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CEO'S PRINCESS <<NAMKOOKMIN>>

Sinopsis

Jimin nunca imaginó que trabajar para Jeon Namjoon significaría quedar atrapado entre el deseo de un padre y la obsesión de su hijo. &lt;<namkookmin>&gt; BOYPUSSY X BOYTITS - JIMIN BOTTOM BOYPUSSY &amp; BOYTITS/JUNGKOOK &amp; NAMJOON TOP - DIRTY TALK - INCEST0‼️ ! no recomiendo q se realicen ninguna d las conductas q se mostrarán aquí, se recomienda discreción. estas en todo tu derecho de que no te guste el boypussy asi que si esto no es de tu agrado t puedes retirar, SIN REPORTAR PORQUE HACER ESTO LLEVA MUCHÍSIMO TIEMPO, gracias.!! —CERIII</namkookmin>

Genero:
Erotica
Autor/a:
drippy
Estado:
Completa
Capítulos:
1
Rating
5.0 (1 reseña)
Clasificación por edades:
18+

Chapter


El edificio Jeon Industries se alzaba en el centro de Seúl como un monumento al poder. 

Cuarenta pisos de vidrio y acero, con una vista privilegiada de toda la ciudad. En el piso más alto, la oficina del CEO era un espacio de lujo: paredes de madera oscura, un escritorio de mármol negro del tamaño de una cama, y una ventana panorámica que mostraba el horizonte.

El suelo era de mármol blanco pulido y las cortinas de seda gris caían desde el techo hasta el suelo.

Jimin había trabajado allí durante dos años. 

Era el secretario personal del señor Jeon Namjoon, el hombre más poderoso del sector financiero, y también era el hombre más atractivo que había conocido. Alto, de hombros anchos, con una inteligencia que se notaba en cada palabra y una mirada que siempre parecía ver a través de ella. 

Namjoon tenía cuarenta y dos años, pero parecía más joven. Su cabello castaño estaba siempre impecable, su traje siempre perfecto y su voz era tan grave que podía hacer que cualquier mujer se estremeciera. 

Tenía las manos grandes, con dedos largos que Jimin imaginaba en su piel más veces de las que quería admitir.

Jimin sabía que Namjoon lo miraba. 

No era una mirada de jefe a empleado. 

Era algo más. 

Algo que Jimin fingía no notar, pero que disfrutaba en secreto. Las veces que él se inclinaba demasiado cerca para revisar un documento o cuando su mano rozaba la de el al pasar un café. 

Pequeños gestos que ninguno de los dos mencionaba. 

Jimin sentía el calor de su cuerpo cerca cuando él se inclinaba sobre su escritorio, y su perfume, algo amaderado y caro, le quedaba en la ropa durante horas.

Pero Jimin también sabía algo más. 

Sabía que Namjoon tenía un hijo. 

Y que ese hijo era un problema.

Jeon Jungkook de veintiséis años. Guapo, arrogante, y acostumbrado a conseguir todo lo que quería. 

Había estudiado en el extranjero, había viajado por medio mundo y ahora estaba de vuelta en Seúl sin un trabajo fijo y sin ganas de tenerlo. Su padre lo había puesto en la nómina de la empresa como "consultor", un título vacío para que no estuviera todo el día en casa haciendo nada. 

Jungkook tenía el mismo cuerpo ancho que su padre, pero más joven, más marcado. Sus brazos estaban llenos de tatuajes que asomaban por debajo de las mangas de sus camisas y su mandíbula era afilada como un cuchillo. Su sonrisa era peligrosa y sus ojos oscuros siempre parecían estar tramando algo.

Jimin lo había visto un par de veces en el edificio. 

Siempre con una sonrisa confiada, siempre mirándolo como si estuviera evaluando algo, y el había sentido un escalofrío cada vez, no de miedo, de algo más, de deseo, de curiosidad, de saber que ese chico podía destruirlo y que a el no le importaba.

Esa mañana, Jimin estaba en su escritorio organizando los documentos de la reunión de Namjoon. 

Llevaba un traje sastre gris claro, con una falda ajustada que llegaba justo arriba de las rodillas y una blusa blanca con un lazo en el cuello. 

La falda era tan ajustada que marcaba cada curva de sus caderas y su culo, y la blusa dejaba ver el borde de su sostén de encaje blanco cuando se inclinaba. 

Su cabello rubio estaba recogido en un moño bajo y sus labios estaban pintados de un rosa suave. Se veía profesional, elegante, y Namjoon no había podido dejar de mirarlo cuando había entrado a su oficina.

—Jimin, ¿puedes pasar en diez minutos? —había dicho Namjoon, con su voz grave, desde la puerta de su oficina.

—Por supuesto, señor Jeon.

Él había sonreído y había cerrado la puerta. 

Jimin sintió que el corazón se le aceleraba. 

La mirada de Namjoon había sido más intensa de lo normal, como si hubiera algo que quería decirle pero no se atrevía.

Pero antes de que pasaran diez minutos, la puerta del ascensor se abrió y Jungkook apareció.

Llevaba un traje negro sin corbata, con la camisa un poco desabrochada dejando ver el comienzo de sus tatuajes y la piel bronceada de su torso. Su cabello negro estaba despeinado, como si acabara de pasar los dedos por él y sus ojos oscuros lo encontraron de inmediato. 

Una sonrisa lenta y peligrosa se dibujó en su rostro.

—Jimin —dijo, como si estuviera saboreando su nombre, dejando que las sílabas rodaran por su lengua. —Qué bonito te ves hoy.

—Señorito Jeon —respondió manteniendo su tono profesional. —Su padre está en una reunión.

—Lo sé. Pero yo no he venido a ver a mi padre.

Jungkook caminó hacia su escritorio con pasos lentos, como un depredador que sabe que no tiene prisa. 

Se detuvo frente a el y apoyó una mano en el borde del escritorio, inclinándose. Su perfume, algo dulce y masculino, lo envolvió.

—He estado pensando en ti —dijo, su voz baja y ronca. —Desde la última vez que te vi, no he podido dejar de pensar en ti. En tu pelo, en tus ojos, en cómo te mueves cuando caminas.

—Eso es inapropiado —dijo Jimin, pero su voz no era firme; salía como un susurro, casi sin fuerzas.

—Lo sé, y me encanta.

Jungkook extendió una mano y tocó el lazo de su blusa, enredando sus dedos en la tela. 

Jimin contuvo la respiración. 

Su piel ardía donde él lo tocaba.

—He oído que eres el mejor secretario de mi padre —dijo. —El más eficiente, el más organizado, el más... hermoso, el más deseado.

—Señorito Jeon, por favor.

—Jungkook. Llámame Jungkook.

Se inclinó más cerca, hasta que su aliento rozó su oído, caliente y húmedo.

—Mi padre no te merece. Eres demasiado joven y demasiado hermoso. Demasiado para él. Eres para mí.

—Su padre es un hombre muy respetado.

—Mi padre es un viejo aburrido que no sabe lo que tiene delante. Que no sabe lo que se está perdiendo.

Jungkook retrocedió y lo miró fijamente. 

Sus ojos eran oscuros, intensos, como pozos sin fondo. Jimin sintió que el aire se le escapaba de los pulmones.

—Esta noche, después del trabajo —dijo Jungkook. —Te espero en el estacionamiento, vamos a cenar.

—No puedo.

—Puedes, solo tienes que decir que sí. Una palabra, una.

Jimin abrió la boca para negarse, pero las palabras no salieron. 

Jungkook sonrió como si ya supiera la respuesta. 

Caminó hacia la oficina de su padre, llamó a la puerta y entró sin esperar respuesta, dejando a Jimin temblando en su escritorio.

Esa noche, después de que todos se fueron, Jungkook estaba esperando en el estacionamiento. 

Apoyado contra su coche deportivo negro, con una sonrisa que decía "sabía que vendrías". 

Jimin no sabía por qué había bajado. 

Tal vez por curiosidad. 

Tal vez porque algo en el quería saber hasta dónde llegaría. 

Tal vez porque llevaba dos años deseando a su jefe y su hijo era la copia más joven y peligrosa.

—Sabía que vendrías —dijo Jungkook.

—No he venido por ti, he venido a decirte que esto no puede pasar.

—Claro que puede. —Él se acercó y le levantó la barbilla con un dedo, forzándolo a mirarlo. —Todo lo que quiero, lo consigo. Y te quiero a ti.

Jimin sintió que las piernas le temblaban. 

Jungkook lo besó, no fue un beso suave. Fue un beso con hambre, con dientes y lengua. 

Sus manos encontraron sus caderas y lo apretaron contra el coche, su cuerpo presionando contra el de él.

—No —dijo Jimin con voz débil.

—Sí.

Jungkook no lo soltó. 

Lo besó de nuevo y esta vez Jimin no se resistió, se dejó llevar. 

Porque era lo que había querido, aunque no quisiera admitirlo. Su lengua se encontró con la de él, y sus manos subieron por su pecho, aferrándose a su camisa.

—Mañana —dijo Jungkook contra sus labios, su voz ronca y entrecortada. —En la oficina de mi padre. Quiero hacerlo donde él trabaja. En su escritorio, en su silla. Donde él sueña con tenerte.

—¿Qué? No.

—Sí, y lo harás. Porque quieres, porque te excita y porque sabes que es lo que quieres.

Jimin sintió que el mundo se tambaleaba.

A la mañana siguiente, Jimin no podía concentrarse. 

Cada vez que Namjoon lo llamaba a su oficina, el sentía que el corazón se le salía del pecho. 

Jungkook lo había mirado desde la entrada varias veces, con una sonrisa que prometía cosas que no se atrevía a nombrar.

—Jimin, ¿estás bien? —preguntó Namjoon notando su nerviosismo.

—Sí, señor Jeon. Solo un poco cansado.

—Puedes irte temprano si quieres.

—No, estoy bien.

Namjoon lo miró con preocupación, pero no insistió. Si hubiera sabido lo que iba a pasar esa tarde, probablemente lo habría enviado a casa y lo habría puesto a salvo. 

Pero no sabía. 

Y Jimin no le dijo nada.

A las seis de la tarde, el edificio estaba vacío. 

Namjoon había salido a una reunión que duraría hasta tarde. 

Los otros empleados ya se habían ido. 

Solo quedaban Jungkook y Jimin.

Jungkook lo esperaba en la oficina de su padre, la puerta entreabierta.

—Entra —dijo, cuando el se asomó.

—Esto es una locura —susurró asustado Jimin.

—Lo sé, ven.

Jimin entró y cerró la puerta detrás de el. 

La oficina estaba a oscuras, solo iluminada por las luces de la ciudad a través de la ventana panorámica. 

Jungkook lo esperaba sentado en el escritorio de su padre, con las piernas abiertas y una sonrisa que no presagiaba nada bueno. 

Su camisa estaba completamente desabrochada, mostrando su torso tatuado y sus pantalones estaban ajustados marcando su erección.

—Quiero que te sientes aquí —dijo Jungkook, señalando el escritorio. —Como si fueras mi secretario. Como si estuvieras trabajando para mí.

Jimin obedeció. 

Se sentó en el borde del escritorio de Namjoon con las piernas colgando, su falda subiéndose ligeramente. 

Jungkook se colocó entre ellas y subió sus manos por sus muslos, despacio, sintiendo su piel a través de la tela.

—Sabes cuánto he pensado en esto —dijo, su voz un susurro. —En tenerte aquí. En la oficina de mi padre. En su escritorio. En su silla. En su espacio. Saber que él sueña con esto y que yo lo tengo.

—Espero que sepas lo que estás haciendo.

—Claro que lo sé, estoy tomando lo que es mío.

Jungkook deslizó sus manos por sus muslos hasta llegar al borde de su falda. La subió lentamente, dejando sus piernas completamente expuestas. 

Jimin estaba temblando, y no era de frío.

—Siempre te he querido, Jimin. Desde la primera vez que te vi. Desde que entraste por esa puerta con tu sonrisa y tu maldita falda ajustada. No podía pensar en otra cosa.

—Solo me quieres porque tu padre me quiere a mí.

—¿Y eso qué importa? Tú estás aquí conmigo, no con él. Tú me elegiste a mí.

Jungkook lo besó de nuevo, más intenso que antes. 

Su mano encontró su coño a través de la tela de su ropa interior y lo acarició lentamente, sintiendo cómo se humedecía.

—Ya estás mojado —dijo. —Eso significa que quieres, que siempre has querido.

—No...

—No mientas.

Jungkook bajó su ropa interior y metió dos dedos dentro de el. Jimin gimió y agarró sus hombros, sus dedos clavándose en su piel.

—Así —dijo Jungkook. —Así.

Movió sus dedos dentro de el, entrando y saliendo, mientras su pulgar presionaba su clítoris. 

Jimin sintió que el placer subía.

—Dime que te gusta —dijo Jungkook.

—Me gusta.

—Dime que quieres más.

—Quiero más.

—Dime que soy mejor que mi padre.

—Eres mejor.

Jungkook sonrió y retiró sus dedos. 

Lo puso en cuatro sobre el escritorio de mármol, el frío del mármol contra sus tetas a través de la blusa.

—Ahora te voy a follar —dijo. —Te voy a follar como mereces.

Se desabrochó el pantalón y su pene quedó libre, era grande y grueso.

Jungkook lo penetró de una vez, sin piedad. 

Jimin gimió y agarró el borde del escritorio.

—Mierda —gruñó Jungkook. —Estas tan apretado.

Comenzó a moverse dentro rápido y profundo. El escritorio se movía con cada embestida. Los documentos volaban por el aire.

—¿Te gusta que te folle en el escritorio de mi padre?— preguntó Jungkook.

—Sí.

—¿Te gusta saber que él nunca va a tenerte como yo?

—Sí, papi.

Jungkook le dio una nalgada que resonó en la oficina. 

Jimin gimió y apretó sus nalgas contra él.

—Eres mi puta —dijo Jungkook. —Mi puta.

—Tu puta.

Jungkook lo folló más fuerte, sus manos apretando sus caderas. 

Luego lo giró sin salirse, dejándolo boca arriba. Se inclinó y bajó su boca a sus tetas, desabrochando su blusa con una mano y apartando el sostén.

Sus tetas quedaron expuestas. 

Jungkook tomó uno en su boca y chupó con fuerza, su lengua rodeando el pezón mientras sus dedos pellizcaban el otro.

—Tus tetas —murmuró contra su piel. —He soñado con tus tetas.

—Chúpalas —dijo Jimin.

Jungkook las devoró. Pasó de una a otra, mordiendo suavemente, succionando con fuerza. Sus pezones quedaron rojos e hinchados.

—¿Te gusta? —preguntó.

—Sí, papi.

Jungkook bajó su boca por su vientre, dejando un rastro de besos. Llegó a su coño y lo abrió con sus manos. Su lengua encontró su clítoris y comenzó a lamerlo lentamente.

—¡Jungkook! —gritó Jimin.

—Dime.

—No pares.

Él no paró, su lengua entró y salió de su coño. Chupó sus labios hinchados. 

Metió dos dedos mientras lamía.

—Voy a venirme —dijo Jimin jadeando.

Jimin se vino con un grito, su cuerpo tembló violentamente.

Pero Jungkook no había terminado. 

Se levantó y lo colocó contra la ventana panorámica, su espalda presionó el vidrio frío mientras Jungkook lo penetraba de nuevo.

—Quiero que veas la ciudad —dijo. —Quiero que veas todo lo que mi padre posee y que sepas que tú eres mío.

Jimin miró las luces de la ciudad brillando abajo. Se sintió expuesto, vulnerable. Y eso lo excitó aún más.

—Soy tuyo —dijo.

—Dilo más fuerte.

—Soy tuyo, papi.

Jungkook lo folló contra la ventana, su ritmo rápido y profundo. 

Sus manos apretaban sus nalgas. 

Su boca mordía su cuello.

—Voy a venirme —dijo Jungkook.

—Dentro.

—¿Seguro?

—Sí, quiero sentirte.

Y él se vino dentro de Jimin, llenándolo. Jimin sintió el calor y se vino también.

Jungkook se salió y se arregló. 

Jimin se sentó en el escritorio, aún temblando.

—Eres mío ahora —dijo Jungkook—. No de mi padre. Mío.

—Solo ha sido una vez.

—Y van a ser muchas más.

Jimin estaba a punto de responder cuando la puerta de la oficina se abrió.

Namjoon estaba parado en el umbral, y su rostro era una máscara de incredulidad y rabia. Llevaba el traje impecable y sus manos estaban apretadas en puños. 

Sus ojos recorrieron la escena: la oficina desordenada, los documentos en el suelo, la ropa interior de Jimin en el mármol, su hijo con los pantalones aún desabrochados y la sonrisa en el rostro.

—¿Qué mierda está pasando aquí? —dijo. Su voz era como un trueno.

Jimin sintió que el mundo se derrumbaba. 

Saltó del escritorio, tratando de arreglarse la ropa y de cubrirse los pechos que aún estaban expuestos. 

Pero Namjoon ya lo había visto todo. 

La falda arrugada de Jimin, su blusa desabrochada, sus pezones rojos e hinchados, el rastro de sexo en el mármol.

—Papá —dijo Jungkook con calma.

—Cállate.

Namjoon dio un paso hacia ellos. 

Su puño golpeó el escritorio con tanta fuerza que los documentos volaron por el aire. El sonido resonó en toda la oficina.

—¿En mi oficina? —dijo, su voz temblorosa de rabia. —¿En mi maldito escritorio? ¿En mi puta oficina?

—Lo siento, señor Jeon —dijo Jimin. —Yo...

—Cállate tú también.

Namjoon lo miró con una mezcla de furia y dolor. Sus ojos brillaban con una intensidad que Jimin nunca había visto.

—Yo te quería, Jimin. Te he querido desde el día que empezaste a trabajar aquí. Cada maldito día. Te miraba y no podía pensar en otra cosa. Y mi hijo... —Señaló a Jungkook. —Este maldito niño caprichoso, siempre consigue lo que quiere. Se ha llevado lo que era mío.

—Papá, no es para tanto —dijo Jungkook, riéndose.

Namjoon le dio una bofetada que lo hizo tambalearse; Jungkook se llevó la mano a la mejilla, sorprendido.

—¡Cállate, maldito! —gritó Namjoon. —¡Eres un berrinchudo! ¡Siempre has sido un berrinchudo! Desde niño. Todo lo que querías, lo tenías. Y ahora esto. ¡A mi propio secretario! ¡En mi oficina!

—Yo no soy suyo, señor Jeon —dijo Jimin con voz firme.

—¿Ah, no? —Namjoon lo miró con ojos ardientes. —Entonces, ¿por qué estás aquí? ¿Por qué te has dejado hacer esto? ¿Por qué te has dejado follar en mi escritorio?

—Porque quería. —Las palabras salieron de su boca antes de que pudiera detenerlas. —Porque siempre he querido. A él. A usted. A los dos. Porque estoy harto de fingir.

El silencio fue absoluto.

Namjoon lo miró, y algo cambió en su mirada. 

La rabia se mezcló con otra cosa. 

Deseo.

—¿Querías? —preguntó con su voz más baja, más grave.

—Sí.

Namjoon dio un paso hacia el.

—Entonces dímelo a mí.

Jimin sintió que el aire se le escapaba. 

Jungkook se interpuso entre ellos.

—Oye, papá. El es mío.

—No es tuyo. No es de nadie. —Namjoon empujó a su hijo con una fuerza que lo hizo tropezar. —Si querías, ¿por qué no viniste a mí? ¿Por qué te acostaste con él?

—Porque usted es mi jefe.

—Y él es mi hijo. ¿Eso te parece mejor? ¿Follarte al hijo del jefe?

Jimin no respondió.

Namjoon lo agarró por el cuello y lo besó.

Fue un beso brutal, sin suavidad, como si estuviera reclamando lo que creía que era suyo. Su lengua entró en su boca sin permiso. Sus manos apretaron sus caderas.

Jungkook se quedó paralizado, mirando cómo su padre besaba a Jimin.

—¿Qué mierda haces, papá? —preguntó Jungkook. —¡El es mío!

—No es tuyo. —Namjoon soltó a Jimin y lo miró. —¿Quieres esto? ¿De verdad quieres esto?

Jimin miró a Namjoon. 

Luego a Jungkook. 

Ambos lo esperaban. 

Sus ojos ardían de deseo y rabia.

—Sí —dijo. —Quiero a los dos.

Namjoon lo empujó suavemente hacia el escritorio.

—Entonces muéstranos.

—Yo también quiero —dijo Jungkook.

—Siéntate y mira.

Jungkook se sentó en la silla de su padre y observó.

Namjoon levantó a Jimin para que se sentara sobre su escritorio otra vez. 

Le abrió las piernas y se arrodilló entre ellas.

—Él te ha chupado el coño —dijo Namjoon. —Pero no sabe cómo hacerlo.

—Namjoon...

—Cállate, voy a mostrarte cómo se hace.

Namjoon bajó la cabeza y metió la lengua en su coño. No fue como Jungkook. Fue lento, saboreando cada parte de el. Su lengua era experta, encontraba cada punto sensible.

Jimin puso los ojos en blanco gimiendo y agarró su cabello.

—Sí —susurró. —Sí.

—Dile que soy mejor que él —dijo Namjoon contra su coño.

—Eres mejor.

—Dile que yo te como mejor que él.

—Tú me comes mejor.

Jungkook se levantó de la silla.

—No voy a quedarme mirando mientras mi padre se come a mi chico.

—Tu chico —dijo Namjoon, levantando la cabeza. —¿Y desde cuándo es tuyo?

—Desde anoche.

—Anoche no es nada, yo lo he querido desde hace dos años.

—Dos años de mirarlo y no hacer nada. —Jungkook se rió. —Eso no es querer, eso es ser un cobarde.

Namjoon se levantó y se enfrentó a su hijo.

—¿Cobarde? ¿Me llamas cobarde?

—Te llamo lo que eres.

Jimin miró a los dos. 

Padre e hijo, enfrentados por el. 

Sintió una oleada de poder.

—Basta —dijo.

Ambos lo miraron.

—Basta —repitió. —No van a pelear por mí.

Jimin bajó del escritorio y caminó hacia ellos. Su cuerpo aún temblaba, pero su voz era firme.

—Si me quieren, van a compartir. Y si no quieren compartir, entonces no me tienen.

Namjoon y Jungkook se miraron.

—De acuerdo —dijo Namjoon.

—De acuerdo —dijo Jungkook.

Jimin sonrió.

—Bien. Ahora siéntense en el escritorio.

Ambos obedecieron.

—Quiero verlos juntos —dijo Jimin.

Namjoon y Jungkook se miraron. 

Namjoon suspiró rendido pero después se inclinó y besó a su hijo.

Fue un beso extraño, pero caliente.

Jimin los miró.

—Sigan —dijo.

Jungkook se arrodilló y bajó el pantalón de su padre. Tomó su pene en la boca.

Namjoon gimió y agarró su cabello.

—Así —dijo. —Así.

Jimin se acercó y se arrodilló detrás de Jungkook. Sus manos apretaron sus caderas. Luego los dos se turnaron para chuparle la verga al mayor.

Después, Namjoon tomó a Jimin por la cintura y lo levantó. 

Lo sentó en el escritorio.

—Ahora te voy a follar —dijo. —Y mi hijo va a mirar.

—No —dijo Jimin. —Los dos van a follarme.

Namjoon lo penetró desde adelante mientras Jungkook se colocaba detrás de el y metia sus dedos en su coño.

—Los dos —dijo Jimin. —Quiero sentir a los dos.

—No cabe —dijo Namjoon.

—Si cabe, quiero sentirlos.

Jungkook se colocó detrás de Jimin, su pene presionando su entrada. Namjoon se colocó igual detras de él alineando su verga en su vagina.

Lo penetraron al mismo tiempo.

Jimin gritó, era demasiado.

—Más —dijo. —Más.

Se movieron juntos, sincronizados. 

Jimin sintió que el placer lo envolvía.

—Voy a venirme —dijo y se vino. 

Ellos se vinieron también.

Cuando terminaron, Jimin estaba sentado en el escritorio con los dos a sus pies.

—Ahora —dijo Jimin.— Ustedes son míos.

—Siempre lo hemos sido —dijo Namjoon.

—Desde que te vimos —dijo Jungkook.

Jimin sonrió.

—Bien.

¡Cuéntale a drippy lo que piensas sobre este capítulo!
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Bien escrito

6

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Trama absorbente

3

Trama absorbente

Buenos personajes

5

Buenos personajes

Diálogos potentes

5

Diálogos potentes

author

Bye que rico cuando se besaron Nam y Jungkook JAJAJA 😍

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