Capitulo 1
El rugido del motor del Rustbucket se transformó poco a poco en un murmullo constante a medida que cruzaban la línea divisoria del desierto y se adentraban en las carreteras boscosas del norte. Las ramas de los pinos proyectaban sombras danzantes sobre el parabrisas, filtrando un sol de mediodía que traía una sensación de paz largamente esperada.
En la parte trasera de la casa rodante, la atmósfera era inesperadamente cálida. El aroma a café recién pasado y tostadas de mantequilla de maní llenaba el pequeño espacio, ahogando por completo el olor a ozono quemado del enfrentamiento anterior.
Luz estaba sentada con las piernas cruzadas sobre una de las bancas, comiendo una tostada, Eisenvogel también se encontraba alimentándose.
Ben: —creí que no podías comer — mirándola con curiosidad.
La cyborg hizo una pausa, sosteniendo una tostada con sus dedos, con la delicadeza quirúrgica de quien calibra un componente de alta precisión.
Eisenvogel: — claro que puedo comer, comida normal y aún tengo órganos orgánicos y funcionales, no soy por ciento sintética, bueno en el exterior si— hace una pausa — La materia orgánica es procesada, filtrada e integrada a mi biomasa.
Luz sonrió de lado, recargando el codo sobre la mesa mientras apoyaba la barbilla en la palma de su mano.
Luz: —Lo que significa que no solo come para recargar baterías, Ben... ¡sino que también puede sentir el sabor! Ayer descubrimos que le encantan las tostadas con mantequilla de maní.
Ben parpadeó, mirando alternadamente la tostada entre los dedos de titanio de la ciborg y su propio plato de chili con carne.
Ben: —Vaya... Eso explica muchas cosas…Pensé que eras puramente un robot por fuera y por dentro. Si tienes órganos de verdad, entonces... —sobresaltado— ¡oye! ¿Eso significa que el chili del Abuelo podría enfermarte como a cualquier persona normal?
Gwen: —asomándose desde la cabina mientras consultaba su laptop— no Ben, lo que ella dijo es que puede comer alimentos como nosotros, absorber los nutrientes y desechar lo que no sirve o este caso, neutralizar lo que sea que el Abuelo Max haya metido en esa olla sin morir en el intento.
Ben:— osea que ella también puede hacer…
necesidades biológicas como todos nosotros —completó Ben con una sonrisa socarrona, ganándose una mirada exasperada de Gwen y una risita ahogada por parte de Luz.
Eisenvogel no se inmutó. Con una compostura imperturbable, le dio un mordisco limpio a su tostada, masticó en perfecto silencio y tragó antes de dirigir su mirada azul hacia Ben.
Eisenvogel:Efectivamente, Ben Tennyson poseo un sistema digestivo integrado con mis módulos de conversión de energía, por lo tanto, los subproductos derivados de la asimilación de nutrientes son procesados de manera similar a cualquier organismo humano, en resumen si puedo.
Gwen: —¡Ben, estamos intentando desayunar! —protestó Gwen desde el asiento del copiloto, lanzándole una mirada cargada de desaprobación a través del espejo retrovisor—. No todo en esta vida tiene que convertirse en una conversación sobre funciones corporales.
Ben alzó las manos en señal de paz, aunque la chispa de diversión no desapareció de sus ojos.
Ben: —¡Oye, solo era una duda científica! Es decir, convivo con aliens que escupen fuego o se transforman en viscosidad pura, pero una cyborg comiendo tostadas sigue siendo algo raro de procesar.
Luz soltó una pequeña risa, dando otro mordisco a su desayuno mientras observaba el intercambio. La dinamica entre los primos le resultaba extrañamente reconfortante, un recordatorio constante de que, a pesar de las amenazas alienígenas y la tecnología de otros mundos, el Rustbucket seguía siendo un hogar sobre ruedas.
Luz: —Acostúmbrate, Ben. Al menos ella no deja platos sucios por todas partes como cierto chico con un reloj alienígena.
Ben: —¡Hey! Eso solo fue una vez... o dos —refunfuñó Ben, volviendo a su plato de chili mientras el Rustbucket continuaba su avance sereno bajo la sombra de los pinos.
El silencio duró solo unos segundos, roto únicamente por el repiqueteo rítmico de la laptop de Gwen en la parte delantera y el murmullo del motor.
El suave vaivén del Rustbucket continuaba su marcha por la carretera flanqueada por abetos y pinos, mientras la luz del sol filtrada por el follaje dibujaba patrones cambiantes sobre el suelo de la casa rodante.
Ben removió el chili con su cuchara, pensativo durante unos instantes antes de inclinar ligeramente la cabeza hacia el asiento delantero.
Ben eructa en la oreja de Gwen se quedó completamente rígida frente a su laptop, con los dedos congelados sobre el teclado. El eco del inesperado y estruendoso sonido resonó con brutal claridad en el estrecho espacio de la cabina.
Ben: —¡UPS! Lo siento, Gwen... ¡fue el chili del Abuelo, te lo juro! ¡Tiene vida propia!
Gwen cerró lentamente la laptop, respiró hondo con los ojos cerrados y contó mentalmente hasta diez para no estallar. Cuando volvió a abrirlos, su mirada echaba chispas.
Gwen: —Ben... —su voz sonó baja, mortalmente calmada y cargada con una amenaza inminente—. Si en los próximos cinco segundos no estás a un kilómetro de distancia de este vehículo, voy a hacer que el Omnitrix te convierta en algo tan ridículo que vas a rogar por quedarte atrapado en la forma de Materia Gris para siempre.
Luz soltó una carcajada abierta, tapándose la boca con la mano para intentar contener la risa, mientras Eisenvogel miraba la escena con total neutralidad, analizando las constantes vitales aceleradas de Gwen como si se tratara de un interesante fenómeno meteorológico.
Ben, al ver el brillo color rosa maná que empezaba a rodear las manos de su prima, no lo dudó ni un solo segundo. De un salto ágil, se precipitó hacia la compuerta del techo del Rustbucket, abriéndola de golpe justo cuando una ráfaga de energía cinética rozaba sus talones.
Ben: —¡Tranquila, primita! ¡Solo le estaba dando un poco de ambiente campestre al viaje! —gritó de regreso, esquivando por poco una estela de energía rosa que parpadeaba amenazante en el aire.
Mientras que Crash y Twana miraban lo que estaba sucediendo, Coco trabajaba en algo, Crash y Twana intercambiaron una mirada de incredulidad absoluta. Desde su rincón en la parte trasera del Rustbucket, el marsupial parpadeó un par de veces, procesando la escena con la misma velocidad que un procesador antiguo, mientras Twana se cruzaba de brazos negando con la cabeza ante el caos que los chicos Tennyson parecían desatar en cuestión de segundos.
Crash: —¡Whoa!— hizo un par de gestos exagerados con los ojos muy abiertos.
Coco levantó la vista de su tableta, ajustándose los goggles sobre la frente con una mezcla de exasperación y diversión, mientras observaba a Ben asomar la mitad del cuerpo por la escotilla del techo mientras esquivaba los proyectiles de maná de Gwen.
Coco: —¡Oigan, más cuidado por aquí!— reclamó, apartando un par de cables sueltos de su tableta mientras Crash asentía frenéticamente de acuerdo, imitando con las manos una supuesta explosión para dramatizar el peligro.
Luz, divertida por el alboroto general, se inclinó hacia adelante y apoyó una mano en el hombro de Eisenvogel.
Luz: —Parece que nuestra pequeña tregua matutina duró exactamente lo que tardó Ben en abrir la boca... literalmente.
Desde la cabina delantera, el sonido de un rayo de maná impactando contra el techo metálico del Rustbucket hizo eco, seguido inmediatamente por las protestas lejanas de Ben intentando negociar su supervivencia desde el exterior.
Gwen: —¡Ni una palabra más, Ben! ¡Baja de ahí o te juro que hago que el abuelo te ponga a lavar los platos con la lengua!
Twana se recostó contra la pared del vehículo, suspirando con una mezcla de resignación y una sonrisa inevitable mientras cruzaba los brazos.
Twana: —Pensé que las dimensiones de donde veníamos eran caóticas, pero este grupo supera cualquier estándar interdimensional.
Mientras tanto en otra parte, en la base secreta de las serpientes de hierro, estaban activando a unas 3 criaturas biomecánicas iguales a Eisenvogel. Sus ópticos centrales cobraron vida con un destello carmesí sincronizado, emitiendo un zumbido metálico de baja frecuencia que resonó en las paredes de acero frío de la base clandestina.
En las pantallas principales del centro de mando, las coordenadas de rastreo parpadeaban con una precisión milimétrica, fijando su objetivo en el vehículo en movimiento que surcaba las tranquilas carreteras del norte. Las Serpientes de Hierro habían dado el primer paso, y el cazador silencioso estaba a punto de convertirse en la presa perseguida.
Una de ellas, hizo un chasquido con su boca, mientras las otras dos avanzaron con pasos pesados y sincronizados, dejando escapar un eco metálico que retumbó en las planchas de acero del complejo subterráneo. Las tres tenían ciertas características distintivas, como su color de cabello, corte diferente y rasgos faciales diferentes.
La primera, con un cabello metálico de tonos cobrizos cortado en un estilo militar impecable y un visor táctico integrado sobre el ojo izquierdo, emitió un siseo mecánico mientras activaba sus propulsores internos.
La segunda, adornada con una melena oscura, que caía en cascada sobre sus hombros, poseía una complexión ligeramente más robusta, diseñada para el combate pesado y la demolición frontal. Sus nudillos metálicos emitieron una chispa eléctrica al cerrarse en un puño cerrado, probando la resistencia de sus servo-motores.
La tercera, con una figura ágil y ligera, poseía un cabello rojo y corto que enmarcaba un rostro de facciones, afiladas, diseñado específicamente para la infiltración y la velocidad extrema en terrenos complejos. Sus ópticos carmesí parpadearon al procesar los datos de ruta del Rustbucket, emitiendo un zumbido agudo que confirmó la sincronización del trío letal.
De vuelta en el interior del vehículo, Ben mientras aún es perseguido por su prima, se baja los pantalones junto con sus bóxers mostrando si trasero, lo menea un poquito.
Ben:—¡Mira, Gwen! ¡El único trasero que te puede dar buena suerte en la carretera! —exclamó con una sonrisa burlona.
Gwen: —¡Ugh! ¡Eres un repugnante, Ben Tennyson! ¡Cierra la boca y baja de ahí antes de que decida hacerte explotar los pantalones con todo y lo que llevas adentro! —chilló con la cara encendida de furia y vergüenza, desviando bruscamente el rostro mientras un nuevo destello de maná estallaba inofensivamente contra el metal del techo.
En la parte trasera, la reacción fue instantánea. Luz soltó una carcajada tan fuerte que tuvo que taparse la boca con ambas manos, mientras Crash se doblaba de la risa agitando los brazos de forma frenética y Coco negaba con la cabeza, esbozando una sonrisa divertida a pesar del desorden.
Todos se estaban divirtiendo y riendo, mientras que afuera, se puede ver en el cielo despejado sobre la carretera forestal, tres estelas de energía carmesí que descendían en un picado silencioso y letal. No emitían sonido alguno, solo el siseo del aire siendo cortado por sus cuerpos biomecánicos de alta eficiencia.
La primera, con su visor táctico resplandeciendo, lideraba la formación con precisión quirúrgica, sus propulsores ajustándose constantemente para mantener la trayectoria de intercepción. La segunda, más pesada, venía justo detrás, sus puños electromagnéticos cargándose con una estática que hacía que las hojas de los pinos cercanos se erizaran y vibraran. La tercera, la más ágil, se movía como un rayo rojo, zigzagueando entre las copas de los árboles con una velocidad que apenas permitía verla como una mancha borrosa contra el azul del cielo.
Aterrizaron a un lado del camino para ver de cerca del vehículo ocultas entre la vegetación, mirando el interior del Rustbucket.
La unidad de cabello cobrizo y visor táctico ajustó los parámetros de su zoom óptico, permitiéndole atravesar con nitidez el cristal de la casa rodante. A través de la lente, los datos fluyeron en cascada sobre su campo visual secundario: la figura del abuelo Max en el volante, Gwen con el ceño fruncido, Ben incorporándose apresuradamente y acomodándose los pantalones, Luz y Eisenvogel intercambiando miradas de alerta, y al fondo, el peculiar grupo de marsupiales, pero lo que las sorprendido fue como su compañera interactúa con los humanos.
La líder cobriza procesó los fotogramas, para después retirarse junto con sus compañeras dejando tranquilos al grupo del camper, mientras el Rustbucket continuaba su marcha por la carretera flanqueada por abetos.
Entre la espesura del bosque, ocultas tras los densos troncos de los pinos, las tres unidades biomecánicas mantuvieron la posición estática mientras la casa rodante se alejaba a lo lejos, reduciendo su firma sónica hasta convertirse en un simple murmullo lejano.
La unidad de cabello cobrizo bajó lentamente el brazo que sostenía su visor táctico, procesando el último bloque de datos recopilados. Su procesador central emitió un pulso de baja frecuencia, transmitiendo el informe de reevaluación a las otras dos ciborgs.
Vesper: —Análisis táctico completado. La unidad renegada opera bajo un paradigma conductual alterado y cuenta con respaldo de entidades de alto riesgo.
Karride: : —La retirada táctica es ilógica si nuestro objetivo es la eliminación inmediata de la desertora. ¿Cuál es el nuevo protocolo?
Vesper: —La eliminación directa en este cuadrante incrementaría exponencialmente las variables de riesgo.
giró ligeramente la cabeza, procesando los registros térmicos y de energía captados segundos antes por sus sensores.
Vesper: —Esperaremos el momento propicio, las seguiremos manteniendo una distancia de rastreo pasivo, fuera de su espectro de detección acústica y visual, cuando abandonen este sector boscoso y alcancen terreno abierto, el factor sorpresa estará de nuestro lado y la ventaja táctica será absoluta.
Karride cerró el puño, generando un leve chisporroteo eléctrico en sus nudillos metálicos que rápidamente suprimió para no emitir ruidos innecesarios.
El eco de la conversación entre Vesper y Karride quedó flotando en el aire frío del bosque, apenas interrumpido por el zumbido interno de sus sistemas de enfriamiento. A pocos metros de ellas, la figura esbelta y de cabello rojo corto de Pyrrha se deslizó silenciosamente de entre las ramas de un abeto alto, aterrizando sin emitir el menor sonido sobre la hojarasca. Sus ópticos carmesí parpadearon con un brillo afilado, procesando la telemetría del entorno en cuestión de microsegundos.
El susurro del viento entre los pinos y el ronroneo constante del motor del Rustbucket envolvían el ambiente en una falsa sensación de tranquilidad. Sin embargo, dentro del vehículo, la tensión tras el reciente altercado con Ben tardó unos momentos en disiparse.
Gwen seguía cruzada de brazos en el asiento delantero, resoplando con frustración mientras repasaba las notas en su laptop, aunque de vez en cuando se le escapaba una ligera sonrisa al recordar el rostro de pánico de su primo cuando las chispas de maná rozaron sus talones. En la parte trasera, Luz y Eisenvogel continuaban conversando sobre las diferencias entre la tecnología de la Tierra y la de otros rincones del universo, mientras Crash y Coco organizaban algunas herramientas caídas durante el zarandeo.
El motor del Rustbucket rugía con una suave y constante cadencia, devorando los kilómetros de asfalto mientras se adentraba cada vez más en la vasta zona boscosa del norte. El interior del vehículo, aunque marcado por los recientes estallidos de risa y el caos provocado por Ben, comenzaba a recuperar una calma relativa bajo la luz filtrada del sol de mediodía.
En la parte delantera, el Abuelo Max mantenía una mano firme sobre el volante, echando un vistazo ocasional por el retrovisor para asegurarse de que las disputas entre sus nietos no hubieran pasado a mayores.
Abuelo Max: —Bien, chicos —dijo con esa calma paternal que siempre lograba disipar la tensión—. Según el mapa, nos quedan unas dos horas antes de llegar al próximo pueblo para reabastecer provisiones. Así que les sugiero una tregua, al menos hasta que paremos a comer algo que no sea chili recalentado.
Ben se cruzó de brazos, todavía con una sonrisa burlona pintada en el rostro a pesar de la advertencia de su abuelo, mientras dejaba caer su peso sobre el asiento acolchado.
Ben: —Yo solo digo que el chili del Abuelo tiene personalidad propia... y una muy explosiva, por lo que acaban de comprobar.
Gwen rodó los ojos dramáticamente desde el asiento del copiloto, tecleando con algo más de fuerza en su laptop.
Gwen: —Sí, y esa personalidad tuya es la que va a terminar dejándote sin cenar si sigues provocando a las fuerzas de la naturaleza... o a mí.
Más tarde el silencio dentro del camper reino, Tawna y Eda estaban conversando, sentadas cerca de una de las pequeñas mesas laterales, aprovechando la tregua para conversar con la confianza propia de quienes han cruzado universos y sobrevivido a lo imposible.
Tawna: ¿De verdad ella es confiable? —ladeó ligeramente la cabeza, cruzándose de brazos mientras desviaba la mirada hacia donde Eisenvogel conversaba animadamente con Luz y Coco sobre los circuitos de energía terrestre. Había una cautela innata en su tono, el reflejo de haber visto demasiadas traiciones en dimensiones caóticas y mundos al borde del colapso.
Eda, con una pierna cruzada sobre la otra y jugueteando distraídamente con un pequeño amuleto en forma de serpiente de oro, soltó una leve risa ronca antes de responder.
Eda: —¿Confiable? Bueno, cariño, en nuestro negocio nadie viene con garantía de fábrica —comentó la Dama Búho con una sonrisa torcida, arqueando una ceja—. Pero mírala: tiene un sentido del humor más seco que el desierto que acabamos de cruzar y prefiere las tostadas con mantequilla de maní antes que conquistar el mundo. Por ahora, diría que está de nuestro lado... o al menos, comparte suficientes enemigos comunes como para no apuñalarnos por la espalda.
Tawna: — aún así me es difícil confiar ..—mirando a la cyborg.
Eda: —Y haces bien en no confiar a ciegas, Tawna. En este tipo de viajes, bajar la guardia es el boleto expreso a un desastre interdimensional —respondió la Dama Búho, deteniendo el juego con su amuleto para mirar de reojo a la ciborg—. Pero créeme, he visto suficientes rostros falsos como para distinguir a alguien que busca su propio camino de una simple marioneta. Eisenvogel eligió un bando, y por experiencia te digo que eso vale oro por estos lares.
Tawna suspiró, recargando la espalda contra la pared del Rustbucket mientras observaba cómo Luz le explicaba algo a Eisenvogel agitando las manos con entusiasmo. La tensión en sus hombros se relajó apenas un ápice, aunque la desconfianza natural que la había mantenido viva en tantas batallas seguía latente en su mirada.
Tawna: —Supongo que solo me estoy poniendo viejas costumbres... O tal vez es que este grupo tiene una habilidad natural para atraer problemas del tamaño de una galaxia entera.
Eda soltó una carcajada resonante que hizo voltear brevemente al Abuelo Max desde el asiento del conductor.
Eda: —¡En eso tienes toda la razón, querida! Pero dime la verdad…¿Acaso no es divertido conocer nuevos amigos?
Mientras ambas continuaban su charla, a varios metros de distancia, ocultas tras la densa cortina de pinos y abetos, las tres Serpientes de Hierro avanzaban con pasos mecánicos perfectamente sincronizados. Guardando una distancia milimétrica que impedía cualquier detección por parte de los sensores del Rustbucket, el trío letal se preparaba para dar el siguiente golpe en cuanto el vehículo abandonara la seguridad del bosque y pisara terreno abierto.








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