Camino equivocado

Sinopsis

El equipo de fútbol del instituto Hooligan regresa a Seúl tras haber ganado un partido en Busan junto a su equipo de porristas. Pero todo se complica cuando la autopista hacia la ciudad está incomunicada por lo que deciden tomar otro camino. Sin saber que esa sería su peor decisión.

Genero:
Horror
Autor/a:
RosiKookMin
Estado:
Complete
Capítulos:
10
Rating
5.0 (1 reseña)
Clasificación por edades:
18+

1


El eco de los gemidos y el choque continuo de las pieles era lo único que resonaba en el silencio de aquella habitación. Como cada día, ambos cuerpos se fusionaban en una danza desenfrenada, perdiendo la noción de dónde terminaba uno y empezaba el otro.


-Mmm... Más duro, Jungkook...


Suplicó el rubio entre jadeos, con la voz quebrada por el deseo. Al escucharlo, Jungkook apretó el agarre sobre sus caderas. Clavó los dedos con firmeza en la piel suave de Jimin, ejerciendo una presión tan brutal que no cabía duda de que a la mañana siguiente quedarían marcadas un par de huellas oscuras en esa zona.


Sin perder el ritmo, Jungkook comenzó a deslizarse hacia afuera muy despacio, arrastrando una marea de placer sofocante que hizo a Jimin contener el aliento. Esperó a que su miembro saliera casi por completo y, justo cuando el rubio ahogó un gemido de protesta por la ausencia, volvió a embestirlo de un solo golpe, hundiéndose hasta el fondo sin piedad.


Jimin soltó un grito agudo que resonó en el cuarto mientras arqueaba la espalda al límite. El impacto fue tan profundo que los dedos de sus manos se cerraron con violencia alrededor de las sábanas, arrugándolas entre sus puños.


-Quieres más duro, nene?


Susurró Jungkook cerca de su oído, con la respiración agitada y un tono cargado de dominio. Jimin asintió frenéticamente, incapaz de articular una sola palabra coherente por la sobrecarga de placer que le recorría la espina dorsal. Elevó un poco más la cadera, ofreciéndose por completo, y giró el rostro por encima del hombro para buscar la mirada del chico que lo tomaba con un salvajismo casi animal.


-Vamos... más duro.


Exigió en un murmullo entrecortado. Jungkook dibujó una sonrisa ladina y no se hizo rogar. Aumentó la potencia de las estocadas, penetrándolo una y otra vez con un ritmo arrollador y preciso. Cada embestida hacía retumbar la habitación; la madera de la cabecera choca con violencia contra la pared a tono con los jadeos descontrolados. Jimin sentía que la cabeza le daba vueltas, completamente desbordado por la sensación de tenerlo tan adentro.


Sin detener el vaivén incansable de sus caderas, Jungkook deslizó una de sus manos hacia la parte delantera. Envolvió con firmeza el miembro erecto y pulsante de Jimin, comenzando a masturbarlo a la par de cada penetración profunda.


-Jungkook... si me tocas así... no voy a aguantar nada.


Advirtió Jimin entre gemidos desordenados, apretando los ojos mientras buscaba desesperadamente un punto de apoyo para no colapsar.


Aquel estímulo doble fue el tiro de gracia. A Jungkook le bastaron solo unas cuantas estocadas más, rápidas y despiadadas, para sentir cómo los músculos de Jimin lo apretaban al máximo. Con un último empuje profundo, ambos alcanzaron el clímax juntos, liberando toda la tensión acumulada en una marea cálida y sofocante.


Jimin se dejó caer pesadamente sobre el colchón, exhausto, mientras luchaba por regular su respiración agitada. A su lado, Jungkook se acomodó sobre las sábanas desordenadas y comenzó a repartir besos suaves y cálidos sobre su hombro desnudo, buscando calmarlo.


-Eso estuvo increíble, nene...


Murmuró con la voz aún ronca. Deslizó sus manos con lentitud hasta las caderas y el trasero del rubio, acariciando la piel tibia con una mezcla de posesión y ternura.


-Contigo siempre es así de genial, Jungkook.


Respondió Jimin, girando un poco el rostro para regalarle una sonrisa dulce antes de presionar un breve beso sobre sus labios. Sin embargo, su expresión cambió a los pocos segundos y formó un leve puchero.


-Aunque debiste ser un poco más suave. Mañana es el partido... no sé cómo voy a hacer para bailar y saltar todo el tiempo.


El pánico de la responsabilidad comenzaba a invadirlo. Al día siguiente tenían un partido muy importante en Busan y él, como capitán del equipo de porristas, debía dar un rendimiento impecable en la cancha.


-Lo sé, lo siento mucho, nene.


Suspiró Jungkook, pasando una mano por su propio cabello húmedo de sudor.


-Pero es que pierdo el control por completo cada vez que te tengo así de cerca.


Jimin no pudo recriminarle nada más y se limitó a asentir; a él le sucedía exactamente lo mismo. El deseo mutuo siempre terminaba nublándoles el juicio.


-Tengo que irme ya. Nos vemos mañana en el partido.


Anunció Jungkook interrumpiendo el momento mientras se ponía de pie y comenzaba a recoger su ropa del suelo.


-Ya te vas?


Preguntó Jimin, incorporándose de golpe para sentarse en medio de la cama, sujetando la sábana contra su pecho.


-Sí, no quiero arriesgarme a que alguien me vea salir de aquí a estas horas.


Una mueca de amargura y decepción se instaló en el rostro de Jimin.


-Claro... entiendo.


-Venga, nene, no me mires con esa cara.


Pidió Jungkook con tono suave. Se inclinó sobre la cama, tomó el mentón de Jimin con delicadeza y selló sus labios en un beso tierno pero rápido.


Jimin suspiró, sintiendo un nudo en el estómago mientras lo veía abrocharse la camisa.


-Hasta cuándo vamos a seguir así?


Soltó al fin en un susurro cargado de frustración. Llevaban más de dos años saliendo en secreto. Nadie en el instituto lo sabía, a excepción de su círculo de amigos más íntimo, debido a que Jungkook aún no se sentía listo para salir del clóset y enfrentar la mirada de los demás.


Jimin había tenido una paciencia infinita. Entendía perfectamente que Jungkook cargaba con la enorme presión de sus padres y con el peso de ser el capitán del equipo de fútbol del instituto, pero su límite había llegado. Estaba francamente agotado de ser un fantasma en su propia relación.


-Jimin, esto ya lo hemos hablado mil veces. Necesito tiempo.


Pidió Jungkook con un suspiro cansado.


-Llevamos dos putos años, joder!


Estalló Jimin. Se levantó de la cama de golpe, ignorando el punzante dolor en las caderas y el trasero, y comenzó a vestirse a toda prisa con las manos temblorosas por la rabia.


-Venga, nene, no te pongas así...


Dijo Jungkook, dando un paso adelante con la intención de rodearlo entre sus brazos. Jimin lo empujó del pecho con brusquedad antes de que pudiera tocarlo.


-¡¿Cómo quieres que no me enoje?! ¡Todos los puñeteros días follamos en secreto y, en cuanto cruzamos esa puerta, ni siquiera me diriges la mirada! De hecho, ante todo el instituto parecemos dos desconocidos que se caen mal.


Los ojos de Jimin se cristalizaron de inmediato, anegados por una marea de impotencia que amenazaba con desbordarse.


-Jimin, intenta entender que para mí esto no es nada fácil.


Se justificó Jungkook, alzando las manos en tono conciliador.


-Antes de conocerte a ti solo me gustaban las chicas. Si mi padre llega a enterarse de esto...


-Pues te tengo una novedad, lo de ser heterosexual se te terminó el mismísimo día que me metiste la verga por primera vez.


-Por Dios, Jimin, solo dame un poco más de tiempo.


-Está bien.


Respondió Jimin con una calma repentina y fría.


-Te voy a dar tiempo.


Una sonrisa de alivio se dibujó en el rostro de Jungkook e intentó abrazarlo de nuevo, pero Jimin lo detuvo en seco poniendo una mano firme en su pecho.


-Tómate todo el tiempo que quieras, pero lejos de mí. Se acabó. Terminamos. Esto se termina justo aquí y ahora. Así que sal de mi habitación.


La sonrisa de Jungkook se esfumó instantáneamente, sustituida por una expresión de total desconcierto.


-No estás hablando en serio...


-Claro que hablo en serio.


Soltó Jimin con la barbilla en alto, pese a la agitación de su pecho.


-Soy demasiado hermoso como para ser el secreto escondido de nadie. No pienso seguir con alguien que no tiene los cojones suficientes para gritarle al mundo que le encanta follarme.


Sin esperar respuesta, Jimin caminó a pasos agigantados hacia la entrada y abrió la puerta de par en par.


-Ahora lárgate y no me vuelvas a hablar. Tampoco te va a costar mucho trabajo, al fin y al cabo es lo que haces la mayor parte del tiempo.


-Nene, espera, por favor, hablemos esto con calma...


Suplicó Jungkook, estirando la mano para sujetar la suya. Jimin le apartó el brazo de un manotazo.


-No. Todo queda dicho aquí. Si lo único que querías era follar o experimentar algo nuevo, habérmelo dicho desde el principio y no me habría enamorado como un imbécil.


Limpió con rabia la primera lágrima que se le escapó por la mejilla. Acto seguido, tomó a Jungkook del brazo, lo empujó sin miramientos hacia el pasillo y le cerró la puerta en la cara, pasándole el cerrojo.


En cuanto se quedó solo, las fuerzas le fallaron. Jimin se dejó caer de espaldas contra la madera de la puerta y se descompuso hasta quedar sentado en el suelo. Se abrazó las rodillas mientras el llanto estallaba en su garganta. Su corazón dolía en lo más profundo porque, a diferencia de Jungkook, él sí se había entregado por completo.