﹙𝓘﹚𝗌𝗍𝗂𝗅𝗅 𝗅𝗈𝗏𝖾 𝗒𝗈𝗎
────Perderte es igual a perder mi vida ❜

[⠀Te amo, recuérdalo⠀]

ㅤㅤㅤㅤㅤSU MIRADA FIJA en frente de aquella tumba que portaba el signo Vongola, situado en medio de un bosque gigantesco, muy escondido en lo profundo de los inmensos arboles que le rodeaban, sus manos sostenían fuertemente el ramo de flores blancas. Temblando las deposito suavemente encima de la madera algo degastada, mordiendo levemente su labio inferior en busca de reprimir sus emociones.
—Tsu... Realmente te extraño —dejo salir, tratando de recibir una respuesta que por más que se negará a aceptar, jamás recibirá. Sus orbes cafés comenzaron a cristalizarse mientras sus labios empezaron a temblar de impotencia.
Sus piernas le fallaron, cayendo estrepitosamente al verdoso y lodoso pasto, el cansancio de las misiones le pasaron factura provocando que la debilidad que tanto trataba de encerrar en su alma desdichada fuese mas evidente que nunca. Odiaba sentirse así, su amado no debía verlo así, aun cuando entendiese que este no podía saberlo, “¿Por qué le sucedía esto a él?”, se cuestionó en un intento de encontrar respuestas que nunca hallaría.
Sin percatarse de su alrededor, creyendo que estaba completamente solo, dejo que las emociones que contenía desde hace meses salieran, escuchándose sollozos e hipidos en aquel refugio donde yacía la persona que más amaba en el mundo, las lagrimas recorrían sus mejillas morenas y caían perdiéndose entre las arrugadas ropas.
Siendo que aquella escena tan deprimente era visualizada por un intruso que detuvo su caminar apenas oyó esos lloriqueos, como si un niño pequeño se hubiese caído y lastimado, Gokudera Hayato era conocido por ser alguien que siempre buscaba burlarse del ex-beisbolista, pero esta vez, mientras prendía un cigarro decidió quedarse al margen y no molestar el momento del guardián de la lluvia. Seguía sin poder comprender que incluso la persona más alegre y molesta que ha podido conocer, tuviera una faceta tan deprimente como esa. Evito que esas acumulaciones de agua salada en sus orbes esmeraldas se saliera, debía seguir siendo fuerte. Por el Décimo. Por la familia. Por él.
🍁 : ﹙ 𝐉𝐚𝐩𝐨́𝐧, 𝐝𝐨𝐬 𝐦𝐞𝐬𝐞𝐬 𝐚𝐭𝐫𝐚́𝐬 ﹚
Los días tranquilos eran bastante común para Vongola, con climas disfrutables donde el sol extendía sus enormes rayos y el aire daba un fresco que a cualquiera le encantaría sentir. Las labores de cada integrante de la familia estaban definidas, siendo un agenda bastante atareada, en especial para el Décimo, pero a veces, solo cuando podía escaparse de la supervisión de su demoniaco tutor, se escabullía hacía su lugar favorito, donde le estaría esperando aquel que le hacía sentir que su corazón explotaría de tanto amor que recibía.
Esconderse del guardián de la nube, saltar por la ventana y rodar hacía el pasadizo ubicado en un arbusto que solo él conocía, tener que ir a gatas ensuciándose un poco su traje debidamente planchado, pero jamás le importo que eso tuviera que hacer para escaparse. Cuando sus ojos lograron ver la luz, avanzo con rapidez hasta salir del otro lado y observar que una vez más, había sido el último en llegar.
—¡Jaja, te gane de nuevo! —el moreno soltó alegre, estirando sus brazos—. Anda, te he extrañado mucho. La misión duro más de lo esperado.
—Si, como no tienes que pasar por Hibari y Reborn —reprochó lanzándose a los brazos de su amado—. También te he echado de menos Take. Le diré a Gokudera-kun que deje de darte misiones de tres meses.
—Espero que no se enoje porque me des preferencia —soltó una leve risa acariciando los mechones castaños—. ¿Cómo ha ido las cosas?, ¿Quieres que te ayude antes de irme a la siguiente misión?
—Mmm, tal vez puedas ayudarme a quitarme el estrés —ronroneo incorporándose para darle un beso—. O me ayudes con todo el papeleo acumulado, la mayoría de Mukuro y Hibari —soltó un suspiro por nunca dejar de recibir quejas de esos dos.
—Creo que me gusta más la opción de quitarte el estrés. Soy bueno dando masajes —su tono de voz se hizo grave, tomando la cintura del castaño—. Y se que te gustará mucho —su boca se acerco peligrosamente al cuello contrario, a punto de darle un beso, un pitido lo sorprendió.
—¡Mierda! —Tsunayoshi se separo del más alto viendo la hora en su reloj y callando el sonido—. Se me olvido la junta con el jefe de Millefiore. Lo siento tanto Take, y yo que tenía ganas de mandar todo el trabajo solo por estar contigo todo el día —se quejo levantándose y sacudir las hojas que tenía pegado a su traje.
—No te preocupes Tsu —contesto alegremente con su cotidiana paciencia—. Trataré de estar libre para ti hasta que regreses —sonrió dándole un beso y acariciar la mejilla levemente sonrojada de su amado—. Que te vaya bien, cuidado con lo que podría ser peligroso y vuelve temprano. Te amo.
—Eso trataré de hacer pícaro —soltó un risita dejando un beso en el pómulo del azabache—. Me voy, te veo al rato querido. Y también te amo.
—¡Ánimo con todo! —exclamó viéndolo irse y despedirse con la mano, sonriendo como solo él sabe hacerlo.
Y como todos, nadie sabía que esa sería la última vez que verían al cielo de Vongola, nadie sabía que esa sería la última sonrisa que verían de parte de él; Yamamoto no sabía que ese sería su último beso y abrazo que recibiría de su pareja. Trayendo consigo el dolor y posterior aniquilación de todo aliado que Vongola pudiera tener. De alguna forma el moreno se sentía culpable de la muerte del contrario, sí solamente no lo hubiera dejado ir a aquella junta con Byakuran, sí tan solo le hubiera dicho que se quedara, seguiría vivo, seguiría iluminándole sus mañanas.
“¿Por qué no te quedaste a mi lado?“, “¿Por qué tuviste que ser tú?” Esas preguntas constantemente rondaban en su cabeza, cayendo en un abismo de tristeza y culpabilidad de la cual no podía salir por cada mañana despertar y ver que seguía la cacería que había insaturado el psicópata de Gesso. El bajo mundo había entrado en una locura por perder la única esperanza que quedaba por derrotar a la impotente familia Millefiore, provocando que cada guardián tomara su propio rumbo, disolviéndose lo que alguna vez fue un lugar cálido para todos, quedando únicamente en la base los guardianes de la tormenta y lluvia.
Sin esperanza alguna, tuvieron que continuar, protegiendo y creando planes para la derrota del nuevo imperio de Byakuran, sin esperarse nada, un pequeño bebé apareció en las puertas de su base, siendo el mismísimo Reborn del pasado, teniendo que contarle lo que había sucedido en ese gris futuro que se le presentaba ante él. Escuchando que su estudiante, el chico torpe que consideraba un hijo, había muerto.
Las tensiones continuaban, por ello Hayato solía irse casi siempre, volviendo en el anochecer. Siendo esta vez diferente. La noche ya había caído y el fumador no aparecía por ningún lado, decidido el espadachín tomo su katana saliendo, esperanzado de que no hubiese sido atrapado y peor aun, asesinado por sus enemigos, además, aprovecharía en encontrar a Lal Mirch, la cual venía de la mansión Vongola con noticias importantes.
El frío, los sonidos de animales y rechinidos de la madera le hacían estar aún más alerta que nunca, no podía estar a la ligera más en territorio peligroso como lo era el bosque de noche, sus oídos lograron oír disparos a la lejanía, corriendo hacía esa dirección y ver que un Mosca estaba por hacer daño a la fémina de cabello azul, con rapidez y agilidad anuncio una de sus formas del agua, dejando fuera de servicio a la maquina, la cual cayo estrepitosamente al suelo.
—¡Hey! —saludo dando aquella falsa sonrisa que usaba para seguir siendo, “la calmante lluvia”—.¿Estas bien?, ¿Gokudera esta contigo? —pregunto ayudándola a levantarse y revisar que no tuviese alguna herida fatal.
—S-Sí, solo necesito unas vendas y estaré bien... —murmuró sintiendo su brazo izquierdo arder—. Gokudera viene por allá, aunque no es él mismo que conoces.
—¿A que te refiere- —sin poder acabar las pregunta, sus ojos se abrieron sin poder creer lo que estos visualizaban.
¿Era una broma de mal gusto?, ¿Estaba alucinando?, ¿Soñando?, sus pasos temblaban provocando que casi tropezara con una roca, dando leves saltos para retomar su equilibrio. Sin importarle nada, se olvido por completo de donde se encontraba, solamente podía seguir su caminar hasta quedar frente a frente con aquel que creyó que nunca vería de nuevo. Tal vez era más bajo ahora, sus cabello era más alborotado y portaba esa vieja sudadera con el número27. Suavemente su mano paso por la mejilla blanquecina que comenzó a colorearse de un tono carmín, recibiendo una sonrisa nerviosa, las lágrimas no se hicieron esperar, dándole un fuerte abrazo, sintiendo su espalda, sus mechones, escuchar su voz tartamudeando tratando de decir algo.
—¡Ya-Yamamoto! —nerviosamente el castaño trato de hacer algo, deteniéndose al oír leves hipidos del mayor—. ¿Es-Estas bien? —pregunto pasando con sutileza su mano en la espalda contraria.
Una risa se escapo, separándose al ver que trataba de consolarlo, jamás dejaría su naturaleza amable—. Todo bien Tsu —se limpió levemente el borde de sus ojos mientras seguía viendo al menor ponerse nervioso una vez más.
—¡Estúpido friki del béisbol, suelta al Juudaime! —exclamó enojado Gokudera, tratando de hacerse notar al ver que lo habían ignorado olímpicamente.
—¡Hey Gokudera! —le dio una palmada en su hombro al traerle memorias de su juventud con solo oír al fumador gritar así.
—Es mejor que nos vayamos de aquí —atrajo la atención la peli-azul, al ver que el azabache se había dejado llevar por sus sentimientos—. Si no, esa cosa se moverá nuevamente.
—¡Tienes razón Lal!, una disculpa —contesto Yamamoto tomando rumbo hacía la base dejando a Tsunayoshi confundido del actuar del contrario.
Sus pasos resonaban en la soledad del bosque, la base se visualizaba cada vez más dejando a los dos más jóvenes sorprendidos del lugar en el que se encontraban. Las emociones salieron a flote cuando el de orbes miel vio a su endemoniado tutor y recibía explicaciones de lo que hacía en este trágico lugar.
No era de sorprenderse que todo saliese mal, descubrir que estaban siendo cazados por un tipo llamado Byakuran, que la mayoría de aliados habían sido exterminados, los arcobalenos habían muerto dejando a Lal como sobreviviente, que los guardianes se separaron, que Tsuna había muerto y la cachetada del joven guardián de la tormenta hacía el moreno. Definitivamente fue una introducción al futuro dura de recibir; era hora de descansar, solo entendían eso en ese instante.
Tsuna era acompañado a su cuarto por el espadachín quien no había dicho nada desde el enfrentamiento con Hayato, el silencio sepulcral le provocaba incomodidad al más bajo, llegando a la puerta de la habitación designada para él.
—Supongo que diré buenas noches —se rasco la cabeza quedando como un imbécil—. Yamamoto, no fue tu culpa que haya muerto...
—Yo... Es difícil, no pensar de esa manera —pronunció evitando sonar quebradizo—. Descansa bien Tsu, debes estar cansado por tu día de hoy, andar en sandalias debe ser agotador —señalo viendo al menor avergonzarse.
—¡¿Eh?! —miro sus pies y recordar que seguía con esas cosas, su rostro se puso rojo—. ¡Que idiota me veo! —chilló pensando en que mañana apenas despierte, buscará unos tenis.
—¡Jajaja! —la primera carcajada real que salía de su boca desde hacía mucho tiempo—. ¡Sigues siendo el mismo!, realmente mi parte favorita de ti, siempre será tu forma de ser —con cuidado tomo su mentón depositando un beso en los labios ajenos, sin importarle nada, separándose y ver aquellos ojos brillar, recordando cuando se dieron su primer beso en la azotea de la escuela en un atardecer que hacían más brillante la silueta pequeña del castaño—. Descansa, mañana nos vemos.
—Aaa, s-sí, y-yo, t-t-tú... ¡Claro hasta mañana! —y entro rápidamente a la habitación sin saber como responder ante la acción del mayor, pero que provoco que su rostro ardiera y sintiera las mariposas en su estomago revolotear, seguía siendo un adolescente después de todo.
Takeshi soltó un suspiro dándose la vuelta para irse a su propia habitación y darse un baño, necesitaba despejarse de todas las fuertes emociones que había sentido en esas horas, encontrándose con el peli-plata apenas dio un paso. Se aclaro la garganta tratando de decir algo, pero las palabras no salían.
—Lo siento... —la disculpa del fumador lo sorprendió, sonriendo levemente y despeinar sus mechones plateados—. ¡Hey, no te aproveches!
—¡JAJAJA!, descansa Gokudera, mañana será un importante día.
—Sí, claro friki, importante —rodo los ojos al ver que volvía a ser el mismo idiota del sushi que conocía en su presente—. Por cierto, no molestes al Juudaime —abrió la puerta del cuarto y entro para ver a su amado jefe envuelto en sus cobijas.
La mañana no se hizo esperar, después de varias discusiones se propuso que el guardián de la lluvia les enseñaría técnicas de combate y como se encuentran las cosas en la superficie, saliendo con sigilo para no ser hallados, relativamente el día estaba siendo bueno, no fue hasta que un grupo de los Black Spell los encontraría atacándolos al instante.
Lo tenía todo controlado, eran peones bastantes débiles por lo que no dudaba que ganaría esta vez, sino fuese que en cierto punto sería intercambiado con su yo del pasado, “Protégelo como se debe”, susurro siendo Hayato quien lograría escuchar aquello, ¿Era para él o para el Yamamoto del pasado?
﹙ ... ﹚
Corriendo con más jóvenes que adultos, llegaron a la base a duras penas, la batalla contra esos tal Black Spell había sido una tortura, sobre todo para el joven Décimo, quien había quedado inconsciente después de proteger a la rubia en busca de evitar que fuese dañada por ese barbón. Las horas pasaban, sus ojos se abrieron con pesadez, incorporándose exaltado al recordar que estaba en batalla.
—¡Kyoko! —grito el nombre, respirando con dificultad y ver a todos lados notando donde se hallaba.
—¡Tranquilo Tsuna! —una voz trato de calmarlo, tomándolo de los hombros para que se tranquilizará y dejará de esta tan estresado—. Estamos en la base, ya no estamos afuera.
El castaño miró a su acompañante, provocando que unas lágrimas resbalaran por sus mejillas por ver de quien se trataba—. ¡Yamamoto! —sin evitarlo, lo rodeo con sus abrazos sintiendo el dolor recorrerle, pero no para tomarle importancia—. E-Eres del pasado también.
—¡Me tenías bastante preocupado! —reprochó al separarse del abrazo y verlo avergonzarse levemente—. No sabía donde estabas, te busque por todos lados. Tu mamá esta muy preocupada por ti.
—Yo... Lo siento —murmuró débilmente por escuchar eso—. Muchas cosas han pasado, todo es una locura, ¡Y no sé cuando acabará todo esto! —se altero nuevamente al recordar que habían sido atacados por unos tipos, entendiendo aun más lo peligroso de la situación.
—Ey, tranquilo. Resolveremos esto, juntos —tomo con suavidad sus manos, dedicándole una sonrisa cálida—. Ya no estas solo.
—Takeshi... —su nombre salió fácilmente provocando que se sonrojará por la barbaridad de confianza que se había tomado—. ¡E-Es el momento!
—... ¡Jajaja!, me alegra que estas más calmado Tsuna —se acerco lentamente, tomándose el tiempo para besarlo, un dulce beso que duro segundos, se separaron viéndose a los ojos, mientras ambos sostenían un sonrojo bastante notorio en sus rostros—.Te quiero.
—También te quiero.
Esa fue la primera de muchas conversaciones que tuvieron a lo largo de su estancia en el futuro, muchos sucesos acontecieron desde ese punto, desde entrenamientos infernales, discusiones, verdades reveladas, entendimientos y una dura batalla en la base Millefiore darían paso a lo que sería el enfrentamiento definitivo contra Byakuran Gesso. Y contra todo pronostico, Tsuna lo logró. Logró traer la paz para todos con la desaparición del albino, logrando ir a su ahora sí, pasado pacífico que todos anhelaban. Después de todo, debía seguir con su nuevo futuro que le esperaba.
Así como desaparecieron, volvieron de aquella máquina blanca y redonda que había creado Soichi para mantenerlos seguros mientras sus versiones pasadas se encargaban de todo, todos estaban bastante alegres del resultado bueno que había salido desde que fueron cambiados, dejando al fumador extrañado de no visualizar a dos personas en especifico.
—Irie, ¿Sabes dónde está el Juudaime y Yamamoto?
—¡Oh!, ellos dos fueron los primeros en regresar —contesto alegre acomodando sus lentes—. Vi que salieron en dirección al bosque, tal vez los encuentre allá.
—No, no es necesario —sonrió levemente siendo hostigado repentinamente por Lambo.
﹙ ... ﹚
Las hojas se movían por el aire leve que soplaba, la ataúd que en un inicio resguardaba un cuerpo inerte, yacía totalmente vacía teniendo encima una libreta abierta arbitrariamente, dejando que en sus páginas blancas se escribieran unas simples palabras, “El telón se ha bajado”, el Tsunayoshi adulto sonreía al ver que se escribía, sintiendo unas manos que lo abrazaban por la cadera provocando una sonrisa pues ya sabía a quién le pertenecían esos brazos.
—Te extrañe bastante... —Takeshi pronuncio poniendo su cabeza en el cuello contrario—. Y llore bastante también —dejo salir una risilla.
—Lo siento Take, pero debía hacerlo para salvar nuestro futuro —respondió poniendo su mano en las contrarias.
—Lo sé... Por eso es que te amo tanto —su voz se volvió suave besando su mejilla.
—Ahora ya no me separare de ti nunca más —volteando a verlo con pequeñas estrellitas en sus ojos.
—Y yo nunca más me alejare de ti —contesto el moreno dándole un beso en sus suaves labios—.¡Te amo, recuérdalo!
—Yo igual te amo Take, recuérdalo —lo abrazo con calidez sintiendo unas lágrimas de felicidad salir por sus ojos.
❪⠀FIN⠀❫