Pasé un cumpleaños sin ti
Desde que tiene memoria, Deku siempre había estado presente en su vida de una manera u otra. Siempre siguiéndole a todas partes, siempre tras de él diciéndole lo genial que era, siempre buscándolo, siempre llamándolo por ese tonto apodo...
Siempre orbitando a su alrededor.
Por añadidura, eso también quería decir que no había pasado un solo cumpleaños sin que el nerd estuviera pululando a su alrededor.
Aún en la escuela media, cada año lo sentía seguirlo de lejos, debatiéndose entre entregarle o no lo que seguramente era un regalo.
Sobra decir que el nerd jamás reunió el valor para entregarle dichos regalos. Pero el hecho de que el chico siguiera acordándose de su cumpleaños, y que tuviera la intención de entregarle un obsequio pese a lo mierda que era con él... Bueno, ahora que su orgullo no estaba metido en medio, podía decir que era algo que apreciaba bastante.
Pero, por primera vez, había pasado su cumpleaños sin el peliverde a su alrededor.
Y aunque en algún momento de su adolescencia hubiera pensado que ese hecho era el mejor regalo que podía recibir, ahora estaba consciente de que era lo peor que podría haberle pasado.
Lo más frustrante del caso, es que ni siquiera estaba seguro de si se sentía más triste o enojado por la situación.
Maldita mierda
Pateó su escritorio, arrojando todo lo que había encima, al suelo.
Sabía que casi era medianoche y que no debería estar haciendo tanto ruido, pero en este punto francamente no le importaba.
Tan solo podía mirar el desastre que había causado, mientras repasaba mentalmente los últimos días.
Si tan solo hubiera llegado a verlo...
Aún recuerda cuando despertó en el hospital después de la pelea con Shigaraki.
Recuerda que se levantó tan abruptamente, que la piel recién suturada de sus heridas, tiritó y le hizo sisear por el dolor. Pero aún sí, su primer pensamiento había sido ir a buscar a ese idiota y verificar que estuviera bien.
Pero sus estúpidos compañeros tuvieron que intervenir... Y para cuando finalmente le dieron la autorización para entrar a verlo, ya era tarde.
El peliverde ya no estaba por ningún lado.
Deku decidió dejarlo atrás con tan solo una maldita carta como explicación.
Una puta carta.
¡Como si fuera uno más de los extras!
No lo había visto desde la pelea, estando ambos heridos, y se va dejando una puta carta.
Dios, recuerda estar tan molesto, que ni siquiera se tomó la molestia de leer la maldita carta y solo la rompió en pedazos.
Si tan solo me hubiesen dejado entrar antes... podría haberle metido un poco de sentido común y evitar que se fuera.
Pero ya daba igual los “si hubiera”. Los días habían pasado sin compasión, y el estaba ahí, solo en su habitación, cansado como la mierda, y cayendo en cuenta de que ese día era su cumpleaños solo porque su maldito calendario se había caído de la pared cuando entró cerrando de un portazo.
20 de Abril
Con tanta cosa que tenían encima, ni sus amigos se habían percatado de la fecha. Lo cual francamente agradecía, no se creía haber sido capaz de soportar el día entero siendo conciente de su situación y de lidiar con los torpes intentos de animarlo de sus idiotas.
En cambio, con tan solo un par de horas para que acabe el día y sin nadie a su alrededor juzgando su reacción... todo fue algo más manejable.
Aún así, las horas no habían pasado tan rápido como hubiera querido, y terminó desesperándose, de ahí que ahora su escritorio pareciera víctima de un ataque nuclear.
Soltando un par de maldiciones más, empezó a recoger todo lo que había tirado.
Total, no creía poder dormir en lo absoluto con lo alterado que estaba.
Cuando terminó de colocar hasta el último lapicero en su lugar, notó que con su arrebato, la papelera al pie del escritorio se había caído también y por ende, también su contenido.
Que para rematar, era nada más y nada menos que los pedazos de la estúpida carta (que en un impulso había recogido).
Había tenido la tentación de tratar de rearmarla un vez su ira se disipó, pero como está claro, al final solo la había tirado nuevamente.
Sin embargo, la carta seguía llegando a él al parecer.
Igual que...
Negó con la cabeza antes de terminar ese pensamiento, y se impulsó a recojer los papeles para colocarlos nuevamente en la papelera, para que con suerte no volvieran a salir de ahí.
Mientras iba recogiendo, notó que por su sudor, muchas partes ya ni se entendían. Pero curiosamente, uno de los pedazos de la carta, aún conservaba perfectamente una palabra que, pese a la desordenada caligrafía del peliverde, se podía leer con claridad.
Kacchan.
Ese maldito apodo.... cómo lo extraño. Se permitió admitir para si mismo.
Tengo tantas cosas que decirte..
Miró la luna a través de su ventana, y se preguntó qué estaría haciendo el bastardo.
Por alguna razón, no podía parar de mirar la luna y es que se veía extrañamente brillante. Casi como el brillo que tenían esos ojos verdes cada que lo miraban...
Ya verás cuando te alcance Izuku.
Pensó antes de el pitido de su despertador indicara las 00:00 del día.
Supongo que ahí termina mi primer cumpleaños sin ti...
Con un suspiro cansado, guardó ese pequeño trozo de carta en el fondo de su cajón y decidió irse a dormir.
⌂⌂⌂⌂
Izuku se encontraba contemplando el cielo.
Hace días que había estado nublado y no había más que gris en el firmamento. Pero esa noche todo estaba despejado y la luna y las estrellas se veían claramente.
Tenía que ser hoy... ¿verdad?
- Feliz cumpleaños Kacchan - susurró al aire con una sonrisa melancólica, preguntándose cómo habría pasado el día su amigo de la infancia.
Ese año, al igual que el año anterior, el peliverde también tenía un regalo preparado.
De hecho lo tenía listo hace meses, antes de que todo eso pasara y se viera obligado a irse de UA... Antes de que fuera un peligro para Kacchan y los demás.
Pero el regalo estaba en la habitación de su casa (junto a muchos otros que jamás entregó), así que tampoco es como si pudiera ir a recogerlo.... Y mucho menos entregarlo.
No es que antes los hubiera entregado de todos modos, pero esperaba que ese año fuera diferente.
La relación que tenía con el rubio ciertamente había mejorado mucho, así que le hacía mucha ilusión que, llegado este día, hubiera haber podido compartir con Kacchan como en los viejos tiempos... O al menos tan solo entregarle su regalo con la certeza de que no se lo explotaría en la cara.
Pero ahora ni siquiera había visto a Katsuki en todo el día.
Le dejaba mal sabor de boca, pero tan solo bastaba con recordar lo herido que había terminado luego de recibir aquel ataque por él para que se le pasara.
Resignado a terminar así el día, desvío su mirada del cielo, y continuó con su patrulla.
Su sueño siempre había sido ser como All Might, así que nunca se imaginó que terminaría como vigilante. Pero eso era lo que ameritaba la situación, así que no haría las cosas diferentes.
Tenía que proteger a Kacchan y también a sus amigos. Así que si para ello debía quedarse lejos...que así fuera.
Con la luz de la luna como compañera, siguió rastreando a los criminales, y para cuando se dio cuenta, era casi media noche.
Buscó donde refugiarse para pasar la noche, y cuando estuvo en un lugar mas o menos seguro, se permitió observar nuevamente la luna.
Recuerda que alguna vez, cuando era niño y aún extrañaba mucho a su padre, su madre le decía que aunque dos personas estuvieran lejos, la luna era la misma para ambos, así que al mirarla, era una forma de estar conectados.
Era una memoria tan antigua, que se sorprendió un poco por recordarla. Pero, supuso que el hecho de que la luna se viera más brillante que de costumbre y de que extrañara a Kacchan, tenían mucho que ver.
- Kacchan... - susurró, el cansancio venciéndole poco a poco - ¿Será que también la estás viendo?








