Capítulo 1: El fuego de Gaildrop
—El silencio en el vacío no es absoluto; en ocasiones suena como el crepitar de un fuego que se apaga. Para los Guivernos de Ceniza, ese sonido es el único recordatorio de nuestras glorias pasadas. Mi nombre es Estevont Valerius, y esta es la crónica de cómo el Imperio intento convertirnos en cenizas, solo para descubrir que las ascuas restantes siguen quemando incluso sin flama.
Ocurrido a inicios del Milenio 42, el capítulo de los Guivernos de Ceniza se encuentra en una misión de despliegue masivo en un Planeta Minero de suma importancia llamado “Gaildrop”, ubicado en el sistema solar de “Caliginis Gail”; el planeta Gaildrop se encuentra bajo ataque de un Waaagh Orko, el cual se hace llamar “Triturahierro”. Dicho Waaagh es lo suficientemente grande como para amenazar el planeta.
Pero, mientras Estevont resguardaba armamento recuperado de hermanos caídos en la armería, no pudo evitar pensar que Gaildrop no era una misión, sino el último capítulo de una humillación que el Imperio les venía cobrando desde hace dos siglos. Recuerda perfectamente como en sus días de veteranía notaba un patrón por parte del Imperio que llevaban a derrotas para el capítulo; derrotas que drenaron el capítulo hasta que solo quedaron 4 compañías de Marines Espaciales.
Estevont Valerius, quien actualmente es el vigésimo primer “Maestro de Ceniza” (Maestro del Capítulo), solo cuenta con 80 años al mando del capítulo, por lo que se le considera un líder que ha visto madurar y esparcirse a las cenizas del capítulo durante ocho décadas. Y, aun así, desconoce si sus sospechas vienen como una decisión unilateral por parte del Imperio o son una consecuencia por decisiones de anteriores Maestros de Ceniza; las dudas carcomen su subconsciente, pero las guarda para si mismo, teme que sean susurros de la disformidad y que estas puedan dañar a sus demás hermanos.
Durante 30 días desde el desembarco en Gaildrop, los Guivernos de Ceniza realizan una defensa heroica de las minas principales, digna de unos Hijos de Rogal Dorn. A pesar de que, su estilo de combate fuera diferente, y el cual ellos llaman: “El Descenso del Guiverno”, abandonaron la defensa estática por asaltos de choque rápidos, fuego y demolición: una agresión quirúrgica. Utilizando el sigilo y el humo para acercarse, como un Guiverno cazando a su presa; y, aun así, tal como su padre son excelentes en la defensa.
Las escuadras mantienen el frente contra mareas de Orkos, esperando refuerzos imperiales o de otros capítulos, las servoarmaduras comienzan a acumular más cicatrices de las que ya tenían, algunos soldados utilizan parches para reparar sus armaduras; inclusive, algunos se han injertado piezas recuperadas de sus hermanos caídos. Pero, donde más empiezan a sentir la perdida de recursos es en la munición de rifles bolter, después de 30 días de asedio tienen que racionarlas quirúrgicamente y defenderse o atacar cuerpo a cuerpo.
En el día 32, Estevont recibe una instrucción por un canal de Voco: —Mantengan la posición, la retirada será considerada herejía y tendrá su castigo.
Es en este punto cuando Estevont se da cuenta de que sus dudas no eran susurros del caos, era el propio Imperio instalándolas lentamente en su subconsciente, se da cuenta de que la forma en que recibió la instrucción no era una amenaza vacía, realmente el Imperio quería exterminarlos. Gracias a esta nueva claridad en su mente, logra interceptar las lecturas de energía de una flota orbital Inquisitoria. Deduce que, están cargando las armas para un bombardeo orbital masivo. No hay aviso, típico de la Inquisición; simplemente les han dado la espalda y planean incinerarlos junto al Waaagh Orko, una “traición”, según la interpretación de Estevont.
Con un cálculo rápido, Estevont determina que tiene aproximadamente 15 días antes de que llegue la flota de la Inquisición. En esa brecha debe tomar una decisión: obedecer y sacrificarse como mártires inútiles o desertar y sobrevivir, proteger la progenie de su padre Rogal Dorn y, sobre todo, proteger a sus hermanos y venerar a los caídos. La presión psicológica es tanta que decide consultar con El Anciano Fundador, el Venerable Alaric, un viejo Dreadnought que se remonta a los días fundatorios del capítulo, quien es el único de tres Dreadnought despierto durante este asedio.
Frente a la mole de hierro que era el Venerable Alaric, Estevont no se sentía como el vigésimo primer Maestro de Ceniza, sino como el joven escudero que alguna vez buscó refugio en las tradiciones de su mundo. Con el peso de cuatro compañías condenadas sobre sus hombros, expuso los cálculos del inminente bombardeo orbital. Alaric guardó un silencio gélido, sus lentes ópticos fijos en el dolor que reflejaban la mirada del líder, antes de responder con una voz que parecía emanar desde las profundidades del tiempo.
—Pequeño Estevont… Durante cuatro mil años he aplastado a quienes desafiaban al Trono, y ahora el Trono o quienes se esconden tras él nos envía a morir en silencio. ¿Crees que tus palabras me sorprenden? No, me duelen, Estevont, porque confirman lo que el metal de mi cuerpo ya presentía: que somos ángeles cazados por sus propios pastores. Es una verdad que he intentado ignorar durante siglos. –– El Dreadnought hace girar sus servos con un ruido de fricción pesada. ––No hay honor en morir para satisfacer el ego de un Inquisidor. Mi juramento fue hacia el Emperador, no hacia los verdugos corruptos de la Inquisición. Si quieres que las cenizas resurjan, debemos dejar de ser madera para su hoguera. Toma la decisión, Maestro de Ceniza. Si el destino es el exilio, lo enfrentamos como Guivernos, no como esclavos.
––Si tus instintos ya presentían esta traición… ¿Qué es lo que olvidamos, Anciano? –– pregunta Estevont con un susurro cargado de amargura. ––¿Qué pecado cometieron nuestros antecesores para que el Imperio nos cobre el precio ahora, drenando nuestra sangre sistemáticamente hasta convertirnos en cenizas?
––No tengo un registro o un recuerdo sobre que pudo haber pasado, pero seguro fue algo que no le agrado a los Altos Señores de Terra, pero principalmente a la Inquisición. –– asegura Alaric, tratando de descifrar hacia donde quiere llegar Estevont. ––Es posible que se criticara a la Inquisición, o que no se haya accedido a realizar un “Exterminatus” contra población civil… aunque solo son suposiciones mías. –– responde Estevont mientras analiza las posibles causas para que el Imperio haya decidido drenarlos hasta extinguirlos.
Finalmente, con la mente más tranquila, con los pensamientos ordenados y una decisión tomada, da la orden a sus cuatro “Comendadores” (Capitanes) para que todos se reúnan en la entrada de una mina, una vez que todos sus activos se encuentran frente a él, Estevont cuenta la situación en la que se encuentran, los días que les quedan y, sobre todo, la decisión final del Maestro de Ceniza.
—El enemigo ha aumentado a dos flancos, ya no son únicamente los Pieles Verdes, ahora también lo es la Inquisición, el Imperio. Pero, no se confundan hermanos, no hemos fallado al Emperador, quienes gobiernan “en su nombre” son los que le han fallado. Somos fieles a su causa, somos sus ángeles; pero hoy se acabó, se acabó el seguir ciegamente a personas corruptas que buscan nuestra eliminación y simplemente fundar un nuevo capítulo sobre nuestros cadáveres. Hoy, hermanos míos, los Guivernos de Ceniza han muerto para el Imperio, vamos a asegurarnos de que en sus registros se diga que caímos en combate, pero no será así. –– Estevont da ese discurso a lo que resta de su capítulo, ya tiene un plan y lo piensa ejecutar con el pragmatismo que heredó de su padre. ––“De las cenizas… ¡Resurgiremos!” –– Grita el Maestro de Ceniza hacia sus hermanos, quienes vitorean y responden a ese grito de guerra, que ha sido el lema del capítulo desde su fundación.
Una vez presentada la situación, el Maestro de Ceniza convoca a los Comendadores y al Consejo de Lideres: al “Gran Confesor” (Gran Capellán), al “Forjador Primus” (Maestro de la Forja o Techmarine jefe) y al “Conservador jefe” (Líder de Apotecarios) para una reunión de suma importancia donde junto al Venerable Alaric les contara con detalle el plan que ha formulado para escapar y hacerle creer al Imperio que han caído en combate. Una vez reunidos en la nave insignia “La Gloria de Kharos”, lleva a cabo la exposición de las actividades que realizaran.
––Gracias por acudir a mi llamado, hermanos míos. Se que la situación es algo confusa y difícil de creer, pero no hemos caído ante el Caos, no somos herejes ni esas bajezas. Seguimos fieles al Emperador y su causa, la población civil no nos ha abandonado así que, de ser necesario, salvaremos mundos que el Imperio haya abandonado. –– menciona el Maestro de Ceniza mientras comienza su presentación.
––Es por eso por lo que fingiremos nuestra muerte, seremos fantasmas en el vasto espacio, los enemigos jurados de la humanidad seguirán siendo nuestros enemigos. Sin embargo, dejaremos de servir a la corrupción que consume al Imperio y ensucia la noble causa del Emperador. Para ello, llevaremos a cabo lo siguiente: esta nave, la despojaremos de cualquier rastreador y cortaremos comunicación imperial, daremos un reporte de que ha caído frente a los Pieles Verdes, así podremos usarla como base de operaciones y como un hogar al que regresar, porque no podremos volver a nuestro planeta natal, “Kharos Vale”.
––Usaremos las naves restantes como señuelo, una tendrá que caer al planeta, de esta manera cualquier Inquisidor arrogante que llegue a contemplar la escena, no se molestará en buscar sobrevivientes, al contrario, hará un bombardeo orbital para asegurarse que nadie sobreviva. Las dos naves que quedan probablemente sean recuperadas por la Inquisición, en el peor de los casos, ellos mismos las destruirán.
Nadie presento ninguna queja, el silencio era tan denso que podría cortarse con un cuchillo, ni siquiera Malakai, el Gran Confesor, tenía nada que decir; su armadura comenzaba a emitir estática y rugidos térmicos bajos… como un guiverno anticipando una erupción volcánica. Eso era prueba suficiente de que se estaba preparando para el bombardeo orbital; asimismo, no era raro que Estevont planeara todo eso, se había destacado por sus planeaciones y pragmatismo, por eso, llego a ser Maestro de Ceniza en un relativamente corto periodo de tiempo.
Sin embargo, el silencio no duro mucho, una transmisión de voco interrumpió en la sala; un “Senescal” (teniente) apareció en los hologramas con el siguiente mensaje: ––Mis lores, tenemos noticias, hemos descubierto un grupo de Technosacerdotes, solicitaron la presencia del Maestro de Ceniza. Desean hablar con Lord Estevont para “negociar”. –– el holograma termina y se corta la transmisión, Estevont solicita a Harlon, el Forjador Primus que le acompañe, puesto que él es un Techmarine y puede comunicarse en lenguaje binario con los Technosacerdotes si llega a ser necesario. Una vez delante a este grupo de Technosacerdotes, finalmente revelan quienes son.
––Supongo que usted debe ser Lord Estevont, ¿me equivoco? –– pregunta el líder del grupo del Mechanicus con una voz parecida a la estática de un radio, observando con detenimiento a Estevont. ––Tiene usted razón, Magos; pero ¿quién es usted? –– responde el Maestro de ceniza. ––No se ponga a la defensiva, Lord Estevont, mi nombre es Scryos, Archimagos Scryos. Líder de este humilde grupo de Adeptus Mechanicus. –– menciona el Archimagos, pero la forma en que contesto puso en alerta máxima a Estevont, lo que automáticamente alerto a Harlon, poniéndolo en posición de ataque por si llegará a ocurrir algún altercado.
––Veo que duda de mí, milord. Insisto, no debe temer, si bien no somos un grupo de Technosacerdotes ordinario, tampoco somos adoradores del caos. Lo puede ver en nuestra construcción… más, sin embargo, somos exiliados del Mechanicus, la orden ortodoxa nos considera Hereteks por intentar diseñar nuevos armamentos y mejorar los ya existentes.
Estevont duda de la veracidad de sus palabras, pero, al ver que Harlon relajo la tensión en su cuerpo, termina por creer las palabras del Archimagos Scryos. Preguntando finalmente cuál es su objetivo al contactarlo.
––Me gustaría solicitar protección de sus Astartes, Lord Estevont, estamos investigando unas ruinas ocultas en este planeta y tememos por nuestra seguridad. –– afirma Scryos, desconociendo los acontecimientos que han estado atormentando a los Guivernos de Ceniza. Estevont suelta un largo suspiro y decide contarles lo que va a ocurrir en el planeta dentro de los próximos 15 días. Si bien, el Archimagos duda de Estevont, el hecho de ser Exiliados le ayuda a comprender que la situación de los Marines no es muy diferente a la que ellos han estado pasando. Es entonces cuando hace una propuesta que Estevont no puede rechazar.
––¿Qué opina de llevarnos con ustedes, Lord Estevont?, podemos ser de bastante utilidad, si lo que buscan es sobrevivir, nosotros podemos darle los medios que necesiten para ello, inclusive, encriptar sus canales de voco para que nadie en el Imperio pueda detectarlos. ¿Qué le parece?... –– insiste Scryos, el Maestro de Ceniza mira a Harlon, buscando su consejo con la mirada. El Forjador Primus dio un paso al frente; sus implantes ópticos zumbaron mientras escaneaban las alteraciones cibernéticas del Archimagos. La tecnología de Scryos demostraba que, a su manera, aquellos exiliados seguían siendo fieles al Dios Máquina, aunque su sed de conocimiento los hubiera convertido en Hereteks para el dogma de Marte. Harlon lo sabía perfectamente.
Al recibir las frecuencias de encriptación, el Techmarine guardó un silencio tenso antes de dedicarle una advertencia fría en código binario que hizo eco en los comunicadores del Archimagos:––“Tus métodos rozan la tecnoherejía, Scryos. Consagraré estos sistemas con los ritos correctos de Marte en cuanto salgamos de este pozo maldito, pero por ahora... haz que el aire fluya y que los reactores nos saquen de aquí“. –– Tras la dura advertencia, Harlon asintió rígidamente hacia Estevont. Odiaba depender de la ciencia descarriada de este Archimagos, pero el Maestro de Ceniza tenía algo claro: la supervivencia del Capítulo estaba por encima de cualquier burocracia. El Forjador Primus estaba consciente de que, sin esa ayuda, el capítulo no sobreviviría.
Ni siquiera considerando el banco de glándulas progenoides que tienen en su posesión, si bien, la Inquisición los quería eliminar, los Guivernos de Ceniza habían estado recuperando una enorme cantidad de progenoides de sus hermanos caídos gracias a sus “Conservadores” (Apotecarios). Pero, incluso sin ese lote recuperado, las armas y la munición, iban a terminarse tarde o temprano y las servoarmaduras sin mantenimiento los harían un blanco fácil en el campo de batalla.
Finalmente, el Archimagos hace una confesión que deja helados a todos los que escucharon. ––Nosotros mantenemos una relación clandestina con Belisarius Cawl, él podría proveerlos de todo lo que necesiten, siempre y cuando acepten ser su capítulo experimental, después de todo son el sujeto de pruebas perfecto; un capítulo de Adeptus Astartes a punto de ser eliminado por la Inquisición, posiblemente archivados o borrados de los datos del Administratum y, sobre todo, fantasmas de ceniza…
La confesión sorprende al Maestro de Ceniza y su Forjador Primus, pero, sin otra alternativa deciden aceptar la propuesta de Scryos, quien menciona que le harán saber a su maestro sobre su nueva adquisición. Finalmente, Estevont se dirige hacía su círculo de líderes y ordena poner en marcha el plan. No sin antes, dar una instrucción de máxima prioridad: ––Los depósitos de progenie deben ser lo primero que aborde a la Gloria de Kharos, si es necesario, dejen atrás los Predator, los Whirlwind, inclusive los Thunderhawk. Después de asegurar la progenie, podrán abordar todo lo que se necesite para sobrevivir en el vacío del espacio por algunos años.
Una vez asegurada la llave que permitirá el nacimiento de futuras generaciones Estevont se acerca a Varek, su Conservador jefe y pregunta ––¿Cómo de grande es el depósito de semillas? –– A lo que Varek responde ––Contando el que ya se encontraba en la nave insignia… es lo suficientemente grande como para generar una compañía más, probablemente dos compañías. Pero, yo solo no podre estabilizar todas las semillas; odio admitirlo, pero, la ayuda de esos Mechanicus exiliados será más de la que nos gustaría que fuera…
Estevont asiente, retirándose de la cripta donde guardan el último lote de glándulas progenoides. También visita a Harlon, quien se encuentra en las naves señuelo guiando a sus Forjadores para programar la colisión controlada. Una vez comprobada la situación, se aleja sin decir una palabra y finalmente visita a Malakai, con quien tiene una pequeña charla.
––Malakai, sé que dije que seguiremos salvando a la humanidad, pero, la idea de abandonar a su suerte a la población de Gaildrop me atormenta. –– el Gran Confesor lo observa, se quita su casco y responde ––Estevont, la población civil de este planeta fue reducida casi en su totalidad, al Imperio no le importan estas almas, solo querían proteger al planeta por ser minero, pero, te recuerdo que vieron la oportunidad perfecta para eliminarnos… “No todo puede salvarse. Lo que perdura… debe ser elegido”, y en este caso, nos hemos elegido a nosotros, hermano. –– generando con esta respuesta, una nueva doctrina para el capítulo la cual puede parecer carroñera, pero asegura la supervivencia de este.
Tres días después de la preparación, la Gloria de Kharos fue reportada como derribada frente a los Pieles Verdes. Al mismo tiempo, los Forjadores en conjunto con los Technosacerdotes se encargaban de eliminar cualquier rastreador o artefacto que delatara el plan. Con rotundo éxito, lograron convertir su nave insignia en una nave fantasma, mantendría su nombre por respeto, pero ya no existía para el Imperio. Irónicamente, la respuesta por parte del Imperio fue la esperada: ––Es una perdida terrible, pero no quita el hecho de que su deber es mantener la posición y no abandonar, la deserción será considerada herejía y tendrá su castigo.
El plan seguía su curso normal, Estevont preparó a sus hermanos para abordar en la Gloria de Kharos, el tiempo se agotaba y debía abandonar el planeta cuanto antes para tener tiempo suficiente de desaparecer ante cualquier auspex o firma radar que pudiera revelar su posición y verdadera situación. Los días pasaban y todos se preparaban para partir, los últimos Thunderhawk con “Caballeros” (marines rasos), abordaron la nave y se prepararon para partir.
En el noveno día, la Gloria de Kharos finalmente abandono Gaildrop y a su vez, el sistema solar de Caliginis Gail. Se alejo lo suficiente para ocultarse en un cinturón de asteroides ubicado a 2,000 años luz de distancia de Caliginis Gail; dicho cinturón de asteroides les serviría como camuflaje natural para ocultar su presencia. Lograron su cometido: sobrevivir.
––Dejamos atrás los Predator, los Whirlwind e inclusive la mayoría de Thunderhawk; acero muerto que el fuego de la Inquisición pronto fundiría. Cada centímetro cuadrado de las bodegas fue reclamado por los frascos de estasis y el puente fue reclamado por mis hermanos. Sabía que, de ser necesario, podríamos robar bólteres en el futuro, pero no podíamos robar nuestra propia sangre. –– susurro Estevont a un intercomunicador de la nave, dejando que todos escucharan su discurso.
En los próximos días ocurrió lo esperado, la flota inquisitoria llego a Gaildrop, la nave señuelo estaba por estrellarse en el planeta y las otras dos fueron bombardeadas por la Inquisición; al final, las sospechas de Estevont se cumplieron, el Imperio quería eliminarlos y ahora solo tenía que descubrir por qué.
––Bienvenidos al mañana, Estevont. –– susurró Scryos, mientras una de sus extremidades mecánicas acariciaba un frasco de progenie que yacía en el puente, la cual servía como recordatorio. Estevont no respondió; sus ojos estaban fijos en el rastro de la flota inquisitorial que ni siquiera se molestó en buscar cadáveres. Desde el puente de La Gloria de Kharos, Estevont observó como el planeta Gaildrop se convertía en una mota de fuego en la distancia. No hubo lamentos. Mientras los Magos exiliados comenzaban a recitar oraciones binarias en una lengua que el Imperio consideraba prohibida, Estevont Valerius se arrancó el sello de pureza de su hombrera y lo dejó caer al suelo de metal.
Otro grupo de Technosacerdotes logro interceptar la comunicación inquisitorial la cual databa un reporte breve: ––Capítulo exterminado. Amenaza Orka neutralizada. –– Estevont hizo un gesto para que se cortara la transmisión. En la oscuridad del cinturón de asteroides, las luces de La Gloria de Kharos parpadearon con una energía nueva, extraña y vibrante. Habían perdido suministros, su honor oficial y su mundo natal, pero el Imperio había olvidado lo más importante: las cenizas no son el final, solo esperan a que el viento sople con suficiente fuerza para generar una ascua y volver a incendiar la galaxia.





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