Chapter
El sonido de la llave en la cerradura le dio a Taehyung la primera señal de que algo andaba mal.
Eran apenas las siete y media y Jimin no solía llegar antes de las nueve.
El segundo aviso fue el silencio.
Jimin siempre entraba cantando alguna canción o gritando su nombre desde la puerta, esta vez solo se escucharon pasos arrastrados y un sollozo.
Taehyung dejó el libro sobre la mesa y se levantó del sofá justo a tiempo para ver a Jimin aparecer en el pasillo, el delineador negro le corría por las mejillas y su labio inferior temblaba sin control; no dijo nada, no hacía falta. Taehyung conocía esa cara.
—Me dejó —susurró Jimin antes de quebrarse por completo.
Taehyung lo envolvió en un abrazo.
Jimin se desmoronó contra su pecho,sus hombros sacudiéndose con cada sollozo, el aroma a vainilla de su perfume se mezclaba con el olor a lluvia que traía en el pelo.
Taehyung lo sostuvo sin preguntar, acariciándole la espalda en círculos lentos; llevaban viviendo juntos tres años y había aprendido que Jimin necesitaba llorar todo lo que tenía guardado antes de poder hablar.
—Ya, ya —murmuró contra su pelo. —Estoy aquí.
No supo cuánto tiempo estuvieron así; lo suficiente para que su camiseta quedara manchada de rímel y lágrimas.
Cuando los sollozos empezaron a calmarse, Taehyung lo guió hasta el sofá y lo arropó con la manta de cuadros que siempre tenían doblada en el respaldo.
—¿Quieres contarme qué pasó? —preguntó mientras le apartaba el pelo húmedo de la cara.
Jimin negó con la cabeza, apretando los ojos. Respiró hondo varias veces antes de poder hablar.
—Dijo que ya no siente lo mismo, así de simple. Dos años y medio y ya no siente lo mismo, como si fuera un maldito yogurt con fecha de vencimiento.
—Es un imbécil.
—Lo sé.
—Un imbécil que no te merece.
—También lo sé.
—¿Y entonces por qué duele tanto?
Jimin alzó la mirada, sus ojos hinchados se encontraron con los de Taehyung y la respuesta flotó entre ellos sin necesidad de palabras.
Porque duele.
Siempre duele.
Por más que sepas que alguien no te conviene, el rechazo te golpea.
Taehyung le secó las mejillas con los pulgares y le dio un beso en la frente, luego sacó el teléfono y escribió un mensaje rápido. Jimin ni siquiera preguntó a quién, ya sabía la respuesta.
Veinte minutos después, el timbre sonó.
Jungkook entró como entraba siempre: como si la casa fuera suya. Traía una bolsa del supermercado en cada mano y una sonrisa que se le borró en cuanto vio a Jimin hecho un ovillo en el sofá.
—Ay, no —dejó las bolsas en la mesita y se arrodilló frente a él. —¿Ese hijo de puta te hizo llorar?
La forma en que lo dijo, con una mezcla de rabia genuina y ternura, hizo que Jimin soltara una risa aguada. Era la primera en toda la noche.
—Me dejó.
—Te hizo un favor —sentenció Jungkook, y le revolvió el pelo con esa confianza que solo tienen los amigos de verdad. —Pero bueno, ya habrá tiempo para celebrarlo. Ahora toca fase uno: helado y películas de terror.
—¿De terror? —Jimin arrugó la nariz.
—Claro, porque los sustos te hacen olvidar que estás triste y porque ver gente pasándolo peor que tú siempre ayuda. ¿Alguna vez te ha perseguido un psicópata con motosierra? ¿No? Pues ya ves, podría ser peor.
Taehyung soltó una carcajada desde la cocina, donde ya estaba sacando los botes de helado.
Chocolate con brownie para Jimin, vainilla con caramelo para él, y el de fresa para Jungkook.
Lo tenían tan mecanizado que ni siquiera preguntaban.
La noche empezó con el ritual de siempre: mantas repartidas, luces apagadas, la pantalla del televisor iluminando sus caras.
Jungkook se sentó en el medio del sofá, con Jimin a su derecha y Taehyung a su izquierda. Era su disposición habitual desde hacía años, cuando los tres se hicieron inseparables en la universidad y decidieron que la amistad era más importante que cualquier otra cosa.
Pero esta noche algo era diferente.
Quizás fue que Jungkook pasó el brazo por los hombros de Jimin y lo mantuvo así durante toda la primera película.
Quizás fue que Taehyung en lugar de acurrucarse en su esquina, se fue deslizando hasta apoyar la cabeza en el hombro libre de Jungkook.
Quizás fue que cuando empezaron los créditos de la segunda película, ya se habían acomodado de tal forma que los cuerpos de los tres se tocaban; una rodilla contra un muslo, un brazo sobre un hombro, dedos que se rozaban al compartir la cuchara del helado.
—Esto me está deprimiendo más —anunció Jimin de repente, señalando la pantalla donde la víctima número cuatro acababa de ser decapitada. —¿Podemos hacer otra cosa?
—¿Como qué? —preguntó Taehyung.
—No sé, algo que no me haga pensar en mi vida amorosa de mierda.
Hubo un silencio.
Luego Jungkook se levantó y fue a la cocina, revolvió un par de cajones antes de volver con una botella de tequila y tres vasos.
—Fase dos —dijo y sirvió sin esperar respuesta.
El primer trago quemó.
El segundo resbaló más suave.
Para el tercero, Jimin ya se había quitado los zapatos y estaba sentado con las piernas cruzadas, frente a sus amigos que lo imitaron hasta formar un triángulo sobre la alfombra del salón.
La mesa de centro quedó a un lado com los vasos medio vacíos.
—A ver —dijo Taehyung, que empezaba a notar el calorcillo del alcohol en las mejillas. —Propongo un juego.
—¿Qué juego? —Jimin entrecerró los ojos.
—Verdad o reto.
—Qué original.
—Cállate y déjame terminar, pero con reglas nuevas, solo vale verdad y las preguntas tienen que ser sobre relaciones, exnovios, sexo, fantasías. Lo que sea.
Jungkook arqueó una ceja, divertido.
—¿Y si no queremos responder?
—Entonces bebes, así de simple.
A Jimin se le curvó la boca en una sonrisa que todavía no llegaba a sus ojos, pero se acercaba.
—Empiezo yo —dijo, y señaló a Jungkook con el dedo. —¿Cuál fue el mejor polvo de tu vida?
Taehyung ahogó una risita.
Jungkook se pasó la lengua por los labios, pensativo.
—Qué directo.
—Las reglas son las reglas.
—Bien, fue con una chica mayor que yo, hace como tres años. No te voy a decir quién, pero fue en su coche, de noche, en un mirador. Ella se puso encima y controló todo, yo no tuve que hacer nada, solo dejarme llevar, y duró mucho, como media hora.
—¿Media hora seguida? —Jimin abrió los ojos.
—Seguida, sí. No sé cómo aguanté, la verdad. Supongo que estaba muy excitado y ella sabía exactamente lo que hacía. Movía las caderas despacio, apretando cuando yo estaba a punto y aflojando justo antes, me volvió loco.
Taehyung notó que la temperatura de la habitación subía un par de grados; o quizás era el tequila.
—Mi turno —dijo Jungkook girándose hacia el castaño. —Tae, ¿alguna vez has fingido un orgasmo?
—Por supuesto —respondió sin pestañear. —Muchas veces.
—¿Muchas?
—¿Qué quieren que les diga? A veces el tipo se esfuerza pero no hay manera, y estás cansado, y al día siguiente madrugas y fingir es más rápido que explicarle lo que te gusta. Además hay hombres que se lo toman como algo personal y luego se ponen pesados. Así que sí, he fingido, y bien, además, con espasmos y todo. Soy un actor excelente.
Los tres rieron.
El ambiente se estaba destensando.
Jimin se sirvió otro tequila y lo bebió de un trago.
—Vale —dijo, y se volvió hacia Taehyung. —¿Qué es lo que más extrañas de tener pareja? Y no vale decir cosas cursis. Quiero detalles reales.
Taehyung se quedó callado un momento, jugueteó con el borde del vaso antes de responder.
—El sexo matutino —dijo al fin. —Ese que pasa sin lavarse los dientes, sin peinarse, con lagañas y todo. Esos polvos de domingo por la mañana en los que no hay prisa, donde estás medio dormido todavía, pero sientes cómo se va despertando el cuerpo. Empieza como sin querer, él está caliente contra tu espalda y te va tocando las piernas, la cadera, el vientre, y tú finges que sigues dormido pero te vas abriendo poquito a poco y cuando entran las ganas no hay nada que te detenga. Te giras y lo buscas con los ojos cerrados. Piel caliente y sábanas revueltas; y luego te quedas flotando, sin abrir los ojos, y te vuelves a dormir oliendo a sexo y a su piel. Eso, eso es lo que más extraño.
Se hizo un silencio distinto, más denso.
Jimin lo miraba fijamente, los ojos todavía enrojecidos pero con algo nuevo brillando detrás.
Jungkook se había quedado muy quieto, el vaso suspendido a medio camino de sus labios.
—Qué bonito —murmuró Jimin. —Yo también extraño eso.
—Mi turno otra vez —dijo Jungkook, y su voz sonó un poco más ronca que antes. —Va para los dos. ¿Nunca se han preguntado cómo sería...?
Se detuvo.
Parecía dudar por primera vez en toda la noche, sus ojos viajaron de Jimin a Taehyung y luego a la botella de tequila, como si estuviera calculando cuánto de lo que iba a decir era culpa del alcohol.
—¿Cómo sería qué? —lo apuró Jimin.
—No sé, algo distinto. Algo entre nosotros.
Taehyung sintió que el corazón le daba un vuelco, no era una pregunta inesperada. O sí lo era, pero al mismo tiempo llevaba flotando en el ambiente desde hacía rato.
Quizás desde siempre.
Quizás desde aquella noche de año nuevo en que Jungkook los había besado a ambos en la mejilla, demasiado cerca de los labios, y los tres habían hecho como que no pasaba nada.
—¿A qué te refieres exactamente? —preguntó Jimin, y su tono no era de sorpresa sino de curiosidad genuina.
—A los tres —dijo Jungkook, y se encogió de hombros como si no acabara de tirar una bomba sobre la alfombra. —Nunca /3 lo han preguntado, en serio.
Taehyung y Jimin se miraron.
En esa mirada había años de complicidad.
Se conocían tanto que a veces no necesitaban hablar; y ahora, en ese silencio, Taehyung supo que Jimin estaba pensando lo mismo que él.
Que sí, que claro que se lo habían preguntado, que habían fantaseado con eso en sus camas, sintiéndose culpables por la mañana y evitando el tema durante el desayuno.
—Tal vez —dijo Jimin, y fue la primera vez en toda la noche que su voz no temblaba.
—Yo también —confesó Taehyung, y bebió un sorbo largo para darse valor.
Jungkook soltó el aire que había estado conteniendo.
—Bien, no soy el único raro entonces.
—No eres el único raro —repitió Jimin, y se rió bajito. —Dios, qué situación.
—¿Es una situación? —preguntó Jungkook. —Porque yo solo veo a dos de mis personas favoritas en el mundo, una de las cuales está pasando por una mierda y necesita sentirse querida. Y la otra que siempre está cuidando de todos y nunca pide nada para ella.
—Oye —protestó Taehyung débilmente.
—Es verdad, siempre pendiente de los demás. ¿Cuándo fue la última vez que alguien te cuidó a ti?
Taehyung abrió la boca para responder y descubrió que no tenía respuesta, no recordaba la última vez que alguien lo había abrazado con la intención de darle y no de recibir.
Jimin se movió entonces, se deslizó por la alfombra hasta quedar frente a Taehyung muy cerca. Las rodillas casi tocándose.
Le tomó la cara entre las manos con una dulzura que cortaba la respiración.
—Yo te quiero —dijo Jimin. —Tú siempre estás para mí, siempre, y nunca te digo lo importante que eres.
—Lo sé —susurró Taehyung.
—No, no lo sabes.
Y entonces Jimin lo besó.
Fue un beso suave al principio, casi tímido; los labios de Jimin sabían a tequila y a helado de chocolate y temblaban un poco, como si todavía estuviera decidiendo si aquello estaba bien o mal.
Taehyung se quedó quieto un instante, procesando, y luego le devolvió el beso inclinando la cabeza, apoyando una mano en la nuca de Jimin para atraerlo más cerca.
Los labios se movieron, se probaron, se reconocieron. No era un beso de amigos, no tenía nada que ver con los picos robados en las fiestas de la universidad para llamar la atención de los chicos.
Era un beso lento de esos que hacen que se te acelere el pulso y se te olvide respirar.
Cuando se separaron, los dos tenían las mejillas sonrojadas y los labios húmedos.
Jungkook no se había movido, los observaba con una expresión que Taehyung no supo descifrar del todo: había fascinación, había deseo, pero también ternura.
—Wow —dijo Jungkook.
Jimin se giró hacia él sin soltar a Taehyung y le tendió una mano.
—Ven aquí, no te quedes fuera.
Jungkook dudó un segundo, menos de un segundo. Luego se acercó gateando por la alfombra hasta quedar arrodillado junto a ellos.
El triángulo ahora era mucho más pequeño, sus rodillas se tocaban y sus respiraciones se mezclaban.
—¿Están seguros? —preguntó Jungkook, y su voz de adulto sonó de repente muy joven, casi de niño. —No quiero que mañana se arrepientan, no quiero perderlos.
—No vas a perdernos —dijo Jimin—, al contrario.
—Estamos seguros —confirmó Taehyung. —Llevamos años seguros, solo que no lo sabíamos.
Y entonces fue Jungkook quien se inclinó hacia Jimin. El beso entre ellos fue distinto, mucho más intenso y urgente.
Jimin emitió un sonido bajito contra sus labios, algo entre un suspiro y un gemido, y Taehyung sintió que ese sonido le recorría la columna vertebral de arriba abajo.
Observarlos le produjo una mezcla de excitación, eran sus dos personas favoritas besándose delante de él.
La mano de Jungkook se enredaba en el pelo de Jimin mientras la otra le rodeaba la cintura. Y Jimin, el mismo Jimin que había llegado deshecho en lágrimas hacía apenas un par de horas, ahora arqueaba la espalda y se entregaba al beso de una forma que Taehyung nunca le había visto.
Jungkook separó los labios de Jimin y buscó a Taehyung con la mirada, sus ojos brillaban en la penumbra.
—Ven tú también, no quiero que te sientas fuera.
Taehyung se acercó.
Jungkook lo recibió con la mano libre, atrayéndolo hacia el beso. Probar sus labios fue distinto a besar a Jimin, más firme, con algo a tequila y algo más profundo.
Taehyung sintió la lengua de él buscando la suya y se dejó llevar, las tres respiraciones empezaron a volverse una sola.
Jimin se incorporó de rodillas sin separarse del todo del contacto, sus dedos encontraron el borde de la camiseta de Taehyung.
—¿Puedo?
Era una pregunta y una súplica a la vez.
Taehyung asintió, y la prenda desapareció por encima de su cabeza. El aire fresco le erizó la piel, de inmediato las manos de Jimin se posaron sobre sus tetas, cálidas, y el escalofrío se transformó en calor.
Jimin lo acarició despacio, sus manos rozando los pezones delicadamente, Taehyung dejó caer la cabeza hacia atrás y cerró los ojos un momento.
Cuando los abrió, Jungkook se había quitado la camiseta y estaba ayudando a Jimin a deshacerse de la suya.
El cuerpo de Jimin de curvas suaves y cintura estrecha; Taehyung tenía las caderas más anchas y tetas grandes.
Jungkook era todo músculos definidos, el abdomen marcado y los hombros anchos.
—Son preciosos —murmuró Jungkook, sus manos fueron directas a la cintura de Jimin, desabrochando el botón de sus jeans. —Acuéstate.
Jimin obedeció, se recostó sobre la alfombra mientras Jungkook le quitaba los pantalones y la ropa interior de un solo movimiento, dejándolo completamente desnudo frente a ellos.
Jimin no se tapó, tampoco se encogió. Simplemente los miró desde abajo, los ojos brillantes y los labios entreabiertos.
Taehyung se colocó a su lado, besó su hombro, su clavícula, fue bajando poco a poco dejando un rastro húmedo sobre la piel salada.
Jimin se estremeció y su respiración se hizo más rápida y entrecortada.
Mientras Taehyung besaba, Jungkook lo acariciaba, sus manos subían por los muslos de Jimin, separándolos suavemente. Cuando sus dedos rozaron el interior de los muslos, cerca de su coño, Jimin soltó un gemido ahogado.
—¿Así? —preguntó Jungkook, deteniéndose justo antes de tocarlo donde más lo necesitaba.
—Así —jadeó. —No pares.
Los dedos de Jungkook encontraron su coño, estaba húmedo, muy húmedo; el simple roce arrancó un nuevo gemido de su garganta.
Taehyung, mientras tanto, había llegado con los labios hasta una de sus tetas, lamió el pezón despacio en círculos, sintiendo cómo se endurecía bajo su lengua.
—Qué bonito —susurró Taehyung contra su piel. —Qué bonito eres, Jimin.
Jungkook movía los dedos sobre su coño con suavidad y firmeza, los deslizaba de arriba a abajo repartiendo la humedad, deteniéndose a veces en su clítores que lo hacía arquearse y soltar pequeños gritos. Pero no entraba, solo jugaba alrededor dilatando el momento.
—Quiero probarlo —dijo Taehyung, incorporándose un poco. —Déjame.
Jungkook retiró la mano y Taehyung ocupó su lugar, se tumbó boca abajo entre las piernas de Jimin, apoyándose en los codos. Desde esa posición podía verlo todo: los pliegues hinchados y brillantes, el interior rosado asomando entre ellos, el olor que le nublaba los sentidos.
Pasó la lengua desde abajo hacia arriba, lenta, saboreando.
Jimin gritó, un grito que rebotó en las paredes del salón, y sus caderas se alzaron involuntariamente.
—Más —pidió. —Por favor, Tae, más.
Taehyung le dio más, su lengua exploró cada rincón, haciendo círculos sobre el clítoris y penetrando apenas, volviendo a salir. El sabor era salado y ligeramente dulce y la textura suave contra su lengua le producía un placer casi tan intenso como el que veía en la cara de Jimin.
Jungkook observaba todo, arrodillado junto a ellos, su respiración se volvió pesada; ya se había desabrochado los pantalones pero no se los había quitado del todo.
Taehyung alzó la vista un instante y lo vió con la mano metida dentro del bóxer, tocándose despacio mientras los miraba.
El espectáculo de Jungkook masturbándose mientras él le comía el coño a Jimin le provocó una descarga eléctrica de puro deseo.
—Desnúdate del todo —le ordenó a Jungkook, con la voz ronca y los labios todavía brillantes. —Quiero verte.
Jungkook se quitó los jeans y el bóxer en un par de movimientos torpes; su verga quedó al descubierto firme contra su abdomen.
Taehyung no pudo evitar quedarse mirándola un segundo.
Jimin también la miraba desde su posición en el suelo.
—Ven —dijo Jimin, alargando una mano hacia él. —Quiero tocarte.
Jungkook se acercó gateando hasta quedar a la altura del rostro de Jimin, este se incorporó un poco, apoyándose en los codos, alargó la mano y sus dedos rodearon la base con suavidad que hizo que Jungkook contuviera el aliento.
—Así —murmuró Jimin, moviendo la mano hacia arriba y hacia abajo, despacio. —¿Te gusta?
—Joder —fue todo lo que pudo decir.
Taehyung aprovechó el momento para quitarse los vaqueros y la ropa interior que ya le molestaban; el aire le dio de lleno en su propia coño y fue consciente de lo excitado que estaba, mojado de verdad, de esa humedad que resbala por los muslos y te hace apretarlos buscando algo de fricción.
Se colocó junto a ellos, Jungkook le tendió la mano y la tomó.
—Quiero estar dentro de ti —dijo él, mirándolo a los ojos. —¿Puedo?
—Sí —respondió Taehyung sin dudar. —Pero también quiero seguir con Jimin.
Encontraron la postura sin demasiada dificultad, como si sus cuerpos ya supieran lo que tenían que hacer.
Taehyung volvió a colocarse entre las piernas de Jimin pero esta vez de rodillas, con el torso ligeramente inclinado hacia delante.
Jungkook se colocó detrás de él, Taehyung sintió sus manos en sus caderas, cálidas y grandes, sintió la punta de su miembro rozándole la entrada.
—Despacio —pidió. —Hace mucho que yo...
—Despacio —repitió él, y empujó.
La penetración fue controlada, Taehyung sintió cómo se iba abriendo para recibirlo, cómo cada centímetro lo llenaba. Cuando Jungkook llegó hasta el fondo, los dos soltaron el aire al mismo tiempo.
—Bien —jadeó Jungkook contra su oído. —Muy bien, estás muy apretado.
Taehyung no respondió porque justo en ese momento bajó la cabeza y volvió a hundir la lengua en el coño de Jimin, el gemido de su amigo se mezcló con su propio jadeo cuando Jungkook empezó a moverse.
El ritmo era un desafío.
Por un lado, Taehyung quería concentrarse en lamer a Jimin, en arrancarle esos sonidos tan bonitos que hacía cuando su lengua le tocaba el punto exacto.
Por otro lado, las embestidas de Jungkook lo distraían constantemente, lo llenaban de un placer tan intenso que a veces se le olvidaba lo que estaba haciendo y se quedaba quieto, con la boca abierta contra el coño de Jimin, simplemente sintiendo.
—No pares —le pedía Jimin, enredando los dedos en su cabello. —Justo ahí, Tae, justo ahí, no cambies.
Jungkook se inclinó sobre la espalda de Taehyung y le mordió suavemente el hombro, sus embestidas eran profundas y constantes, llenándolo una y otra vez.
Taehyung sentía sus testículos golpearle la piel con cada movimiento y el sonido húmedo de sus cuerpos se mezclaba con los jadeos de Jimin.
—Quiero cambiar —anunció Jungkook de repente. —Quiero estar con Jimin un rato, y tú mientras con Taehyung.
—¿Yo con Taehyung? —preguntó Jimin, con la voz excitada. —¿Cómo?
—Túmbate boca arriba —le indicó Taehyung, entendiendo al instante.
Se recolocaron; Jimin quedó acostado sobre la alfombra mientras Taehyung se colocó sobre él, cara a cara, pero invertido, con el coño de Taehyung sobre la boca del rubio y la boca de Taehyung sobre el coño de Jimin.
La postura era un poco incómoda pero increíblemente excitante, podía verlo todo: los pliegues húmedos de su amigo, su olor inundándolo y su respiración cálida contra su propio coño.
Jungkook se arrodilló a un lado, agarró a Jimin por las caderas y lo penetró. Esta vez fue más rápido, porque Jimin ya estaba muy excitado y muy mojado. Entró hasta el fondo en una sola embestida y Jimin gritó, un grito que vibró directamente contra el coño de Taehyung.
Así empezó una cadena de placer.
Jungkook embestía a Jimin, y este con cada golpe, lanzaba gemidos que hacían vibrar su boca contra Taehyung, y Taehyung lamía y succionaba a Jimin, sintiendo en su propia carne las ondas de los gemidos de su amigo.
Era un circuito de placer donde cada uno daba y recibía al mismo tiempo, los movimientos de Jungkook marcaban el ritmo de todo. Si embestía fuerte, Jimin gritaba fuerte y su boca presionaba más a Taehyung, que respondía chupando más intensamente, lo que a su vez excitaba más a Jimin.
—No voy a durar mucho —avisó Jungkook, la voz rota. —Joder, no voy a durar.
—No acabes dentro —jadeó Taehyung, apartándose un instante de su tarea. —En la boca, quiero ver cómo se lo das en la boca.
La frase sonó más sucia de lo que Taehyung había planeado, pero el efecto fue inmediato.
Jungkook gimió, un sonido gutural que le salió de muy adentro, y aceleró el ritmo contra Jimin.
—¿Has oído, Jimin? —dijo Taehyung, bajando la voz. —Se va a correr en tu boca, vas a probar su semen. Quiero ver cómo te tragas hasta la última gota.
Jimin asintió contra su coño y un murmullo de confirmación que Taehyung sintió más que escuchó.
Jungkook aguantó un par de minutos más, embistiendo cada vez más rápido y más errático; Taehyung lo veía por el rabillo del ojo: la mandíbula apretada, los ojos casi cerrados, los músculos del abdomen tensos. Estaba guapísimo así sudado y al borde del orgasmo.
—Ya —anunció él. —Ya, ya voy.
Salió de Jimin con un movimiento rápido y gateó hasta quedar junto a su cara, Jimin giró la cabeza y abrió la boca, sus ojos oscuros se encontraron con los de Jungkook un instante antes de que él empezara a masturbarse frenéticamente, terminando el trabajo con la mano.
El primer chorro le cayó en los labios, el segundo dentro de la boca y el tercero en la barbilla.
Jimin no se movió, recibió todo con los ojos muy abiertos, tragando lo que podía mientras el resto resbalaba por su piel.
La escena fue tan obscena y tan hermosa al mismo tiempo que Taehyung sintió que su propia excitación se disparaba.
Jungkook cayó de lado sobre la alfombra, pecho arriba, respirando agitadamente, su verga todavía palpitaba, húmeda y brillante.
Tenía una mano sobre el pecho y la otra buscó a tientas a Taehyung, que seguía colocado sobre Jimin.
—Ahora ustedes —dijo él jadeando. —Quiero ver cómo se corren.
Taehyung retomó su tarea, ahora que la urgencia de Jungkook se había disipado, podía concentrarse plenamente en Jimin. Movió la lengua sobre su clítoris con movimientos cortos y rápidos, exactamente como sabía que le gustaba.
Debajo de él, la boca de Jimin se movía torpe pero deliciosamente contra su propio coño
—Así —lo guió Taehyung. —La punta de la lengua, moviéndola rápido; justo ahí.
Jimin obedeció, era evidente que no tenía mucha práctica con los coños, pero lo compensaba con un entusiasmo que a Taehyung le pareció increíblemente sexy, y además podía hablarle, guiarlo y decirle exactamente lo que necesitaba.
—Más arriba, eso es. Ahora chupa un poco suave. Sí, así, así.
Los dos empezaron a moverse al unísono, un baile de lenguas y jadeos.
Taehyung sentía el orgasmo acercarse, en su vientre se acumulaba una presión deliciosa, un calor que se expandía hacia las piernas y hacia su pecho.
—Estoy cerca —gimió Jimin contra su coño. —Muy cerca, Tae, no pares.
Taehyung aceleró el ritmo, succionando el clítoris de Jimin con los labios mientras lo masajeaba con la punta de la lengua, con la otra mano, introdujo dos dedos dentro de él. Estaba empapado, caliente asi que los dedos entraron sin ninguna resistencia.
Jimin soltó un grito tembloroso que Taehyung sintió vibrar contra su propio cuerpo. Las caderas de Jimin se alzaron, sus muslos temblaron, todo su cuerpo se tensó como un arco antes de desplomarse sobre la alfombra, sacudido por pequeñas convulsiones.
Verlo venirse, oírlo, saborear su orgasmo en la lengua, fue suficiente para Taehyung. Cerró los ojos, dejándose llevar por la boca de Jimin que todavía seguía moviéndose y chupando su coño, eso último fue la chispa que incendió todo.
El orgasmo lo atravesó en oleadas, una serie de espasmos que le hicieron apretar los muslos alrededor de la cabeza de Jimin.
Duró mucho, más de lo que esperaba.
Cuando Taehyung por fin se retiró, rodando hacia un lado, el pecho le subía y le bajaba como si acabara de correr un maratón. La alfombra le raspaba la espalda desnuda pero le daba igual, no sentía nada más que un placer profundo.
Los tres se quedaron en silencio unos instantes.
—Wow —dijo Jimin al fin.
—Wow —repitió Taehyung.
Jungkook soltó una risa, incrédula.
—Llevamos años siendo amigos —dijo. —Años, ¿Por qué no hicimos esto antes?
—Porque somos idiotas —respondió Jimin.
—Porque tenía que pasar hoy —dijo Taehyung. —En este momento exacto, no antes ni después.
Jimin se giró hacia él, todavía tenía restos de semen en la barbilla y el rímel corrido, estaba despeinado, sudado, y sin embargo a Taehyung le pareció la persona más hermosa del mundo en ese instante.
—Gracias —dijo Jimin en voz baja. —Por esto, por estar siempre.
—Siempre —repitió Taehyung.
Jungkook se incorporó sobre un codo y las miró a ambos, su expresión se había vuelto seria de repente.
—Esto no puede cambiar las cosas —dijo. —No podemos volvernos raros, no puedo perderlos.
—No vas a perdernos, tonto. —Jimin le dio una palmada en el muslo. —Somos los tres, solo que ahora mejor.
—Mejor — aseguró Taehyung.
Se quedaron otro rato tirados en la alfombra, desnudos y revueltos.
En algún momento Jungkook alcanzó la manta del sofá y la extendió sobre los tres. Jimin se acurrucó en el medio, con la cabeza apoyada en el pecho de Taehyung y las piernas entrelazadas con las de Jungkook.
—Tengo hambre —anunció Jimin.
—Queda helado —dijo Jungkook.
—El helado se habrá derretido.
—Mejor, lo bebemos.
Ninguno se movió, el helado podía esperar.
Taehyung cerró los ojos, la respiración de Jimin se iba calmando contra su pecho. Los dedos de Jungkook dibujaban círculos perezosos sobre su cadera.
Pensó en la frase de Jimin, en lo del yogurt con fecha de vencimiento, algunas cosas sí caducaban, pensó. Pero otras, como aquello que tenían los tres, parecían no tener fecha posible.