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Bocado de Mi Realidad

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Sinopsis

Lord Ronald el hijo del más poderoso del pueblo de Meendy Julie, un pueblo bizarro que esconde un oscuro secreto, con una religión cuestionable durante años. La luna, es su único dios en este mundo de canibales. Debían de creer en algo mientras siguieran vivos. Pero tomaría un giro inesperado cuando un chico llamado Cesar Zaiht, el hijo del caricero del pueblo, se involucra en una vida mas sanguinaria. Su amigo Alrey no esta contento con esto, por lo que se vuelve un opositor. Más adelante conoceríamos las oscuras costumbres. Y el final que provino de algo diminuto, como lo que se origina de una traicion.

Estado:
En proceso
Capítulos:
3
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

ANTES DE COMENSAR

COMIENZO


Cuando te mire supe que era diferente a como miraba a los demás, tu piel morena, tus ojos, tu boca, tu caballo, o la forma en la que te movías. No sabía que el reencuentro en esta vida sería tan real a como era en el pasado, cuando no te conocía, cuando ni siquiera sabíamos quien éramos en realidad, ahí estábamos, jugando a la vida y la muerte, tu y yo sin que nadie se interpusiera en nuestro camino. Tal vez mis creencias me hacían sentir que yo ya había vivido tu presencia en algún momento.

Tus ojos eran los que más me gustaban.

A veces las vidas pasadas delatan la inmensa conexión que tienen algunas personas, no se compara con un romance común, más bien el sentimiento es más fuerte, pero a veces pude llegar a ser muy dañino. En cambio él era una azucarada forma de amar, el me decía de una forma tan dulce que no se me olvidaba nunca.

Creo que era ”Rollitos de canela“.

Pasado

En una noche tormentosa estaban a punto de conocerse dos personas que serian eternamente unidas por la luna, en el pueblo escondido de Meendy Julie, entre las montañas. Se asomaban dos esencias totalmente distintas, pero tan compatibles qué podrías llegar a ver el brillo de la unión desde la capa de ozono de la tierra. Aunque no por ser una unió forzada significa que sea buena.

Lo que muchos llaman lluvia, se le podía llamar esperanza, ya que le da fertilidad a la tierra, haciendo prosperar la vida misma que conocemos.

La gente se refugiaba en sus casas, escondiéndose como unos cobardes de lo que era presenciar la lluvia de la vida.

El cielo no estaba llorando, pero tampoco estaba muy contento que digamos, tenía su propia personalidad, tal vez por los mundos que estaban a punto de colapsar. Y ahí era donde entra nuestro chico de apariencia solitaria, caminaba hacia el interior del bosque, colina arriba, su sombrilla no volaba por suerte, la luz del su farol se movía con una interesante presencia cálida.

La noche era helada, pero las dos capas del increíblemente abrigado chaleco solucionaban para evitar el tiriteo que no quería tener. Lo sabía, tal vez era raro que lo mirara como si fuera lo único interesante que podía hacer. Pero tenía algo que no sabía que era. Su seriedad me intrigaba. Y era el unico que se encontraba en esta sona de noche.

No solo era su forma tan peculiar de ver las cosas o la forma en la que se sacaba insultos inexistentes o muy inaudibles creyendo que nadie lo miraba, me llamaba la atención, pero no me caía bien.

Tal vez una que otra ardilla refugiada en un árbol a causa de la lluvia estaba por ahi. Por balbucear tanto por poco se resbala en el lodo, pero agarro estabilidad en un árbol antes de que pasara, logre contener una risa, ya que me notaria siguiéndolo. Mientras caminaba recalcaba los errores del día, y cada vez se volvía más rápido su paso mientras pensaba en soluciones, y yo a las mías de cómo hablarle, podría conseguir un trabajo mejor pagado, y eso implicaba juntarme con él, o al menos intentarlo. Me estaba casi rindiendo al pensar que no había nadie para ayudarme, pero lo vi a él de nuevo.

Ya sabía quién era él , no era tonto, o al menos eso pensaba de mí mismo. Y supe que debía de aprovechar la oportunidad, porque si no lo hacía, no sería nunca. Tal vez si no lo hubiesen enviado al pueblo a dar una inspección, a una casa recién marcada por su padre, no estaría aquí conmigo a punto de jugarme la vida con él.

Mi salvación de “perderme” más en el bosque, claro, pero para un futuro no me arrepentiría de esto.

El farol que traía sosteniendo en su mano como si fuera la última alma de este maldito mundo lleno de personas falsas, me facilitaba seguirlo sin que tuviese que acercarme tanto. Odiaba los días de lluvia cuando me tacaba salir a algún sitio, no era porque no quisiera, pero tenía que hacerlo, por que tenía que trabajar —a medias claro — y ganarme la vida por mi y por mis padres, que aun “dependían de mi” para sobrevivir, me decia eso cuando ellos eran los que me manenian mas.

Se escuchó un estruendo, era un relámpago que cayó fuera del camino. Dejo el árbol echo carbón. Pensé que era un aviso de que la tormenta empeoraría si tardaba más, así que acelere aun mas el paso. Un ruido destaco y capto su atención, logre esconderme a tiempo para que no me notara.

—¿Qué fue eso...? — escuche que dijo aquel chico serio con mirada aun oscurecida por la noche.

Nadie sabe lo que esta pasando, pero dos mundos completamente diferentes están a punto de chocar para volver a encontrase en esta vida de nuevo. Me emociona, como si fuese un romance Igual que en Europa a finales del siglo XVIII una en el que el romanticismo aún seguía vivo, y poco tiempo después murió en el siglo XIX. Pero no soy fan de las novelas románticas para detallarlo tanto.

Investigar seria una perdida de tiempo para él, o tal vez era muy flojo —claro que no era la unión de dos almas que ya se conocían en otra vida pasada, solo bromeo, está no es una fantasía escrita por un puberto— . Se estaba empapando los zapatos, él odiaba eso, se le notaba en sus quejas silenciosas, “hubiera preferido llevarse su caballo” al menos eso fue lo que entendí en sus balbuceos mezclados con groserías.

Pero fue un error suyo, y por su descuido le tocaba caminar, igual que a mi ahora. Pero mientras caminaba, escuchó mis pasos detrás de donde él venía. Hubiera reaccionado más rápido antes de enterarme qué se iba a girar para ver lo que lo saguia. Se giró rápidamente y alumbró con su farol de aceite, mientras trataba de distinguir quién era lo que estaba detras.

Y mi mirada se cruzo con la de el.

Tal vez nunca me había visto, algo que le alarmó un poco. Luego habló con un toque de alerta e indiferencia, era como un intento de ser distante. Sus ojos me estudiaron, tratando de diferenciar mis rasgos y mirada.

—¿Quién te envió? ¿Quién eres? — dios, como juraba que su voz era tan seria que me emocionaba y ala vez me ponía nervioso, no entendía que era lo que estaba sintiendo, solo me creaba cosas sin sentido. Era emocionante, mucho más cuando se trataba de alguien peligroso y demasiado serio como el.

Me miró esperando una respuesta, su mirada era de desconcierto mientras me miraba, yo en cambio estaba empapado parado bajo la lluvia. Deduje que su primera impresión de mi, era que yo era un ridículo que no hablaba o retrasado, pero no era así, en realidad no tenia las palabras indicadas.

Él no me rogaría exigiendo una respuesta, yo lo sabia, era muy poco probable que no le interesara la situación. Pero ya estaba un poco pensativo y curioso por ver qué era lo que yo quería, de haber sido diferente no me hubiese preguntado nada. —¿Te vas a quedar callado? —la amargura con la que lo dijo me provocaba escalofríos.

Me miró de arriba abajo, parecía que me estaba examinando, identificando si era o no era peligroso. Pero parecía muy débil comparado a él por mi actitud, que ironía que yo era mas robusto, pero como un perro mojado en la lluvia claro, un animal asustado y encorbado. —Perdóname, no quise que pensaras que te estoy siguiendo, pero acabo de perderme...

—No ayudaré, no quiero meterme en problemas por tu culpa —. La indiferencia de su voz lo decía todo, y el otro lado de mi simplemente siguió insistiendo.

—Por favor, no seas tan malo, no se como llegar al pueblo, ¿Podrías ayudarme?... —insisti.

Le importo al principio lo que dije pero decidió dejarme atrás. Sus padres de seguro le enseñaron a ser un ser “especial” o al menos eso es lo que yo note, se me olvidaba y también superior a los demás, por supuesto, no podía ser mas clasista de lo que ya era. No era necesario disculparse o pedir perdón por personas de la baja sociedad como yo, tal vez me veía muy pobre, Jodido, idiota, y tal vez irritante.

Pero a pesar de que fui ignorado, lo comencé a seguir de nuevo porque era lo único que podía hacer ahora, o lo único que se me ocurría en ese momento. Estábamos callados, adelante venia el, con la maldita mirada juzgona que ya sabía que tenía, sabía de mi presencia, pero no decía nada, y solo se le formaba una sonrisa de inconformidad.

Y me preguntaba cómo un chico de la misma edad que yo parecía tan...diferente a mí, pero a la vez le complacía que dependiera de él, podía sentir su actitud clasista y burlona, juro que podía.

Muchas jerarquías andaban por este pueblo, desde los más beneficiados como los vendedores de carne o los lideres religiosos que ocultaban lo retorcido que era en realidad su cultura.

—¿Por qué me estás siguiendo? —diijo aquel clasista mientras seguía caminando sin detenerse siquiera a mirarme, eso me molesto un poco si les soy sincero. Igual tenia su encanto aunque no sabia en que aún.

Pense en responder a la defensiva y mire a los alrededores mientras caminaba detrás de él, pero a una distancia respetable, ya que no quería incomodarlo mas de lo que ya estaba, o tal ves solo estaba fingiendo. —Es lo único que puedo hacer. Lo lamento — invente, cuando claramente podía darme la vuelta, y caminar del lado contrario colina abajo, y esperar una señal de luz para que me indicara el pueblo.

No tenía nada interesante que hacer en mi casa, solo me esperaban las historias aburridas de mis padres contándome su juventud, odiaba las partes en donde decían como decidieron tenerme, a veces incluso me entraba la curiosidad de tener pareja por tantas historias románticas. Muchas de esas historias las idealizaba mi padre y mi madre no hablaba, como si ocultara algo que no quisiera recordar.

—Descuida, soy un ignorante —se detuvo y choque detrás de él. Se volteó a mirarme y me extendió la sombrilla, el agua empezó a mojar su propio cabello. Él me miró, yo también lo mire, poco después de ese momento tan extraño que yo no pude entender, sostuve la sombrilla en mis manos, él en cambio se quedó parado estudiando me mientras soltaba un suspiro de aceptación.

—No te preocupes, perdóname también a mi por seguirte como un acosador nocturno —intente bromear, pero cuando volví a pesar en lo que dije, supe que sonó un poco extraño. Escuche su risita, supe que lo había echo reír.

—El pueblo está colina abajo, solo sigue el camino y no te perderás, ten cuidado —dijo aquel chico que mostraba aun más empatía por mi, algo que me decepcionó ya que eso significaba que me tenia lastima. Él se quedó quieto, por un momento hubo un brillo en sus ojos avellana, color que no se miraba porque era de noche. Él esperaba una respuesta de mi, pero se dio cuenta que ni siquiera hablaría, tal vez no en ese instante, solo escuche un “adiós”.

Se giró y comenzó a caminar de nuevo colina arriba, mientras yo solo me quede parado, por un momento observando su silueta con la sombrilla apretandoce entre mis dedos. Logre reaccionar y hable gritando para que me pudiese escuchar antes de que desapareciera de mi vista.

—Soy un idiota..., Me llamo César... ¡Llámame César! ¡César Zaiht! —se me trababan las palabras mientras seguía —¡Adiós!...

Ronald sonrió sin mirarme y contento de la emoción que presentaba en mis palabras, respondió igual con un grito “¡Adiós!, ¡Llámame Lord Ronald!“.

Después de eso se desvaneció entre el bosque. Me quede un momento parado ahí, y después me gire al lado opuesto con la sombrilla en la mano. Comencé a caminar colina abajo, de regreso al pueblo. Aun con mi mente divagando en su mirada inquietamente tranquila.

Eso había sido muy extraño, al principio cuando lo vi mientras se oscurecía no sabia quien era, pero cuando le mire la cara supe de quien se trataba, el hijo de Lord Eduardo, la cara del pueblo. Y un idiota hijo de perra con la gente que era blanda y fácil de manipular. Su familia era una porquería bien echa, nunca les tuve tanto respeto, pero tenía que hacerlo para que la reputación de mis padres no tuviera problemas.

Algo que no me gustaba del apellido Lord, era que podían llegar a ser demasiado buenos para incomodarte con tan solo mirarte, parecía que ya te estaban juzgando. Toda su familia era así. Y acababa de ver a uno de los principales de esa familia con tan poca humanidad.

En realidad, no tenía ni las más minima idea de cómo era Ronald, ni siquiera supe que paso por su cabeza cuando le dije mi nombre quedándome vulnerable.

En el pequeño pueblo de Meendy Julie, existía una costumbre no muy sana que digamos, muchas de las personas desde que nacían les eran inculcado falsas promesas de un dios que ni siquiera se dignaba a aparecer y la ridícula regla de “no decir tu nombre hasta casarte”. Era demasiado idiota esa regla, osea, si esa regla fuera una persona estoy seguro que tendría una enfermedad cerebral, aunque no todos la seguian, por que ya estaban comprometidos por sus padres desde hace años.

Era una regla por supuesto, si se rompía, a pesar de que eras un poco importante, eras ejecutado y comido por el pueblo. A mi nunca me gustó probar esa carne, pero muchas veces no podía escapar de ser obligado a comer, ya que mi familia si lo hacía, aveces solo vomitaba después de terminar de comer.

Ni siquiera pense en las consecuencias cuando le dije mi nombre, no sabía si me acausaría de seguirlo, no sabía si me delataria y o diría falsas acusaciones sobre mi.

Porqué Ronald tenía un privilegio que yo no tenia, no nada más era importante en el pueblo y su familia, era el heredero de la secta. Y eso complicaba las cosas, ya que tenía el poder de hacer lo que quisiera, o más o menos así. En realidad no tenía que preocuparse por decir su nombre o cosas como esa, y yo en cambio tenía que vivir sabiendo que sería obligado a lo que se acercara más a mi futuro.

Ya quisiera yo tener ese puesto...

Como sería el heredero de la secta, no tenía obligación a casarse a menos que él quisiera. En cambio yo tenia el terror de que llegara el día en que mis padres pensaran sobre matrimonio. No estaba listo para eso, maldita sea, literalmente sigo jugando con los bichos del bosque cada que tengo oportunidad, y sigo siendo un inmaduro.

La secta que en las lunas crecientes y en las lunas llenas se encargaban de seleccionar al más saludable y al más “exquisito”. Era elegido por el clan y por el líder de la secta.

Para ellos la Luna era su supuesto dios. Claro que no era un irrespetuoso con sus cagadas de religión estúpida, soy increíblemente respetuoso, lo juro. La dinámica era fácil de entender, pero con el tiempo iba agarrando sentido tu alrededor con la verdad, el pueblo pretendía ser inocente, pero por las noches en donde la luna se llenaba, no solo era luz lo que tenia, esos días la sangre se escurría creando un tétrico escenario.

Y Ronald..., o más bien el hijo de Lord Eduardo y su esposa Elizabeth Durlaman, la pareja perfecta —bromita claro — las raíces del creador de la familia, de la secta del pueblo caníbal, no eran tan perfectos como quería aparentar su imagen. “Carne pura solo era la que tenía el derecho de comerse” decían ellos. Yo pensaba que todos eran iguales, que todos podían comerse, aunque aún no tuviese ese pensamiento.

𖦹

El pueblo de Meendy Julie era estricto. Y a veces por eso regularmente más casas eran marcadas, y más cabezas cortadas por la espada sagrada, por Lord Eduardo y más tarde las familias de esas casas eran asesinadas o mandadas a la catedral, solo por incumplir una puta regla como “Tu tarea de hoy era barrer el patio de la catedral y no lo hiciste, te vamos a matar”, dios que pelotas tubo un señor una vez de soltarle un puñetazo al líder del clan y luego gritarle “choto” mientras salía corriendo. Fue divertido mientras duró, pero lo atraparon y lo torturaron públicamente y luego lo asesinaron. Recalco que me caía bien ese tipo, lamento su muerte.

Lord Ronald era alguien despreocupado y fuerte por sí mismo, no en todo, pero pues se esforzaba. Aún no sabía a que le tenía miedo ese tipo. Todos le temen a algo, eso ya lo se, pero aún lo intentaba leer.

No era un detective, pero me gustaba saber cosas de la gente, era chismoso. Pero cuando se enteraban de cosas sobre mi, la barrera del control se me caía a pedazos por la vergüenza de ser juzgado.

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