El diario de Maiah

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Sinopsis

«Sanar no es un camino recto, es aprender a respirar en medio de la tormenta.» Maiah tiene dieciocho años y un marcador en las últimas páginas de su libreta: Maiah vs. Depresión. Durante dos meses, su diario se convierte en el único refugio donde puede confesar lo que nadie más ve: el miedo a su propio reflejo, la culpa de sentirse vacía cuando otros la quieren y la constante tentación de esconderse bajo las cobijas esperando a que el tiempo pase. Sin embargo, entre pequeñas victorias, caminatas bajo la lluvia, un perro leal llamado Duque y la extraña certeza de que el amor se esconde en los detalles más cotidianos, Maiah descubrirá que el mañana no cambia si ella no cambia primero. El diario de Maiah es un viaje íntimo, crudo y profundamente humano sobre el peso de la soledad, las recaídas inevitablemente reales y el coraje que se necesita para volver a elegir la luz. ¿Te atreves a contar tus alegrías en lugar de tus pérdidas? Todos los derechos reservados

Genero:
Drama
Autor/a:
Vivian
Estado:
hace un mes
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

20 de Julio

El día está nublado; el sol hace días que no se ve y la ciudad se siente desolada, triste. Saqué a pasear a mi mascota tan pronto llegué de la universidad. Duque, como siempre, esperaba por mí en la puerta para que lo llevara a jugar al parque.

Hacía ya un tiempo que había decidido hacer estos paseos diarios para batallar contra mi depresión, y había funcionado bastante. ¿Saben lo que es la depresión? Algunos no lo entienden. Muchos creen que simplemente lo hacemos para llamar la atención, pero ¿quién querría hacer algo así?

Es horrible estar deprimido. Sientes que estás cayendo lento y sin fondo en un lugar oscuro del que quizá nunca salgas. Si tienes suerte, la sensación de caída será lo único que percibirás; para otros es más intenso: son esas manos empujándote y jalándote hacia la penumbra, las noches de llanto sin tener idea de por qué te sientes de ese modo. A veces es una tristeza desconocida, una lágrima que no sabes de dónde viene pero que necesitas derramar.

Yo la defino como esa amiga que siempre está ahí, a la que no deseas ver pero que resulta difícil soltar. Para mí, sentirme deprimida era mejor que no sentir nada, y llorar era preferible a caer dormida. La depresión se había convertido en mi droga: me hacía sentir ¿viva? Pero, poco a poco, esa «amiga» empezó a hacerme daño.

No era una simple droga; era una tormenta, un huracán. Y lo peor es que ya no deseaba estar así, no era mi elección. Pero ¿qué podía hacer? ¿Acaso podía callarla? No podía. La escuchaba todos los días. Y cuando pensaba que ya se había ido, cuando creía que por fin me había dejado en paz, ella volvía como esa visita indeseada que toca a tu puerta un domingo por la tarde, justo cuando solo quieres dormir.

Sin embargo, cruzar la puerta y salir a caminar con mi perro me ayudaba a despejar la mente. Me hacía pensar que existían pequeñas cosas que le daban luz a mi vida, de las cuales me podía sujetar tan fuertemente que a la depresión no le quedaba más remedio que dejarme ir.

Respiré el aire fresco que bailaba a mi alrededor, el aroma dulce del pasto verde y los árboles compartiendo su sombra conmigo. Escuché a los perros ladrar y corretear felices. Vi a Duque mover la cola cada vez que lo llamaba, como si oír mi voz fuera, para él, ver al amor en persona. Y esas cosas —esas pequeñísimas cosas— me salvaron el día.

Maiah: 1 | Depresión: 0