🔥 ÚNICO 🔥
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Me encontraba en mi casa un día por la noche preparándome para dormir, en el silencio de mi habitación. Leía una historia muy interesante de mi BL favorito, acostado en mi cama suave muy cómodo con una manta de gatitos suavecita cubriéndome y una taza de té de manzanilla con leche y miel. Pero de repente escuché que frente a mí casa pasaba... él.
Hizo vibrar el cristal de mi ventana y todo a su paso con su motocicleta vieja, una Harley Davidson de último modelo. El puto ruido ensordecedor rompió mi calma y casi hace que tire mi té en la cama.
Jungkook es el típico chico presumido, que hace maniobras en su fastidiosa motocicleta con luces, tronando el motor como si quisiera que la cosa esa se elevara y no conforme con eso, grabádose para subirse a tiktok.
¿Y cómo lo conozco?
Fácil, mis amigos me muestran sus tontos videos. Por eso sé su nombre, pero no le conozco el rostro.
Decidí no hacerle caso y continuar con mi lectura tranquilamente, cuando de nuevo escuché el rugir de la moto acercándose y pasar como rayo McQueen.
<<Puta madre>>.
Pasó tan veloz con ese sonido tan violento que los oídos me zumbaron. Y así continuamente pasó otras ocho veces frente a mí casa... hasta que me cansé. Ese motoneto presumido, me colmó la paciencia.
Me levanté de mi cama de un salto, me puse la primera sudadera que encontré en mi closet. Era uno grande de color gris con orejas de conejo y me lo puse encima de mi pijama corto, dejando mis piernas al aire y me puse mis pantuflas. Bajé los escalones hecho una furia y muy decidido rumbo a la puerta de salida. Saqué mi teléfono del bolsillo para checar la hora, disponiéndome a esperar, por si volvía a pasar.
Estuve en la banqueta esperando como un zombie, ya que me había dado sueño. Pasaron diez minutos, luego veinte, yo seguía metido en mi teléfono viendo la hora y tratando de que no se me cerraran los párpados. Habían pasado ya veinticinco minutos y nada, si ese loco pasaba cada cinco.
A los treinta minutos el frío de la noche ya había calado más en mis piernas. Así que como todo estaba en silencio y sin pistas del motoneto, me rendí. Así que me encaminé hacia mi casa justo cuando lo escuché a lo lejos.
El rugido era inconfundible, era él.
En ese instante mi corazón se aceleró retumbando en mi pecho pero no de miedo, sino de adrenalina de ponerlo en su lugar de una vez por todas.
Solté el picaporte y regresé más decidido a la orilla de la banqueta a esperar a que estuviera más cerca de la zona. Ya estando ese loco a la vuelta de la esquina, bajé al asfalto y me planté en medio de la calle. Era una locura, lo sé, pero ya me tenía harto con su maldito ruido.
Cuando la moto dobló la esquina y yo pude visualizar que era él, estiré mis brazos hacia los lados bloqueando su paso. Pero entonces este baboso aceleró y yo me asusté. Cerré mis ojos con fuerza esperando el impacto que nunca llegó, solo escuché como la moto derrapaba casi enfrente de mí y se apagaba el ruidoso metal.
Abrí mis ojos lentamente con el corazón en la garganta. Y ahí estaba. Mirándome montado en su motocicleta. No sé quitó el casco, solo se subió la visera negra. Verlo así con la cabeza ladeada observándome, hizo que las piernas me temblaran ante su mirada penetrante cuando hace unos minutos se plantaban con valentía.
Me estaba mirando y yo solo alcanzaba ver sus ojos oscuros, fijos en mí. La intensidad que brillaba de ellos, logró que el aire se me esfumara de los pulmones obligándome a tragar saliva con dificultad.
El silencio que quedó en la calle después, era roto solo por el tictac del motor apagado y los latidos desenfrenados de mi corazón.
Juraría que también los podía oír.
Él no se movió y tampoco dijo nada de inmediato. Se mantuvo en su posición agarrando el manubrio con una sola mano y la otra posada en su pierna, devorándome de pies a cabeza con diversión y lujuria. Fue entonces que después de varios segundos, finalmente se quitó el casco revelando su rostro. Vaya que rostro tan perfecto. El viento no había revuelto tanto su cabello porque traía pañoleta, que le quedaba jodidamente ilegal. En sus labios se curvaba una sonrisa ladina, adornada con un aro de piercing sin saber el efecto que estaba causando en mí.
—Vaya... —su voz sonó ronca, rompiendo toda la tensión de mis pensamientos —Sabía que mis videos eran un éxito, pero jamás imaginé encontrarme fans tan dedicados en obtener mi atención y pedirme un autógrafo... de esta manera.
Yo abrí mi boca ofendido por la tarugada que había dicho. Bajé mis brazos y los crucé en mi pecho, intentando disimular mis nervios mostrando dignidad.
—¡Yo no soy tu fan, idiota! —solté queriendo sonar fuerte pero al final me traicionó—¡Llevas como diez vueltas pasando por aquí, irrumpiendo mi tranquilidad, necesito dormir y aparte el ruido es insoportable, no me dejas leer en paz! ¿Acaso no tienes otra calle en dónde presumir tu juguete de metal?
El hombre frente a mí, soltó una risa baja que hizo vibrar mi pecho. Bajó de la motocicleta colocando la pata para equilibrar su peso y el casco lo puso sobre el asiento y se recostó en ella despreocupado, inclinándose un poco al frente.
—¿Cómo diez vueltas? —me sonrió burlesco —No eres mi fan, pero bien que me estabas contando la rondas que doy ¿Eh? Eso me gusta.
—¡Estaba contando las malditas molestias, no a tí, estúpido! ¡No te creas tanto! —Reclamé, con mis mejillas ardiendo.
—Claro, así dicen —entonces se enderezó y comenzó a quitarse los guantes de cuero de sus manos jalando las puntas con los dientes, sin quitarme la mirada de encima. Luego me barrió con ella, deteniéndose en mis piernas y la subió hasta mi capucha —Debo admitir, que ese look que traes de conejito rabioso que se levantó de su camita cómoda... te queda increíblemente sexy, muy sexy. Deberías salir más seguido a protestar así, lindura. Pero solo si se trata de mí —dijo mordiendo su labio en dónde está el piercing.
El tipo dió un paso al frente y yo solté mis brazos tragando saliva y retrocedí un paso. Pude oler su perfume amaderado mezclado con el cuero de su chaqueta y la gasolina de su moto que todo junto me mareo un poco.
—¿Qué te parece si hacemos un trato, conejito hermoso? —. Susurró la propuesta mientras metía sus manos a los bolsillos de la chaqueta -Si no soportas el ruido del motor de la motocicleta, te invito a que la escuches desde arriba ¿Te parece dar una vuelta conmigo? —hizo un gesto con la cabeza —Sube, te prometo una aventura con mi Harley que te va a encantar.
Le sostení la mirada y él tenía esa sonrisa de que estaba acostumbrado a ganar, tan desafiante y hermosa a la vez. Con todas mis fuerzas y que no flaqueara mi voz en cualquier momento, le respondí.
—¡¿Subirme yo a esa cosa?! ¡Pero estás loco, si piensas que me subiré contigo! —le dije indignado —¡Primero muerto antes de subirme a eso! —señalé con mi barbilla —pedazo de presumido, insoportable, inflado de ego. Así fueras el último conductor en moto que exista en un apocalipsis zombie. No me subiré contigo, prefiero que me coman ellos.
Yo me quedé helado cuando lejos de ofender a ese tarado, parece que le dió gracia lo que le dije porque soltó una carcajada fuerte. Entonces se quitó la chaqueta y la guindó en el manubrio. Se fue acercando a mí con una seguridad que uff, no había puesto atención a su altura. ¡Dios! Era altísimo, pinta ruda y muy atractivo con esos mechones cayendo debajo de la pañoleta, esa playera sin mangas mostrando unos buenos brazos fuertes y llenos de tinta que me hicieron apretar las piernas.
—¿Ah, sí? Pues preferiría comerte yo, antes de dejarles ese encanto de cuerpecito que te cargas. Sigue diciéndome qué más soy, lindura. Me gustan esas palabrotas que salen de tu muy linda y apetecible boquita —me vio los labios directamente pasándose la lengua por los suyos —Quisiera saber que más pueden salir de ellos —me dijo con su voz ronca, poniéndome la piel de gallina.
—Estás loco...
Entonces comencé a retroceder con mi pecho subiendo y bajando al verlo acercarse conforme él daba los pasos hacia mí. Hasta que mi espalda chocó con la pared fría de un auto estacionado. Ahí fue mi fin. No tenía escapatoria.
<<¡Maldición!>>.
Él se me plantó enfrente. Apoyó una mano en el techo del auto y la otra a la altura de mi cintura sin tocarme. Se inclinó a centímetros de mi rostro sintiendo su aliento en mi boca y dejándome sin más palabras.
—Una cosa sí te voy a decir, lindura. Te acepto lo de presumido, lo de... ¿Insoportable? Mmm... Tal vez, solo cuando quiero, lo soy —susurró mirándome a los ojos, luego bajó la mirada un segundo a mis labios y se perdió un segundo en ellos, después los volvió a subir —Pero... ¿Inflado se ego? Eso sí que no, conejito. Si tuviste razones para salir así a mitad de la noche, el ego no es mío. ¿No crees? Tú me estás insultando, no yo, precioso.
Mi respiración se aceleró aritméticamente cuando la mano que estaba cerca de mi cintura, subió lentamente al borde de mi capucha acomodando un mechón de mi cabello para después rozar mi mejilla ruborizada y caliente con sus nudillos, lo que provocó que yo cerrará mis ojos disfrutando la sensación mientras me temblaba todo el cuerpo.
—Así qué... —continuó hablándome —¿Vas a seguir insultándome y fingir que no te muevo el piso? O ¿Vas a aceptar la vuelta conmigo en la moto?
El roce de sus dedos sobre mis labios, fue la gota que derramó el vaso. Abrí los ojos de golpe. El calor se apoderó de mi ser y mi orgullo pisoteado, trate de recuperarlo poniendo mis puños en su pecho para apartarlo y salir huyendo.
Lo empujé con todas mis fuerzas ¿El resultado? No logré moverlo más que dos centímetros, pero fue suficiente para pasarme por debajo de su brazo y salir corriendo.
—¡Vete por dónde llegaste imbécil! ¡Y jódete! —escupí con enfado—¡Déjame en paz!
Metí la mano en mi bolsillo del suéter para buscar mis llaves y abrir la puerta. Cuando logré entrar, quise cerrar la puerta de un portazo pero algo se interpuso, evitando que cerrara. Bajé la mirada y una bota estaba en el umbral.
—Espera, lindura, sí todavía no terminamos de platicar —me dijo empujando la puerta con su mano.
—¡Yo ya terminé contigo! ¡Así que lárgate! ¡Quita el puto pie de la puerta o juro que te reviento el jarrón que tengo a la mano en tu cabezota! —dije furioso, forcejeando con él, apoyando todo mi peso para que desistiera. Obvio era inútil, claro que era más fuerte que yo.
Juro que ya quería llorar.
Era una pelea ridícula entre el motoneto presumido y yo. Pero el menso soy yo, por haberle seguido el juego hasta pelear con las uñas. El muy mugroso se burlaba de mí detrás de la puerta. Lo podía escuchar. Y yo estaba perdiendo toda mi fortaleza.
De repente sentí que dejó de hacer fuerza. Me confíe y aflojé, pensando que se había rendido y se iría. Mi error. Qué tonto. La puerta se abrió de golpe y yo perdí el equilibrio, pero el papacito no me dejó caer, me atrapó por la cintura antes de tocar el piso.
Eso sí se lo agradezco.
Cuando menos me di cuenta yo estaba pegado a su pecho duro, quedamos así frente a frente jadeantes, yo por el esfuerzo y el enojo y él muy tranquilo y divertido viéndome sonriente como si hubiera ganado un premio.
—¡Pero qué crees que estás haciendo, estúpido! ¡Suéltame y sal de mi casa! —le dije dándole un puñetazo débil en su pecho y hombro.
—A ver, precioso. Métele freno a la moto —me dijo tomando mi muñeca con su mano para evitar que siguiera golpeándolo —¿Crees que soy un estúpido de verdad? Yo no vine a dar diez vueltas por esta calle a propósito, Jimin.
Cuando escuché mi nombre de sus labios, abrí los ojos lo más grande que pude, sintiendo como un escalofrío recorría mi columna.
—¿Q-qué d-dijiste...? —logré decir —¿Cómo... sabes mi nombre?
Él se inclinó a susurrarme a centímetros de mi oído, provocando que se me erizara la piel con su aliento.
—Sé perfectamente que vives aquí —me confesó con voz ronca —Y tu nombre lo sé por un amigo tuyo, también porque llevas semanas ignorándome por tus libros de historias, no te hagas. Sabes de mí. Y bueno, no tuve otra opción que hacer ruido para llamar tu atención que por lo visto... funcionó —me miró a los ojos —Te tengo aquí, en mis brazos.
Yo me quedé con la boca abierta por su confesión, jamás lo había imaginado, ni siquiera sé quien sea realmente porque solo lo he visto en sus videos y siempre con casco, pero está re guapo no lo puedo negar y tan caliente a la vez. Mi corazón estaba latiendo tan fuerte que seguro podía escucharlo.
¿Todo su teatrito había sido por mí?
Él pudo leer mi silencio y mi shock con una ternura que yo no pensé que podía tener. Entonces con todo incluído, reaccioné como pude y lo empujé para que me soltará.
—¡Eres un acosador de mierda! Yo no te conozco y vienes a mi casa para...
Pero él no me dejó terminar porque antes de seguirle gritando, me jaló de nuevo hacia él y por la fuerza que ejerció, provocó que la capucha se me bajara. Entonces enredó sus dedos en mi cabello y pegó sus labios con los míos.
Me besó.
Sus lindos labios delgados se adueñaron de los míos intensamente, cargados de toda la maldita adrenalina de nuestra pelea. Mi cuerpo hizo un cortocircuito. Sentí su mano firme en mi cintura pegándome más a su cuerpo. En medio de todo, sentí su flamante erección en mi vientre.
Por un momento me quedé ahí, estático. Sentí su lengua rozar mis labios y eso me desarmó por completo. Mi manos que antes estaban apoyadas en su pecho subieron detrás de su cuello y correspondí abriendo mi boca para darle acceso a mi cavidad.
Me dejé llevar.
Él se aferró a mi pequeña cintura y espalda con ambos brazos. Me cargó y yo enredé mis piernas en su cintura dónde deslizó sus manos a mis muslos. Cerró la puerta con su pie detrás de nosotros y caminó conmigo hacia el sillón de la sala sin soltar mis labios.
Cuando finalmente llegamos, se separó de mí, apenas unos milímetros rozando mi nariz.
—Me llamo, Jungkook, lindura —me dijo antes de atacar mis labios otra vez.
Se sentó conmigo quedando yo a horcajadas encima de él.
El calor en mi cuerpo se intensificó cuando sentí su mano colarse bajo mi suéter y mi pijama y acariciaba la piel de mi espalda. Me separé viéndolo a los ojos, nublado de deseo y respirando entrecortado.
—Folláme, Jungkook... Folláme —se me salió decir cómo una puta fácil, no podía más.
—Mi lindura, claro que sí, te dije que te iba a encantar mi rugido —murmuró ronroneando.
Entonces volvió a jalarme tomando mi nuca para devorarme la boca, luego me separó bruscamente para sacarme la ropa dejándome desnudo del torso.
Recorrió con sus ojos lujuriosos mi pecho deteniéndose en mis pezones rosados y erectos, levantó sus manos que estaban en mis piernas, para recorrer mis brazos hasta los hombros con una delicadeza que dolía. Luego las bajó y rozó mis bolitas provocándome un jadeó alto que me hizo echar la cabeza hacia atrás, anclándome a sus hombros para no caerme
—Jungkook~... por favor. Deja de jugar y termina por lo que viniste, te necesito ¡Ya! Mmhg~ —le dije entre gemidos cuando sentí que interactuaba con ellos.
Cuando terminé de decirle eso, me tomó por los cabellos escuchando una risa corta de su parte muy sensual y volvió a besarme. Bajó a mi cuello jalando de él, para descubrirlo más. Pasó a mis pezones con su lengua caliente, dónde jugó, chupó, mordió y tiró de ellos con sus dientes, excitándome demasiado.
Mis jadeos y gemidos se intensificaron escuchándose por toda la casa. Sentí su mano apretar mi nalga firme y con la otra, tentaba mi entrada sobre la tela. Yo no traía ropa interior.
—Delicia~ -gimió Jungkook.
Me acomodé mejor sobre su entrepierna dura que ya la podía sentir para después mover mis caderas. Sin embargo me tomó desprevenido y me giró dejando que mi espalda tocara el sillón posicionándose encima de mí y...
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Jungkook inició un recorrido de besos por su cuello hasta sus tetillas rojizas por lo maltratadas que ya estaban, continuó bajando por su abdomen dejando un rastro de humedad en la piel, llegó al elástico de su shorts pijama y lo retiró con cuidado, deslizando la tela con sus dientes recorriendo con sus manos sus piernas suaves y tersas hasta dejarlo completamente desnudo.
El pelinegro contempló su cuerpo en posición erguida mientras se desabrochaba el pantalón y lo bajaba junto con su boxer dejando a la vista del rubio, su prominente miembro erecto, grueso con la cabeza roja y brillante, sin apartar la vista de él.
—¿Te gusta?
Jimin asintió embelesado al verlo jadeando sorpresivo por el tamaño, pero no le importó. Lo quería sentir, estaba muy deseoso con solo verlo ahí húmedo por la perla brillosa de su esencia saliendo de su punta.
Se le había mojado el culo.
—Eres una belleza, Jimin —susurró Jungkook con deseo.
Se sacó la playera de un jalón llevándose consigo la pañoleta de su cabeza. Los mechones de su cabello cayeron en su frente de una manera tan sexy que lo hizo temblar de excitación.
Jungkook se inclinó y con su mano grande y rasposa ligeramente, tomó el bonito miembro erecto y rosado de Jimin que estaba perlado de presemen y lo acercó a sus labios. Comenzó con un lengüeteó lento estremeciando el cuerpo pequeño, para después succionar despacio y disfrutar su sabor. Jimin arqueó la espalda cuando sintió la pequeña mordida en la cabeza de su pene con un jadeo que salió desde el fondo de su garganta.
—Aaaah~
Abrió más las piernas instintivamente para dirigirlas sobre los hombros del pelinegro que le mamaba el trozo de carne sin compasión. Llevó su mano a su cabello negro presionando más hacia abajo con pequeñas embestidas para buscar su liberación.
Jungkook estaba disfrutando de los suaves gimoteos y jadeos del rubio que lo motivaban a mostrar su habilidad erótica, enredado su lengua, subiendo y bajando por toda su extensión con la ayuda de su mano que lo apretaba, intercalando con sus labios y lengua metiéndoselo hasta el fondo.
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—P-por... Favor... Jungkook... Jung... ¡Me voy a correr! ¡Oh por Dios! ¡Oooh por Dios!
El momento delicioso se instaló en su vientre sintiendo un hormigueo que le corrió hasta la punta de sus pies. Su cuerpo se tensó. Apretó las piernas y sus dedos para luego gritar su nombre rebotando el eco en la sala con su orgasmo. Jungkook tomó toda su esencia sin desperdiciar nada, recogiendo con su lengua todo por dónde escurría su elixir blanco y espeso.
—Mmm~... sabes delicioso, conejito. Como la puta gloria —Dijo limpiando con los dedos el líquido en sus labios.
—Cá...llate —habló Jimin entrecortado recuperando el aliento —. El conejo... eres tú.
Jungkook se enderezó con una sonrisa torcida y llevó dos dedos a la boca del rubio para humedecerlos. Jimin lamió y los mojó por completo, mirándolo a los ojos. La expresión de deseo que reflejaba en su rostro, lo hizo calentarse de nuevo mientras jugaba con su lengua entre ellos hasta llenarlos de saliva. Después de unos segundos, el pelinegro los sacó y se inclinó para besarlo al momento de introducir sus dedos en su entrada húmeda y caliente del chico bajo suyo.
Jimin mordió el labio del azabache cuando sintió rozar su punto de placer. Luego de soltarlo se retorció en el sillón, comenzando a gemir sin control. Jungkook se escondió en su cuello marcándolo con sus dientes y dejando chupetones en esa piel lechosa, añadiendo un tercer dedo.
El rubio se movía impulsando para buscar más de los dedos de Jungkook, que le brindaba una satisfacción sin preámbulos.
—Mmhg~ sí... así Jungkookie. Más por favor... quiero sentir tu pene dentro de mí... aahg~. Estoy listo. Por favor, mételo ya.
—Esta bien, lindura, pero quiero oírte gritar mi nombre. Quiero oírlo tan alto, más que el rugir de mi moto, precioso —susurró jadeante en su cuello lamiendo su sudor.
—¡Sí... ! ¡Si, si lo que quieras, pero mételo ya!... por favor...¡Mételo!— le dijo Jimin entrecortado y desesperado.
Jungkook sacó sus dedos con la mirada oscurecida ante la petición desesperante del rubio por sentirlo dentro y verlo contraerse por su ausencia. Entonces con la misma humedad de su lubricación, preparó su falo de arriba abajo y lo llevó a su entrada apretada, hundiéndose lentamente.
Jimin dobló su espalda hacia atrás gritando su nombre cuando la invasión llegó hasta el fondo. Clavó sus uñas en los brazos tatuados del pelinegro y apretó los dientes entre el dolor y la deliciosa sensación de estar lleno.
Jungkook comenzó con las embestidas suaves para que se acostumbrara a su tamaño humilde. Luego de ver cómo sus expresiones cambiaban por el placer que le brindaba, sonrió. Acelerando el ritmo generando un sonido obsceno del chapoteo de sus fluidos. Acto seguido, tomó sus piernas y las elevó juntas, penetrandolo más duro, perdiendo el juicio de sus sentidos. Escuchaba entre jadeos sensuales su nombre y eso lo incendiaba más. Desde arriba, veía a Jimin hecho un desastre en el sillón.
—¡Jungkook! ¡Así! ¡Así! ¡No pares! ¡más duro! Mmhg~ ¡Mierda! ¡Qué rica verga, puta madre! ¡Oh, sí!
—¡Mierda, lindura! ¡Que boquita tan sucia!
Jimin mordió un cojín de su sillón para no seguir gritando y lo escucharan los vecinos. El sudor caliente perlaba su frente, tenía las mejillas sonrojadas, los labios hinchados y rojos, el cabello desordenado, una mirada perdida llena de gozo hasta las lágrimas. Era una pieza de arte que Jungkook estaba admirando.
Él también estaba repleto de sudor, ardía cuando Jimin le apretaba el pene con cada espasmo embriagador de satisfacción. Sin embargo, salió de él sorprendiéndolo cuando lo alzó como si no pesara nada. Se sentó en el sillón y lo acomodó en su regazo a horcajadas. Tomó su miembro, lo alineó y de un sentón, clavarlo hasta el fondo, tocando su tesoro escondido.
Jimin gritó e incrustó sus uñas en sus hombros donde le sacó brotes de sangre. El escozor paso a segundo plano cuando empezó a mover sus caderas, sacándole siseos por la sensación bruta de lo apretado que se sentía.
—Ahora si, lindura, montáme como si yo fuera la moto. Muéstrame qué maniobras sabes hacer arriba de ella —le dijo Jungkook con lujuria dándole una nalgada que hizo retumbar la sala.
—Aah~
El chico comenzó dando pequeños saltos en intervalos con su meneo ritmico sobre la verga jugosa del pelinegro, al mismo tiempo que lo veía a los ojos. Con su boca hinchada se acercó para besarlo. Jungkook lo agarró de sus cabellos apretando el agarre y lo profundizó, introduciendo su lengua. Los húmedos órganos peleaban en una guerra de poder dejando escapar saliva por sus comisuras.
Jungkook dazlizo sus manos a las nalgas, embistiendo duro, tocando su tesoro que le avisaba con ese cosquilleo familiar de su segunda liberación. Jimin se separó violentamente de sus labios y gritó, manchando su torso con medio cuerpo hacia atrás donde el pelinegro lo sostuvo con una sonrisa satisfecha de conejo sin dejar de penetrarlo salvajemente desde abajo.
Ver a Jimin bañado en sudor, temblando con la piel chinita y agotado con la boca entre abierta, apretando su pene por su reciente orgasmo, lo ponía más caliente. Sujeto de nuevo su trasero, abrió y lo levanto para bajarlo bruscamente ayudándolo a llegar a su propio clímax. Jimin tenía la cabeza recargada en su hombro y las manos en su cintura, gimiendo ya sin fuerzas. Tenía los ojos entrecerrados de lo extasiado.
Cuando Jungkook sintió que se acercaba a su orgasmo, tomó a Jimin de la cintura y lo retiró de su regazo y lo puso en el suelo de rodillas.
—Levanta esa carita, lindura, y recibe toda mi leche en tu deliciosa boquita —le dijo el pelinegro levantando su mentón para que lo viera masturbándose.
Frotó su pene y su liberación salió después de poner la punta de su miembro en su boca que lo esperaba con la lengua de fuera. Descargó toda su esencia saliendo disparados hilos de líquido blanco que escurría por las comisuras y parte de su rostro.
—Mmm~ -saboreó, Jimin.
—Eso, lindura. Trágatelo todo —le decía Jungkook pasando sus dedos por dónde se había derramado su semen y lo llevaba a la boca de Jimin y este lamía sus dedos —Levántate.
Ordenó Jungkook y ayudó a Jimin a levantarse para después sentarse en el sillón de vuelta. Jimin se acurrucó en su pecho colocando una pierna sobre las suyas, respirando lento con los ojos cerrados siendo seguido por Jungkook que también cerraba los suyos mientras acariciaba su espalda con suavidad.
—Qué buen sexo nos aventamos —susurró Jungkook.
—Pues lo que tienes de presumido, lo tienes de bueno, tiktoker —respondió bajito Jimin mientras acariciaba el pene del pelinegro.
—Me dices presumido y bien que te encantó. Dime entonces ¿Por qué lo sigues tocando? yo no respondo con semejante monumento a mi lado. Así que atente a las consecuencias —dijo Jungkook tomando la mandíbula del rubio y depositarle un beso que duro segundos.
—Me haré responsable de mis actos, conejo —contestó Jimin sobre sus labios para volverlo a montar.
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Después de otras cinco rondas de sexo hambriento y salvaje
Los dos yacían en la cama del rubio, desnudos y agotados. Jimin se encontraba en el pecho de Jungkook respirando tranquilamente con los ojos cerrados y el pelinegro trazaba figuras imaginarias sobre su espalda.
—Mi conejito rabioso, te dije que te iba a encantar la velocidad, aunque no te advertí que haber salido así, era peligroso para mí. Pero ahora que ya que atropellé, me haré cargo de curar tus heridas.
Jimin abrió los ojos y levantó la cabeza para verlo directamente. Jungkook le guiñó un ojo y lo besó con ternura y cansancio.
—Espero y seas un médico muy paciente porque yo soy muy insoportable en la revisión. Así que de mi habitación no vas a salir, motoneto y presumido tiktoker con aires de médico —dijo Jimin subiéndose encima de él y besarlo. Después se acomodó en posición para dormir.
—Esa idea me encanta, lindura.
Y se quedaron ahí unidos en cuerpo y alma en dónde el rígido de la moto ya no haría falta, Jungkook había conseguido lo que quería, la atención de su rubio. Pero jamás imaginó que terminaría con final feliz.
Muy feliz.
¿FIN?
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Bueno esto fue HOOLIGAN.
Quiero decir que soy nueva en esto. Hice mi mayor esfuerzo por este capítulo. Mi mente me jugó de esta manera, aunque al principio era hetero. No sé si me pasé de detallista pero espero te haya gustado.
Si viste errores avisame. Soy nueva y estoy aprendiendo en puntuación sin embargo, aplicó lo que me han enseñado hacer y no sé si esté bien, creo yo que gran parte sí pero a veces fallo.
Estoy en Wattpad, mismo usuario. Está versión está un poco más editada. Allá tengo imágenes y la siguiente versión tendrá más.
Próximamente traeré HOOLIGAN 2.0.
Gracias por leer.