Capítulo 01
El domingo por la tarde, Sasuke estaba sentado junto a la mesa del comedor de su apartamento, vestido impecablemente. A las 16:05, el timbre de la puerta sonó.
Frunció el ceño, echó un vistazo al reloj en su muñeca y se dirigió a la entrada para abrir la puerta:
—Llegas cinco minutos tarde.
Una semana antes, había publicado un anuncio de trabajo en línea. Treinta personas solicitaron añadirlo a sus contactos. De ese grupo, un tercio se mostró desconfiado al enterarse de que trabajarían en casa del empleador y decidió no presentarse. Tres de ellos mintieron sobre su género, y otros cuatro eran demasiado mayores para el puesto. No es que tuviera prejuicios, simplemente no cumplían con lo que Sasuke buscaba.
Ayer llegó una mujer preguntando si podía trabajar a tiempo parcial porque también hacía papakatsu en otro lado; otra persona tenía un aire de mafioso y, tras intercambiar unas pocas palabras, puso los pies sobre la silla y se atrevió a señalarle la nariz con el dedo. Algunos candidatos, al ver la cara de Sasuke Uchiha, dijeron que podían mudarse gratis a su casa, pero que tendrían que dormir juntos; la más atrevida incluso ofreció pagarle para que pasara la noche con ella.
Todas estas experiencias hicieron que el proceso de contratación fuera un completo desastre, al punto de que Sasuke comenzó a preguntarse si lo que hacía no era una tontería. En cualquier caso, ahora solo quedaba la última candidata, y él ya no tenía muchas esperanzas.
En la puerta estaba una chica rubia, sudando y jadeando, que juntaba las manos en un gesto de disculpa: —¡Lo siento mucho! Me perdí en el camino...
Según la información proporcionada en línea, la chica se llamaba Naruko Uzumaki. Estudiaba Finanzas en la misma universidad donde él se había graduado, cursando actualmente su tercer año, en otras palabras, era una excompañera de la misma carrera y una especie de “kohai”, lo cual tranquilizaba a Sasuke; al menos eso indicaba que no era una desconocida sin antecedentes claros.
Probablemente para parecer seria y respetable, llevaba el uniforme de la universidad. Sin embargo, detalles como la falda ligeramente acortada, el esmalte de uñas desgastado, las medias descoloridas y el llavero de una marca falsa en su mochila llevaron a Sasuke a concluir que era una chica de familia humilde con ciertas aspiraciones de lujo.
—Entra —dijo Sasuke, sin complicarle más las cosas.
Naruko se quitó obedientemente los zapatos y dejó su mochila en la entrada. Ambos se sentaron en lados opuestos de la mesa, y Sasuke deslizó un contrato hacia ella.
La chica lo tomó y lo hojeó rápidamente, deteniéndose en la parte sobre el pago para leer con atención.
—El trabajo es tal como se describe en el anuncio —explicó Sasuke—. Se trata de interpretar el papel de mi esposa. El salario base es de 200,000 yenes al mes, con pagos adicionales por horas extras. Es un matrimonio ficticio, no es necesario registrarlo oficialmente ni cambiar tu apellido. Aunque tendrás que vivir en mi apartamento, no compartirás habitación conmigo. Estas son las condiciones del trabajo; los detalles están en el contrato. Señorita Uzumaki... ¿tienes alguna objeción?
—Acepto —dijo rápidamente, interrumpiéndolo.
—¿Qué?
—Por favor, ¿puedo quedarme con el trabajo? —insistió—. Si necesitas otros servicios, también puedo intentar hacerlos.
Sasuke le lanzó una rápida mirada. Aunque intentó disimularlo, Naruko vio el desprecio en sus ojos. Supo de inmediato que él la había malinterpretado.
—No necesito otros servicios —respondió secamente. En su mente, ya daba por fracasada esta entrevista y buscaba una excusa para despedirla—. ¿Tienes alguna otra pregunta? Si no, podemos dejarlo aquí.
Naruko no se molestó en aclarar el malentendido y fue directa:
—Espero que me des una oportunidad. Realmente necesito el dinero.
A la noche siguiente, Naruko ya estaba en la puerta del apartamento de Sasuke con su equipaje. Sasuke, en realidad, no estaba satisfecho con esta contratación. No habían discutido a fondo ni el período de prueba ni los detalles del acuerdo. Naruko era demasiado joven, demasiado impulsiva, y no parecía una chica con buena educación. Sin embargo, su padre había llamado la noche anterior y, como siempre, la conversación terminó mal. Eso hizo que el matrimonio ficticio se volviera aún más urgente.
Además, Naruko le había enviado un mensaje insistiendo después de la entrevista, diciendo que aceptaría un salario mensual de 150,000 yenes o incluso 100,000 si era necesario, rogándole que no diera el puesto a otra persona.
Sasuke nunca había visto a alguien tan desesperado por un trabajo. Pensó que, si esta chica tenía un poco más de mala suerte, probablemente terminaría siendo engañada y enviada a una estafa piramidal, y lo peor era que seguramente ni siquiera se daría cuenta de que había sido estafada hasta que la rescataran, mientras ella seguía trabajando arduamente allí creyendo que todo era legítimo.
En resumen, Naruko Uzumaki terminó siendo seleccionada como su “esposa”. No mucho tiempo después, Sasuke se arrepentiría de su decisión.
Una botella de agua, una mochila vieja y una maleta de diseño anticuado eran todas sus pertenencias. Naruko estaba de pie en la puerta, incómoda, como si pensara que no merecía un lugar tan bien decorado. Entró al recibidor y, como la vez anterior, se quitó los zapatos con cuidado y los dejó perfectamente alineados. Sasuke bajó la mirada y notó que los zapatos estaban llenos de grietas; las suelas estaban tan gastadas que casi tocaban el suelo.
—En el estudio instalé una cama individual y un armario para ti. Puedes usar cualquier objeto en las áreas comunes, pero después debes devolverlo a su lugar. Solo hay una regla: no entres a mi habitación —le explicó Sasuke.
Naruko asintió con gratitud. Sus ojos no paraban de moverse, curiosos, pero se esforzó por no parecer una pariente pobre recién llegada del campo. Permaneció inmóvil hasta que Sasuke le permitió entrar. Entonces recorrió los distintos espacios del apartamento con pasos rápidos, soltando exclamaciones de asombro como “¡Wow!”.
—¡Tienes una bañera! —gritó ella desde el baño.
—Sí...
—¿Puedo usarla?
—Haz lo que quieras.
Por ahora, Sasuke todavía tenía paciencia para enseñarle a usar el inodoro inteligente y el espejo con función antivaho. Lo que no sabía era que Naruko estaba a punto de traer consigo una avalancha de problemas.
—¡Tienes muchos libros! —gritó Naruko desde el estudio, que ahora era su habitación. Pero inmediatamente sintió que sonaba como alguien sin experiencia y se aclaró la garganta para disimular.
Esta vez, Sasuke no dijo que podía leerlos libremente. Siempre había atesorado los libros que había conseguido en diversos momentos de su vida, pues le habían ofrecido consuelo en muchas etapas difíciles. Así que solo dijo: —Es posible que de vez en cuando entre a tu habitación para tomar un libro. Disculpa la molestia.
Naruko se golpeó el pecho de inmediato: —¡No se preocupe Jefe, pase cuando quiera! ¡Ni siquiera tiene que avisarme!
Las palabras “chica ordinaria” giraban una y otra vez en la mente de Sasuke. Mientras Naruko arrastraba su equipaje al estudio y, ya sentada en la cama, comenzaba a quitarse los calcetines, Sasuke seguía ahí, aturdido. Nunca había conocido a alguien tan rústico, sin sentido del género ni preocupación alguna por el decoro. A diferencia de las chicas “ordinarias” más tradicionales, que suelen llevar coletas y gafas, ella intentaba lucir a la moda, usando accesorios baratos para mantener en orden su largo cabello, que no era precisamente suave. Por desgracia, la pobreza era como una capa sobre su piel, imposible de disimular.
Ninguna chica de una familia acomodada se quitaría las medias para colgarlas en el cabecero de la cama, ni abriría su maleta frente a un hombre en la habitación. Los cierres de su maleta parecían estar a punto de romperse; cuando la abrió, el contenido salió casi disparado, y el golpe de la cubierta al caer al suelo resonó de forma desagradable.
Allí estaban sus pertenencias: ropa vieja, un sostén cuyos hilos estaban a punto de romperse, un abrigo lleno de bolitas de pelusa, y un peluche tan desteñido que su color original era irreconocible.
No fue hasta que Naruko empezó a hacer la cama que Sasuke reaccionó finalmente.
—Aún no te he mostrado la cocina —dijo.
La cocina, en realidad, no tenía mucho que mostrar. Los utensilios y la vajilla estaban completos, pero el refrigerador de la familia Uchiha siempre estaba vacío. Su doble puerta y los compartimientos de refrigeración y congelación solo servían para consumir electricidad. Sin embargo, al girar la cabeza, Sasuke notó que Naruko estaba a punto de llorar. Parecía más emocionada que si hubiera visto a un ser querido resucitar. Sasuke no sabía cómo lidiar con ella.
¿Tendrá fetichismo por los objetos? pensó con cierta alarma. Tenía miedo de que hiciera algo raro al refrigerador en medio de la noche. Según su plan, esta convivencia debía ser muy sencilla: compartir una habitación con ella y ya. Podía trabajar de noche en el comedor, lo cual no era un gran inconveniente. Fuera de los encuentros necesarios para las inspecciones de su familia, él estaría en el trabajo y ella en la universidad, por lo que no deberían cruzarse demasiado. Pero, había subestimado la complejidad de todo, y semanas después Sasuke se reiría de su propia ingenuidad.
Naruko interrumpió sus pensamientos desde el otro lado de la barra de la cocina: — Jefe, ¿puedo hacerte unas preguntas? —preguntó con cautela.
—Habla.
—¿Puedo saber por qué necesitas un matrimonio falso? —preguntó mientras jugaba con unos mechones de cabello detrás de su oreja.
Como estaba relacionado con el trabajo y no era algo que necesitara ocultar, Sasuke decidió ser honesto.
—Solo quiero evitar un matrimonio arreglado por mi familia —respondió con calma.
La expresión en el rostro de Naruko era digna de ver. Encontrar una trama tan melodramática, propia de una telenovela, en estos tiempos la dejó entre asombrada y divertida. Sin embargo, siendo Sasuke su empleador, hizo todo lo posible por mantener una expresión seria, sin mucho éxito, ya que sus cejas temblaban como si fueran orugas vivas. Finalmente, preguntó:
—¿Este matrimonio falso fue una decisión conjunta entre tú y tu prometida?
—Oh, no, para nada —respondió Sasuke, completamente tranquilo—. Ella en realidad sí quiere casarse conmigo.
—Oh, no, para nada —respondió Sasuke con toda naturalidad—. De hecho, ella está bastante interesada en casarse conmigo.
Qué descarado. Naruko tenía ganas de llamarlo un hombre del montón con exceso de confianza, pero al ver esa cara, simplemente no podía. Tenía que admitir que confianza no le faltaba, pero definitivamente no era alguien “común”.
—¿Estás seguro de que haciendo esto vas a cancelar el compromiso? —preguntó Naruko con evidente preocupación.
La verdad era que Sasuke tampoco tenía idea de si su jugada funcionaría. Aunque Naruko parecía ingenua, sus preguntas daban en el clavo.
—No te preocupes por eso —dijo.
Naruko, sin embargo, no estaba convencida, y empezó a ir más allá: —Entonces, ¿por qué no te casas con alguien que te guste?
—No puedo enamorarme —respondió Sasuke mientras se daba la vuelta y caminaba hacia la sala—. De igual manera, no me importa con quién me case.
Naruko no podía entenderlo y levantó la voz para preguntarle: —Si te da igual, ¿por qué no te casas con tu prometida?
Sasuke sentía que estaba hablando con un niño de seis o siete años, el tipo de niño que lanza cien preguntas al día, y los padres simplemente no saben cómo responder. Naruko no dejaba de preguntar, y aunque sus preguntas parecían simples, su lógica era sorprendentemente aguda, desnudando una verdad que Sasuke prefería ignorar: en lugar de elegir lo correcto, lo que estaba haciendo era pura obstinación, evitando un camino trazado por otros, aunque claramente fuese mejor. Finalmente, perdió la paciencia y respondió de forma cortante:
—Preguntas demasiado. Esto no es asunto tuyo.
Naruko abrió los ojos con sorpresa y respondió indignada: —¿Cómo que no es asunto mío? ¡Me estás usando para engañar a tu familia! Además, yo tampoco quiero estar en este trabajo tanto tiempo...
Al decir esto, se dio cuenta de que tal vez había cruzado una línea, así que cerró la boca rápidamente. Por poco y soltaba algo como “¡Eres un desconsiderado!”, pero logró contenerse a tiempo.
Sasuke, que hasta ese momento había asumido que ella solo estaba interesada en el dinero, se dio cuenta de que quien no había pensado a largo plazo era él mismo. De nuevo, consideró despedirla.
Ese pensamiento lo acompañó hasta la noche siguiente. Había vuelto a casa después de un largo día de trabajo, pero al darse cuenta de que le faltaba un libro de referencia, fue a la puerta del estudio y llamó. Al no obtener respuesta, entró directamente.
La noche anterior, Naruko había estado haciendo ruido en la habitación, organizando sus cosas. Esa mañana, Sasuke ya había notado que el gabinete del baño ahora tenía su cepillo de dientes y un limpiador facial.
El estudio seguía algo desordenado, con varios objetos apilados en el escritorio, entre ellos unos cuantos libros de texto de finanzas. Naruko, con su aspecto y actitud, parecía completamente incompatible con una carrera en finanzas. Para colmo, Sasuke notó algunos libros extraños de medicina entre sus cosas. Pero al final, eso no era de su incumbencia, así que no le prestó demasiada atención y se dirigió al librero en busca del libro que necesitaba.
El trabajo reciente lo tenía agotado. Incluso alguien con tanta energía como él comenzaba a sentir los estragos. Afortunadamente, Naruko no había tocado sus libros, lo cual era un alivio. Encontró el libro rápidamente y, al intentar tomarlo, su mano rozó algo pequeño.
Era un objeto redondo y rosa. Al tocarlo, rodó fuera del estante, cayendo al suelo y rodando bajo la cama. Al parecer, al golpearse activó un interruptor, porque de repente empezó a vibrar ruidosamente, como si fuera un microondas.
En un instante, Sasuke supo exactamente de qué se trataba. Que una chica de esa edad tuviera un juguete así era completamente normal, pero que lo dejara tirado de esa manera era un signo de descuido extremo.
Qué molestia, pensó, suspirando mientras se agachaba para mirar debajo de la cama. Allí estaba el juguete, barato y con un aspecto tan inseguro que parecía capaz de electrocutar a alguien, temblando furiosamente en el suelo. Sasuke, molesto, pensó que tal vez en el baño habría una herramienta que pudiera usar para sacarlo.
Sasuke no tuvo más remedio que dejar el libro y dirigirse al baño.
Sin embargo, en el momento en que abrió la puerta, se arrepintió al instante. Naruko, como un patito que nunca había visto agua, estaba felizmente chapoteando en la bañera, salpicando agua por todas partes.
Cuando vio a su jefe entrar, se quedó petrificada, con los ojos muy abiertos por el susto. Después de medio segundo de trance, reaccionó de manera instintiva, aunque su respuesta fue completamente incomprensible.
Saltó de la bañera, cerró los ojos con fuerza y se puso de pie firme como un soldado en posición de atención, con una expresión de valor y determinación que parecía digna de un mártir. Sasuke, viendo cómo Naruko permanecía completamente desnuda y con esa expresión inquebrantable, cerró rápidamente la puerta, o más bien, la azotó. Pensó que, si simplemente se hubiera quedado tranquila en la bañera, él no habría visto absolutamente nada.
Desde el otro lado de la puerta, escuchó a Naruko gritar de frustración mientras se cubría la cara. Sasuke, un tanto incómodo, no tuvo tiempo de procesar lo que acababa de pasar porque, en ese momento, el timbre de la puerta sonó de repente.
¿Quién será a estas horas?pensó, desconcertado. Generalmente, solo los repartidores tocaban a su puerta, pero Sasuke estaba seguro de que no había pedido nada recientemente.
Con esta duda en mente, fue hacia la entrada y abrió la puerta. En ese momento, recordó que, además de tener un juguete vibrando furiosamente bajo la cama y a su nueva “esposa” que lloraba desconsoladamente en el baño, había algo peor. Al ver al recién llegado, Sasuke sintió una opresión en el pecho, dificultad para respirar y la vista se le nubló.
Frente a él estaba la persona más molesta del mundo: su hermano mayor. Itachi Uchiha, quien sonreía ampliamente, sosteniendo un enorme maletín.
Continuará...








