01
Los perros ladran molestos porque están hartos de tener que seguir a su presa.
¿Por que corría? Si él sabía desde el inicio que su vida sería finalizada cuando los perros de Lucifer llegaran a visitarlo. No tenía sentido huir, su final estaba escrito en piedra.
Sin embargo, en el bosque solo se podían escuchar los gritos de aquel adulto, corriendo entre la maleza del bosque, esquivando piedras y desniveles.
Los sabuesos no eran los únicos en ir detrás de él.
Disparos aceleraban su corazón y lo impulsaban a correr más rápido. Lo curioso es que su vida no le importaba; le importaba algo más.
“Lucifer... Discúlpame, hoy no llegaré a casa.”

Nueva Orleans, Louisiana. 1932.
El moreno se levantó de su cama gracias al aviso del sol entrando en su ventana. Era un nuevo día y sin duda quería aprovecharlo con los planes que había organizado desde hace ya un par de días.
Al levantarse se cubrió con una bata, se puso sus pantuflas y colocó sus redondos lentes. Vestido de una forma más cómoda, caminó por los abandonados pasillos de su hogar; una casa hermosa en medio del bosque que le recordaba todo lo que había vivido en esas cuatro paredes. Su hogar de la infancia, era su hogar como adulto.
Él único recordatorio de quién era él y porque era él.
Luego de pasar al baño, fue a la cocina, aunque antes se detuvo en el pasillo principal de la casa para observar dentro de la oficina que mantenía la puerta abierta, ahí observó uno de los pocos cuadros del lugar; se trataba del cuadro de una hermosa mujer adulta, era morena y de cabello castaño, aunque ya tenía algunas canas. A su lado estaba él, siendo abrazado por ella de esa forma tan maternal y cariñosa.
“Mamá... No me mires así, hace mucho deje de ser el orgullo que antes era.”
Continuó su camino hasta la cocina y se preparó algo para desayunar, no quería perder mucho el tiempo.
El desayuno fue silencioso y lento. Ese día no quería escuchar jazz, el día anterior había puesto mucho en su programa de radio, así que por hoy estaba harto; eso provocó mucho silencio en la cabaña.
Al finalizar su desayuno, fue directo a su oficina, esta vez con la intención de entrar. Su objetivo era una estantería pequeña en la pared, ahí habían libros hechos por él respecto a su investigación con el mundo sobrenatural y el vudú. Una sonrisa se marcó en su mirada vacía y entonces tomó uno de los libros para leerlo por encima.
Nunca había funcionado, y por ello decidió hacer un último intento antes de deshacerse de esos libros.
Dibujó los signos correspondientes, puso velas y miró el cuadro de su madre; tras meditarlo unos segundos y con un suspiró pesado, lo giró.
“No veas lo que soy ahora, por favor.”
Con ese pensamiento en mente leyó en voz alta lo que decía aquel libro; era latín, fácil de leer para aquel que tenía práctica, como él.
—Salve Satards Sale Stands Sale Stars. In nomine dei nostri Luciferi enci Potentus tue mondi de inferno Et son potest Lucifer imperor rex Masima Dud ponticias glorificamuar Et in modus copulum Aderamos te Satan unipote instri mundi. —Mientras cantaba, su voz era firme pero también extendía sus manos esperando a que algo apareciera. —Domunt agimas komu nasarıma. Res Rexmudorum in vita Lucifer Dennis, etiles, nepris Des antri Satana. Prontem minun glorum informa Entus Lachers ampera omnipotens. Salve, Salve, Salve. —.
Al finalizar de hablar, alzó su mirada al techo y estiró sus manos al aire; a los pocos segundos, miró a su alrededor.
Nada. No había nada. Ni una luz, ni un ruido, ni siquiera algo de aire.
Una risa amarga salió de su garganta mientras cerraba el libro. Había salido mal, otra vez. Era momento de retirarse de ese lugar, ¿Quizás salir para divertirse? No estaría mal después de ese fracaso.
Sin embargo, hubo una ráfaga de aire caliente que después se volvió terriblemente fría en solo cuestión de segundos, erizando todo su vello corporal.
El aire fue tan fuerte, que apagó las velas de la habitación y ocasionó una absoluta obscuridad.
El humano de inmediato se giró al centro de la habitación y se dio cuenta de que los dibujos que habían en el piso brillaban en un intenso carmín, como la sangre.
—Oh, mierda... —De su boca salió una maldición mientras retrocedía dos pasos.
Sabía lo que significaba que todo esto estuviera pasando.
Pero antes de que pudiera hacer más, la puerta se cerró a su espalda para evitar su escape, el estruendo le hizo pegar un brinco.
No sentía miedo, pero si sentía que la fuerte y mala vibra en el aire de aquella cosa que se estaba haciendo presente en cuestión de segundos.
Del centro de los dibujos, una forma humanoide empezaba a salir alrededor de fuertes llamas.
Aquel ser invocado miró a su alrededor, encendió toda luz en esa habitación y ambos pudieron verse. Humano y demonio, cara a cara.
El moreno sonrió tan sínico como su cuerpo y facciones le dejaban, sacó de su bata un abrecartas, era su arma y siempre cargaba con ella.
El ser leía su alma, todo quedó claro para él; sucio y perverso sádico amante de comer lo prohibido, su lugar en el infierno estaba ganado, no importaba lo muchos que implorara redimirse. Sin embargo, verlo estar dispuesto a atacar le molestó; frunció sus facciones, sus cuernos crecieron, su cola salió, torció su sonrisa y sus ojos se volvieron rojos.
Al moreno le tomó un momento darse cuenta de quién tenía enfrente.
—Inmundo humano que osa llamarme, ¿Crees qué puedes hacerme siquiera daño? —Su voz era un eco escalofriante que retumbaba en los oídos del otro. —Espero que así te quede claro con quién tratas, así me pinta tu gente, ¿No? Un angel caído como yo, retorcido por tu gente. Que coraje. —.
El otro se enderezó, pero no duro mucho porque no tardó en hacer una pequeña reverencia, entendiendo que tenía enfrente a alguien muy importante.
—Pero si es el mismo Lucifer. Disculpe mi insolencia, su deidad. No esperaba tal visita gratificante en mis aposentos. —Su formalidad era una burla.
El soberano supremo, el primer demonio, aquel ser todo poderoso y malévolo de todos los infiernos era tan... Pequeño.
Lucifer notó su insolencia y burla; la ignoró porque sabía controlar sus instintos y emociones. En su estado era más complicado, más en un periodo tan... Cambiante.
—Perdono tu insolencia, humano, solo porque estoy aburrido. —Era mentira, estaba huyendo. —¿Qué deseas? ¿Mujeres, dinero, poder? —Hizo una pausa, riendo con sarcasmo. —¿Un pene grande? —.
—¿Pene grande? Tentador, pero no es lo que deseó de usted. —.
El moreno se acercó más a la figura, pero manteniéndose con su distancia. Ya no había miedo, estaba interesado por soltar su deseo, por ver cómo se cumplía y lograba seguir con lo que más gustaba de hacer.
—Aquello que deseo de usted, deidad, es el simple capricho de que me deje continuar con mi pasatiempo sin que nadie interfiera. —Hizo una pausa, volviendo a su sonrisa. —Quiero seguir matando y devorando carne sin que la gente estúpida llegué a mi. No solo es mi pasatiempo, es también un trabajo extra. Es abrumador ser el sospechoso. Ayúdeme a que no lleguen a mi, y le daré mi alma, eso es lo que quiere, ¿no? —.
—¿Tu alma? No. Míralo como una caridad por la humanidad, lo haré, sin nada a cambio. —.
En realidad, ya tenía algo a cambio. Por algo tan fácil como esto podría mandar a un demonio, pero no, haría el trabajo él mismo. ¿Por qué? Fácil; estaba huyendo de su esposa, Lilith. Aquella bella mujer se había vuelto muy agresiva luego de que a él se le ocurriera algo nuevo para su relación, un heredero, mismo que ahora mismo cargaba con tres meses de gestación.
Mismos meses en los que Lilith le estaba haciendo la vida imposible.
El moreno lo acepto, feliz de no tener que dar nada a cambio. Sabía que el diablo siempre juega sucio, pero también sabía que no tenia nada que perder siempre y cuando pudiera seguir con su diversión.
Estiró su mano para cerrar el trato, pero Lucifer solo lo observó confundido; alzó una ceja y tomó su muñeca para usar fuerza bruta y hacer que se arrodillé. Sin darle oportunidad de reaccionar, sostuvo sus mejillas.
Entonces lo besó.
Hubo llamas y un fuerte destello que cerró el trato en un papel que desapareció con las llamadas.
Un empujón fue lo que Lucifer recibió. Divertido y con el trato recién hecho, empezó a reír.
—¿Qué ocurre? ¿No querías hacer el trato? Oh... Me hubieras dicho que no eran tus preferencias. —Con un chasquido cambio su aspecto a uno más femenino, con caderas, curvas, pecho y grandes glúteos. —¿Esta mejor? —.
—¡¿Por qué me besó?! —.
Lucifer lo ignoró porque era divertido.
Se movió por la habitación sacudiendo sus caderas y cola solamente para molestar al humano. Al menos así fue, hasta que observó el libro del otro; lo tomó y se sentó en uno de los sofás, de esa forma lo empezó a ojear frente a la mirada del moreno.
—¿Lo hiciste tu? Tiene bastante información. —Y no mentía, tenía información de diferentes demonios, incluso de él. —Trampa del diablo; debiste usarla, con ella hubiera sido tu esclavo, pero te perdono porque estoy de excelente ánimo, humano. —.
—No la use porque pensaba que no iba a funcionar. No pensé que tendría siquiera el placer de su deidad y sus malditas bromas. —.
Con una clara irritación, se acercó para acorralar al ser en aquel sofá; el ser lo miró atento, sin una pizca de miedo ¿qué le podía hacer un simple humano? Nada.
—De cualquier forma, ¿Podría volver a la normalidad? Aunque no lo hago seguido, disfruto de matar y comer mujeres, esta apariencia no ayuda. —.
Ante tal amenaza le arrebato el libro y sostuvo su mentón. Mirándolo de frente y desde tan cerca, tuvo sus deseos; aquel de arrancar cabello o sus ojos y guardarlos, devorar esa pálida piel...
—Que pervertido, no entiendo porque matar mujeres, son hermosas y creo que algunas tienen mentes más retorcidas. —.
El humano suspiró y se alejó del otro... ¿otra? para ir a dejar el libro en su lugar, ignorando completamente la queja.
Él tenía sus razones detrás de asesinar mujeres, aunque no fuera algo que hiciera tan seguido; razones que no tenía por qué contarle a ese ser, por más supremo que fuera.
—¿Y bien? ¿Cómo piensa ayudarme, su eminencia? —.
—¿“Y bien” qué? ¿Por qué debería revelarte mis trucos? Confórmate con saber que nadie sabrá que eres el asesino. Soy un buen angel caído, jamás he roto un trato. —.
Se levantó del sofá para hacer aparecer su bastón, poseía una manzana en la cabeza; lo sacudió en el aire y lo golpeó contra el suelo. Una luz dorada se extendió por toda la sala junto a un fuerte aire, luego de eso, desapareció el bastón y se sentó con las piernas cruzadas en el sofá, tocando su vientre. Su Charlie.
—Hecho. Ahora, cada persona que sabía o tenía sospechas de que eras un asesino no lo recuerda. Además, eliminé cada prueba que pudieran ocupar contra ti. —Cerro los ojos un momento, permitiendo un descanso. —Grey... ¿Haces esto por qué? ¿Por qué matar gente? ¿Tiene que ver con tu madre? —Al preguntarlo, abrió los ojos para verlo. —¿O simplemente te diviertes causando caos y destrucción? Creo que debes tener tus razones, aunque eso no justifica tus acciones. ¿Alguna vez pensaste en buscar ayuda o tratar de superar tus problemas de una manera menos destructiva? —.
Su nombre lo sabía después de hacer el trato, lo de su madre simplemente lo sospecho tras ver el cuadro en la habitación; de algún modo, el humano sospecho que lo supo por tener la magia de su lado.
—Oh, genial, ¿En el trato hay una sección de psicología? Bien, ¿Qué trauma deberia contarle primero, doctor Lucifer? —De inmediato borró su sonrisa, esa fue su respuesta.
A Lucifer le quedó en claro que no hablaría de ese tema y hasta se pondría agresivo de seguir insistiendo.
—Se que no tiene nada que ver, pero... ¿Tienes manzanas? Quiero comer algo, estoy antojado. —Podría ir por cuenta propia, pero era su venganza por no abrirse ante él.
—Si, tengo manzanas. Sígueme por aquí, y NO se meta en MIS asuntos. —Recalco las palabras con clara advertencia.
Sin esperar respuesta salió de aquella habitación para volver a la cocina. A Lucifer le costó un poco levantarse, principalmente porque le había llegado un dolor en la espalda por consecuencia de su embarazo; eso no lo detuvo de ir por sus manzanas. En el infierno no había o eran escasas, las de la tierra eran increíblemente dulces y jugosas.
El humano buscó en su cocina en la zona de las frutas, encontró lo que buscaba y suspiró con cierto alivio. Tomó tres manzanas y las lavo muy bien, luego se giró en dirección del demonio y le dió dos de las manzanas.
—Tenga, casi no las como, así que le daré dos. —Sin esperar más, mordió la tercera manzana.
Lucifer mordió una de sus dos manzanas, de inmediato pegó un brinco que llamó la atención del otro por su repentino acto infantil.
—Estan deliciosas, gracias. No me meto en tus problemas. —.
En silencio, los dos siguieron comiendo del fruto.
Cuando Lucifer devoró prácticamente la primera, fue por la segunda sin dudarlo. Grey comía la suya con calma y moderación. Cuando acabó, tiro la manzana y fue a sentarse, el otro también estaba acabando así que copió su acción y se sentó en el sofá con él.
El ambiente se estaba tranquilizando, aunque lo único malo para Lucifer eran los dolores de espalda, pero se pasarían con las horas, pensó fugazmente en decirle al humano de su embarazo, pero enseguida lo descarto.
—Estaban muy buenas, no entiendo porque no hay en el infierno. —.
—¿En el infierno no hay manzanas? —.
—A ver, sí hay manzanas, más en mi casa, pero la verdad no tienen el mismo sabor que las de este plano, por eso, agradezco cuando los humanos me llaman. Puedo robar manzanas antes de volver al infierno. —Solto una baja risa, antes de continuar. — Bueno, gracias por las manzanas. A veces, es agradable tener un pequeño respiro del infierno. ¿Hay algo más que quieras o necesites? —.
El humano lo pensó, pero de inmediato negó, todo lo que quería estaba por ser cumplido, seguir con sus retorcidos planes por un tiempo más, ¿Pedir poder? Lo veía innecesario, ya tenía lo suficiente en ese momento.
—Creo que por ahora no necesito nada más. —Dijo, para luego proseguir. —Me gustaría admitir que es curioso que le gusten las manzanas, siendo que en la historia fue usted quien le dijo a Eva que probara la manzana, el gran fruto prohibido. —.
—¿Realmente se cree que el fruto prohibido fue una manzana? Ugh... odio las iglesias. Demonizaron mi nombre y mis acciones. Yo solo hice que descubrieran lo que era bueno, y no era una manzana, solo lo cambiaron para que fuera “para todos”. Esa manzana era tener sexo por placer, no para engendrar. Yo solo creo que los humanos deben disfrutar lo terrenal, sin dañar a otros. Tú puedes hacer lo que desees si no lastimas a nadie. Pero gente como ustedes, gente que ama ver el mundo sufrir, me hacen ver cómo el malo de la historia. —.
—Creo que quizás le vendría bien leer la biblia, ahí sabrá que tanto han dicho de usted y de su mundo. —Solto con gracia.
—¿Leer el libro que me pinta como una de las creaciones más odiadas de todos los tiempos? Claro, como si no tuviera sentimientos y no me lastimara. Además, la mayoría de las biblias son basura. —.
El humano asintió porque estaba de acuerdo con lo que decía sobre la biblia. A él también le parecía un libro muy hipocrita y una basura.
Ambos quedaron en silencio, uno que para sus pesares era incómodo. Por suerte, Grey era un excelente locutor de radio, sabía improvisar temas, y eso incluía temas de conversación.
—¿Realmente es un ángel caído? —.
Nada más preguntar eso, el más bajo extendió sus alas mientras se sentaba correctamente, puso las más grandes alrededor de ellos para darse calor.
—Lo soy, ¿Te gustan? En la Biblia dice que Dios me arrancó mis alas y me lanzó al mundo humano. Solo me desterraron por amar a una humana, mi esposa, Lilith. —.
El moreno, impresionado por sus alas, acercó su mano hasta que pudo tocar las plumas, sin embargo, el otro las guardo lo más rápido que pudo.
Nadie las tocaba, solamente Lilith y era en su mayoría cuando tenían algún acto sexual, por ello, era de las partes más sensibles del rey del infierno, pero esto no lo sabía el humano y por eso no dijo ni demostró nada más allá de un sutil sonrojo.
—Puedes preguntar lo que gustes, menos de tu muerte o la vida del más allá. Lo demás queda a mi criterio, y es un criterio extenso. —.
—¿Preguntar sobre mi muerte? No me diga que incluso hasta eso lo sabe... —.
—Solo de las muertes de las personas con las que hago trato, porque su vida se reduce a la mitad. Pero esas cosas nunca las digo, simplemente porque no es necesario asustar a las personas. Además, como te dije, no puedo revelarte esa información. Únicamente porque, si no mueres como debes, mis sabuesos infernales vendrán por tu alma y te matarán. —.
El humano asintió a penas, Lucifer pudo leer en su mirada que no le interesaba saber su muerte. Este humano era curioso, le agradaba.
—Como decía, mi expulsión del cielo no fue por rebelarme o hacer algo malo. Fue por el simple acto de amar a Lilith. Nosotros, los ángeles, no estamos destinados a enamorarnos de los humanos, pero el amor no entiende reglas divinas. Sin embargo, en el proceso, descubrí las maravillas y desafíos del mundo terrenal. ¿Te imaginas lo que es vivir siglos viendo cómo evoluciona la humanidad? —Dio una pausa, solamente para mirarlo. —En cuanto a tus preguntas, puedes obtener lo que desees. No necesitas vender tu alma para obtener beneficios. Solo trata de no dañar a otros. No soy un demonio que busca hacer sufrir a los humanos, a pesar de lo que muchos creen. —.
—No trates de guiarme por ese lado, se muy bien que lo que hago está mal y es horrible, pero aunque quisiera, es algo que no puedo dejar. —Exclamó ofendido, no era un niño pequeño, sabía lo que era bueno y malo, la vida lo orillo a amar lo malo.
Lucifer solamente suspiro. El moreno prosiguió con una pregunta.
—¿Lilith no es la famosa madre de los demonios? Aquella que se negó a ser sometida por Adam y que dios castigo por ello... Si, creo que algo así era la historia. —Sonrió al decir eso, emocionado por lo que podría preguntar. —¿Cómo es ella? ¿Sigues amándola? —.
Tocó el tema porque era interesante; ser desterrado únicamente por amar. El amor era absurdo para él, pero incluso siendo una persona ignorante en el amor, se le hacía una tontería que dejaran caer a uno de los que, según se dice, era el mejor ángel que había sido creado. Ahora, más que sentirse molesto, se sentía curioso, curioso por el gran—pequeño—ser mágico a su lado.
—Sí, así es. Es un poco extraño el término “madre de los demonios”. Ella se negó a ser sometida por Adam, así que me acerqué a ella. Ambos habíamos sido castigados por el simple pecado de desobedecer. Terminamos casados y siendo reyes del infierno, aún que... —Se detuvo, ¿Estaba bien decir cosas personales a ese humano?
No quería poner a Lilith como la mala. Quizás solo ella estaba pasando por un mal momento, o realmente deseaba protegerle. No quería echarle la culpa a la bebé, aunque era cierto que gracias a su embarazo Lilith ya no era la misma. Estaba seguro de que cuando tuvieran a Charlie, todo iba a mejorar y volverían a ser una familia feliz.
—¿Reyes del infierno? Vaya, eso quiere decir que estoy delante de alguien atado, que curioso. Y mas curioso es la unión entre ustedes. —.
¿Atado? ¿Él, atado? Era una de las formas de llamar al matrimonio que odiaba, pero... Viendo cómo estaba su relación con Lilith, creía que era cierto; estaba en el mundo humano únicamente porque estaba trabajando, deseaba que realmente no fuera así, pero realmente estaba cegado, realmente creía que Charlie podría sanar su relación. Decidió decir más cosas de ella.
—Es mucho más alta que yo, del tipo de tu altura, rubia preciosa, con una piel blanca, no tanto como la mía, un poco más humana, y dos cuernos grandes en su cabeza... La amo ciegamente, pero no niego que las cosas son complicadas, más cuando peleamos. Son más frecuentes de lo que me gustaría, pero nada que no pueda ignorar. Digo... Por eso vine. Hace unos meses, en el infierno, me encerró en una de las habitaciones del palacio. No es tan lindo como suena, me la paso todo el día haciendo patitos de hule, solo para no aburrirme. Hoy salí a buscar algo para comer, y me regañó, pero es normal en las relaciones, creo... —.
El humano escuchó, ¿Que otra cosa podría hacer, si no? Él no entendía de temas románticos, en absoluto, así que lo mejor que pudo hacer fue callar y dejar que el ser se desahogara con el pesar de sufrir una relación tóxica que pensaba que podía arreglar.
Pronto, Lucifer se dio cuenta de su extensa habla, y se avergonzó por ello.
—Lo siento, Grey, hablé de más. Te juro que lo dije sin pensar, no debí contarte mis problemas, eres muy joven para estos problemas. —.
El moreno simplemente hizo un gesto de nula importancia. Otra vez hubo silencio... Mismo que Lucifer aprovecho para pensar y darse cuenta que sabía absolutamente casi todo del humano; pero no se había presentado correctamente.
—Llevamos casi una hora hablando y no me he presentado, perdón, me distraigo. Me llamo Lucifer Morningstar, ángel caído, primer pecado y rey del infierno. Tu nuevo socio de asesinatos. ¿Y usted, mi compañero? —.
—Lucifer Morningstar... Interesante nombre. Se que seguramente ya sabe mi nombre, soy Grey Wireless, una persona famosa de esta ciudad y también, excelente locutor de radio. ¿Lo dije todo correcto? —.
Al obtener una respuesta afirmativa, sonrió. Parecía que de nuevo quedarían en silencio, pero se adelantó.
—Exceptuando ese beso y que cambió a una mujer... Admito que podría llevarme bien con usted, eminencia. —Afirmó.
—El beso fue para cerrar el trato, y viendo que estamos bien, ya debería irme. No quiero interrumpir más en tu día. —Dicho eso, se levantó del sofá.
Estaba por irse, pero la voz del otro lo detuvo. Grey había soltado una baja risa.
—¿A dónde va? Quiero poner a prueba sus poderes. —.
Sin esperar respuesta se puso manos a la obra.
Fue a vestirse lo más rápido que pudo, tomando su abrecartas para dejarlo en su bolsillo, luego de eso llevo al demonio fuera de la cabaña; se veía un extenso bosque en el que fácilmente podías perderte, pero el moreno sabía el camino para ir a la ciudad, no estaba tan lejos.
Lucifer se puso la apariencia de un perro para seguirlo, de esta forma cuando llegaron a la ciudad a los pocos minutos; paso desapercibido.
Grey estaba buscando una presa, hasta que miró, por su extravagante vestimenta, a una prostituta entrar a un callejón, era baja y morena, como todos en Nueva Orleans.
Ambos la siguieron de cerca, pero fue Grey quien se lanzó a atacarla cuando se percató de que no había nadie alrededor; le cubrió la boca con una mano mientras que con la otra encajaba el filo de su abrecartas en la yugular de la mujer, la cual no tuvo tiempo de reaccionar antes de sentir como se ahogaba en su propia sangre, sin la oportunidad de gritar o llorar.
Grey la dejó caer al piso y entonces encajo el arma en su estómago múltiples veces.
Lucifer no se consideraba alguien sádico, pero luego de ver tanta maldad algo se le había pegado. Por este motivo, mientras el moreno se incorporaba y limpiaba la sangre de su rostro y lentes, Lucifer observó como la chica, agonizante, le daba la mirada y pedía ayuda... Patético, ¿Pedirle ayuda a un perro? Solamente deformó su figura, mostrándose más macabro con una sonrisa para nada natural y una forma aterradora, misma que contagio a la chica segundos antes de finalmente fallecer con aquella última imagen. Con eso, volvió a su apariencia original.
—Eso bastará. Bien, demuestre sus poderes. —.
—Ni un “por favor”, agh... Bien. —.
Lucifer hizo aparecer su bastón de nuevo, un movimiento elegante y ¡Listo! No había cadáver, ni sangre, ni siquiera en el moreno tenía sangre. Grey se miró a si mismo, asombrado.
—¿Y bien? ¿Te agrada? Esa chica ahora está en alguna parte de cualquier país, tres metros bajo tierra, nadie sabrá... De nada, Grey. —.
—Es perfecto, sin duda. Muchas gracias, su eminencia. —.
El moreno estuvo listo para dejarlo ir, y el ser estuvo listo para desaparecer, sin embargo, comenzó a llover.
En silencio se miraron durante unos segundos, Lucifer hizo aparecer un paraguas y cambio a una forma más humana, cubriendo a ambos con el objeto.
—Volvamos a casa. Así hablamos de cómo comunicarte conmigo cuando lo necesites, sin tener que hacer un ritual. —.
Ambos caminaron pegados bajo la lluvia cubriéndose con ayuda del paraguas. De camino tuvieron una conversación trivial más, pero poco después retomaron el último tema importante.
—Digame entonces, ¿Que método le gustaría usar para cuando lo llame? Puedo usar el que prefiera, después de todo, no está obteniendo nada a cambio de mis llamados, que seguramente serán recurrentes. —.
—¿Uh? Bueno, el método más común para que puedas llamarme, es simplemente llamarme... —.
Se detuvo de hablar, ¿Por qué? Porque el moreno se había movido, saliendo de su campo de visión, entro a una tienda.
Tardo ahí un rato. Cuando salió a los pocos minutos, ya tenía una bolsa, una bolsa con manzanas. Se la ofreció al ser.
—Manzanas para su retorno. Consideré esto un agradecimiento. —.
—Gracias por la consideración de darme manzanas. Me las llevaré al infierno. Espero que no se echen a perder. ¿Sabes cuánto duran? Aunque no creo que se pudran para mañana. —.
Continuaron con la caminata. Pronto tuvieron que atravesar el bosque, así que Grey, al saber más sobre el lugar, lo ayudó, esto debido a que por la lluvia había mucho lodo y estaba todo resbaloso. Al llegar a la seguridad de la casa, Grey nuevamente se acercó para hablar de lo importante.
— Bien, debido a que interrumpí su habla... ¿En qué quedamos? —.
El más bajo solamente tomo un cuaderno y una pluma, dibujo un símbolo ahí y se lo paso al moreno.
—Bien, por último, como te decía, puedes llamarme por mi nombre tres veces, como a Bloody Mary, o hacer este símbolo pequeño con la sangre de tu víctima. Voy a aparecer sin más. Con todo esto explicado, ya me retiro. Espero tu llamada. Hasta luego, Grey. —.
Sin esperar respuesta, desapareció con una ráfaga dorada de luz y algunas llamas, apareciendo en los aposentos de su castillo.
Cayó de rodillas pues el cambio lo había mareado, en medio del silencio escuchó unos tacones resonando con fuerza hasta que las largas piernas de la dueña se posaron en el campo de su visión.
Lilith se arrodilló frente a él, sujetó su mandíbula y ambos se miraron fijamente, la sorpresa fue indescriptible para Lucifer cuando su esposa alzó la mano y le dio una buena bofetada.
Era la primera vez que hacía eso.
Con mucho shock encima, se quedó en el suelo mientras ella se levantaba y salía de la habitación.
Las lágrimas bajaron por sus mejillas, se las limpió pero fue inútil. Un empleado se acercó a auxiliar y lo sentó en una silla cercana, luego trajo algunos dulces y aperitivos, sin embargo, los rechazó al estar aún sorprendido por la agresión de su esposa.
“¿Que fue lo que hice?” “¿Por qué ahora Lilith me golpea?”

Hola, quería hacer una pequeña aclaración porque quizás cause un poco de conflicto... “Grey” es el nombre que Alastor tiene siendo humano, este detalle será importante más adelante, así que no, no es otro personaje, es Alastor.
No olviden seguirme en mi canal de WhatsApp para enterarse de los avisos que pueda dar, o donde pueden mandarme me sabes anónimos sobre cualquier duda que tengan. Me encuentran como [Erezly_Hyakuya 🦔📚]
Y nada, gracias por leer, comentar y poner sus estrellitas, nos leemos.








