EL HOMBRE QUE QUERIA EMPEZAR DE CERO
CAPÍTULO 1 — EL HOMBRE QUE QUERÍA EMPEZAR DE CERO
Ciudad de México — Lunes, 7:18 a. m.
La ciudad ya estaba despierta.
Los automóviles avanzaban lentamente entre el tráfico, los vendedores comenzaban a instalar sus puestos y el ruido de las calles se mezclaba con el de las construcciones que parecían no detenerse nunca.
En una pequeña casa de una colonia de clase trabajadora, Charlie Salgado estaba sentado frente a una mesa de madera.
Sobre ella había una libreta, una calculadora vieja y varios papeles.
Charlie hizo una última suma.
Después volvió a revisar la cifra.
—Treinta y cinco mil doscientos pesos...
Se quedó mirando el número.
No era una fortuna.
Para algunas personas, aquella cantidad probablemente no significaba demasiado.
Para él representaba años de trabajo.
Charlie cerró la libreta.
—Es suficiente.
—¿Suficiente para qué?
La voz de Marta hizo que levantara la mirada.
Su madre estaba parada en la entrada de la cocina con una taza de café en las manos.
Charlie sonrió.
—Para empezar.
Marta se acercó y miró los papeles.
—¿Otra vez con lo de la empresa?
—No es "lo de la empresa". Ya decidí hacerlo.
—¿Y cuánto tienes?
Charlie dudó.
—Treinta y cinco mil.
Marta levantó una ceja.
—¿Y piensas comenzar una empresa con eso?
—Una empresa pequeña.
—Charlie...
—No necesito una oficina elegante ni diez empleados.
Señaló sus herramientas, acomodadas cuidadosamente junto a la pared.
—Tengo experiencia. Tengo mis herramientas. Puedo conseguir trabajadores por proyecto y empezar poco a poco.
Marta lo observó durante unos segundos.
Conocía esa mirada.
Cuando Charlie tomaba una decisión así, era difícil hacerlo cambiar de opinión.
—¿Tu padre ya sabe?
—Todavía no.
Marta suspiró.
—Entonces prepárate.
—¿Para qué?
—Para una discusión.
Charlie sonrió.
—Eso sí lo tengo presupuestado.
Marta soltó una pequeña carcajada.
En ese momento, Julián apareció por el pasillo.
—¿Qué está presupuestado?
Charlie y Marta se miraron.
—Nada —respondió ella.
Julián frunció el ceño.
—Cuando ustedes dicen "nada", siempre es algo.
Charlie tomó la libreta.
—Quiero abrir mi propio negocio.
Silencio.
Julián miró a su hijo.
—¿Con cuánto dinero?
—Treinta y cinco mil.
—No.
Charlie no discutió.
—¿No qué?
—No es suficiente.
—Lo sé.
—Entonces, ¿por qué lo vas a hacer?
Charlie se levantó.
—Porque si espero a tener suficiente dinero, probablemente nunca voy a empezar.
Julián cruzó los brazos.
—Puedes perderlo todo.
Charlie miró sus herramientas.
—También puedo ganar.
Julián guardó silencio.
No estaba de acuerdo.
Pero tampoco podía negar que había algo en su hijo que siempre había admirado.
Charlie podía ser terco.
Demasiado terco.
Pero cuando quería algo, trabajaba por ello.
—¿Cómo se va a llamar?
Charlie miró nuevamente la libreta.
En la portada había escrito unas letras:
CS CONSTRUCCIONES
—Así.
Julián soltó una pequeña risa.
—Muy original.
—No necesito que sea original.
Charlie guardó la libreta.
—Necesito que funcione.
Desde la habitación, Bruno escuchaba la conversación.
—Pues espero que funcione —dijo entrando—. Porque si pierdes esos treinta y cinco mil, mamá te va a matar antes que papá.
—Yo no mato a nadie —respondió Marta.
Bruno sonrió.
—Todavía.
Lucía apareció detrás de él.
—¿Ya empezó la reunión familiar sin mí?
Charlie negó con la cabeza.
Por primera vez aquella mañana, sonrió de verdad.
Aquella casa no tenía lujos.
No había grandes obras de arte en las paredes ni automóviles de colección afuera.
Pero era su hogar.
La familia que lo había criado.
La familia que había estado con él cuando no tenía nada.
Charlie tomó las llaves de su camioneta vieja.
—Me voy.
Marta preguntó:
—¿A dónde?
—A buscar mi primer cliente.
Julián lo observó salir.
Antes de que cerrara la puerta, gritó:
—¡Charlie!
Él se volvió.
—¿Sí?
Julián dudó.
—Ten cuidado.
Charlie sonrió.
—Siempre.
La puerta se cerró.
Y nadie dentro de aquella casa podía imaginar que aquel día, aparentemente común, sería el principio de una historia que cambiaría la vida de varias familias.
Mucho menos que el apellido Salgado que Charlie llevaba con orgullo no era realmente el apellido que le pertenecía.
Ni que alguien, en algún lugar, llevaba veintisiete años esperando encontrarlo.+
![Amor En Peligro [Kookmin]](https://cdn-gcs.inkitt.com/vertical_storycovers/ipad_88c55c0706ed80af7618cf7760429c6d.jpg)







