𝒫𝓇ℯ𝒻𝒶𝒸𝒾ℴ
Hay amistades destinadas a durar toda la vida; Tal era el caso de Benjamin Jones y Joseph Mazzello. Pero la historia no comienza con ellos, el inicio se remonta a décadas atrás, con dos mejores amigas desde la adolescencia: Marissa y Virginia, las madres de los mencionados, quienes por azares del destino tuvieron que tomar caminos distintos. Sin embargo su amistad no se vio afectada en lo absoluto por esos 20 años de dolorosa separación.
El destino suele ser tan impredecible que de un momento a otro puede suceder aquello que creías imposible, pues no sólo volvieron a reencontrarse, sino que también se llevaron la sorpresa de que serían vecinas, provocando así que sus respectivos hijos se volvieran tan unidos como ellas, a pesar de Joe era 1 año mayor que Ben.
Por un lado se encuentra Joe. Un niño algo tímido, pero gracioso, y muy sensible, con su cabello ligeramente ondulado y rojizo, acompañado con sus brillantes ojos color Miel
En contra parte está Ben; Rubio con unos hermosos ojos verdes, aventurero y curioso, extrovertido y agradable, quien, a pesar de ser el menor, es quien se encarga de proteger a Joseph.
Benjamin, 6 años. Joseph, 7 años.
“Ben, me toca ser el Power Ranger rojo” gritó un Joe de tan solo 7 años
“Está bien, Joey” Respondió el pequeño mientras se quitaba la máscara de dicho personaje “Sólo... Ten cuidado, porque podrías lastimarte”
Pero Joe no se queda atrás.
Él también ama cuidar de su mejor amigo, sin tomar en cuenta las quejas del rubio.
Benjamin, 7 años. Joseph, 8 años.
“Ben, estás enfermo, no debes levantarte de la cama” Le replicó Joe.
“No es para tanto Joe, además, no me gusta que me cuides” Se cruzó de brazos “Se supone que soy yo quien debe cuidarte a ti”
“Pero Ben, tu eres menor que yo” Exclamó el pelirrojo, mientras observaba como su amigo se ponía sus tenis de lucesitas “Recuerda, tu tienes 7... y yo 8" Al escuchar lo último, se acercó a Joe, poniendo sus manos en los hombros del mencionado.
“Eso no importa, tu sigues siendo mi pequeño Joey” Acarició su mejilla con ternura, ganándose un sonrojo del mayor.
Ambos son tan diferentes, que resulta increíble que puedan ser mejores amigos
O al menos eso es lo que piensan sus respectivas familias. Sin embargo, esto no parece importarles a Ben y Joe, quienes disfrutan mucho de la compañía del otro.
Benjamin, 8 años. Joseph, 9 años.
“Feliz cumpleaños, Benny” Gritó Joe, abalanzándose a los brazos del ojiverde
“Oh, Joey... Muchas gracias” ambos se abrazaron con fuerza
“Mamá irá por nosotros cuando acabe la escuela. Dijo que tiene una sorpresa para ti” Habló emocionado
Hacían todo juntos. A donde Ben iba, Joe lo seguía y viceversa; Siempre reían y hablaban de cualquier cosa, amaban estar juntos, aunque claro que de vez en cuando tenían peleas, como cualquier otro par de amigos
Benjamin, 9 años. Joseph, 10 años.
“Perdiste mi Power Ranger, Ben” Exclamó furioso, logrando hacer que un nudo se formara en la garganta del contrario
“No es mi culpa”
“Me prometiste cuidarlo. Lo prometiste”
“Lo siento, Joe” Bajó la mirada empezando a jugar con sus deditos. Odiaba cuando Joe se molestaba con él, le dolía.
“Me voy, Benjamin. Estoy muy enojado contigo”
“No te vayas, por favor” Balbuceó mientras empezaba a llorar y en ese momento, cualquiera rastro de enojo en Joe se esfumó, al ver como las mejillas de Ben se volvían rojas al igual que sus ojos
“No... N-No llores, Benny... Perdón p-por gritarte” Lo envolvió en sus brazos, sintiendo unas inmensas ganas de llorar también.
“Ya no me quieres... Soy un tonto”
“Claro que te quiero, Benny. No digas eso... Sabes que te amo”
“P-Pero... perdí tu muñeco”
“Eso no importa, me divierto más jugando contigo que con ese tonto juguete”
“¿Lo dices en serio?”
“Por supuesto, Ben. Eres mi mejor amigo”
“Te compraré otro para tu cumpleaños, lo prometo”
El tiempo pasaba muy rápido cuando estaban juntos, así que cada segundo contaba para ellos y no dudaban en tener mil y un aventuras cada día; El amor que sentían el uno por el otro traspasaba cualquier barrera.
Simplemente siempre fueron y siempre serían Ben y Joe.
Benjamin, 10 años. Joseph, 11 años.
“Hola, Ben. Hoy no podremos irnos juntos a casa”
“¿Por qué?” Preguntó algo extrañado
“Iré a casa de Freddie saliendo de la escuela”
“¿Quién?” Benjamin estaba celoso y Joe podía notarlo por la forma en la que apretaba los labios y fruncía el ceño
“Freddie, un amigo de mi grado... Tenemos que hacer tarea”
“Oh”
“¿Pasa algo? Sé que siempre nos vamos juntos, pero sólo será por hoy”
“Como sea... Diviértete con Freddie”
“Ben, sólo haremos tarea”
“Como sea” Repitió
“¿Por qué te enojas? Sólo somos amigos, mi mejor amigo siempre serás tú y sólo tú”
“Promételo” Levantó su meñique frente a Joe
“Lo prometo” Ambos entrelazaron sus dedos en señal de promesa
Los años pasaban y día tras día su amistad parecía fortalecerse cada vez más
Benjamin, 11 años. Joseph, 12 años.
“¿Mejores amigos?”
“Por siempre”
“¿Lo prometes?”
“Lo prometo, Joey”
Vivían cada etapa juntos y sin importar que con el paso de los años dejaron de ser niños, cuando estaban juntos seguían comportándose como unos.
Benjamin, 12 años. Joseph, 13 años.
“Ven aquí, idiota” Gritó Ben mientras perseguía a Joe por toda la casa del pelirrojo
“Ben quiere a Angela... Ben y Angela se aman” Canturreaba el mayor
“¡Claro que no! ¡Ginna, Joe está molestándome!”
Se ofrecían apoyo incondicional, su amistad era tan fuerte que no tenía límites. No había nada que lograra separarlos
Benjamin, 13 años. Joseph, 14 años.
“Ben, tengo que... decirte algo”
“¿Qué pasa? ¿Estás bien?”
“En realidad no”
“Joseph, tan solo dilo. Me tienes de los nervios, no creo que sea tan mal...”
“Soy gay”
“¿E-estas seguro?”
“Si, estoy seguro” Dijo con algo de miedo por la posible reacción del rubio, quien se mantuvo en silencio por algunos segundos, meditando el asunto
“No te preocupes amigo, ya lo había notado”
“Idiota” Murmuró, rodando los ojos y girándose para alejarse de Ben, a lo cual éste solo lo detuvo, riendo un poco
“Vamos Joey, no te enojes. Sólo bromeo... Te apoyo, ¿si? Siempre. No hay nada que me haga odiarte” Dejó un pequeño beso en su frente para después abrazarlo. El pelirrojo tan sólo escondió su cara en el cuello del menor
“¿Mejores amigos?”
“Para siempre”
Tan sólo tenían una sola regla: Jamás, bajo ningún motivo o circunstancia, podían romper sus promesas. Eran algo sagrado para ellos.
Benjamin, 14 años. Joseph, 15 años
“Prométeme que no vas a decirle a mamá que me escapé de las clases para estar con Paul”
“Por supuesto que no le diré nada, Joe, ¿Acaso dudas de mi? Me ofendes”
“Sólo promételo. Hablo en serio”
“Bien, lo prometo. ¿feliz?”
“Te quiero, Ben”
“También te quiero, Amigo”
Todos estaban seguros de que siempre serían Ben y Joe.
Benjamin, 15 años. Joseph, 16 años...







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