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Lazos De Sangre Y Cenizas

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Sinopsis

"Ella es la moneda de cambio. Él es el monstruo que no acepta devoluciones". Matteo DeLuca es una fuerza de la naturaleza, un gigante de dos metros forjado en el acero y la sangre de la mafia italiana. Con un corazón que hace tiempo dejó de latir por algo que no fuera el poder, su existencia tiene un único propósito: destruir a Natte Ricci. El plan es simple, quirúrgico y letal. No hay espacio para la piedad, solo para el cobro de una deuda que se pagará con cenizas. Sin embargo, el destino tiene un sentido del humor retorcido. En el corazón de su cacería, Matteo encuentra a Zahra Ricci, el tesoro más preciado de su enemigo. Desde el momento en que sus ojos se posan en ella, el objetivo cambia. Lo que comenzó como un movimiento estratégico de ajedrez se transforma en una fijación descarnada y violenta. Matteo no quiere simplemente usarla para llegar a Natte; quiere poseerla, quebrantarla y encerrarla en una jaula de oro donde nadie más pueda verla. Él se repite a sí mismo que no hay amor en sus manos cuando la toca, que cada caricia es un insulto a su linaje y que su presencia en su cama es solo la máxima humillación para los Ricci. Se convence de que su pulso acelerado es odio y que su necesidad de vigilarla cada segundo es pura estrategia de guerra. Pero mientras Zahra lucha por sobrevivir al asedio de este hombre sin alma, la línea entre la venganza y la locura se vuelve invisible. Matteo DeLuca ha jurado que no tiene corazón, pero está a punto de descubrir que una obsesión enferma puede ser mucho más peligrosa que cualquier sentimiento noble. En este juego de sombras, el cazador ha caído en su propia trampa, y Zahra es el pecado que está dispuesto a cometer una y otra vez.

Genero:
Erotica
Autor/a:
DoralizGil
Estado:
Completado
Capítulos:
52
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

Natte

El olor a pólvora y tabaco caro siempre ha sido mi único refugio. Dicen que el poder corrompe, pero en este mundo, el poder es lo único que te mantiene respirando. Como líder de los Ricci, he enterrado a más hombres de los que puedo contar, y he dictado sentencias de muerte con la misma facilidad con la que firmo un cheque. Pero hoy, el aire se siente más denso. El nombre de los DeLuca flota en el ambiente como una plaga que no puedo erradicar.

-Natte, los camiones en el muelle fueron interceptados -mi segundo al mando, Marco, habla con la voz tensa-. No dejaron sobrevivientes. Solo un mensaje pintado en el metal.

No necesito preguntar qué decía. Sé que es la caligrafía invisible de MatteoDeLuca. Ese bastardo joven, ambicioso y sanguinario que ha tomado el control de su clan tras la muerte de su padre. Matteo no juega bajo las reglas de la vieja guardia; él busca quemar el mundo y reinar sobre las cenizas.

Me acerco a la ventana de mi oficina y observo el jardín. Allí está ella. Mi pequeña Zahra.

Ella es la única luz en este pozo de oscuridad. Su pureza es el mayor insulto a mi existencia, y mi posesión más preciada. La guerra con los DeLuca ha escalado a un punto de no retorno, y sé que Matteo no solo quiere mis rutas de suministro o mi territorio. Quiere destruirme desde adentro.

Mi teléfono vibra sobre el escritorio de caoba. Un número desconocido. Al contestar, no hay un saludo, solo una respiración pausada que me hiela la sangre.

-Ella tiene tus ojos, Natte-la voz de Matteo es un susurro cargado de una promesa oscura-.Pero pronto, solo verán los míos.

El cristal en mi mano estalla bajo la presión de mi agarre. La obsesión de Matteo por Zahra no es un secreto, es una declaración de guerra. Él no la quiere como un trofeo; la quiere para devorarla, para romper el último vínculo de humanidad que me queda.

-Si tocas a mi hija, Matteo, te aseguro que el infierno te parecerá un paraíso comparado con lo que te haré -gruño, sintiendo el sabor metálico de la ira en mi boca.

-Ya es tarde-responde él con una risa gélida-.La guerra ya no es por el territorio. La guerra es por ella. Y yo siempre obtengo lo que deseo.

He reforzado la seguridad, he puesto guardias en cada esquina de la propiedad, pero en el fondo de mi pecho, un instinto primario me advierte: las guerras de mafia se ganan con balas, pero las guerras de obsesión se ganan con el alma. Y temo que Zahra ya esté en la mira de un monstruo que no conoce la piedad.

matteo

Dos metros de altura son útiles para muchas cosas. Te permiten mirar a los hombres a los ojos y ver el momento exacto en que el miedo se instala en sus pupilas. Te permiten dominar una habitación sin decir una palabra. Pero hoy, mi altura solo me sirve para contemplar el mapa de la ciudad extendido sobre la mesa de conferencias y planear cómo voy a borrar el apellido Ricci del mapa.

Tengo veintiocho años y soy el dueño absoluto de la organización DeLuca. Mi padre murió bajo las balas de Natte Ricci, y yo heredé un imperio construido sobre sangre y una promesa de venganza.

Me paso una mano por el cabello, un tic nervioso que detesto, y clavo la mirada en el espejo de pared que tengo enfrente. Mis ojos, esos malditos ojos verdes esmeralda intensos que mi madre me heredó, parecen brillar con un fuego propio. Son los mismos ojos que Natte Ricci verá justo antes de que le pegue un tiro entre ceja y ceja.

-Matteo, el muelle está bajo nuestro control -dice Antonio, miconsigliere, interrumpiendo mis pensamientos-. Pero Ricci está reforzando la seguridad en su casa principal. Sabe que vamos por él.

-No vamos solo por él, Antonio -digo mi voz saliendo como un rugido bajo-. Natte Ricci va a sufrir antes de morir. Va a ver cómo todo lo que ama se desmorona.

Y sé exactamente por dónde empezar.El Cebo Perfecto.

Su nombre se siente como veneno y miel en mi lengua. Zahra.

Zahra Ricci. Veintiún años. La hija adorada de Natte. Su tesoro más preciado, su única debilidad.

He pasado meses recopilando información sobre ella. No es solo información estratégica para la guerra; es una obsesión que se me ha metido bajo la piel como un parásito.

Ella es rubia, de un tono dorado que parece capturar el sol. Sus ojos no son oscuros como los de su padre, son de un café claro que denotan puresa, Y sus labios... joder, sus labios son carnosos, siempre pintados de un rosa provocativo, una invitación silenciosa al pecado. Tiene un cuerpo de infierno, curvilíneo y perfecto, el tipo de cuerpo que haría que un santo vendiera su alma.

Ella es la inocencia que su padre nunca tuvo. Y yo soy el monstruo que se la va a arrebatar.

Natte cree que proteger a su hija es solo cuestión de poner más guardias en la puerta. Qué idiota. No entiende que el peligro no solo viene de afuera.

No quiero matarla. Eso sería demasiado fácil. Demasiado misericordioso.

Quiero quebrarla. Quiero que sea mía. Quiero que se enamore de la misma oscuridad que matara a su padre. Quiero que Natte Ricci muera sabiendo que su preciosa hija me pertenece, en cuerpo y alma. Que cada vez que ella cierre esos ojos cafés, vea mi rostro. Que cada vez que sienta placer, sea mi nombre el que grite.

Me acerco a la mesa y clavo un cuchillo en el mapa, justo sobre la ubicación de la mansión Ricci.

-Prepara mi coche, Antonio -digo, sin apartar la vista del cuchillo-. No voy por sus negocios. Voy a atacar su corazón.

La guerra con los Ricci ha sido larga y sangrienta. Pero ahora, tiene un propósito nuevo. Un propósito rubio, de ojos cafés y labios rosa. Su hija, no es solo el cebo. Ella es el premio. Y yo, Matteo DeLuca, nunca he perdido un juego.

Zahra

El sol de la tarde se filtra por los ventanales de mi habitación, bañando mis lienzos y pinceles en una luz dorada. A veces, si cierro los ojos con la fuerza suficiente, puedo ignorar el brillo metálico de los rifles de asalto que los hombres de mi padre portan en el jardín.

Mi padre, Natte, dice que este es mi castillo. Pero a mis veintiún años, empiezo a sentir que es una jaula de seda. Una jaula hermosa, con sábanas de hilo egipcio y techos pintados a mano, pero una jaula al fin y al cabo.

-¡Zahra! ¡Deja de soñar despierta con tus óleos y mírame! -la voz chillona de Amy me devuelve a la realidad.

Amy Stell está desparramada sobre mi cama, rodeada de revistas de moda y su iPad. Es mi mejor amiga desde que teníamos cinco años; su padre es el socio principal de mi papá, lo que la convierte en la única persona que entiende lo que es vivir con una sombra constante pegada a la espalda.

-Lo siento, Amy. Estaba pensando en el examen final de Bellas Artes -miento suavemente, dándole una sonrisa que todos dicen que es “demasiado dulce para este mundo”.

-¡Olvida la universidad por un segundo! Las vacaciones casi terminan y no pienso regresar a clase sin un guardarropa nuevo -Amy salta de la cama, sus ojos brillando con emoción-. Vamos al centro. Necesito terapia de compras y tú necesitas quitarte esa pintura de los dedos.

Me miro las manos. Manchas de siena tostada y azul cobalto adornan mi piel. Amo el arte porque es lo único que puedo controlar. En un lienzo, los colores hacen lo que yo quiero. En mi vida real... bueno, ni siquiera puedo ir por un helado sin que cuatro hombres armados me sigan en una camioneta blindada.

-Sabes que papá no me dejará salir así como así -susurro, mordiéndome el labio inferior. Mis labios siempre parecen estar demasiado rojos, algo que a veces me hace sentir expuesta.

-Ya hablé con tu padre -dice Amy con un guiño-. Le dije que iríamos a la zona privada de la Galleria. Estará rodeada de sus hombres, Zahra. Estaremos “seguras”.

Esa palabra: segura. Siempre se siente como una promesa rota en esta casa. Siento una extraña opresión en el pecho, como si el aire estuviera cargado de electricidad antes de una tormenta. He escuchado a los guardias susurrar un nombre en los pasillos:DeLuca. Dicen que es un monstruo, que es un gigante de ojos verdes forrado en tatuajes que devora todo a su paso.

-Está bien, vamos -cedo, tratando de sacudirme el mal presentimiento.

Me acerco al espejo de cuerpo entero. Mi cabello rubio cae en ondas hasta mi cintura y mis ojos cafés se ven grandes, casi asustados. Me pongo un vestido ligero blanco que acentúa mis curvas, algo que sé que mi padre odiaría si no estuviera tan distraído con sus guerras.

No sé por qué, pero mientras me retoco el labio con brillo, siento como si alguien me estuviera observando desde la distancia. Una mirada pesada, oscura, que no pertenece a los hombres de mi padre.

-¿Lista, Ricci? -pregunta Amy, tomándome del brazo.

-Lista -respondo, aunque mi corazón late con una fuerza inusual.

Matteo

El motor de mi Bugatti ruge en un susurro metálico mientras permanezco estacionado en la cresta de la colina que domina la propiedad de los Ricci. Desde aquí, la mansión de Natte parece un juguete, una maqueta de piedra y arrogancia que pronto pienso demoler. Pero mi atención no está en las cámaras de seguridad ni en los perímetros electrificados. Mi atención está en la ventana del segundo piso.

Sostengo unos binoculares de alta precisión, mis dedos tamborileando sobre el volante de cuero cosido a mano. Este coche cuesta más de lo que la mayoría de los hombres de Natte ganarán en tres vidas, pero para mí, es solo una herramienta más de mi poder. Un depredador necesita velocidad.

Entonces, la veo.

ella, aparece tras el cristal. Se está vistiendo. Se mueve con una gracia que parece casi insultante en una casa construida sobre cadáveres. Se desliza un vestido blanco, de una seda tan fina que parece flotar sobre su piel. Ese color debería estarle prohibido. El blanco es para la pureza, para la paz... y ella está a punto de entrar en una guerra donde el único color que importa es el rojo.

-Maldita sea -gruño, sintiendo cómo mis ojos verdes se oscurecen.

Es perfecta. Demasiado perfecta. Esas curvas que el vestido apenas logra contener, ese cabello rubio que cae como una cascada de oro sobre sus hombros... y esos labios carnosos que, incluso desde esta distancia, parecen una provocación directa a mi autocontrol. Ella es el único rasgo de belleza en el linaje podrido de los Ricci.

Natte cree que su “castillo” es impenetrable. Cree que rodeándola de guardias la mantiene a salvo de mí. No entiende que yo no soy un enemigo que golpea la puerta; yo soy la sombra que ya está dentro. La he seguido a la universidad, a sus galerías de arte, a cada café donde se sienta a leer. Ella no sabe que existo, pero yo conozco cada uno de sus suspiros.

-Disfruta de tu libertad, pequeña Ricci -susurro para mí mismo, mientras la veo salir hacia el coche de su amiga-. Disfruta de tu día de compras. No tienes idea de que cada paso que das, lo das sobre el terreno que yo ya he reclamado.

Ella es la herramienta perfecta. Natte Ricci es un hombre de piedra, pero incluso la piedra se agrieta si golpeas el lugar correcto. Zahra es su corazón, su debilidad, su mayor tesoro. Cuando la tenga en mis manos, cuando sus ojos cafés me miren con el terror de quien sabe que su vida ha cambiado para siempre, Natte vendrá a mí de rodillas.

Y entonces, lo destruiré.

Pongo el deportivo en marcha. No necesito luces; conozco estos caminos mejor que mis propios pecados. Veo el convoy de seguridad de los Ricci salir por la puerta principal. Son hormigas tratando de proteger a una reina que ya ha sido marcada para el sacrificio.

Todavía no es el momento de presentarme. Todavía no quiero que vea mi rostro o que sepa mi nombre. Quiero que sienta mi presencia como una corriente de aire frío en la nuca. Quiero que la paranoia empiece a consumir a su padre antes de que yo dé el golpe final.

-Vamos, Zahra -digo, acelerando suavemente para seguirlos a una distancia segura-. Vamos a ver qué tan bien se ve ese vestido blanco cuando esté manchado por la sombra de un DeLuca.

La cacería ha comenzado oficialmente. Y yo nunca dejo que mi presa escape.

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