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Oh Torpe Tabatha

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Sinopsis

Tabatha Nate siempre había sido un desastre, perdia dinero, perdía las llaves, perdía a su gato, pero en la cúspide de su torpeza cayó en los brazos Dylan Crown, el jefe de una mafia conocida por sus malos rumores. Y ahora Tabatha le debe dinero. Oh Torpe Tabatha.

Genero:
Drama/Romance
Autor/a:
NekoNekoBlum
Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1. Pájaro fuera del nido

Suspire apoyándome en la pared del edificio residencial de aquel barrio, mi aliento acompañado de mi tan querido cigarrillo, no podía evitarlo, aunque el médico de la familia me dijera que debía dejar de fumar, pero ahora era inevitable, solo de mirar la cafetería enfrente de mí me ponía de mal humor.

Ahí sentada con su siempre cara de mal humor estaba la hija de la familia Crowley, la chica con quien mi familia había decidido casarme sin preguntarme nada, aunque claro debía agradecerles dejarme tener una reunión (cita la llamaba mi padre) con ella para congeniar bien, como si no la conociera desde que éramos bebés.

Una chica presumida, antipática y que siempre parecía estar chupando un limón con su entrecejo arrugado.

Si mi padre no me hubiera golpeado para jugar con ella jamás me hubiera acercado.

Ahora soy el único soltero de la familia y mi padre tuvo la gran idea de juntar a ambas familias en un matrimonio concertado para unir los territorios.

Por estas razones odio a veces ser de la familia.

Debí seguir una carrera como mis otros hermanos en vez de tratar de ser el nuevo jefe.

Exhale el humo del cigarrillo mirando hacia el cielo.

Ojalá encontrar una forma de esquivar este matrimonio, quizás casarme con alguien más.

No, ninguna chica se casaría con un mafioso lleno de tatuajes y a tan poco tiempo de conocerme.

Aunque si ofreciera dinero…

Un sonido metálico seguido de un grito agudo de mujer me sacó de mis pensamientos, me alejé de la pared y miré hacia los departamentos encima de mí, una chica con patines colgaba de uno de los balcones del segundo piso, pude ver como al momento siguiente sus manos se soltaban del barandal y caía, mi cuerpo se movió por inercia y a uno segundos pude atraparla en mis brazos, no sin llevarme un dolor agudo en los músculos de los hombros.

Ambos respiramos agitadamente luego de aquella experiencia casi cercana a la muerte, si hubiera fallado en algún movimiento me hubiera roto los brazos y ella el cuello al chocar contra el suelo.

Gire mi mirada hacia ella que se aferraba a mi camisa de vestir negra, tenía el pelo revuelto suelto y ondulado, parecía que no se hubiera dado un cepillado en días, una camisa de manga corta con varias manchas qué no deseaba saber de qué eran, pantalones de invierno qué solo había visto usar a las mujeres mayores del barrio y unos horrendos patines de cuatro ruedas de color azul que parecían haber pasado días mejores.

Era la peor apariencia que había visto en una mujer en toda mi vida, con la más extraña expresión que oscilaba entre no ponerse de acuerdo sobre si llorar u orinarse encima.

Ojalá sea la primera.

—¿Estás bien? - ella asintió con fuerza aun aferrándose a mi - ¿debo regresarte a tu nido?

Cerré la boca de golpe sin saber de dónde rayos había venido esa broma, quizás fuera aquella apariencia ridícula que tenía ese pajarito caído del cielo o quizás la experiencia cercan a la muerte, mire el cielo ya arrepintiéndome de mis acciones. Una risa se escucho y el cuerpo de la chica se sacudió en pequeños temblores, su mano en su boca intentando callar la risa, aunque fallando de la peor manera.

Sorbio por la nariz intentando calmarse.

—No es gracioso. -su tono era mas serio pero sus labios seguían torciéndose aun cuando los mordía- No soy un pájaro, ahora ¿puedes bajarme por favor?

Regañado baje sus piernas con cuidado, se aferro a mis brazos hasta que pudo mantener el equilibrio, pero al dar un paso su agarre en mi camisa se volvió más fuerte, su expresión repentinamente seria sin moverse un milímetro.

—Sabes patinar ¿verdad? -pregunte luego de varios segundos de ella arrugando mi ropa.

Sus mejillas se sonrojaron, aunque era un tono a penas imperceptible que solo notaba por tener su rostro tan cerca luego de tener que agacharme para evitar que la tela de mi camisa cediera a su agarre. La chica me miro pidiéndome disculpas.

—Solo estaba probando los patines, pero no, no tengo ni idea y menos equilibrio.

Su mano se soltó de mi camisa, pero no se separe, lentamente fue bajando usándome de apoyo mientras se sentaba en el suelo, se sacó rápidamente los patines quedando descalza en el caliente pavimento si sus saltos y siseos podían decirme algo.

Varias personas se habían acercado al ver el incidente, muchos parecían conocerla ya que le preguntaban si estaba bien y un anciano le dio un ligero golpe en la cabeza por su imprudencia. Mire hacia arriba donde recordaba estaba ella colgando, dos orejas se asomaron por la parte baja del barandal.

¿Un gato?

Volví a mirar a la chica de los patines cuando esta recibía unas zapatillas de una vendedora que también la regañaba, ¿tan conocida era en este barrio? Ella volvió hacia mi intentando disculparse mientras agachaba la cabeza una y otra vez.

—Solo tengo curiosidad sobre como alguien puede caer del cielo en patines, quizás compre la lotería, no es algo que me pase todos los días.

Ella cerro los ojos avergonzada, entrecerré los ojos cuando noté un leve rubor en sus mejillas, era muy pálida pero aun así no parecía sonrojarse con facilidad o quizás nunca. Su de dedo agarro un mecho suelto que caía frente a su rostro y lo enredaba nerviosamente.

—En serio lo siento, compre unos patines nuevos, los intente probar y resbale luego de chocar con uno de los juguetes de mi gato -su voz avanzaba muy rápido en su explicación- entonces rodé y rodé, mi estomago choco con el barandal, mi cuerpo se dio la vuelta, intente sujetarme del barandal, pero nunca he tenido mucha fuerza para las cosas físicas, así que acabe cayendo.

Me miro con sus grandes ojos oscuros, como un cachorro pidiendo golosinas, tuve que desviar la mirada.

Pase mi mano por mi cara suspirando.

—Los patines no se deben usar en los balcones. -comencé a regañarla con una mirada seria que la hacía ver más pequeña- Si no hubiera estado aquí pudiste haberte roto el cuello.

Me crucé de brazos arremangando mi camisa sin notar la expresión de asombro y miedo de la gente a mi alrededor, seguí regañándola sobre los peligros de los balcones, la falta de seguridad al no usar casco y protectores y muchas otras cosas. No era algo extraño para mi al tener que regañar a los delincuentes idiotas que tengo de trabajadores.

Ella seguía disculpándose en cada pausa que daba, agachaba la cabeza y mantenía los patines contra su pecho, los vecinos la miraban con pena y una señora hablaba por teléfono viéndonos nerviosa.

Varios minutos después llego la policía.

—Disculpe señor, pero tenemos que pedirle que nos acompañe a la comisaria.

Mire confundido al oficial, la chica también se veía confundida, el hombre de uniforme por otro lado parecía presumido mirando mis tatuajes en los brazos, mierda, genial me tenía que tocar otro oficial con aires de grandeza, baje mis mangas intentando parecer pacifico, no quería meterme en problemas en territorio ajeno.

—Es un malentendido oficial, no estoy buscando problemas, esta chica se cayó y quise ayudarla…

El hombre resoplo con gracia.

—Si claro, eso dicen todos los de tu tipo -mi ojo tembló ante sus palabras- puedes decir todas las excusas que quieras en comisaría.

Señalo a la chica de los patines.

—Tú también vienes niña, deveras declarar también como sospechosa.

El alboroto comenzó ahí cuando todo el publico escucho eso, los reclamos y gritos no se hicieron esperar por los vecinos diciendo que ella no tenia que ir a ningún lado, empujaban al oficial cuando este tomo de la muñeca a la chica.

Hubo muchos gritos y de algún modo también me metí en el alboroto tratando de sacar a la chica de los empujones, ella se alarmo y blandió los patines haciendo que yo los tuviera que esquivar.

El oficial cayo al suelo cuando recibió el golpe de los patines.

______________________________________________________________________

—¿Nombre?

Suspire pasándome la bolsa de hielo por la cara, no esperaba también recibir un golpe cuando los patines rebotaron de la cara del oficial.

—Dylan Crown, señor.

El oficial frunció el ceño cuando escucho mi nombre, seguramente esta mirando todo mi historial delictivo, claro, no se fija en las fechas de esos casos que son de mi época rebelde a los 15 años.

No fue mi mejor época.

Mire de reojo a la chica de los patines sentada con la cabeza gacha frente a la oficial mujer que le pedía los datos.

—Tabatha Nathe. -comenzó a leer la oficial- Disturbio, agresión a un oficial…

La chica Tabatha trato de corregirle, pero la oficial solo la ignoro.

—Resistencia a un arresto y se sospecha de conexión de pandillas -la mujer se cruzó de brazos dándole una mirada dura y presumida, tomo un esmalte de uñas rojo sangre y lo desenrosco- ¿me falta algo que mencionar?

La chica negó, parecía marchita ahí sentada sin decir una palabra, algo triste si no fuera porque podía ver claramente como chasqueaba la lengua mirando con fastidio a la oficial a través del flequillo. No pude evitar reírme haciendo que el hombre frente a mí se pusiera más rígido.

Ah, es verdad, yo también tengo los mismos cargos.

—La fianza será de unos cinco mil dólares o unos días en la celda si no puede pagar por lo menos hasta que termine la investigación -la sonrisa presumida del oficial casi me hace chasquear la lengua también- puede pagar ahora o usar el teléfono para que alguien pague por usted.

Sonreí calmadamente, no valía la pena meterme en problemas por golpear a un policía, aunque los puños me picaran.

—Que amable de su parte, si me disculpa llamare a un amigo.

Me levante con algo de brusquedad sin poder evitarlo, la silla chirrió llamando la atención de algunos a mi alrededor y haciendo que por un instante el oficial se sobresaltara.

Cobarde.

Metí mis manos en mis bolsillos, trate de ignorar como algunos oficiales movían sus manos nerviosos a sus armas, cerca de la puerta estaban los teléfonos, unos malditos teléfonos públicos por los que debería pagar, malditos policías corruptos, los tres ocupados por otras personas, una de ellas siendo Tabatha Nathe, la loca de los patines.

—Si señora Black, lo siento mucho… No, no estaré muchos días aquí, a lo mucho uno o dos días, ya sabe como es el procedimiento… -me miro pidiéndome disculpas mientras volvía a su conversación- Sí, se lo pagare cuando pueda, adiós.

Pude oírla suspirar mientras dejaba el teléfono, agacho la cabeza al saludarme y se marcho de vuelta al escritorio de aquella oficial que se pintaba as uñas de forma despreocupada.

Se sentó con fuerza en la silla de plástico, el ruido hizo que la oficial se machara el dedo con el esmalte, por un instante vi como ella rio maliciosamente, pero rápidamente cambio su expresión a una neutral.

La vi negar con la cabeza antes de poner las monedas en la estúpida máquina, marqué los números y del otro lado me respondió una voz cansada.

A Cathe no le iba a gustar lo que le tenia que decir y menos estando a final de mes.

_______________________________________________________________________

Como el pago estaba confirmado y solo faltaba que llegara (casualmente los pagos por internet estaban bloqueados, los muy malditos) me permitieron esperar en el pasillo en otra silla de plástico dura, junto a mi había dos jóvenes oficiales con faldas muy cortas que hablaban mientras tomaban un café, una de ellas señalo detrás de mi mientras hablaba con la otra en un volumen para nada disimulado.

—Esa chica, es la quinta vez que la veo aquí, mi madre la conoce del barrio. -sonreía de forma arrogante- Con suerte tiene dinero para pagar su renta, pero se la pasa en casinos gastando lo poco que tiene, que vergüenza.

Las dos chicas se reían como colegialas, giré mi cabeza y vi a Tabatha siendo llevada hacia las celdas, fruncí el ceño, había pensado que había llamado para pedir dinero. Volví a analizar la conversación en el teléfono, claro, ella había hablado sobre quedarse unos días.

¿No tenía para pagar la fianza?

—¡Señor Crown! -gire mi vista hacia le entrada al reconocer la voz aguda y sin aliento de mi asistente- ¡¿Otra vez?!

Fruncí el ceño mientras me levantaba, Cathe sonaba como si esta no fuera la primera vez que acababa en una comisaría.

Por lo menos en este mes.

Mi pobre asistente se apoyaba en sus rodillas sosteniendo con fuerza el maletín con el dinero de mi fianza o eso esperaba que fuera, este hombre pasaba la mayor parte del tiempo en su escritorio así que su estado físico era deplorable, incluso el Pomerania de mi madre lo arrastraba cuando lo sacaban de paseo.

—¡¿Como se mete en tantos problemas señor?! ¡Se supone que hoy solo iba a encontrarse con la hija de los Crowley!

Sus regaños como siempre me daban migraña, ni siquiera había bebido una sola gota de alcohol, pero ya sentía que había pasado toda la noche bebiendo. Le quite importancia mientras lo empujaba hacia la ventanilla para que pagara, de algún modo esta estúpida comisaria incluso pedía IVA por el pago.

El tono de Cathe cambio rápidamente al de negocios mientras hacia todos los trámites para sacarme de aquí, siempre me sorprendía su cambio rápido de expresión, hasta parecía que sus ojeras desaparecían cuando negociaba. Por desgracia a la salida siguió regañándome.

—Tuve que cambiar su cita con la señorita Crowley.

Hice una mueca ante la mención de ella, quería rogar a Cathe que no me hiciera volver a verla más allá de la reunión de los territorios del este, pero sabía que era imposible.

—La familia estaba muy enojada porque falto a la cita, tuve que prometer que no faltaría esta vez, dijeron que le cortarían un dedo si volvía a faltar!

Lo pensé un instante mientras seguía a Cathe al auto, no recordaba a Albert Crowley siendo tan sádico, según recordaba era el anciano que me daba dulces y me quería como un hijo.

—No creo que el amigo del viejo vaya a mutilar al hijo de su amigo -sonreí sabiendo que no me haría nada.

—Fue su padre señor, quien hizo la amenaza.

Si, eso tenia mas sentido, a diferencia del señor Crowley el viejo de mi padre si cumpliría una amenaza como esa.

—Entonces dile que no sea mi meñique derecho, lo uso para insultar.

Cathe solo suspiro cansado ante mis bromas sin chiste, el pobre ya parecía tener algunas canas, aunque no eran solo mi culpa, toda mi familia contaba malos chistes.

—Señor, se lo ruego, no puede faltar a la cita con la señorita Crowley, sea que le corten un dedo o no, esta unión es importante y lo sabe.

Mire con fastidio por la ventana, recién me había sentado en el coche y ya me estaba hablando de ese horrible compromiso, sabía muy bien que, aunque me negara me casarían a la fuerza o me quitarían del puesto de jefe, pero solo recordar lo odiosa que es Alice Crowley me daban ganas de cortarme yo mismo el dedo, incluso ofrecería mi favorito.

Mire la comisaria por ultima vez antes de que arrancara el auto, una idea loca paso por mi cabeza.

—Oye Cathe -llame su atención antes de que saliéramos del estacionamiento- ¿Cuánto dinero llevas encima?

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