Creciendo Entre Tus Manos
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Creciendo Entre Tus Manos

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Notas de historia

Un amor que comenzó desde niños sin darse cuenta hasta que la juventud los atrapó 

Sinopsis

En un mundo donde todo cambia con rapidez, hay lazos que nacen de la forma más simple: una mano extendida. Cuando tenían apenas cinco años, un inesperado cambio en las normas del Ministerio de Educación obligó a un pequeño niño a abandonar el salón donde había comenzado a sentirse feliz. De un día para otro fue separado de los compañeros con los que había aprendido a reír, y colocado en una clase distinta, con niños más pequeños. Mientras los demás continuaban con sus juegos, él lloraba en silencio, sintiéndose fuera de lugar. Pero ese día alguien lo vio. Una niña de sonrisa cálida y carácter brillante, conocida por llevarse bien con todos, decidió sentarse a su lado. No entendía completamente la razón de su tristeza, pero sí sabía algo importante: nadie debería sentirse solo. Desde entonces, lo protegió, lo defendió y lo acompañó. Con los años, aquella amistad inocente se convirtió en algo más profundo. Durante la adolescencia llegaron las dudas, los cambios, las distancias y los desafíos que la vida pone en el camino. Sin embargo, algo siempre permaneció igual: la forma en que se cuidaban el uno al otro. Porque, sin darse cuenta, ambos habían crecido... entre las manos del otro. Y cuando finalmente llegaron a la adultez, comprendieron que aquel pequeño gesto de infancia había sido el inicio de toda su historia.

Estado:
hace 3 meses
Capítulos:
7
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Clasificación por edades:
16+

Prólogo - Creciendo Entre Tus Manos

La lluvia siempre le había parecido triste.

No por el sonido. No por el cielo gris. Ni siquiera por las calles vacías que dejaba a su paso.

Sino porque, de alguna forma, la lluvia le recordaba a las personas que se sienten solas.

Aquella mañana el patio de la escuela estaba cubierto por pequeñas gotas que caían lentamente sobre el suelo. El ruido de los niños corriendo por los pasillos seguía siendo el mismo de siempre: risas, mochilas chocando entre sí, voces pequeñas llamándose unas a otras.

Pero entre todo ese ruido... había un niño que permanecía en silencio.

Estaba sentado cerca de la entrada del salón, abrazando su mochila contra el pecho como si fuera lo único que le quedaba. Sus ojos estaban rojos, aunque intentaba fingir que no estaba llorando.

Nadie parecía notarlo.

O quizá nadie entendía realmente lo que pasaba.

Porque para los demás solo había sido un cambio de salón. Un simple cambio de grado. Algo pequeño.

Pero para él no lo era.

Había pasado todo un año aprendiendo nombres, creando amistades y acostumbrándose a un lugar que apenas empezaba a sentirse como un hogar. Y de un momento a otro, por decisiones que ni siquiera comprendía, terminó separado de todos.

Ahora estaba ahí. En otro salón. Con otros niños. Con otras voces.

Completamente solo.

El pequeño bajó la mirada cuando sintió que las lágrimas querían salir otra vez. No quería llorar. Los niños no debían llorar. Eso era lo que siempre escuchaba de sus compañeros antiguos.

Así que simplemente permaneció quieto. En silencio. Esperando que el nudo en su pecho desapareciera.

Pero entonces una sombra apareció frente a él.

-¿Por qué estás solito?

La voz era suave. Curiosa. Cálida.

El niño levantó lentamente la cabeza.

Frente a él había una niña pequeña sosteniendo un paraguas casi más grande que ella. Tenía el cabello recogido en una cola alta que se movía ligeramente con el viento, calcetas azules hasta las rodillas y unos ojos llenos de vida.

No parecía incómoda. No parecía confundida.

Solo... preocupada.

Él apartó la mirada rápidamente.

-No pasa nada...

La niña hizo un pequeño puchero.

-Sí pasa.

Y sin pedir permiso, se sentó junto a él.

Así de simple.

Como si lo conociera de toda la vida.

Como si aquel lugar vacío a su lado siempre hubiera sido suyo.

-Mi mamá dice que cuando alguien está triste no hay que dejarlo solo.

El niño no respondió.

La lluvia continuaba cayendo detrás de ellos.

-¿Quieres que sea tu amiga?

Fue una pregunta inocente. Una pregunta pequeña.

Pero años después, ambos descubrirían que aquella pregunta había cambiado sus vidas por completo.

Porque desde ese día ella comenzó a protegerlo.

Lo esperaba antes de entrar a clases. Compartía sus colores. Lo defendía cuando otros niños se burlaban porque era callado. Le sonreía incluso en sus peores días.

Y él... Poco a poco empezó a sonreír también.

Sin darse cuenta, aquella niña luminosa comenzó a convertirse en el lugar seguro de un niño que había aprendido demasiado pronto lo que era sentirse fuera de lugar.

Claro que a los cinco años ninguno entendía lo que era el amor.

No sabían de promesas. No sabían de corazones rotos. No sabían de despedidas.

Solo sabían algo muy simple:

Que les gustaba estar juntos.

Y quizá eso era suficiente.

El tiempo pasó. Los años cambiaron sus voces. Sus sueños. Sus miedos.

Las pequeñas manos infantiles dejaron de ser pequeñas. Las conversaciones inocentes se transformaron en silencios llenos de sentimientos que ninguno sabía cómo explicar.

Porque crecer también duele.

Y amar a alguien mientras ambos intentan descubrir quiénes son... puede ser aterrador.

Hubo discusiones. Distancias. Momentos donde pensaron que quizá la vida los estaba llevando por caminos distintos.

Pero incluso entonces... Siempre terminaban encontrándose.

Como si el destino hubiera unido sus vidas desde aquella primera lluvia.

Como si una parte de ellos todavía siguiera siendo esos dos niños frente a una escuela.

Ella sosteniendo un paraguas. Él intentando no llorar.

Y tal vez el amor verdadero era exactamente eso.

Encontrar a alguien que te abrace incluso en las etapas más difíciles de tu vida. Alguien que crezca contigo. Alguien que aprenda tus silencios. Alguien que, sin darse cuenta, termine sosteniendo tu corazón entre sus manos.

Porque algunas historias de amor no comienzan con un beso.

Comienzan con un pequeño gesto de bondad.

Con una mano extendida. Con una sonrisa. Con alguien quedándose a tu lado cuando el resto del mundo sigue caminando.

Y esta historia...

Esta historia comenzó bajo la lluvia.

Con dos niños que aún no lo sabían, pero que pasarían toda una vida creciendo entre las manos del otro.

¡Cuéntale a Katherine Melgar lo que piensas sobre este capítulo!

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