Capítulo 01
El golpe seco del casillero resonó en el pasillo casi vacío. Se pasó la mano por la nuca, masajeando los músculos tensos, y soltó un suspiro largo. El peso del día de clases le caía sobre los hombros como una mochila llena de ladrillos.
Afuera, el campus bullía con estudiantes que reían, gritaban y corrían hacia sus residencias. Han caminó entre ellos con la cabeza baja, las manos metidas en los bolsillos de la sudadera. Veinte minutos, tenía exactamente veinte minutos para llegar a su habitación, cambiarse y comer algo antes de su turno en la cafetería.
Al entrar a la residencia, el olor a comida instantánea lo recibió como siempre. Ignoró las voces de sus compañeros de piso, se cambió rápidamente por la camisa negra de la cafetería, y bajó a la cocina. Preparó un sándwich de atún sin mucho entusiasmo, se sirvió solo un vaso de agua y lo devoró de pie, apoyado contra la encimera. El frío de la noche ya se colaba por las ventanas, pero él apenas lo sintió estaba demasiado acostumbrado a ignorar el cansancio.
Lim Hanyeol tenía dieciocho años, casi diecinueve. Sus padres, coreanos, se habían mudado a Australia hace siete años atrás buscando una vida mejor. Dos años después, un accidente de auto se los había llevado para siempre. Desde entonces vivió con la señora Harris y su hija, que lo acogieron sin pedir nada a cambio. Han trabajaba en la cafetería “Moonlight Brew” para pagar sus gastos y no ser una carga. No consideraba su vida miserable, simplemente era su vida.
Cuando llegó a la cafetería, el calorcito del local y el aroma a café recién molido lo envolvieron como un abrazo familiar. Saludó con un gesto a Rosie y a Steff, se ató el delantal y empezó a atender mesas sin perder tiempo.
—Han, te ves cansado—dijo Scarlett desde la caja, frunciendo el ceño con preocupación—¿Estás bien?
Él negó con la cabeza mientras limpiaba una mesa.
—Estoy bien —respondió seco, sin detenerse.
Scarlett suspiró y pasó el trapo húmedo por el mostrador.
—Sabes que no puedes seguir así. Estas en semana de exámenes… deberías descansar un poco.
—No puedo —fue todo lo que dijo antes de alejarse a atender a otro cliente.
Rosie se acercó a Scarlett con una sonrisita burlona.
—Déjalo, Letti. Ya sabes cómo es. Además… se te nota demasiado lo enamorada que estás de él.
Scarlett le lanzó el trapo a la cara, y la pelirroja se quejó asqueada.
—¡Cállate!
っ.っ
El turno estaba por terminar. Eran casi las nueve de la noche. Han terminó de limpiar la última mesa, se quitó el delantal y lo dejó sobre el mostrador.
—¿Necesitas ayuda con algo antes de que me vaya? —preguntó.
Scarlett negó, concentrada en la cuenta que estaba cerrando.
—No, todo bien… Ah, espera —levantó la vista de repente—. ¿Puedes traerme la caja negra mediana del almacén?
Han asintió y desapareció por la puerta del fondo.
Justo en ese momento, la campanilla de la entrada tintineó suavemente.
Steff, que estaba más cerca, se acercó al nuevo cliente con su mejor sonrisa profesional.
—Buenas noches, ¿qué te sirvo?
El chico de cabello castaño la miró y levantó las manos. Hizo varios gestos rápidos y fluidos.
Steff parpadeó, confundida.
—Eh… un segundo —murmuró, retrocediendo hacia el mostrador— ¡Letti! —susurró— ven, por favor… creo que este chico no habla.
Scarlett levantó la vista de su cuaderno. El chico seguía de pie junto a la vitrina de pasteles, observando todo con curiosidad tranquila. No parecía nervioso, solo diferente.
Se acercó con paso suave.
—Hola —dijo con voz calmada, acompañando sus palabras con señas básicas que recordaba— ¿quieres pedir algo? ¿o necesitas ayuda?
El castañito negó suavemente con la cabeza y señaló uno de los pasteles de la vitrina. Luego hizo otro gesto, más lento.
Scarlett entendió más o menos.
—¿Ese de menta? —preguntó, señalando y repitiendo la seña.
Él asintió, con una pequeña sonrisa.
—Son siete dólares —dijo ella, marcando el precio con los dedos.
El chico sacó su billetera de un bolso pequeño y empezó a buscar billetes con cuidado.
Justo en ese momento Han regresó del almacén cargando la caja negra. La dejó sobre el mostrador y se sacudió las manos. Su mirada cayó directamente sobre el chico del cabello castaño.
—Buenas noches —dijo Han por costumbre.
El castañito levantó la vista y lo saludó con la mano, moviéndola suavemente de un lado a otro. Sus ojos eran de un tono miel oscuro que contrastaba con su piel clara.
Han se quedó un segundo más de lo necesario mirándolo.
El chico pagó, Scarlett guardó el pastel con cuidado dentro de una caja de cartón y se la entregó. Antes de irse, el castañito se despidió de todos con otro gesto amable de la mano. Las chicas respondieron igual. Han solo levantó la mano, todavía un poco descolocado.
Cuando la campanilla sonó anunciando su salida, Steff soltó un suspiro dramático.
—¡Guau, Letti! No sabía que sabías lenguaje de señas.
—Solo un poco —respondió Scarlett, contando con los dedos.
—¿Era mudo? —preguntó Han, curioso.
Steff asintió exageradamente.
—Casi me da un ataque— habló tocándose el pecho.
Han soltó una media sonrisa y negó con la cabeza. Se despidió de las chicas y salió a la noche fría, con la imagen de ese chico de cabello castaño todavía flotando en su mente.
Tenía que estudiar para el examen de mañana… pero por primera vez, su cabeza no estaba del todo en los libros.








