Prólogo
—¿Ya está? —pregunta Jennie, sin alzar la voz. Como si nombrarlo lo volviera real.
Lisa no responde al principio. Está de pie, con la mochila colgando del hombro, las botas manchadas de polvo y los labios apretados. Todo en ella parece a punto de estallar o de huir.
Jennie está en medio de la tienda. Su cuaderno abierto sobre la mesa, sus manos manchadas de tierra, su mundo contenido entre teorías y signos. Todo parece normal. Pero no lo es.
—¿Vas a irte así? —dice Jennie, sin acercarse.
Lisa asiente, casi imperceptible.
—No sé quedarme sin hacer más daño.
Jennie traga saliva.
—¿Ni siquiera vas a intentar entenderme? ¿Intentar… estar?
Lisa la mira. Y por un instante, esa mirada contiene todo lo que no se han dicho.
—Llevo meses intentándolo —responde—. Pero tú ya no estás aquí, Jennie. Estás en las inscripciones, en los símbolos, en el maldito pasado.
—¡Y tú estuviste en todo menos en mí! —responde ella, por fin levantando la voz—. En tus misiones, tus silencios, tus escapadas a media noche. No vengas a decir que fui yo la que se fue primero.
Lisa agacha la mirada. No tiene defensa.
—Tienes razón.
Silencio.
Jennie se cruza de brazos.
—¿Entonces es esto? ¿El final?
Lisa da un paso atrás.
—Ya terminó hace tiempo. Solo que no nos dimos cuenta.
Jennie aprieta los puños.
—O no quisiste darte cuenta.
Lisa traga. Mira la puerta. Mira a Jennie.
Luego saca el amuleto que siempre llevó consigo. Lo deja sobre la mesa, junto al cuaderno abierto.
—Perdóname —susurra—. Por no haber sabido cómo cuidarte sin destruirte.
Jennie no contesta. Ni la mira cuando cruza la entrada de la tienda y desaparece en la niebla.
Solo cuando el silencio se instala del todo, Jennie se acerca al cuaderno. Allí, garabateada con prisa, queda una última línea:
“Algunas ruinas no se excavan. Se arrastran.”
Jennie cierra el cuaderno. Respira hondo.
No llora.
Todavía no.
![Amor En Peligro [Kookmin]](https://cdn-gcs.inkitt.com/vertical_storycovers/ipad_88c55c0706ed80af7618cf7760429c6d.jpg)







