas, descubre que la libertad tiene un nombre: Josué. Pero el camino hacia la felicidad no es recto. Atrapada entre una madre que intenta enjaularla y un pasado llamado José que regresa para confundirlo todo, nathy deberá aprender a usar sus cicatrices como mapa para encontrar su propio horizonte. Una historia sobre la valentía de elegir quién quieres ser, sin pedir permiso."

Genero:
Drama
Autor/a:
Nathy🩵✨
Estado:
En proceso
Capítulos:
8
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

El eco de los kilómetros

Las cajas de cartón tienen un olor particular: a polvo y a finales. Durante quince años, mi mundo se redujo a las paredes de la casa de mi familia paterna, al ruido de los platos en el desayuno y a una rutina que se sentía como una piel cómoda, pero vieja.

Cuando me mudé con mi mamá, el aire cambió. Pero no fue hasta que ella decidió que nos iríamos a otro estado que entendí lo que significaba un "borrón y cuenta nueva". El trayecto en carretera fue un silencio compartido entre la expectativa y el miedo. Ver por el retrovisor cómo los paisajes conocidos se desvanecían me apretó el pecho, aunque, en el fondo, una pequeña chispa de emoción empezaba a arder. Era la oportunidad de ser una versión de mí misma que nadie conocía todavía.

La adaptación no fue fácil. Las calles nuevas no te saludan y el liceo se sentía como un laberinto diseñado para recordarme que yo era la extraña.

En medio de esa marea de caras desconocidas, estaba él. El hijo de la mejor amiga de mi madre se convirtió en mi refugio. Pasábamos horas juntos; había una conexión extraña, algo que flotaba en el aire cada vez que nuestras miradas se cruzaban un segundo de más. Era una tensión dulce, un "casi algo" que ninguno de los dos se atrevía a nombrar por miedo a romper la única ancla que yo tenía en ese nuevo lugar.

Sin embargo, el destino tiene una forma curiosa de recordarnos que no todo está escrito.

—Tienes que conocer a un amigo —me dijo él una tarde en el liceo, con esa naturalidad que a mí todavía me faltaba.

Fue un instante. Un segundo que se estiró como si el tiempo hubiera decidido detenerse solo para nosotros. Cuando me presentaron a su amigo, no hubo dudas, solo una certeza repentina que me recorrió la espalda. Sentí algo diferente, algo que no encajaba con la timidez que me había acompañado los últimos meses.

Intercambiamos números casi como un juego, pero los mensajes pronto se convirtieron en llamadas de madrugada y las llamadas en una necesidad constante. La cercanía fue inevitable, como si nos conociéramos de otra vida. Lo que con otros había tardado años en construirse, con él tomó apenas un mes.

Para cuando me di cuenta, ya no era solo la chica nueva que intentaba adaptarse; era alguien que, por primera vez, sentía que estaba exactamente donde debía estarp.