EL PRIMER ENCUENTRO
Hay personas que llegan a tu vida sin hacer ruido... y terminan convirtiéndose en el recuerdo más fuerte.
Capítulo 1 — El primer encuentro
A finales de la pandemia, el mundo todavía parecía estar aprendiendo a volver a la normalidad.
Los cubrebocas seguían formando parte de los días y salir de casa no era algo que ella pudiera hacer con facilidad.
Emma estaba en segundo de secundaria.
Era introvertida. No le gustaba llamar demasiado la atención y tampoco era de las personas que hablaban con cualquiera como si lo conocieran de toda la vida.
Pero aquel día fue diferente.
Valentina, una amiga de entonces, había conseguido permiso para que pudiera salir.
Y así terminó en las canchas.
Ahí estaba Liam, un chico que Emma ya conocía.
Estaba jugando básquet con su primo.
Adrián.
Emma todavía no sabía que eran primos.
Solo vio a un chico alto, chino, güero y muy atractivo para ella.
Él era completamente diferente.
Extrovertido.
Juguetón.
Seguro de sí mismo.
Ella llevaba cubrebocas y, en algún momento, Adrián quiso verle la cara.
—Quiero ver tu cara.
Emma no supo qué responder.
Pero empezó a tener confianza.
Jugaron juntos.
Cuando ella se preocupaba por no hacer algo bien, Adrián la incluía en su equipo.
—No te preocupes. Yo lo hago.
Ella sonreía.
No sabía que algún día recordaría aquellas palabras.
Tampoco sabía que ese chico iba a convertirse en una de las personas que más marcarían una etapa de su vida.
Ese mismo día ocurrió algo que complicaría las cosas.
Valentina dijo que Adrián le gustaba.
Emma sintió algo extraño.
Porque él también había comenzado a gustarle.
Pero no dijo nada.
Decidió guardar silencio.
Además, Adrián tenía novia.
Y aunque todavía no entendía qué significaba todo aquello, una parte de ella sabía que debía tener cuidado.
Aun así, quiso conseguir su número.
No tenía celular, así que una amiga la ayudó.
Adrián estaba a punto de irse.
Emma pensó que ya no alcanzarían a detenerlo.
—No lo vamos a alcanzar...
Pero él regresó.
Y aquella vuelta terminó convirtiéndose en una oportunidad.
Su amiga se acercó a pedirle el número sin decirle que era para Emma.
Ella se sentó y miró hacia otro lado, fingiendo que aquello no tenía nada que ver con ella.
Cuando Adrián también se sentó, los dos se miraron.
Se rieron.
Y poco después ella le escribió:
—Soy Emma.
Desde entonces comenzaron a hablar todos los días.
Sin darse cuenta, habían empezado una historia que ninguno de los dos sabía cómo llamar.








