Prólogo
El amor puede detener el tiempo
El segundo que lo cambió todo
La lluvia caía con tanta fuerza que parecía querer borrar la ciudad.
Las calles estaban cubiertas de agua, las luces de los vehículos se reflejaban sobre el asfalto y los truenos hacían vibrar los cristales de los edificios.
Jungkook permanecía sentado en el suelo de su apartamento, con la espalda apoyada contra el sofá y la mirada perdida en un punto inexistente.
No había llorado.
Ya no podía.
Frente a él, sobre la mesa, descansaba una taza de café que jamás había probado y, junto a ella, un teléfono que llevaba horas sin sonar.
Pero él seguía esperando.
Esperando un mensaje.
Una llamada.
Cualquier cosa.
Aunque sabía que nunca llegaría.
—Jimin...
Pronunciar su nombre fue suficiente para quebrarlo.
Cerró los ojos.
Y, como cada noche desde aquel día, su memoria regresó al mismo momento.
La discusión.
Las palabras.
La puerta cerrándose.
La lluvia.
El automóvil.
El accidente.
Y aquella llamada que había recibido cuarenta minutos después.
"Lo sentimos mucho..."
Jungkook apretó los puños.
—No debí dejarte ir.
Una lágrima finalmente recorrió su mejilla.
—Debí detenerte.
Había pasado un año.
Un año desde que Jimin había muerto.
Un año desde que Jungkook había descubierto que podía vivir sin respirar, comer, dormir o sonreír.
Pero no podía vivir sin él.
Se levantó lentamente y caminó hasta la ventana.
La misma lluvia.
La misma noche.
El mismo cielo.
—Si pudiera regresar...
Su voz se quebró.
—Solo necesito un minuto.
Apoyó la frente contra el cristal frío.
—Un minuto para decirte que te amo.
El trueno que siguió fue tan fuerte que las luces del apartamento parpadearon.
Jungkook levantó la mirada.
Por un instante, creyó ver algo extraño entre las nubes.
Una luz.
Doradas, intensa, imposible.
Y entonces escuchó una voz.
No provenía de ninguna parte.
Pero estaba allí.
Dentro de su cabeza.
—¿Darías tu vida por recuperar ese momento?
Jungkook se quedó inmóvil.
—Sí.
No necesitó pensarlo.
—Daría cualquier cosa.
El corazón comenzó a latirle con violencia.
—Incluso si el precio eres tú.
Jungkook cerró los ojos.
Recordó la sonrisa de Jimin.
Sus ojos.
Sus manos.
La forma en que pronunciaba su nombre.
Y aquella última frase que había escuchado antes de que se marchara:
"Estoy cansado de que nunca me elijas."
—Sí.
Una lágrima cayó sobre el cristal.
—Lo elegiría mil veces.
El mundo desapareció.
El sonido de la lluvia se apagó.
El apartamento se desvaneció.
Y durante un instante Jungkook sintió que caía dentro de un vacío infinito.
Hasta que escuchó algo.
Un golpe.
Una puerta cerrándose.
Y una voz que conocía demasiado bien.
—¡Entonces quédate con tu orgullo!
Jungkook abrió los ojos.
Su respiración se detuvo.
Frente a él estaba Jimin.
Vivo.
Con los ojos llenos de lágrimas.
Con la misma ropa que llevaba aquella noche.
Con el corazón latiendo.
Jungkook sintió que las piernas dejaban de responderle.
—Ji... Jimin...
El otro retrocedió, confundido.
—¿Qué te pasa?
Jungkook lo miró como si estuviera viendo un milagro.
Y entonces comprendió.
Había regresado.
Había recuperado el segundo que lo había perdido todo.
Pero no sabía todavía que el destino no pensaba regalarle una segunda oportunidad.
Pensaba cobrarla.