𝑷𝒓𝒐𝒍𝒐𝒈𝒐
Para Yoongi, la ansiedad no era un monstruo que gritara. Era más bien un calor silencioso. Una presión constante que empezaba en el pecho y subía por su garganta, hasta hacerle creer que se ahogaba. A sus diecisiete años, a veces sentía que su propio cuerpo era un traje prestado que no le quedaba bien. Era el calor de un Alfa que aún no aprendía a contener su propia naturaleza, cuyos instintos peleaban por emerger en un joven que solo quería paz.
Pero había un antídoto: el frío.
Era su reset personal, su pequeño botón de pausa en el caos. La pared fría detrás de su cama, el metal de la cabecera, el aire helado que salía de la nevera... todo eso le devolvía el aliento. Era la manera de aplacar el fuego interno de su segunda naturaleza, de silenciar por un momento el llamado de su Alfa.
Su hermana mayor, Seojin, lo sabía. Lo había visto desde pequeño, pegado a la ventana en las noches de invierno. Le llamaba “mi rarito” con una mezcla de cariño y preocupación. Y fue ella, sin querer, quien le dio una pista sobre su posible salvación.
Un día Yoongi escuchó a su hermana hablar en la cocina y se detuvo a escuchar, sin hacer ruido.
—¿Jimin? —respondió Seojin riéndose—. Ay, sí, es un sol, pero tiene las manos más frías que un témpano. Un día de estos se congela el solo.
Jimin. El amigo universitario de su hermana. Un remolino de sonrisas y ropa holgada que entraba y salía de su casa como una brisa cálida. Demasiada luz, demasiado ruido para Yoongi. Demasiado... Omega. Su esencia dulce y calmante era un imán para los sentidos de Yoongi, pero él lo atribuía a simple irritación.
Pero esa nueva información se le quedó grabada: Manos frías.
La idea se quedó ahí. No significaba nada, claro. Solo un dato curioso. O quizás, la señal de un Omega con una constitución única, cuyo frío natural podría ser el único salvador para el Alfa aturdido que llevaba dentro.
Hasta aquel campamento, donde la ansiedad —el calor de su Alfa en descontrol— lo arrasó todo. Y en medio del calor opresivo y las voces de su cabeza, la única salvación que encontró fue ese mismo joven de sonrisa brillante y manos de hielo.
Allí, en medio de la noche, con la mano fría de Jimin en su frente y el olor a mandarina —su aroma Omega, dulce y calmante—, Yoongi sintió una calma que lo inundó por completo. Era más que frío; era la paz que solo el Omega correcto puede brindarle a un Alfa. Un equilibrio perfecto.
Y Jimin, al notar cómo el cuerpo de Yoongi se rendía contra su mano, al ver sus pestañas cerradas sobre sus mejillas pálidas y escuchar su suspiro de alivio... Jimin sintió su instinto más profundo despertar la necesidad de confortar, de calmar, de ser el refugio para ese Alfa atormentado. Su propia esencia respondía a la llamada silenciosa de Yoongi.
El problema era que Jimin tiene veintidós años y es un Omega que, en teoría, debería buscar la estabilidad de un Alfa maduro, y Yoongi, diecisiete, un Alfa que aún no presenta de forma oficial. Algunos amores, aunque estén prohibidos por las reglas no escritas de su sociedad, están destinadas a surgir.
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𝑨𝑫𝑽𝑬𝑹𝑻𝑬𝑵𝑪𝑰𝑨
Esta historia narra una relación donde Jimin es mayor de edad y Yoongi es menor cuando se conocen e inician su vínculo. La trama explora su conexión emocional desde ese contexto.
Si este planteamiento inicial de no es de tu agrado, te recomiendo pasar por mi perfil y elegir otra historia.
¡Gracias por entender! 💜