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(Nightmere) Inside Winter

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Sinopsis

En un viaje escolar por las sombrías montañas de Valley Hills, Misty, una estudiante de preparatoria atormentada por una pesadilla recurrente y una culpa del pasado, se ve envuelta en un accidente cuando una aparición se atraviesa en la carretera. Al despertar entre los restos del autobús destruido, descubre que todos sus compañeros y el profesor han desaparecido sin dejar rastro, dejando solo manchas de sangre a su paso. Sola y herida en medio de una neblina densa, Misty camina por la carretera buscando auxilio hasta toparse con la entrada del pueblo. Sin embargo, el lugar al que ha llegado no es el destino planeado, sino Village 13, un entorno de pesadilla donde los miedos más oscuros y los secretos reprimidos cobran vida.

Estado:
hace 3 días
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Un Viaje Largo

En el interior de esta maldita habitación era jodidamente helada y pesada, como si el aire mismo se estuviera pudriéndose a mi alrededor. Antes de que pudiera reaccionar, el peso de aquel hombre se vino abajo sobre mí, aplastándome contra el colchón. Una mano gruesa y áspera me tapó la boca con fuerza, tapando mi grito.

—Mejor que no hagas ruido —me dijo al oído con ese aliento del puto asco—. Esto será rápido.

Desesperada, forcejeé con todas mis fuerzas, clavando las uñas donde podía y retorciéndome sobre la cama. Levanté la vista y me topé directamente con sus ojos, una mirada llena de maldad y también por una sonrisa sádica.

En ese instante, la realidad se transformó.

El entorno cambió de golpe. La habitación desapareció; la cama se impregnó al instante de sangre, y las paredes se transformaron en metal que mostraba el óxido y un fluido oscuro. El hombre sobre mí se deformó de manera irreconocible, los rasgos de este tipo se derritieron y se desgarraron hasta convertirse en una criatura de piel pálida desfigurada y colmillos que salían de su boca.

—¡Maldita zorra! ¡Tú me perteneces!

Empujé y logré zafarme del monstruo y me fuí hacia la salida. Pero al atravesar el umbral no encontré una casa, sino un pasillo estrecho e interminable, rodeado de paredes de hierro, bañadas en sangre y cubiertas de rejillas. Apenas mis pies comenzaron a correr, una voz de mujer, aguda y trastornada por el odio, empezó a sonar como eco desde la nada por todo el corredor:

—¡Mentirosa! ¡Mentirosa! ¡Eres una perra traidora, mereces morir!

—¡Lo siento! ¡Lo siento mucho!— dije desesperada. ¡No fue mi culpa! ¡No fue mi culpa!

En ese pasillo todo parecía estirarse con cada paso, pero al fondo ví una pesada puerta de metal. Con las manos y el corazón a punto de estallarme, me arrojé contra la manija y empujé con todas mis fuerzas.

—¡Mierda! Solo fué una maldita pesadilla.

El golpe del movimiento me dejó nerviosa en el asiento del autobús, agitada, con sudor frío y con el pecho subiendo y bajando de forma extrema. El eco de esos gritos aún resonaba en mis oídos, pero a mi alrededor solo estaba el zumbido constante del bús y el murmullo distante de mis compañeros de clase.

Las lágrimas brotaron de mis ojos. Me cubrí el rostro con ambas manos, hundiendo la cabeza para disimular el llanto y evitar que el resto me viera en ese estado. Secándome las lágrimas con la manga de mi suéter, intenté recuperar el aliento y pegué la frente contra el cristal de la ventana. Afuera, la majestuosidad de las montañas Valley Hills se alzaba sobre el horizonte, con esos bellos pinares que parecían comerse la carretera a medida que el autobús avanzaba. La niebla comenzaba a descender entre los árboles como una cortina densa, volviendo el paisaje cada vez más y más y mucho más tenue.

Antes de continuar con mi historia; quisiera decirte que, ¿si estás allí? o ¡que algún día alguien pueda encontrar este diario!... ¡Quiero que te enteres de esto!...

Antes de que sucediera mi desgracia, yo era una chica normal y relativamente feliz. Con muy buenas amigas, con una mamá súper cool y con un amor de la cuál nunca será posible nuestra unión. Pero lo que yo nunca imaginé es que cargaría con un peso que me consumiría poco a poco y que tampoco, yo realmente pudiera vivir el mismísimo infierno en carne propia. En este diario para la mayoría quién lo lea creerán que estoy loca o soy una lunatica. Pero algo sí te puedo decir, ¡si eres como yo! Este registro podría serte de ayuda, para entender de que la vida a veces se transforma por tus propias decisiones. No necesitas saber mi nombre por ahora, lo descubrirás a medida que vayas leyendo estas páginas...

Dentro del vehículo, la realidad era distinta. El ambiente estaba saturado con el escándalo de mis compañeros, quienes reían, gritaban y se arrojaban cosas de asiento a asiento con despreocupación estupida e infantil. En la parte delantera, el profesor caminaba por el pasillo intentando en vano alzar la voz sobre el alboroto.

—¡A ver, silencio en la parte de atrás! —exclamaba el profesor Striklan—. ¡Guarden un poco de compostura! Les recuerdo que este es un viaje académico, no unas vacaciones descontroladas. ¡Marcus, siéntate bien o te hago bajar en la próxima parada!

Sus advertencias eran totalmente ignoradas y todo el grupo continuaba con las burlas y las carcajadas. Apreté los labios, sintiéndome completamente ajena a esa alegría vacía.

Sin embargo, la sensación de estar siendo observada me erizó la piel. Desvié la mirada de las montañas por un instante y miré hacia los asientos traseros. Allí, con los audífonos puestos y un rostro lleno de una rabia, una de mis compañeras me miraba con un desprecio. Esa intensidad en su mirada era tan hiriente que me incomodaba. En cuanto nuestros ojos se cruzaron, ella hizo un gesto de asco casi imperceptible y giró la cabeza hacia su ventana, dándome la espalda.

Sentí un revoltijo en el estómago. El eco de la voz de mi pesadilla (¡Mentirosa! ¡Perra traidora!) sonó de nuevo en mis oídos, mezclándose con la tensión real que yo sentía en el autobús.

Recordé lo ocurrido ayer a las 06:20 am. en el salón de clases. La luz de la mañana comenzaba a colarse por la ventana. Yo estaba sentada en mi pupitre, junto al vidrio, con la mirada perdida y la mente divagando en mis tonterías. Al frente, el profesor tomó el borrador y dio dos golpecitos contra el pizarrón para captar la atención de todos.

—Chicos, ya todos saben que mañana es el viaje escolar, ¿cierto?.

Antes de que pudiera continuar, Samantha levantó la mano e interrumpió de inmediato, la muy metiche.

—Maestro Striklan, pero aún no nos ha dicho adónde es el viaje escolar.

—Samantha, a eso iba yo... Okey, escuchen todos: iremos a Virginia Occidental.

Jajaja. Y un quejido de desaprobación recorrió el salón al instante. Varios alumnos se dejaron caer en sus asientos, soltando ¡AAAHH! de pereza. Para ellos sonaba como el destino más aburrido posible. Sin embargo, Samantha no se quedó conforme.

—Maestro, en Virginia Occidental hay más de 140 pueblos. ¿Exactamente adónde iremos?

—Samantha, siéntate, por favor —respondió Striklan—. Muchachos, iremos más arriba de las montañas de Valley Hills... a New Village.

El recuerdo se disolvió en mi mente mientras las vibraciones del autobús me trajo rápidamente de vuelta al presente. Al mirar por la ventana, la niebla sobre las montañas parecía ahora mucho más densa, cubriendo por completo el camino.

Continuaba contemplando todo cuando sentí que alguien se paró a mi lado. Era Jess, una de las chicas más populares del colegio.

—Hola, Misty, ¿cómo estás? —dijo con una sonrisa fresca.

—Hola, Jess, ¿cómo estás?...

—Yo te pregunté primero.

Forcé una sonrisa, buscando mantener mi margen, como siempre.

—Quiero estar sola un rato, no me siento bien.

Jess volteó la cabeza y disimuladamente, sacó de su bolso una pequeña bolsa con sustancias alucinógenas y me la mostró

—Toma esto. Te va a relajar.

—No, gracias, estoy bien, Jess —rechacé, apartando la mano.

Sin aceptar un no por respuesta, se inclinó un poco más y metió el paquete directamente dentro del bolsillo de mi chaqueta.

—Tómalo. De verdad te hará sentir bien —me susurró acercándose a mi oído—. Oye, Misty... el chico lindo, Brad, el que se sienta a tu lado en clase... ¿no sabes si a veces voltea a mirarme?

—No estoy segura, Jess... pero creo que sí lo hace.

Sus ojos mostró mucha picardía y obscenidad.

—¿En serio? Gracias, Misty. Ahora ya sé quién será mi próxima presa. ¡Chaaaooo!..

Con una descarada despreocupación, se dio la vuelta y avanzó por el pasillo directo hacia el asiento de Brad. Suspiré, ¡Uusf!... Sintiendo el bulto del paquete en mi bolsillo. Pero al levantar la vista, tropecé de nuevo con la mirada gélida de Karys, la chica de los audífonos, que me observaba con el mismo rencor. Sintiendo otra vez ese escalofrío y aparté la mirada al instante.

El autobús seguía hacia delante mientras la carretera se volvía cada vez más angosta. Mantenía la frente pegada al cristal cuando, entre los árboles observé algo imposible, una figura translúcida de pies a cabeza, la silueta de una mujer con el rostro completamente desfigurado y grotesco. La aparición duró apenas un segundo antes de disolverse.

Con el corazón latiéndome a millón, me giré bruscamente hacia atrás. Para mi sorpresa, Karys ya no me miraba, su rostro estaba pálida por el terror. Ella también lo había visto.

Regresé la vista al frente, clavando los ojos en el parabrisas principal. Casi no se veía nada.

—Por Dios, cuánta neblina hay... No se ve absolutamente nada —dijo el maestro Striklan, dando un paso al frente mientras se sujetaba del respaldo del chofer.

De repente, justo en medio del camino y a escasos metros del vehículo, la misma aparición volvió a materializarse de golpe.

—¡CUIDADO! —grité.

El chofer reaccionó con pánico y dio un volantazo fuerte. El autobús perdió el control al instante, coleándose sobre el piso mojado. Los gritos de susto de mis compañeros amortiguaron el sonido de las llantas derrapando. El vehículo dio un par de sacudidas inestables antes de salirse por completo de la carretera, rompiendo la valla de contención y adentrándose sin frenos entre los malecones del bosque.

Rodamos fuera de control por un pequeño acantilado, rebotando contra rocas y troncos mientras las ventanas se destruían. Entre el estruendo de metal y vidrios rotos, el autobús finalmente se estrelló contra un árbol, quedando todo en un silencio total.

Recobré el conocimiento sofocada por un dolor en el rostro. Me llevé la mano a la cabeza y sentí algo de sangre corriendo por mi frente. Con la vista nublada, logré reincorporarme entre los restos del vehículo, pero al mirar a mi alrededor, una corriente de aire me dejó perturbada.

El autobús estaba completamente vacío. No había rastro del profesor Striklan, de Jess, de Brad ni de Karys. Todos habían desaparecido; lo único que quedaba en el interior eran manchas de sangre sobre los asientos y el pasillo.

Aterrada, atravesé la ventana trasera hecha pedazos y caí sobre la tierra húmeda. Al levantarme, miré desesperada en todas direcciones.

—¡AUXILIO! ¡¿HAY ALGUIEN?! . ¡¿DÓNDE ESTÁN TODOS?!

Nadie respondió. A mi alrededor solo se avistaba la majestuosidad de las montañas y un bosque estático, envuelto en una neblina espesa. El aire olía a pino y a humedad.

Sin otra alternativa, comencé a escalar el acantilado por el que habíamos caído, enterrando los dedos en la tierra húmeda hasta salir al borde del camino. La carretera se extendía casi cortada por grietas profundas. Con pasos cojeando y la cabeza con un dolor, eché andar a ciegas.

Tras varios minutos de caminata en una soledad sofocante, una sombra enorme emergió del lugar a un costado. Apresuré el paso pensando que se trataba de alguna estación, pero al acercarme, descubrí un estúpido letrero de madera.

Me detuve y parrpadeé varias veces, intentando convencerme de que el golpe me hacía ver mal. El letrero no decía New Village. Las letras medio desgastadas marcaban un nombre distinto. VILLAGE 13.

—¿Qué carajos es esto...?. Se supone que este lugar es New Village...

La impresión me dejó atónita, pero el frío punzante me obligó a moverme. Me adentré en la espesa neblina, avanzando por la carretera mientras la visibilidad se reducía a unos cuantos metros. A medida que caminaba, las siluetas de varias estructuras comenzaron a hacerse visible entre la niebla hasta revelar el pueblo.

Apresuré el paso y me fuí a correr hacia las primeras construcciones.

—¡AUXILIO! ¡¿HAY ALGUIEN AQUÍ?!. ¡PROFESOR STRIKLAN! ¡JESS! ¡CHICOS, POR FAVOR, RESPONDAN!

Mis gritos rebotaron contra las paredes de los edificios y se desvanecieron en la nada. Ante mí se avistaba un pueblo completamente desierto: comercios con las persianas abajo, un diner con los letreros apagados, una gasolinera abandonada y hileras de casas a oscuras. Ni un solo vehículo transitaba; ni una sola persona caminaba por las aceras. ¡Carajo!... Pero.. ¿Qué mierda...?

—¿Qué diablos está pasando aquí...? —dije llevándome las manos a la cabeza—. Esto no tiene sentido... ¿Dónde está toda la gente?

Avancé a pasos lentos por el centro de la avenida. De pronto, entre el espesor de la bruma, aprecié la silueta de una chica corriendo desesperadamente hasta disolverse en la nada. Reconocí su figura al instante: era Karys.

—¡Hey! ¡Espera, espera! ¡Karys, eres tú! ¡¿A dónde vas?! ¡Soy yo, Misty!

Corrí con todas mis fuerzas hacia donde la había visto, pero al llegar no había nadie. Karys había desaparecido. Sin embargo, justo allí, una línea espesa y oscura llamaba la atención sobre el suelo: un rastro de sangre fresca que marcaba hacia adelante.

Con el estómago revuelto, empecé a seguir el reguero rojo. Unos pasos más adelante, el rastro terminaba bruscamente ante una escena espeluznante. Tirado sobre el suelo yaciendo inmóvil, estaba el maestro Striklan. Su cuerpo lucía bañado en sangre, descompuesto y grotescamente podrido, como si llevara días expuesto a la intemperie.

A su lado, pegada al cadáver, se retorcía una criatura deforme y encorvada. No tenía brazos ni rostro; era un monstruo de piel pálida que se convulsionaba y se frotaba contra los restos del profesor, esa cosa estaba en una especie de impaciencia por comercelo.

—¿M-Maestro... Striklan...? —alcancé a balbucear, retrocediendo a ciegas por el miedo.

En mi intento de alejarme, mis pies se trabaron entre sí y caí de espaldas contra el suelo, dejando escapar un gemido.

Al escuchar la caída, esa cosa se congeló por un segundo. La criatura reaccionó bruscamente y comenzó a avanzar hacia mí en una carrera, retorciéndose en ángulos imposibles.

La adrenalina se apoderó de mi cuerpo. Pese al dolor del golpe, logré ponerme de pie de un salto y eché a correr en sentido contrario, gritando por auxilio.

En ese preciso instante, la realidad a mi alrededor se fracturó. Con un zumbido que vibró en mis oídos, el cielo se tiñó de un color marrón rojizo, denso y extraño. El entorno de Village 13 comenzó a mutar agresivamente ante mis ojos, el piso de la calle se agrietó soltando vapores, las fachadas de las casas se revistieron al instante de hierro, capas de suciedad y secreciones oscuras que salían por las paredes, transformando el lugar en una pesadilla.

Desesperada y aterrorizada, corrí intentando escapar de la criatura que me perseguía. Con el corazón a millón, pude ver un edificio de apartamentos, en ese instante me fuí hacia la entrada y cerré la puerta de golpe, apoyando todo mi peso contra el marco.

El interior no ofrecía ningún alivio: las paredes estaban cubiertas de óxido y manchadas de sangre. Agitada y sin aliento, avancé en busca de una salida trasera. Sin embargo, al aproximarme a la zona de la cocina, las sombras se retorcieron y emergieron más criaturas deformes. Presa del pánico, di media vuelta para regresar a la entrada, pero salir significaba entregarme directamente al monstruo de la calle.

Sin más opciones, me lancé hacia las escaleras y comencé a subir apresuradamente. Recorrí los pasillos intentando abrir las puertas, pero los apartamentos estaban cerrados con candados. Al llegar al siguiente nivel, forcé una de las perillas y la puerta cedió. Entré y aseguré el acceso atascando una silla de madera debajo del pomo.

Buscando desesperadamente un refugio, me arrastré hasta esconderme debajo de la cama, conteniendo la respiración en medio de esta puta locura. A los pocos segundos, una serie de golpes comenzó a sacudir la madera de la entrada, seguidos por una voz desesperada.

—¡AYUDA, ABRAN LA PUERTA! —gritaba alguien desde el pasillo—. ¡Soy Samantha, abran la puerta por favor! ¡Ahí vienen! ¡Por favor, ayuda!

Al reconocer la voz de mi compañera, actué por puro instinto. Salí de debajo de la cama, corrí a la entrada y retiré la silla para abrir. Samantha entró empujada por la adrenalina y, entre las dos, volvimos a atrancar la puerta con todo lo que teníamos a mano.

—¡Qué demonios está pasando! —exclamó Samantha, pegando la espalda a la pared—. ¡YA DÉJENOS EN PAZ! ¡VÁYANSE!

Los impactos contra la madera se volvieron cada vez más agresivos. Las criaturas se estrellaban violentamente desde afuera y las grietas comenzaron a extenderse por toda la superficie. La estructura cedía segundo a segundo.

—¿Qué quieren de nosotras? —grité —. ¡Váyanse ya!

Con un estruendo que me hizo saltar del miedo, la puerta fue derribada por completo. Los trozos de madera saltaron por los aires y las abominaciones comenzaron a abalanzarse hacia el interior del pequeño apartamento. Me quedé paralizada, viendo cómo esas malditas cosas deformes y llenas de garras se acercaban hacia nosotras, seguras de que este era nuestro final. Samantha a mi lado soltó un grito de miedo, y yo cerré los ojos esperando el impacto.

Pero justo en el instante en que sentí que algo afilado iba a rozar mi piel, el aire a mi alrededor pareció congelarse. Abrí los ojos con incredulidad.

Las criaturas emitieron un sonido extraño, y ante mi mirada atónita, comenzaron a desintegrarse en el aire. Se deshacían como ceniza, desapareciendo pulgada a pulgada. Al mismo tiempo, el óxido y la suciedad que cubrían las paredes comenzaron a retroceder a una velocidad sutil. Vi cómo la pintura deteriorada, el techo pelado y los muebles viejos del apartamento recuperaban su aspecto original, limpio y ordenado, justo ante mis ojos. La pesadilla de hierro y sangre que nos había rodeado se disolvió en cuestión de segundos, devolviendo el lugar y a todo el pueblo a su estado inicial.

Samantha y yo estábamos tendidas en el suelo, respirando con dificultad, con el pecho subiendo y bajando por el terror que acabábamos de vivir. Contemplamos en absoluto silencio cómo el entorno volvía a la normalidad, como si nada de lo que pasamos hubiera sido real. Nos pusimos de pie lentamente, cada movimiento me costaba un mundo, y cruzamos miradas cargadas de una confusión y un agotamiento increíble. Ninguna de las dos se atrevía a romper el silencio.

Sin pronunciar una sola palabra, movidas por un impulso común de salir de allí, bajamos juntas por las escaleras y cruzamos la puerta principal del edificio. Al salir a la calle, la atmósfera aterradora que nos había acosado había desaparecido por completo. Ante nosotras se extendía nuevamente la misma avenida estática y gris de antes, envuelta en esa neblina persistente y sumergida en el silencio absoluto de un pueblo que seguía estando completamente vacío.

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