Capítulo I: Espresso Doble
Espresso Doble
Intenso. Directo. Para quienes no tienen tiempo de detenerse.
Juno hace un repaso rápido de su estación. La máquina de espresso, el molino, la balanza y el tamper descansan exactamente donde deben estar. No le gusta empezar el día buscando herramientas.
Se alisa el delantal negro, acomoda la gorra y empuja hacia un lado el mechón blanco que siempre termina cayéndole sobre el flequillo. Suspira apenas.
Mira a su compañera detrás de la caja. Ella responde con una leve inclinación de cabeza. No hacen falta palabras.
Entonces el jazz comienza a sonar por los parlantes, sabe que la función empieza. Cada mañana ocurre igual: el molino marca el compás, el vapor de la cafetera hace de percusión y las conversaciones de los clientes terminan completando la melodía. En Notas Altas, el café nunca es lo único que se sirve
Juno sonríe.
Es la señal.
Su compañera gira el cartel de la puerta.
CERRADO.
ABIERTO.
El día acaba de empezar.
Pasan solo unos segundos y las nubes de vapor de los primeros clientes desaparecen apenas entran a la cafetería. Es invierno y para Juno quien es cien por ciento team invierno, es su época preferida del año.
—Expresso doble, por favor —dice el primer cliente que llega a la barra.
—¡Claro! —exclama Juno.
Sonríe apenas mientras espera la extracción.
Treinta segundos.
Siempre tarda treinta segundos.
Le basta ese tiempo para volver a pensar en el hombre del espresso.
Siempre es el primer cliente en entrar a la cafetería, si hay mas personas esperando el letrero de abierto, como una carrera de cien metros planos se abre paso entre las demás personas para ser el primero.
Juno cree que quizá trabaja en un banco.
O en un hotel.
Tal vez ese gafete pertenece a un edificio público.
Nunca alcanza a leer el nombre.
—Aquí tiene —dice entregando el café en un vaso térmico. «Siempre muy apurado para disfrutarlo en una taza», piensa.
¿Azúcar o endulzante? —pregunta luego.
—Azúcar.
Juno asiente.
Siempre azúcar.
Siempre tres sobres.
Siempre devuelve uno.
Nunca falla.
El hombre toma su café, sus sobres de azucar y sale rapidamente de la cafeteria.
No sabe por qué, pero casi todos los clientes del espresso terminan pareciéndose
Por un segundo imagina como es la vida de aquel hombre, ¿estructurada hasta en los mas mínimos detalles?, ¿organizada?, se pregunta, al mismo tiempo que sus sentidos comienzan a sentir los primeros toques aromáticos del café que inundan el espacio de la cafetería, cierra los ojos por un momento para que el olor traspasase su cuerpo y llegue hasta al interior de su ser.
—¿Qué tal el domingo, Jun? —pregunta su compañera Amanda, mientras ordena algunas boletas de la caja registradora.
—Lili estuvo de visita. —Las hermanas menores son tiernas hasta que crecen —contesta Amanda sonriendo.
—Espresso doble, por favor —Interrumpe una clienta, la conversación. —Sí, claro —responde Juno, que reconoce la voz del día anterior; esta clienta es nueva en la cafetería. —Está fría la mañana —dice la mujer. —Mucho —responde Juno, mientras compacta el café. —No me gusta el frío; el frío duele —indica la mujer, mientras frota sus manos.
Al igual que el día anterior, la mujer se frota las manos, aunque la temperatura al interior de la cafetería es cálida. —No puedo comenzar mi día sin mi café —dice, mirando a Juno con una leve sonrisa. —¿Azúcar o endulzante? —pregunta Juno. —Azúcar, por favor —responde la mujer, mientras da media vuelta para mirar el reloj en la pared—. Gracias, linda, que tengas un excelente día —se despide la mujer, tomando un sorbo de su café antes de salir.
a Juno le queda dando vueltas en la mente aquella frase: «El frío duele». Quizás la cliente tuvo una mala experiencia o carga con un mal recuerdo
Esta casi segura que esta clienta es doctora o enfermera, zapatillas cómodas, uñas sin pintar, debajo de su abrigo cree ver un piyama quirúrgico. Saca un pequeña libreta y un lápiz de su delantal, escribe sin pensar mucho.
“El frio duele, los recuerdos tristes pueden salir de nuestros corazones y afectar nuestro cuerpo” ¿Enfermera tal vez?“.
—¿Sigues con las notas? —pregunta Amanda al observar a Juno escribiendo. —Siempre —responde sonriendo. —Me gustaría saber cuáles son mis notas —dice Amanda con curiosidad. —Miras al techo cada vez que estás cansada. ¿O buscas un sueño? —responde Juno. Amanda permanece en silencio, pensativa. Mira a su compañera sorprendida y vuelve a sus tareas
La mañana avanza con el café ,Juno acomoda una silla, una carta sobre la mesa, algunos muffins de la vitrina de acompañamientos dulces, el momento en que el café se acompaña con algo para comer ya llega piensa. Luego va al refrigerador y ordena algunas bebidas, fluye por la cafeteria como si fuera parte de ella.
Vuelve a su estación de trabajo. De manera casi inconsciente busca con la mirada la mesa junto a la ventana. Sigue vacía. Siente un extraño alivio. No entiende por qué.
Saca su libreta, busca una pagina y lee “Dos semanas misma mesa” .
—Espresso doble, por favor.
Se escucha la voz de una clienta.
Juno guarda su libreta.
—Claro —Responde.
La máquina de café comienza su meticuloso trabajo. Juno tensa los músculos de la mandíbula y aprieta los labios hasta casi hacerlos desaparecer.
Muele finamente. Compacta. Extrae. Sirve.
Pero esta vez lo hace en una taza.
—¿Azúcar o endulzante?
—Endulzante, gracias.
Juno ve a la clienta sentarse en la misma mesa de todos los días junto a la ventana, la observa sacar un notebook, dejar la taza a un costado, no pregunta la clave del wifi Juno supone que la tiene guardada. Luego la ve abrir la página de búsqueda de empleo, por un momento cree que no llegaría esta mañana.
Imagina que el café no lo toma por la prisa de la preparación, cree que es la ansiedad, un hábito de cuando trabajaba.
“Los hábitos transcienden incluso a los momentos” Escribe esta vez en su libreta.
—Yo repongo los pasteles —dice Juno al ver a su compañera atareada con las boletas en la caja.
La música hace una pausa. El jazz da paso al blues.
—Con azúcar —se oye a sus espaldas.
Juno no se mueve. Sigue concentrada en las bandejas.
—Con azúcar.
—¡Perdón! —exclama Juno, volteándose con curiosidad.
—Tres de azúcar. Espresso doble.
Juno clava los ojos en un hombre con su atención fija en su móvil, no mira la barra, no observa la cafetería, menos a ella, le parece extraño.
—Espresso doble con azúcar —vuelve a indicar el hombre.
—Eh... ok —alcanza a contestar Juno.
Mientras el molino ruge, gira sutilmente la cabeza para espiar al sujeto, pero este ya no esta atrás de ella. Juno completa el giro, provocando que su mechón blanco se desordene sobre su rostro, y descubre al hombre al final de la barra, pagando en la caja.
Se queda estática un segundo, observando al joven cliente, hasta que recuerda la bebida. Se vuelve con rapidez hacia la máquina de espresso. Busca el portafiltro, el tamper... todo le parece ubicarse donde necesita, pero por un segundo se olvida dónde está el café.
—Vaso—dice el joven, apareciendo de pronto frente a la barra. —Sí, sí, un momento —responde Juno, tratando de reconectar. El sonido del timbre del móvil del muchacho suena de menor a mayor. Él contesta: —Sí, un momento, ya voy, solo estoy esperando mi café.
El chico finaliza la llamada, ajusta la mochila encima de sus hombros y por primera vez observa de frente sobre la barra.
—Listo —solo atina a decir Juno al encontrarse con la mirada del joven. —El cubre vasos, por favor. —Claro, aquí tiene. El chico pone el cubre vasos, se da media vuelta y camina hacia la salida.
La música hace una nueva pausa. Suena una pieza instrumental cálida y suave. —Jun, Jun —dice Amanda, tronando los dedos al verla perdida.
Juno reacciona acomodándose su mechón blanco.
—¿Puedes estar un momento en la caja? Voy al baño y también se comunico el señor Carreño preguntando si alguien ha venido por el aviso de empleo. —Sí, claro. Yo, yo lo llamo luego.
Juno mira la salida de la cafetería, siente que algo no está bien, toca la libreta y el lápiz en el delantal y no sabe que puede escribir, no hay una idea, apunte o sentimiento que rescatar.
Se frustra por un momento.
Mueve los ojos de izquierda a derecha.
Y de pronto ve un cabello azul que pasa fugazmente por afuera de la cafetería.








