Capítulo 1: Entender qué significa realmente bajar de peso
Si has llegado hasta aquí buscando una dieta que te haga perder muchos kilos en pocos días, probablemente este libro no sea exactamente lo que esperabas.
Y eso es algo bueno.
Porque bajar de peso no debería consistir en pasar hambre durante una semana, eliminar todos tus alimentos favoritos o hacer ejercicio hasta quedar agotado. El objetivo de este libro es ayudarte a entender cómo funciona el proceso y construir hábitos que puedas mantener.
Antes de hablar de comidas, ejercicio o rutinas, hay algo mucho más importante que necesitas aprender:
No necesitas hacerlo perfecto. Necesitas aprender a hacerlo de una manera que puedas mantener.
El primer error: querer resultados demasiado rápido
Uno de los mayores problemas cuando una persona decide bajar de peso es que quiere ver resultados inmediatamente.
El lunes empieza una dieta.
El martes se pesa.
El miércoles vuelve a pesarse.
El jueves se decepciona porque la báscula no ha bajado lo suficiente.
Y el domingo abandona.
Este ciclo se repite una y otra vez.
El problema no siempre es la falta de voluntad. Muchas veces el problema está en las expectativas.
Bajar de peso es un proceso. Tu cuerpo no cambia de la noche a la mañana y el peso puede variar de un día para otro por diferentes razones, como la cantidad de líquidos que tienes, lo que has comido, el contenido del aparato digestivo o incluso cambios normales del organismo.
Por eso, un solo número en la báscula no cuenta toda la historia.
Si un día pesas un poco más que el anterior, no significa necesariamente que hayas ganado grasa.
Y si un día pesas menos, tampoco significa necesariamente que hayas perdido grasa.
Lo importante es observar la tendencia con el paso de las semanas.
¿Qué significa realmente perder peso?
En términos sencillos, tu cuerpo necesita energía para funcionar.
La obtiene de los alimentos y bebidas que consumes y la utiliza para mantenerte vivo, moverte, pensar, entrenar y realizar todas las actividades del día.
Cuando, durante un periodo de tiempo, consumes menos energía de la que tu cuerpo utiliza, este tiene que recurrir a sus reservas de energía.
Ahí es donde puede producirse una pérdida de peso.
Pero esto no significa que tengas que contar obsesivamente cada caloría que consumes.
De hecho, para muchas personas que están empezando, obsesionarse con los números puede hacer que el proceso resulte mucho más complicado.
Primero necesitas aprender algo mucho más sencillo:
qué comes, cuánto comes, cuánto te mueves y qué hábitos tienes cada día.
Esas son las piezas que vamos a ir trabajando a lo largo de este libro.
No existe una comida mágica
Internet está lleno de promesas.
“Pierde 5 kilos en una semana.”
“Elimina este alimento y adelgazarás.”
“Come esto antes de dormir y quemarás grasa.”
“Esta bebida acelera tu metabolismo.”
Es fácil sentirse confundido.
Pero bajar de peso no depende de encontrar un alimento secreto.
No existe una fruta mágica.
No existe una bebida que haga todo el trabajo por ti.
No existe una dieta que funcione exactamente igual para absolutamente todas las personas.
Lo que sí existe es algo mucho menos espectacular, pero muchísimo más importante:
un conjunto de hábitos que puedes mantener durante mucho tiempo.
Una persona puede perder peso comiendo alimentos completamente diferentes a otra.
Una puede preferir desayunar temprano y otra no tener hambre por la mañana.
Una puede disfrutar corriendo y otra puede preferir caminar.
No necesitas copiar la vida de otra persona.
Necesitas encontrar una forma de alimentarte y moverte que encaje contigo.
Tu objetivo no debería ser “hacer dieta”
La palabra “dieta” muchas veces hace pensar en algo temporal.
“Voy a hacer dieta durante un mes.”
“Cuando llegue a mi peso, volveré a comer como antes.”
Y ahí aparece uno de los principales problemas.
Si vuelves exactamente a los hábitos que tenías antes, es posible que también vuelvas a ganar peso.
Por eso, en este libro vamos a utilizar otra idea:
aprender a vivir de una manera diferente.
No significa que nunca volverás a comer pizza.
No significa que tendrás que rechazar una tarta en un cumpleaños.
No significa que tendrás que entrenar todos los días.
Significa aprender a tomar mejores decisiones la mayor parte del tiempo.
La diferencia está en esa última parte.
La mayor parte del tiempo.
No necesitas ser perfecto
Imagina que empiezas el lunes.
Comes bien.
El martes también.
El miércoles entrenas.
El jueves sigues tu rutina.
El viernes sales a cenar con tus amigos y comes más de lo que tenías pensado.
¿Qué haces el sábado?
Tienes dos opciones.
La primera:
“Ya he estropeado la semana. Empiezo otra vez el lunes.”
La segunda:
“Ayer disfruté de la cena. Hoy vuelvo a mi rutina.”
La segunda opción es la que queremos aprender.
Una comida no determina tu progreso.
Un día tampoco.
Lo que importa es lo que haces repetidamente durante semanas y meses.
Por eso, si un día comes más, no necesitas castigarte dejando de comer al día siguiente.
Si un día no entrenas, no necesitas hacer el doble al día siguiente.
Simplemente continúa.
El objetivo no es no equivocarte nunca. Es no permitir que un error se convierta en una semana, un mes o un año entero de abandono.
Antes de empezar, conoce tu punto de partida
Antes de cambiar tus hábitos, puede ser útil observar cómo es actualmente tu vida.
Sin juzgarte.
Sin decirte que lo estás haciendo todo mal.
Simplemente observa.
Durante unos días puedes preguntarte:
¿Qué suelo desayunar?¿Qué bebo durante el día?¿Cuántas veces como fuera de casa?¿Suelo picar entre comidas?¿Como cuando tengo hambre o también cuando estoy aburrido?¿Cuánto camino durante un día normal?¿Hago algún deporte?¿Cuántas horas duermo?¿En qué momentos suelo comer más?¿Qué situaciones hacen que me resulte difícil mantener buenos hábitos?
Estas preguntas pueden enseñarte algo importante.
A veces creemos que nuestro problema es uno cuando realmente es otro.
Quizá una persona piense que necesita hacer más ejercicio cuando en realidad duerme muy poco y pasa todo el día sentada.
Otra puede pensar que necesita eliminar los carbohidratos cuando el problema principal son las bebidas azucaradas que consume varias veces al día.
Otra puede comer bastante bien durante toda la semana, pero los fines de semana cambiar completamente sus hábitos.
Antes de solucionar un problema, necesitas saber cuál es el problema.
Tu primer objetivo
No quiero que termines este capítulo pensando:
“Mañana voy a cambiar absolutamente todo.”
No.
Quiero que termines pensando:
“Ahora entiendo que esto es un proceso y puedo empezar poco a poco.”
Tu primer objetivo no tiene que ser perder una cantidad concreta de kilos.
Tu primer objetivo puede ser simplemente empezar a prestar atención a tus hábitos.
Durante los próximos días, observa lo que haces normalmente.
No intentes ser perfecto.
No necesitas cambiar todavía cada comida.
Simplemente observa.
Porque a partir del siguiente capítulo empezaremos a trabajar una de las partes más importantes del proceso:
aprender a comer mejor sin sentir que estás condenado a pasar hambre.
Reto del capítulo 1
Durante tres días, apunta brevemente:
1. Qué comes y bebes.
2. Cuánto te mueves.
3. Cuántas horas duermes aproximadamente.
4. En qué momentos tienes más hambre o ganas de comer.
5. Cómo te sientes durante el día.
No cambies nada a propósito.
Solo observa.
Porque este es el primer paso para dejar de hacer dietas al azar y empezar a entender tus propios hábitos.
No necesitas transformar tu vida en un día. Solo necesitas empezar a construir una vida que puedas mantener.








