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Garritas de amor//Chestappen

Sinopsis

Esta no es cualquier historia... es una historia sobre un par de leones, sus seis crías y sus aventuras. AU: Leones + BL + no drama. 🦁 Pareja principal: Chestappen. IMPORTANTE: Checo será llamado leona, mami en sustantivos femeninos, sino te gusta este tipo de contenido pasa de largo. No drama, no +18. No son pilotos de F1. ⚠️No pretendo dañar la imagen de los protagonistas, fic solamente hecho con el fin de entretener.

Genero:
Lgbtq
Autor/a:
Abril
Estado:
hace 7 días
Capítulos:
12
Rating
n/a
Clasificación por edades:
13+

Prólogo.

El sol apenas despuntaba sobre la sabana africana, tiñendo de dorado los pastizales mientras el resto de los animales comenzaba su rutina con calma. En el territorio de los leones todo permanecía en silencio, salvo por una pareja que se encontraba apartada del resto de la manada.

Max se acercó lentamente a Checo. Con un suave ronroneo frotó su espesa melena contra el cuello y los hombros de la leona, impregnándola con su aroma. Checo respondió restregando el hocico bajo su mandíbula, aceptando el gesto con un murmullo grave.

-Siempre haces eso antes de saludarme... -bromeó Checo, moviendo la cola.

-Quiero que toda la sabana sepa que eres mi compañera -respondió Max con orgullo.

La leona soltó un pequeño bufido divertido antes de rozar nuevamente su cabeza contra la de él. Poco después ambos iniciaron su apareamiento, un acto que reforzaba el fuerte vínculo que compartían.

Desde que era un cachorro, a Max le habían repetido una y otra vez cuál sería su destino.

-Cuando seas el líder de la manada tendrás varias leonas a tu lado. Así es como debe ser -le habían enseñado los viejos machos.

Sin embargo, al convertirse en el líder, Max tomó una decisión distinta. Rechazó a todas las demás leonas que intentaron cortejarlo. Para él no existía otra compañera que Checo.

-¿Nunca te has arrepentido? -le preguntó Checo una vez, recostando la cabeza sobre una de sus enormes patas.

Max apoyó su frente contra la de él y sonrió con tranquilidad.

-¿Arrepentirme de elegirte? Jamás. No necesito una manada de compañeras... contigo tengo todo lo que quiero.

Checo cerró los ojos, dejando escapar un ronroneo satisfecho mientras ambos permanecían juntos, ajenos al resto de la sabana que despertaba a su alrededor.

Sin embargo para los leones viejos la decisión de Max no fue bien recibida. Para ellos, un líder debía seguir las tradiciones sin cuestionarlas, y negarse a formar un harén era una ofensa al legado de la manada.

-Has olvidado el camino de nuestros ancestros -rugió uno de los ancianos-. Un rey no puede conformarse con una sola leona.

Max sostuvo la mirada del viejo león sin dar un paso atrás.

-No he olvidado quién soy. Simplemente elegí un camino diferente.

Los murmullos de desaprobación recorrieron a la manada. Tras una larga discusión, los ancianos tomaron una decisión definitiva.

-Entonces tú y tu leona deberán abandonar estas tierras. Desde hoy quedan exiliados.

Checo dio un paso al frente y se colocó junto a Max, rozando su costado con el suyo.

-Mi hogar está donde esté Max, mi león.

El león sonrió con gratitud antes de mirar por última vez el territorio donde había crecido.

-Vámonos. Encontraremos un lugar al que realmente pertenezcamos.

Sin volver la vista atrás, ambos abandonaron la manada y emprendieron un largo viaje por la sabana.

Días después, mientras exploraban nuevas tierras, encontraron a otras parejas de leones y leonas que compartían una historia muy similar. Todos habían sido desterrados por desafiar antiguas costumbres o por negarse a seguir reglas que consideraban injustas.

Poco a poco comenzaron a convivir, cazando y protegiéndose unos a otros. Con el paso del tiempo, aquellos leones descubrieron en Max a un líder justo, y en Checo a una leona sabia, valiente y capaz de mantener unida a la manada.

Una tarde, uno de los machos dio un paso al frente.

-Necesitamos una manada... pero también necesitamos líderes.

Las demás parejas asintieron.

-Queremos que sean ustedes quienes nos guíen.

Max intercambió una mirada con Checo. Ninguno había buscado ese lugar, pero ambos comprendieron que aquellas familias confiaban en ellos.

-Si ese es el deseo de todos -dijo Max con serenidad-, los protegeremos como si fueran nuestra propia familia.

Checo sonrió con orgullo.

-Esta vez construiremos una manada donde nadie sea juzgado por amar de una forma distinta.

Los leones respondieron con fuertes rugidos que resonaron por toda la sabana, marcando el nacimiento de una nueva manada.

Había pasado un mes desde la formación de la nueva manada cuando el comportamiento de las leonas comenzó a cambiar. Checo fue el primero en apartarse del grupo, buscando la tranquilidad entre la hierba alta. Poco después, George, Charles y Lance hicieron lo mismo, permaneciendo en lugares resguardados y evitando alejarse demasiado, así como cambios en sus olores.

Los leones intercambiaron miradas de comprensión.

-Parece que ya es momento... -murmuró Max con una pequeña sonrisa.

Carlos uno de los machos asintió.

-Van a tener a nuestros cachorros.

La noticia llenó de ilusión a toda la manada. Aquella sería la primera generación nacida en un hogar donde todos habían elegido permanecer.

Sin perder tiempo, los leones comenzaron a recorrer el territorio en busca de un refugio adecuado. Inspeccionaron cuevas entre las rocas, grupos de arbustos espinosos y pequeñas elevaciones que les permitieran vigilar los alrededores.

-Esta guarida es amplia y solo tiene una entrada -comentó Fernando uno de los leones mientras observaba una cueva protegida por grandes acacias-. Será más fácil defenderla.

Max recorrió el lugar con la mirada antes de asentir.

-Aquí estarán seguras. Nadie se acercará a ellas ni a nuestros cachorros.

Durante los días siguientes, toda la manada colaboró para preparar la guarida. Mientras las leonas descansaban y conservaban sus energías, los leones reforzaban la vigilancia, cazaban con mayor frecuencia y marcaban los límites del territorio para mantener alejados a los intrusos.

Tras semanas de espera, la tranquilidad de la guarida dio paso al momento más esperado por toda la manada. Los nacimientos comenzaron uno tras otro, mientras los leones aguardaban pacientemente en la entrada, atentos a cualquier señal.

La primera en dar a luz fue George. Después de varias horas de trabajo, los intentos de rugido de tres pequeños cachorros llenó la cueva.

Lewis entró con cautela cuando todo terminó y observó a su pareja rodeado de los recién nacidos.

-Son preciosos... -susurró con emoción.

George sonrió, agotado pero feliz.

-Tenemos una hembra y dos machos.

Lewis se acercó para lamer con cariño la cabeza de cada uno.

-Bienvenidos, Kimi, Doriane y Pierre.

Poco después llegó el turno de Charles. El parto fue más corto y, al finalizar, dos pequeños machos descansaban junto a él.

Carlos se recostó a su lado y contempló orgulloso a sus hijos.

-Han sido muy valientes los tres.

Charles dejó escapar un ronroneo.

-Conozcan a Oliver y Rafa.

Las buenas noticias continuaron cuando Lance dio a luz a dos cachorros más. Fernando permaneció a su lado en todo momento, sin apartar la mirada de su pareja.

-Una hembra y un macho... -dijo Lance con una sonrisa cansada.

Fernando acarició a ambos con el hocico.

-Bienvenidos, Gabriel y Sasha.

Finalmente llegó el turno de Checo. Su parto fue el más largo y también el más agotador. Max caminaba de un lado a otro frente a la guarida, incapaz de ocultar sus nervios.

Después de varias horas, el silencio fue reemplazado por los rugidos de varios cachorros.

El gran león entró de inmediato y se quedó inmóvil al contemplar la escena. Checo descansaba rodeado de seis diminutos cachorros: cinco machos y una pequeña hembra, todos acurrucados junto a él.

Los ojos de Max brillaron de orgullo y emoción. Se acercó despacio, temiendo incluso hacer demasiado ruido. Después apoyó con delicadeza su frente contra la de Checo y frotó su melena con el cuello de su compañera, impregnándola una vez más con su aroma.

-Lo hiciste increíble... mi leona-murmuró con la voz llena de ternura-. Estoy muy orgulloso de ti.

Checo sonrió con cansancio mientras rozaba el hocico de Max.

-Y míralos... son perfectos.

Max contempló a los seis pequeños con el corazón rebosante de felicidad. Aquella nueva manada, nacida del exilio y construida con amor y respeto, ahora recibía a una nueva generación de cachorros que crecerían rodeados de una familia que siempre los protegería.

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Aquí esta el prólogo o si bebés ☝🏻🦁

Abril 💜


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