Acepto. por Niksy-Ester en Inkitt
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Acepto.

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Sinopsis

Un simple - Acepto.- Pronunciado con convicción o quizás con una mezcla de nerviosismo y esperanza, tiene el poder trascendental de redefinir el curso de una vida por completo, abriendo las puertas a un futuro antes inimaginable.

Genero:
Drama,Romance
Autor/a:
Niksy-Ester
Estado:
hace 4 días
Capítulos:
9
Rating
5.0 (1 reseña)
Clasificación por edades:
16+

Capitulo 1

El despertar llegó con la suave insistencia de la luz filtrándose a través de las cortinas de seda. Abrí los ojos lentamente, encontrándome con la figura familiar de mi dama de compañía, o doncella, como algunos aún preferían llamarla, de pie junto a mi lecho. Su presencia matutina era un ritual tan reconfortante como el primer sorbo de té.

—Buenos días.—Murmuré, aún con la voz pastosa por el sueño—¿Qué hora es?.— Rachel, siempre eficiente, elevó su muñeca derecha, donde un delicado reloj marcaba el inicio de la jornada.


— Son las seis cincuenta, alteza.—



Respondió con una voz suave y melodiosa, mientras se dirigía con paso ligero hacia el imponente armario de caoba. Su tarea matutina consistía en seleccionar la vestimenta adecuada para el día, una labor que realizaba con una dedicación casi maternal.


—¿Mi padre ya se encuentra despierto? —Inquirí, incorporándome entre las sábanas de lino bordado.


—Su Majestad salió temprano para supervisar el avance de algunas obras reales.—Informó Rachel, hojeando con cuidado las prendas colgadas.— Regresará alrededor de las diez, justo a tiempo para acompañarla a los orfanatos, como estaba previsto.—

Asentí, procesando la información. La visita a los orfanatos era una de las pocas obligaciones que realmente disfrutaba. Deslicé las piernas fuera de la cama, sintiendo el fresco tacto de la madera pulida bajo mis pies, y me encaminé hacia el baño adyacente. Allí, la rutina matinal se desarrolló con la familiaridad de cada día. Al salir, la tenue luz del alba iluminaba la habitación, revelando sobre mi cama la ropa que Rachel había elegido con esmero.

Me acerqué y comencé a vestirme. La elección para hoy era informal pero con un toque de rebeldía juvenil: vaqueros ajustados de color negro azabache, zapatillas Converse a juego, una blusa de un delicado rosa pálido que suavizaba la oscuridad del pantalón, y una chaqueta de cuero negro que añadía un aire despreocupado. Una vez vestida, recogí mi cabello castaño en una coleta alta y me apliqué un maquillaje sencillo, realzando mis ojos azules sin ocultar mi juventud.

Al descender por la escalinata de mármol, el aroma del desayuno recién preparado flotaba en el aire. En el comedor, Rachel me esperaba junto a la mesa elegantemente dispuesta.



Ah, la formalidad! Permítanme presentarme debidamente. Soy Nicaury Elizabeth Dulcan, tengo veinte años y ostento el título de Princesa de España. Una parte fundamental de mi vida se desvaneció hace cinco años con la pérdida de mi madre, un dolor que aún siento como una sombra persistente. Desde entonces, nuestro núcleo familiar se ha reducido a mi padre, mi hermano mayor y yo.

Mi padre, el Rey Richard Dulcan, se ha transformado en un hombre distante y taciturno desde la muerte de mi madre. La alegría parece haber abandonado sus ojos, y la mayor parte de su tiempo la dedica a su despacho o a las responsabilidades inherentes a su cargo. La calidez paternal que recordaba de mi infancia se ha enfriado, dejando un vacío en nuestro hogar.

Mi hermano, en cambio, siempre encuentra un momento para estar a mi lado cuando sus deberes como futuro rey se lo permiten. La carga sobre sus jóvenes hombros es considerable, pero su apoyo incondicional es un faro en mi vida.

Volviendo a mí… soy, como ya mencioné, Nicaury. De estatura más bien baja, mis ojos son de un azul intenso, herencia de mi madre, y mi cabello castaño suele ser mi lienzo para diferentes peinados, aunque la coleta es mi elección habitual para el día a día. Esta soy yo, en esencia.

Tras un desayuno silencioso, me levanté de la silla con la intención de dirigirme al jardín. Sin embargo, antes de que pudiera siquiera cruzar el umbral del comedor, la voz de Rachel me detuvo.

—¿A dónde va, princesa? —

Preguntó, su mirada fija en mí con una mezcla de preocupación y sospecha, como si anticipara alguna travesura inminente.

—Voy al jardín, Rachel. No voy a hacer nada malo. —Respondí con una sonrisa que esperaba resultara convincente.— Solo quiero esperar allí a que mi padre regrese.—

Sus ojos grises escrutaron mi rostro, y pude percibir una vacilación palpable en su expresión. Dudaba de mi palabra, una sensación que no me resultaba extraña. Sin embargo, tras unos segundos de incertidumbre, asintió levemente.

—Está bien, alteza. Le avisaré tan pronto como Su Majestad llegue —dijo, y esta vez su sonrisa pareció más genuina.

La verdad es que, detrás de la fachada de princesa obediente, se esconde un espíritu inquieto. Las fiestas, la diversión y la efervescencia de la vida fuera de los muros del palacio ejercen una poderosa atracción sobre mí. Las restricciones impuestas por mi título a menudo me resultan sofocantes, y es por eso que, en más ocasiones de las que deberían saber, me escabullo del castillo en busca de libertad.

El problema surge cuando mis escapadas llegan a oídos de mi padre, cortesía de la omnipresente y a menudo sensacionalista prensa, a quienes él despectivamente llama "chismosos con licencia". Sus reprimendas, secundadas por los consejos bienintencionados pero igualmente serios de mi hermano, suelen ser inevitables. Según mi padre, soy un "dolor de cabeza real". No es que busque activamente los problemas… bueno, quizás un poco, pero creo firmemente en la necesidad de vivir la juventud con intensidad. Mi hermano, por su parte, simplemente se preocupa por mi bienestar y mi reputación, y sé que su afecto es tan profundo como el mío hacia él.

Salí al jardín, sintiendo la suave caricia de la brisa matutina en mi rostro. Me senté en una de las bancas de hierro forjado que rodeaban la fuente central, el murmullo constante del agua creando un telón de fondo relajante mientras me sumergía en mis propios pensamientos.

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