Capítulo 1: (4:47 p.m.)
"El amor es un misterio sin fin, porque no hay causa razonable que pueda explicarlo."
Esa frase podría definir todo lo que viví, en esta y en la anterior vida, porque talvez al inicio lo encontré incorrecto, casi una maldición.
Y en realidad no me culpo por eso, mi anterior vida fue entre 1940 a los 2000 en donde la iglesia aún seguía en pie, en donde pensar diferente era un signo para ir a un psiquiátrico, es por eso que aunque miro hacia atrás sé muy bien que mis pasos fueron por experiencia, por miedo y solo gracias a que estuve acompañado pude dejarlo atrás.
Por eso te contaré todo, porque cada paso, me dieron la valentía de conocerte.
_ "Mi Chloe"_
Mi primera vida fue difícil, una casa en donde el hombre debía ser el sustento del hogar, donde trabajar a muerte por quienes me esperan en la casa era ser el hombre perfecto.
Y donde empezar a trabajar a los 12 era ser el mejor hijo.
Era solo un niño, un pequeño que quería jugar, disfrutar y conocer a otros. Pero eso se me fue quitado, arrebatado por un mundo en donde solo se podía vivir de dinero, en donde un niño puede jugar solo cuando hay un sueldo justo y este mundo no lo tenía, no para un niño de clase pobre.
Aun así puse mi mejor cara, porque llorar era signo de debilidad y yo al ser un hombre no debía de mostrarla. Así continué mi infancia.
Fue cuando cumplí los 16 que conocí a mi amor, Charlotte. Ella se encontraba trabajando en la zona de lavandería de la empresa y yo mientras estaba en la zona de alimentación de máquinas, aunque era un nombre un poco elegante para describir algo como mover el carbón a una máquina de vapor.
El encuentro fue durante el final de la jornada, donde fue mi turno de llevar las ropas de todos los trabajadores, las cuales ya estaban muy negras por el carbón a la zona de lavandería. Ese día Charlotte recibió mis ropas y, yo solo puedo decir que me encandeció, era una mujer tierna, cariñosa y generosa. Un ser de luz.
Siempre pensé en ella como un gato andino, era un animal que era muy cazado por ese tiempo en donde yo vivía. Pero la comparé con el porqué era hermoso, codiciado y un predador que aunque pequeño, valiente y de temer.
Su tamaño no era algo por lo que compararla, ya que ella media unos 1,65. Por lo que se encontraba en el promedio entre las mujeres, además yo era un poco más alta que ella, midiendo 1,73. Aunque no era ni tan alta ni tan pequeña, era de entre todas las mujeres de la lavandería, quien levantaba la voz y lideraba, ella fue una de las mujeres que se levantó por sus derechos durante las marchas y eso era lo que más amaba de ella. Esa determinación que yo nunca poseí, esa valentía que hacía de temer ante hombres con mucho orgullo.
Mi hermosa y valiente Charlotte, quien lucho porque nuestra hija e hijo tuvieran una vida mejor a la nuestra, quien con puro y generoso corazón daba el 20% de su dinero a orfanatos e iglesias para los necesitados.
Ella fue quien me dio aliento y también quien me acompaño en el último.
Como hubiera deseado estar para ella en su último.
Ese día era 14 de junio del 2007, yo tenía 73 años. Y me encontraba hospitalizado e intubado por culpa de problemas respiratorios. Me habían diagnosticado EPOC no hace mucho, nos dijeron que fue por culpa del trabajo en la quema de carbón en el que estuve cuando joven.
Solo me pude sentir devastado, había leído muchos avances médicos y muchos amigos me contaron sobre las enfermedades crónicas, las cuales eran un signo de una muerte lenta. Incluso muchos amigos decían que estas enfermedades crónicas eran simplemente una muerte anunciada.
Y esas palabras solo se pudieron repetir en mi cabeza luego del diagnóstico.
_"Mi muerte está cerca"_ Eso era lo único que podía pensar. Y eso fue lo que sucedió.
Aproximadamente 2 meses luego del diagnóstico empezó lo peor, se sentía como que cada paso que daba era cada vez más pesado, mucho más cansador para mi cuerpo. No es que fuera la persona más atlética, pero sí me gustaba el salir en bicicleta en las tardes por el campo. Pero eso ya no era posible, incluso un trote ya me podía cansar aunque fuera por corto tiempo.
Ahora este viejo ni siquiera podía seguirles el ritmo a sus nietos en los juegos, ese juego de las traes que tanto disfrutaba ya no podía jugarlo con ellos, aun así eran amables y me incluían en otros juegos en donde no me tuviera que mover tanto.
Pero, eso fue hasta que la respiración se me empezó a cortar. Esos momentos eran horribles, ya que no podía toser, tampoco gritar. Y para un viejo como yo, eso era un gran problema.
El primer suceso fue en una comida familiar en donde me atragante con un pedazo de papa, mi hija que era enfermera me salvo gracias a la maniobra de heimlich, que aunque aplicada a tiempo me rompió una costilla por la fuerza. Así que igual arruine ese día con el llamado de la ambulancia, ese día el problema fue el EPOC, mis vías respiratorias se estaban cerrando, lo que significaba que de ahora en adelante, comer representaba un peligro para mí.
Y el segundo fue un simple corte en la respiración, que solo logre calmar al llegar mi hija, lo que hizo que me sintiera seguro y poco a poco volviera a respirar.
Para mi sorpresa, solo estuve unos 10 segundo con la respiración cortada y lo que sucedió después es que al entrar en estado de pánico yo mismo cerré la salida de aire por unos 2 minutos con 20 segundos.
Por lo que desde el segundo día en adelante tuve que vivir con una enfermera 24/7. Me sentí bastante inútil por ese tiempo, pero tener una enfermera cerca me sirvió bastante en lo que respecta a sentir menos pánico.
Pero una semana antes, simplemente ya no fue el pánico, las vías se bloquearon fuera de mi voluntad por 3 minutos, lo que consolido en un desmayo de camino al hospital, donde por lo visto tuve 2 infartos.
Ese es el porqué esa última semana, me encontré exclusivamente en el hospital, en donde solo tuve altas y bajas, porque esos malditos bichos que se meten en mis pulmones poco a poco me empeoran, en ese momento yo solo puedo decir que ya me encontraba en el pasillo de la muerte.
El 14 fue uno de los peores casos, en donde mis vías se taparon definitivamente, por lo que tuvieron que intubarme. Ese día escuché a toda mi familia llegar, los sollozos de pena, seguramente estarían mirándome en esa cama de hospital. Como odio que me hubieran visto de esa manera. Pero no puedo decir que odie su visita, aunque los demás lloraron, gritaron, reprocharon, pero ella, no.
Charlotte respiraba tranquila, ella era la calma que necesitaba para irme.
Sus palabras durante esa visita fueron por lo menos tranquilas, pero muy poderosas.
_"Mi amor, sé muy bien cuanto debes estar sufriendo, seguro no te gusto que te tuviéramos que ver así. Siempre dijiste que te gustaría morir rápido y, por eso,. también pedí que te desconectaran."_
_"Dios.., incluso recuerdo cuanto querías publicar tus libros y aunque ninguna editorial los recibió, sé que te hizo muy feliz verlo en físico."_"Por eso solo te pido que no te quedes, confía en que cada uno estará bien y que con el tiempo una editorial recibirá tus libros aunque tu ya no estés."_
_"Estuve pensando durante el camino a aquí, que sé muy bien que te extrañaré, que cada vez que despierte extrañaré tu olor, tus buenos días y ese rico café que haces por las mañanas. Pero eso también me recordará que no estás en esta sala fea y aburrida. Que en realidad en donde vayas a estar, estás mejor que aquí."_
_"Por eso no te preocupes, que yo me también me aseguraré de cuidar a los de la familia"_"Simplemente ve en paz y cumple a donde sea que vayas el sueño de publicar tu libro, porque más tarde te alcanzaré y espero leerlo"
_"Buenas noches... Mi Darío"_
Esas fueron sus últimas palabras. La enfermera luego le dijo que ya se terminó el tiempo. Por lo que lo último que escuché fue maquinaria pitando y un bajo sollozo.
(Como me hubiera gustado consolarte mi Charlotte)



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