Michelle y Max// Chestappen OS

Sinopsis

El cuatro veces campeón solo estaba enfocado en una sola cosa: Ganar. Pero que pasa ¿Cuándo decide ver la carrera de la F1 academy por primera vez? Entonces la vio esa chica nueva, mexicana y una piloto aguerrida de la escuderia de Cadillac. El mundo de Max cambió y ahora sólo pedía una oportunidad para poder enamorarla. AU: Genderbend (Checo chica) + F1 Boys love (? 🩵 One shot ( si tiene éxito podría hacer más y que sean Spicy +18) ⚠️ no pretendo dañar ni asumir nada con respecto a las personas involucradas mera ficción Si no les gusta este tipo de contenido pasa de largo...

Genero:
Lgbtq
Autor/a:
Abril
Estado:
hace 7 días
Capítulos:
11
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Conociéndote.

Max se encontraba en el hospitality de Red Bull. Faltaban apenas dos horas para que comenzara la carrera y, por una vez, decidió hacer algo que no solía permitirse durante un fin de semana de Fórmula 1: relajarse.

Encendió la televisión y se dejó caer en uno de los sillones.

Max jamás había prestado demasiada atención a las carreras de otras categorías. Su mundo siempre había girado alrededor de la Fórmula 1, el simulador, las mejoras del monoplaza y la telemetría. Todo lo demás solía quedar en segundo plano. Sin embargo, aquella tarde decidió quedarse un rato frente al televisor.

La transmisión estaba a punto de terminar. En la pantalla se disputaba la última vuelta de la F1 Academy y la piloto que parecía destinada a llevarse la victoria pertenecía a la nueva escudería Cadillac F1.

Max, observó la pantalla con cierta curiosidad.

De pronto, la piloto de Red Bull, Hamda, aprovechó una oportunidad y consiguió adelantarla.

Max levantó ligeramente las cejas.

-Bien jugado.

Parecía que la carrera estaba decidida, pero entonces ocurrió algo inesperado. La piloto de Cadillac no se dio por vencida. Esperó el momento exacto, se lanzó por el interior de la curva y realizó un adelantamiento espectacular que le permitió recuperar la primera posición justo antes de cruzar la línea de meta.

-¡¿Qué demonios?! -exclamó Max, incorporándose en el sillón.

La transmisión mostró a la ganadora celebrando mientras su equipo gritaba de emoción por la radio. Unos segundos después, la piloto se detuvo y comenzó a quitarse el casco amarillo.

Max se quedó completamente inmóvil.

Lo que apareció frente a sus ojos lo dejó sin palabras.

La piel morena, el cabello recogido, las pecas que salpicaban su rostro y aquellos ojos que, incluso a través de la pantalla, parecían tener pequeños destellos verdes. Su figura era esbelta, pechos prominentes con una cintura estrecha y una presencia que llamó de inmediato la atención de Max.

-No puede ser...

No sabía quién era.

No sabía su nombre.

Pero había algo en aquella chica que lo había dejado completamente fascinado.

-Max, ¿estás bien? -preguntó Laurent desde el otro lado del hospitality.

Max ni siquiera respondió.

Se levantó de golpe.

-¿Max?

El piloto ya había comenzado a caminar hacia la salida.

-¿A dónde vas?

-A ver la premiación.

Laurent lo miró desconcertado.

-¿Ahora?

-Sí.

-¡Pero faltan dos horas para tu carrera! Debes estar relajado.

Max ya estaba saliendo.

-Lo sé.

Laurent negó con la cabeza mientras lo veía marcharse.

-Este hombre está loco...

Max caminó lo más rápido que pudo por el paddock. No sabía exactamente qué estaba haciendo. Solo sabía que quería verla de cerca, aunque fuera unos segundos.

Cuando finalmente llegó al lugar donde se realizaría la ceremonia del podio, la premiación estaba a punto de comenzar.

Y entonces volvió a verla.

Esta vez, con una gorra pirelli del primer lugar.

La chica se había soltado el cabello y las ondas naturales caían alrededor de su rostro y sobre sus hombros. Max se quedó mirándola desde cierta distancia.

Definitivamente, verla así era todavía más impactante.

-Vaya...es hermosa.

La piloto sonrió mientras recibía el trofeo del primer lugar.

Max no pudo apartar la mirada.

Por alguna razón que él mismo no lograba comprender, aquella desconocida había conseguido captar toda su atención en cuestión de minutos.

Y lo peor de todo era que Max Verstappen, uno de los pilotos más concentrados y competitivos de la Fórmula 1, había olvidado por completo que en menos de dos horas tenía una carrera que disputar.

Solo podía pensar en una cosa.

Necesitaba saber quién era ella.

Cuando Michelle bajó de la zona de premiación, tomó el camino de regreso hacia su hospitality. Sus mecánicos y su ingeniero ya se habían adelantado, así que caminaba sola, todavía con una sonrisa en el rostro por la victoria que acababa de conseguir.

Sin embargo, unos metros antes de llegar, se detuvo.

Había alguien esperándola.

Max estaba allí.

Michelle lo reconoció inmediatamente. Era difícil no hacerlo. El piloto de Red Bull se encontraba frente a ella con una sonrisa de oreja a oreja que parecía no querer desaparecer.

Michelle arqueó ligeramente una ceja.

-¿Max Verstappen?

Max sintió que, de repente, toda la seguridad que había tenido mientras se dirigía hacia allí se había esfumado.

-H... hola.

Michelle sonrió, divertida.

-Hola.

Max se aclaró la garganta y rápidamente buscó una excusa para explicar por qué estaba allí.

-Yo iba pasando por aquí...

Michelle lo observó durante unos segundos.

-¿Pasando?

-Sí -respondió Max demasiado rápido.- Exactamente. Pasando.

La sonrisa de Michelle se hizo más amplia.

-Claro.

Max decidió ignorar el tono de incredulidad.

-Y vi tu carrera.

-¿Ah, sí?

-Sí. Estuviste increíble -dijo Max, esta vez completamente sincero-. Ese último adelantamiento fue espectacular. Pensé que habías perdido cuando Hamda te pasó, pero esperaste el momento perfecto.

Michelle lo miró con cierta sorpresa. No esperaba que Max hubiera visto la carrera y mucho menos que hubiera prestado tanta atención.

-Gracias.

-No, en serio. Fue una gran carrera.

Por primera vez, Max pareció quedarse sin palabras. Había llegado hasta allí decidido a felicitarla, pero ahora que la tenía frente a él, no sabía qué más decir.

Michelle pareció darse cuenta.

-¿Y tú eres...?

Max soltó una pequeña risa.

-Ya sabes quién soy... tú misma dijiste mi nombre.

-Quería escucharlo de ti.

La sonrisa de Max regresó.

-Max...Max Verstappen.

Michelle extendió la mano hacia él.

-Mucho gusto, Max.

Él tomó su mano.

-Mucho gusto.

Michelle mantuvo su mirada sobre él mientras estrechaba su mano.

-Mi nombre es Michelle.

-Michelle... -repitió Max.

Ella sonrió.

-Michelle Pérez.

Max asintió lentamente, como si quisiera memorizar aquel nombre.

-Michelle Pérez.

-Sí.

-Es un bonito nombre.

Michelle sonrió de lado.

-Gracias.

Durante unos segundos ninguno de los dos dijo nada.

Max seguía sosteniendo su mano y, cuando finalmente se dio cuenta, la soltó con cierta rapidez.

-Bueno... -dijo Michelle-. Supongo que deberías volver.

-Sí.

Pero Max no se movió.

Michelle levantó una ceja.

-¿Max?

-¿Sí?

-¿No tienes una carrera dentro de un par de horas?

Max abrió los ojos.

-¡Mierda!

Michelle soltó una carcajada.

-¿Lo habías olvidado?

-No.

-Max...

-Bueno, quizá un poco.

Michelle negó con la cabeza, todavía riendo.

-Será mejor que regreses antes de que alguien venga a buscarte.

Max comenzó a caminar hacia atrás, sin apartar los ojos de ella.

-Nos vemos, Michelle Pérez.

-Nos vemos, Max Verstappen.

Max sonrió una última vez antes de darse la vuelta.

Mientras se alejaba, una sonrisa imposible de ocultar seguía dibujada en su rostro.

Había ido hasta allí con la única intención de felicitar a una piloto que acababa de ganar una carrera.

Y ahora no podía dejar de repetir un nombre dentro de su cabeza.

Michelle Pérez.

Tiempo después, la carrera de Max finalmente había comenzado.

Una vez dentro del monoplaza, el piloto volvió a concentrarse por completo. Las vueltas pasaron rápidamente y, después de una intensa batalla en pista, Max consiguió cruzar la línea de meta por delante de Lando Norris.

Había ganado.

Subió al podio y recibió el trofeo mientras las celebraciones comenzaban a su alrededor. Sin embargo, en cuanto terminó el protocolo, Max comenzó a mirar entre la multitud.

Buscaba a alguien.

Y entonces la encontró.

Michelle estaba allí.

Lo observaba desde abajo con una enorme sonrisa en el rostro. Cuando sus miradas se cruzaron, ella levantó ligeramente la mano para saludarlo.

Max sonrió.

No pudo evitarlo.

Durante toda la carrera había estado completamente concentrado, pero ahora que volvía a verla, aquella sensación que había experimentado horas antes regresaba con una fuerza inesperada.

Cuando terminó la ceremonia del podio, Max bajó rápidamente y se dirigió hacia ella.

Michelle permaneció en su sitio, esperándolo.

Cuando Max finalmente estuvo frente a ella, Michelle lo miró de arriba abajo y sonrió.

-¡Felicidades, Maxie! -exclamó-. Eres un piloto increíble.

Max soltó una pequeña risa al escuchar aquel apodo.

-¿Maxie?

-Sí. ¿No te gusta?

-Sí mientras seas tú quien me lo diga...

-Entonces definitivamente voy a seguir llamándote así.

Ambos sonrieron.

Pero poco a poco, la diversión comenzó a desaparecer.

Sus miradas se encontraron y ninguno de los dos apartó los ojos.

La sonrisa de Michelle se volvió más discreta.

Max sintió cómo la tensión comenzaba a crecer entre ellos. Había algo diferente en aquel momento. Algo que ninguno de los dos parecía dispuesto a reconocer en voz alta.

Michelle inclinó ligeramente la cabeza.

-¿Qué pasa?

Max dio un pequeño paso hacia ella.

-Nada.

-Me estás mirando raro.

-¿Raro?

-Sí.

-Te estoy mirando porque eres bonita.

Michelle se quedó en silencio.

Max también pareció sorprenderse de sus propias palabras, pero ya no había vuelta atrás.

Ella sonrió lentamente.

-Vaya... ¿así que ahora eres directo?

-Contigo parece que funciona.

Michelle soltó una pequeña risa.

-No estés tan seguro.

Max sostuvo su mirada.

Por un instante, el ruido del paddock pareció desaparecer.

Solo estaban ellos dos.

Entonces Max sonrió de esa manera que Michelle comenzaba a reconocer.

-Quiero tener una cita contigo, Pecosa.

Michelle abrió ligeramente los ojos.

-¿Una cita? ¿Pecosa?

-Sí.

-¿Eso es una invitación?

-Es exactamente eso.

Michelle cruzó los brazos.

-¿Y qué te hace pensar que voy a aceptar?

Max se inclinó apenas hacia ella.

-Porque llevas toda la tarde sonriéndome.

Michelle intentó contener una sonrisa.

-Tal vez me gusta verte ganar.

-Entonces tendrás que verme ganar muchas veces.

-¿Ah, sí?

-Sí.

Max sonrió.

-Pero primero quiero una cita contigo.

Michelle lo observó durante unos segundos. Finalmente, una sonrisa apareció en sus labios.

-Está bien, Maxie.

Max levantó las cejas.

-¿Eso significa que sí?

-Sí.

La sonrisa de Max se hizo todavía más grande.

-Perfecto.

Michelle comenzó a alejarse hacia su hospitality, pero después de dar unos pasos se giró para mirarlo.

-¿Y cuándo será esa cita?

-Te avisaré.

-No tardes demasiado, Maxie.

Michelle volvió a darse la vuelta y continuó caminando.

Max permaneció allí unos segundos, observándola alejarse.

Entonces, de repente, abrió los ojos.

-¡Espera!

Michelle se detuvo y giró sobre sus talones.

-¿Qué?

Max caminó rápidamente hasta alcanzarla.

-Tu número.

Michelle lo miró confundida.

-¿Mi número?

-Sí.

-¿Para qué quieres mi número?

Max la observó como si la respuesta fuera demasiado obvia.

-Para nuestra cita.

Michelle sonrió.

-Pensé que me avisarías.

-Exactamente. Pero no puedo avisarte si no tengo tu número.

-También podrías encontrarme en el paddock.

-Eso sería demasiado complicado.

Michelle soltó una carcajada.

-¿Demasiado complicado para el campeón?

-Tengo cosas más importantes que hacer.

-¿Ah, sí?

Max sacó su teléfono y se lo tendió.

-Sí. Como conseguir el número de una chica bonita que acaba de aceptar salir conmigo.

Michelle tomó el teléfono.

-Eres bastante descarado, Maxie.

-Y tú estás tardando demasiado en escribir tu número.

-Qué impaciente.

Michelle finalmente introdujo sus datos y le devolvió el teléfono.

Max miró la pantalla y sonrió al ver el nombre guardado.

Michelle Pérez ❤️

Michelle alcanzó a ver el contacto y arqueó una ceja.

-¿Un corazón?

Max bloqueó rápidamente el teléfono.

-No viste nada.

-Lo vi perfectamente.

-Estás imaginando cosas.

-Claro, Maxie.

Michelle comenzó a alejarse otra vez.

Max sonrió mientras guardaba su teléfono.

-Te escribiré esta noche, Pecosa.

Michelle se giró una última vez.

-Estaré esperando tu mensaje.

Y esta vez sí se marchó.

Max se quedó observándola hasta que desapareció entre la gente.

Solo entonces miró nuevamente su teléfono.

Los días pasaron y Michelle tomó más confianza, Max se había dado cuenta que la chica era temperamental pero también era alegre, coqueta, interesante.

Días después, finalmente llegó la noche de su primera cita.

Max había insistido en pasar por Michelle a su departamento. Ella había dejado claro que podía llegar sola al restaurante, pero Max no había cedido.

-Voy por ti.

-Max, puedo llegar perfectamente sola.

-Lo sé.

-Entonces, ¿por qué quieres venir?

-Porque quiero hacerlo.

Michelle había soltado una carcajada al otro lado del teléfono.

-Eres un mandón.

-Y tú eres una terca.

-Ten cuidado, Maxie. Apenas estamos en nuestra primera cita y ya estás buscando pelea.

-No estoy buscando pelea.

-Entonces deja de decirme terca.

-Pero lo eres.

-¡Max!

Él había comenzado a reírse.

-Está bien, Pecosa. Paso por ti.

-Así está mejor.

-¿Siempre consigues lo que quieres?

-Casi siempre.

-Eso me preocupa.

-Debería.

Ahora, unas horas después, Max se encontraba frente al edificio donde vivía Michelle. Bajó del automóvil y se dirigió hacia la entrada. Llevaba un elegante traje oscuro y, escondida dentro del saco, una pequeña caja negra que había comprado especialmente para ella.

Cuando Michelle abrió la puerta de su departamento, Max se quedó completamente inmóvil.

Ella llevaba un vestido rojo de satén que se ajustaba elegantemente a su figura. Su cabello estaba suelto, cayendo en ondas alrededor de sus hombros.

Michelle lo observó durante unos segundos.

-¿Qué?

Max parpadeó.

-Nada.

-Me estás mirando demasiado.

-Estoy admirando.

Michelle apoyó una mano sobre el marco de la puerta.

-¿Admirando qué?

Max sonrió.

-A ti.

-Eso sonó bastante bien.

-¿Bastante?

Michelle entrecerró los ojos.

-Sí. Puedes hacerlo mejor.

Max soltó una pequeña carcajada.

-Estás preciosa.

-Mucho mejor.

-¿Siempre eres así?

-¿Así cómo?

-Exigente.

Michelle tomó su bolso y salió del departamento.

-No soy exigente.

Max la miró.

-Acabas de hacerme repetir el cumplido.

-Porque el primero fue mediocre.

-Era un cumplido.

-Era un cumplido de piloto.

Max frunció el ceño.

-¿Y cuál es la diferencia?

Michelle pasó junto a él y comenzó a caminar hacia el ascensor.

-Los pilotos están acostumbrados a decir que todo es "bastante bueno". Yo quiero algo mejor.

Max la siguió.

-Entonces tendré que esforzarme.

Michelle pulsó el botón del ascensor y lo miró de reojo.

-¿No te gusta esforzarte?

-Me gusta ganar.

Michelle sonrió lentamente.

-Entonces tenemos un problema.

-¿Por qué?

Las puertas del ascensor se abrieron.

Michelle entró y se giró hacia él.

-Porque conmigo no vas a ganar tan fácilmente, Maxie.

Max entró detrás de ella.

-Ya veremos.

-Eso sonó a desafío.

-Tal vez lo sea.

Michelle sonrió.

-Me gustan los desafíos.

Durante el trayecto hacia el restaurante, la conversación continuó en el mismo tono. Michelle tenía una respuesta para cada comentario de Max y, cuando él intentaba provocarla, ella siempre conseguía devolverle el golpe.

Cuando llegaron al restaurante, Max rodeó el automóvil para abrirle la puerta.

Michelle salió y lo miró.

-Otra vez.

-¿Qué?

-La puerta.

-¿Quieres que deje de hacerlo?

Michelle fingió pensarlo.

-No.

-Entonces disfruta.

-Eso intento.

Max la miró con una sonrisa.

-Eres peligrosa.

Michelle se acercó un poco más.

-Y todavía no has visto nada.

Max se quedó mirándola.

-Definitivamente eres peligrosa.

-Y tú estás muy nervioso.

-No estoy nervioso.

Michelle comenzó a caminar hacia la entrada.

-Claro que no, Maxie.

-¡Pecosa!

Michelle se giró.

-¿Sí?

-No me provoques.

La sonrisa de Michelle se volvió descarada.

-¿Y si quiero?

Max se quedó sin respuesta durante un instante.

Michelle soltó una carcajada.

-Vamos, campeón.

La cena transcurrió entre risas, miradas y una constante batalla de ingenio. Michelle era temperamental, pero también tenía una manera encantadora de convertir cualquier discusión en un juego.

En un momento, Max hizo un comentario que no pareció gustarle.

Michelle dejó la copa sobre la mesa.

-¿Perdón?

Max levantó las manos.

-¿Qué?

-Repítelo.

-No.

-Max.

-Era una broma.

-Pues no fue graciosa.

Max la observó durante unos segundos y después sonrió.

-¿Estás enojada?

Michelle cruzó los brazos.

-Un poco.

-¿Y qué puedo hacer para que se te pase?

Michelle lo miró fijamente.

-No sé. Sorpréndeme.

Max se inclinó hacia ella.

-¿Un beso?

Michelle abrió ligeramente los ojos.

-¿Eso es lo mejor que tienes?

-Puedo pensar en algo más.

Michelle sonrió.

-Entonces piensa rápido.

Max soltó una carcajada.

-Eres imposible.

-Y aquí sigues.

-Porque me gustas.

La sonrisa de Michelle desapareció por un segundo.

-¿De verdad?

Max la miró con absoluta sinceridad.

-Sí.

Michelle bajó la mirada, pero rápidamente recuperó su expresión coqueta.

-Bueno...

-¿Bueno?

-Supongo que puedo perdonarte.

-¿Solo porque te dije que me gustas?

-No te emociones.

-Entonces, ¿por qué?

Michelle tomó nuevamente su copa.

-Porque me gusta cómo me miras.

Max se quedó callado.

-¿Y cómo te miro?

Michelle sostuvo su mirada.

-Como si estuvieras intentando descubrirme.

Max sonrió.

-Quizá lo estoy haciendo.

-Pues vas a tener que trabajar mucho.

-¿Eso es otra provocación?

Michelle se inclinó ligeramente hacia él.

-Es una advertencia.

La tensión entre ambos aumentó.

Después de la cena, Max pagó la cuenta y salieron del restaurante.

-¿Quieres ir a otro lugar? -preguntó Max.

Michelle lo miró.

-¿A dónde?

-A mi departamento.

Michelle arqueó una ceja.

-¿Me estás invitando a tu departamento en nuestra primera cita?

-Sí.

-Qué rápido eres.

-No tienes que ir.

Michelle se acercó un poco.

-¿Y quién dijo que no quiero?

Max sonrió.

-Tú.

-Yo no he dicho eso.

-Pero lo insinuaste.

Michelle abrió la puerta del automóvil.

-No pongas palabras en mi boca, Maxie.

-Entonces dime qué quieres.

Michelle se detuvo y lo miró directamente.

-Quiero seguir pasando tiempo contigo.

Max dejó de sonreír por un instante.

-Entonces vamos a mi departamento.

Michelle sonrió.

-Eso suena mucho mejor.

Max abrió la puerta para ella.

-¿Ves? Al final siempre consigo lo que quiero.

Michelle se sentó en el automóvil.

-No te confundas.

-¿Qué?

Ella lo miró con una sonrisa provocadora.

-Esta noche no has conseguido nada.

Max se quedó mirándola.

Michelle cerró la puerta.

-Todavía.

Max soltó una carcajada mientras rodeaba el automóvil.

-Definitivamente voy a arrepentirme de haberte invitado.

Michelle bajó la ventanilla.

-¡Mentiroso!

-¡Pecosa!

-¡Maxie!

Ambos terminaron riéndose mientras el automóvil se alejaba rumbo al departamento de Max.

Y aunque ninguno de los dos sabía exactamente qué ocurriría cuando llegaran, ambos tenían claro que aquella noche estaba lejos de terminar.

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Hice este one shot porque me gusto la idea si tiene éxito haré más pero solo formato de one shots.

Abril 💜