Sasu Naruko| Hora De Oma por Daikiwoo en Inkitt
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SasuNaruko| Hora de Oma

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Sinopsis

Para sobrevivir en la Tierra y no morir en el intento, Sasuke, un íncubo tan orgulloso como hambriento, se ve obligado a sellar un contrato mágico con su torpe compañera de clases, Naruko. Entre el caos cotidiano y discusiones absurdas, ambos empezarán a lidiar a su manera con sus torpes e innegables sentimientos.

Genero:
Drama
Autor/a:
Daikiwoo
Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Capítulo 01

Sasuke estaba preocupado.

Flotaba lentamente por el cielo. Ya habían pasado dos meses desde que había llegado a la Tierra y todavía no había conseguido nada. Últimamente estaba tan hambriento que hasta veía estrellas y apenas podía mantenerse volando.

Por mucho que intentara resistirse, finalmente había llegado su madurez como íncubo. No hacía mucho, muy a su pesar, se había infiltrado en una escuela haciéndose pasar por un estudiante de secundaria. Para un demonio que se alimenta del deseo, era la opción más sencilla y apropiada. Rodeado de las desbordantes hormonas de la adolescencia, aquellas chicas ingenuas e ignorantes, sin excepción, caían rendidas ante él. En realidad, todo debería haber sido muy fácil.

Pero... ay. Sasuke soltó otro largo suspiro.

El problema era que realmente odiaba a los humanos.

No vayan a creer que los demonios son un grupo con un gran sentido de pertenencia o espíritu colectivo. Al igual que tú odias a ese compañero de cuarto que no se baña, a tu rival en el trabajo o al vecino que siempre organiza fiestas a todo volumen por las noches, esta raza que se alimenta de la hostilidad y del resentimiento, difícilmente van a poner buena cara entre sí a los de su propia especie; ya es bastante si no se arrancan la cabeza a mordiscos.

Además, ganarse la vida tampoco es sencillo. En cuanto alcanzan la edad adulta, deben ir por ahí rogando a los humanos que firmen un contrato absurdo con ellos para poder sobrevivir. Toda esa imagen misteriosa y todopoderosa de los demonios que aparece en los cuentos no es más que una ilusión; cuando llega la hora de trabajar, también tienen que humillarse y bajar la cabeza como perritos sumisos.

En los últimos años, la economía demoníaca tampoco atravesaba un buen momento. La deflación y el desequilibrio entre la oferta y la demanda habían traído un nuevo período de crisis. Una gran cantidad de demonios se había quedado sin trabajo y vivía en condiciones miserables. Los humanos lo llamaban «la mano invisible de Hayek». Pero, al menos cuando ellos caían en la ruina, todavía podían convertirse en bandidos.

¿Y los demonios? ¿A quién iban a asaltar?

Sobre todo, aquellos que se consideraban orgullosos y de elevados principios. Jamás aceptarían escuchar a los instructores de superación personal repitiendo tonterías como: «combina estrategias, consigue resultados rápidos, optimiza el mercado vertical y conecta con los puntos de dolor del cliente».

Y Sasuke era precisamente uno de esos demonios orgullosos.

Jamás pediría ayuda a nadie. Cuando alguien intentaba acercársele, lo único que quería era quitárselo de encima.

Los humanos olían raro y eran increíblemente estúpidos. Eran lujuriosos, codiciosos y poseían deseos que nunca parecían tener fin. Si no generaran continuamente pensamientos maliciosos, jamás habría surgido una especie dedicada exclusivamente a alimentarse de ellos.

Era igual que en un ecosistema natural: donde existen los moluscos, aparecen los cangrejos ermitaños; donde hay madera en descomposición, nacen los hongos.

Y la realidad era esta:

Porque existen los humanos, existen los demonios.

Así que la situación se había vuelto un poco complicada.

Si lo hubiera sabido antes, habría ido a trabajar a un club nocturno. Al menos allí solo tendría que atender a los clientes cuando pidieran sus servicios, aunque fuera de mala gana, en lugar de acabar en una situación tan lamentable.

Mientras flotaba sin rumbo por el cielo, pensaba en alguna solución, dejando que su mirada recorriera todos los rincones de la ciudad.

Sin embargo, aquel día la suerte estuvo de su lado. Apenas diez minutos después, encontró una oportunidad.

Con la actitud resignada de quien ya no tiene nada que perder, Sasuke descendió lentamente desde el cielo, evitando cuidadosamente las miradas de los transeúntes, hasta detenerse frente a una casa.

Había elegido ese lugar porque se dio cuenta de que allí vivía una compañera de su clase.

No era muy buena estudiante, pero era bastante atractiva. Además, le encantaba participar en toda clase de actividades sociales de la escuela, por lo que gozaba de bastante popularidad.

Sasuke tenía dos razones para probar suerte con ella.

La primera era que, si no se equivocaba, aquella compañera estaba bastante enamorada de él. En la escuela siempre intentaba fingir encuentros casuales con él. Sus métodos eran tan torpes que Sasuke los predecía con facilidad y los evitaba antes de que ocurrieran.

La segunda era que a ella le encantaba presumir de sus experiencias amorosas y parecía tener una actitud muy abierta respecto a las relaciones entre hombres y mujeres.

Y, además...

Era, sin lugar a dudas, la persona más tonta que Sasuke había conocido jamás. Los tontos debían de ser mucho más fáciles de engañar.

Sin perder un segundo, dio unos pasos y pulsó el timbre de la residencia de los Uzumaki.

Mientras esperaba a que alguien abriera la puerta, comenzó a ensayar mentalmente la manera de explicar el motivo de su visita.

“Hola, compañera. Soy Sasuke Uchiha, el que se sienta dos filas delante de ti. Mientras daba un paseo me di cuenta de que vivimos muy cerca. ¿Te gustaría que fuéramos juntos a la escuela a partir de ahora?”

Negó con la cabeza.

Aquello era demasiado anticuado y, además, poco eficiente.

Lo más desesperante era descubrir que, aunque despreciara a los humanos, no sabía absolutamente nada sobre cómo ligar. Después de todo, nunca había necesitado aprender esas cosas.

“Hola, compañera. ¿Ya empezaste el proyecto de prácticas sociales? Estoy haciendo una encuesta por este barrio. ¿Te importaría responder unas preguntas?”

Esa excusa sonaba bastante razonable, pero estaba a años luz de llevarlos a la cama.

Además, Sasuke estaba convencido de que jamás hablaría de una forma tan artificial.

No podía simplemente entrar con toda tranquilidad y decir: “Quiero acostarme contigo.”

Según todo lo que había observado de los humanos, aquel grupo de hipócritas, incluso cuando ambos sabían perfectamente cuáles eran las verdaderas intenciones del otro, insistía en jugar al tira y afloja y en preparar un montón de pasos previos completamente innecesarios.

Solo de pensarlo, ya empezaba a arrepentirse de haber tocado el timbre.

Lo único que quería era darse la vuelta e irse.

Por desgracia, mientras Sasuke estaba sumido en el caos de sus pensamientos, su compañera ya había corrido apresuradamente a abrir la puerta.

Asomó la cabeza por la rendija y lo miró con unos enormes ojos azules, completamente incrédula. Su rostro reflejaba sorpresa, mezclada con el rubor tímido de una joven enamorada. A los ojos de Sasuke, aquella expresión era como la de una oveja gorda brincando alegremente en medio de un prado, esperando que un lobo hambriento viniera a darle un mordisco.

Al contemplar aquella cara tan ingenua, una oleada de irritación invadió a Sasuke. Todos los discursos que había preparado desaparecieron de su mente. Sin pensarlo más, soltó de golpe: —Soy un íncubo.

Su compañera permaneció con la boca abierta durante cinco segundos, incapaz de procesar lo que acababa de oír. La confusión se reflejaba en todo su rostro. Tras titubear un buen rato, terminó presentándose con cautela: —Yo... soy Naruko Uzumaki.

¿¡Quién te preguntó eso!?

Sasuke sintió que era un completo idiota por haber depositado siquiera una pizca de esperanza en una persona tan tonta. Aunque su forma de presentarse también había sido bastante impactante, insistía obstinadamente en culpar a la otra por no seguirle el juego.

Ambos permanecieron inmóviles, separados por media puerta abierta, mirándose fijamente en un silencio tan incómodo que parecía haber congelado el tiempo.

—Compañero... —fue Naruko quien finalmente rompió el silencio, hablando con mucha cautela—. ¿Quieres un vaso de agua? Tienes muy mala cara.

El ambiente se relajó un poco.

Sasuke siguió a su compañera hasta la sala de estar, mientras ella, visiblemente nerviosa, iba a la cocina a servirle agua.

Se sentó en el sofá y echó un vistazo alrededor. Había muy pocos muebles. La casa no podía decirse que estuviera especialmente ordenada; por todas partes había señales del caos que Naruko parecía provocar con sus constantes torpezas.

Mientras observaba la habitación, ella regresó con el vaso de agua entre las manos. En apenas unos pasos consiguió tropezar con su propio pie y estuvo a punto de arrojarle el agua directamente a la cara.

Por suerte, logró completar su misión como anfitriona y terminó sentándose frente a él.

Para evitar que se repitiera el incómodo silencio de hacía un momento, decidió iniciar una conversación en cuanto tomó asiento.

—Compañero... ¿qué fue lo que dijiste hace un momento? No lo entendí muy bien. —Naruko esbozó una sonrisa forzada—. Dijiste que eras un... ¿ín... íncu...?

En realidad, Sasuke ya había decidido beber el agua e irse sin más.

Pero, para su desgracia, ella sí había escuchado perfectamente lo que había dicho antes.

No tuvo más remedio que cerrar los ojos y responder con absoluta firmeza y rapidez: —Soy un íncubo. Ya sabes, una raza de demonios que aparece en las historias de fantasía. Vine aquí para preguntarte si quieres hacer un contrato conmigo.

Su explicación no tenía ningún atractivo. Sonaba más bien como la de un vendedor de seguros, y ni siquiera uno competente, sino de esos que ocupan el último lugar en ventas y están a punto de ser despedidos.

Sin embargo, la expresión de su compañera pasó poco a poco de la total confusión a la comprensión. Al parecer había leído bastantes historias de fantasmas y leyendas urbanas, y aceptaba con sorprendente naturalidad una situación tan absurda e ilógica.

Si Sasuke fuera quien estuviera sentado al otro lado de la mesa, jamás se habría creído semejante historia. Es más, habría agarrado una escoba y habría echado a escobazos al compañero que intentara tomarle el pelo...

Definitivamente, los tontos eran más fáciles de engañar.

Naruko permaneció pensativa un buen rato. Se humedeció los labios y, finalmente, habló con expresión desconcertada. Lo que dijo dejó a Sasuke completamente descolocado.

—Yo creía que los íncubos siempre llevaban ropa de cuero muy reveladora. ¿Por qué tú llevas uniforme escolar?

Sasuke no supo qué responder. Al final solo dijo: —Porque acabo de salir de clases. Además, no tenemos un código de vestimenta.

—Ya veo... —se rascó la mejilla mientras desviaba la mirada—. Entonces, eso del contrato... ¿qué significa exactamente?

—Tú me proporcionas energía y yo te proporciono... mis servicios.

Aunque le costó decirlo, Sasuke terminó pronunciando esas palabras con la mirada fija en ella.

—¿Servicios?

Naruko pareció captar el sentido oculto de la frase y, de repente, empezó a mostrarse muy cohibida. Se retorcía en el asiento sin parar, como si no pudiera estarse quieta, y comenzó a hablar atropelladamente.

—¿No será... ese tipo de servicios? Ay, pero... ¿cómo podríamos hacer algo así? Los humanos seguimos cierto orden. Primero hay que tomarse de la mano, luego... luego vienen los besos, y solo al final...

Su actitud tan torpe e inquieta terminó por colmar la paciencia de Sasuke. Perdió toda la paciencia de golpe y decidió ignorar por completo lo incómodo de la conversación. En otras palabras: decidió ser él mismo.

—No vine a la Tierra para enamorarme —dijo con frialdad.

—Entonces... ¿a qué viniste? —preguntó Naruko, sonrojándose.

—A tener sexo.

Naruko casi escupe sangre, no esperaba que fuera tan directo. Se levantó del sofá de un brinco, con los cabellos a punto de ponerse de punta:

—¡¿C-cómo puedes decir algo así tan tranquilo?!

Sasuke respondió de mala gana: —Solo estoy diciendo la verdad. Si tú no aceptas, buscaré a otra persona.

Antes de que ella pudiera responder, Sasuke ya se había puesto de pie dispuesto a marcharse. Al final, ignorar los sentimientos de los humanos seguía siendo la opción más sencilla. No tenía ninguna intención de lidiar con la incomodidad de su compañera; al fin y al cabo, aquello no era asunto suyo. Aunque al día siguiente Naruko fuera por toda la escuela contando que él era realmente un demonio, bastaría con decir que eran simples rumores.

Cuando los humanos se reúnen en grupo, rara vez logran formar una fuerza verdaderamente poderosa. La historia había demostrado una y otra vez que eran una especie incapaz, más interesada en atacarse entre sí que en cooperar.

Si solo fueran despreciables, todavía tendría arreglo. Pero, además, eran estúpidos. Y para colmo, estaban convencidos de poseer una bondad ejemplar. Como resultado, terminaban desarrollando sentimientos que sobrepasaban su inteligencia y una compasión mucho mayor que su capacidad para sostenerla.

Ahí estaba la prueba. Así era como acababan arruinándose la vida ellos mismos. Mientras volvía a maldecir mentalmente a la humanidad, su compañera corrió tras él y, al alcanzarlo en la entrada, lo sujetó del brazo. Lo sacudía con insistencia mientras decía apresuradamente:

—¡Oye, tampoco dije que no! Pero... dime una cosa. ¿Soy la primera persona a la que se lo propones? ¿No tendrás ya como veinte anfitriones por ahí?

Era evidente que no quería que el chico que le gustaba terminara acostándose con otra persona.

Sin embargo, todavía no había pasado absolutamente nada y ella ya pretendía imponer exclusividad. Aquello no le hizo ninguna gracia a Sasuke.

Aun así, él nunca había sido de mentir, así que respondió con sinceridad: —Eres la primera. Por ahora no hay nadie más. Te elegí porque pensé que tenías experiencia en este tipo de cosas.

Le daba un poco de vergüenza admitir que él tampoco tenía experiencia y que, en el fondo, esperaba que fuera ella quien tomara la iniciativa. Pero su problemática compañera volvió a ponerse nerviosa. Permanecía allí de pie, girando la punta de un pie sobre el suelo una y otra vez.

Sasuke estuvo a punto de decirle:Si tanto te pica el cuerpo, ve a darte un baño.

—La verdad es que... yo tampoco tengo mucha experiencia... —confesó ella con timidez.

Sasuke frunció el ceño, completamente confundido. —Entonces, ¿por qué vas diciendo por ahí que sales con chicos?

—Ay... eso es... —soltó su brazo. Su rostro pasó del rojo al blanco varias veces, hasta que finalmente adoptó una expresión deliberadamente lastimera—. No quería que mis compañeros me dejaran de lado.

Resultó que aquella imagen de chica popular y atrevida no era más que una máscara social. Para poder integrarse en los grupos de la escuela había hecho un enorme esfuerzo por fingir ser alguien que no era.

Sasuke no aprobaba en absoluto ese tipo de comportamiento. Pero ella ya había empezado a desahogarse: —En la primaria y en la secundaria sufrí acoso escolar todo el tiempo. No tuve otra opción que convertirme en unagyaru; al menos así nadie se atrevía a meterse conmigo. Y... ya que estamos, también puedo decirte que... en realidad no tengo padres...

Al ver que ella estaba a punto de romper a llorar y comenzar a relatar la trágica historia de su vida, Sasuke levantó una mano para detenerla.

—Alto. Primero dime si vas a hacer el contrato conmigo o no.

Frente a aquel demonio que actuaba como un insistente vendedor de seguros, decidido a aprovechar la oportunidad antes de que desapareciera, Naruko pareció optar por ganar tiempo recurriendo a la compasión. Mientras se secaba las lágrimas de las comisuras de los ojos, lo miró con sus grandes ojos azules llenos de aparente desamparo.

—No es que no quiera, pero... ¿de verdad vas a obligar a una pobre chica sola en el mundo, huérfana de padre y madre? ¿De verdad?

Su actuación era realmente conmovedora. Pero no servía de nada frente a un demonio de corazón de piedra. Sasuke la observó unos segundos con expresión completamente impasible antes de darle un ultimátum: —¿Podemos saltarnos toda la parte de la infancia, la familia y los traumas psicológicos, e ir directamente a la fase del intercambio de fluidos corporales?

Aquella frase fue la gota que colmó el vaso. Naruko ya no pudo seguir actuando. Furiosa hasta echar humo por las orejas, vio cómo el primer amor de su vida se hacía añicos. Comenzó a dar saltos mientras gritaba: —¡Tú... tú, demonio despiadado! ¡Cara bonita pero malvada! ¡Patán sin modales! ¡Desgraciado!

Se esforzó al máximo por encontrar insultos cada vez más hirientes, pero ninguno sonaba realmente ofensivo. Más bien parecían cumplidos disfrazados.

Sasuke ya daba por hecho que aquella propuesta de contrato había fracasado. No tenía la menor paciencia para seguir conversando con ella. Lo único que quería era marcharse.

—Gracias por los cumplidos. ¿Ya puedo irme?

Aquella actitud terminó de hacer estallar a su compañera. En un abrir y cerrar de ojos, le agarró el brazo y le dio un fuerte mordisco en la muñeca que había quedado descubierta.

Antes de que Sasuke pudiera reaccionar, en su muñeca derecha ya había aparecido una marca circular de un rojo intenso, como si llevara un reloj de sangre.

—¡¿Eres un perro o qué?! —exclamó entre dientes, levantando el brazo para mirar la herida.

—¡Lárgate de mi casa! ¡Y no vuelvas a hablarme en toda tu vida! —gritó Naruko mientras intentaba empujarlo hacia la puerta.

Sin embargo, esta vez Sasuke permaneció inmóvil en la entrada. Examinó una y otra vez la marca de su muñeca. Finalmente, puso los ojos en blanco de forma exagerada y soltó una fría carcajada.

—De verdad... muchísimas gracias. El contrato acaba de quedar sellado.

Continuará...

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