Donde nos volvemos a encontrar
No debería haber venido a este bar después del concierto. Estaba agotado y con dolor de pies; la gente se agrupaba bailando al ritmo de la música y Jimin solo quería irse a dormir. No era porque fuera un hombre aburrido —apenas tenía 28 años—, tampoco estaba enfermo, pero el concierto le había traído muchos recuerdos de su adolescencia, haciéndolo entristecer.
Se abre paso entre cuerpos sudorosos hasta llegar al bar. El barman lo mira con un asentimiento.
—¿Qué te ofrezco?
—Dame solo una cerveza —pide Jimin acomodándose en el taburete.
Se saca la chaqueta de cuerina roja; hace calor después de haber bailado durante unos veinte minutos. Taehyung, su mejor amigo, lo ha dejado solo por ir detrás de una chica.
Suspira tomando la cerveza que el barman deja frente a él mientras busca con la mirada a Taehyung.
Sus pies han comenzado a doler por haber saltado y bailado con estas botas Chelsea de tacón.
Quizá debería irse después de acabar esta bebida. De todos modos, se está haciendo tarde y Taehyung posiblemente se vaya con quien sea que haya salido a bailar.
Seúl es demasiado frío a las 2 de la mañana en primavera; debería irse pronto a casa.
La cerveza congela su cerebro.
—Jiminie. —Taehyung aparece tambaleándose, apoyándose en su hombro—. Te estaba buscando. Fue fácil encontrar al único solitario del bar.
Jimin no se molesta en responder.
—Pensé que te irías con la pelirroja.—Sus amigas se la llevaron. —Taehyung frunce el ceño—. Pero tiene una amiga muy linda que...—No.—Jimin.—No.Taehyung suspira dramáticamente y Jimin no puede evitar reírse. Es tan predecible.
Lo mira arqueando las cejas y Taehyung se queja.
—Ya, Jimin, deberías olvidarte de Moon; a estas alturas llevas soltero desde hace 6 meses.
Moon, su exnovia, aquella que había ganado un ascenso en su trabajo y a quien le habían ofrecido trabajar en el extranjero… Moon se había ido hacía meses, pero fue hace casi dos que Jimin decidió terminar con la relación. Ya ni siquiera se hablaban ni sabían de la vida del otro.
Jimin lloró demasiado… hace mucho tiempo.
Le golpea el pecho sacándoselo de encima: —Claro que no, apenas es un mes y medio… oficialmente.
Taehyung se ríe ronco, mirando a Jimin entre sus cejas.
—¿Crees que ella no está feliz por allí? —dice sugerentemente—. Por eso deberías conocer a una chica… o chico. Lo que se te antoje esta noche.
Jimin se acaba el último sorbo de su cerveza y se acomoda el pelo rubio detrás de sus orejas. Lo mira: —Estás muy borracho como para darme consejos y… no lo hago por ella, simplemente estoy cansado.
—¿Para follar?
Jimin rueda los ojos.
—Para cualquier cosa.
Taehyung silba. —Entonces, por lo menos ven a bailar conmigo —le pide, jalando de su brazo.
Se ríe poniéndose de pie. A eso no se puede negar.
—Espera, espera. Déjame ir al baño primero, ¿bien?
Taehyung gruñe, pero suelta su brazo. Sigue riendo mientras se dirige al baño.
La gente baila feliz a su alrededor mientras camina. Las luces de este disco-bar no son fuertes, y va bien para el leve dolor de cabeza que está sintiendo.
Este bar quedaba cerca del estadio donde se había llevado a cabo el concierto de una de sus bandas favoritas. Había sido una noche increíble, así que no lo pensaron dos veces cuando decidieron venir hasta aquí. Al llegar, se dieron cuenta de que no eran los únicos con esa idea.
Se mira en el espejo del baño. Se ve tan cansado como se siente. El maquillaje que preparó con tanto esmero ya es un recuerdo borroso en sus ojos. Va al baño y, cuando sale de los cubículos, una voz en los altavoces incita a la gente a participar en el karaoke.
Cuando llega al bar, Taehyung está sentado junto a su chaqueta, mirándolo fijamente:
—Te demoraste tanto que la hora de karaoke ya empezó —le reclama.
Se ríe en disculpa, tomando su chaqueta para volver a ponérsela.
—Lo lamento, estaba limpiándome el maquillaje corrido —dice, tomando asiento a su lado—, pero podemos disfrutar del karaoke antes de irnos.
Taehyung suspira sin decirle nada.
Cuando la primera persona pasa, lo hace genial; las personas que estaban bailando aplauden, incluido él.
Taehyung también parece estarlo disfrutando. Jimin sonríe viéndolo; quizá debería decirle para irse a casa, pero cuando está por hacerlo, su pelirroja aparece arrastrándolo a la pista de baile. Taehyung se va sonriéndole sugerentemente.
Bueno, quizá debería escuchar a la siguiente persona y después irse.
Así que se pide su cuarta… o quinta bebida de toda la noche para entrar en ambiente.
El ruido del bar seguía siendo el mismo, pero para Jimin algo había cambiado. La música ya no le golpeaba el cuerpo: le golpeaba la memoria. Cada canción parecía empujarlo un poco más hacia esa parte de su vida que había intentado dejar quieta, guardada, lejos de cualquier noche como esta.
De repente, una voz masculina nerviosa comienza a cantar. Es tan suave que le hace sentir una repentina punzada en el pecho, trayéndole recuerdos. Y una melodía que lo hace aún más.
There for You, de Troye Sivan.
Jimin cierra los ojos escuchando cómo la voz va tomando confianza. De verdad es una hermosa voz; lo hace sentir hechizado bajo el canto de una sirena, y suspira cerrando los ojos, pero al parecer no es al único que hechiza, ya que la gente comienza a cantar y chiflar con él en aprobación.
La letra le trae recuerdos de una cabellera negra moviéndose en el viento, una voz tan similar diciéndole “te amo”, unos ojos grandes brillando cuando lo miran fijamente. Una risa suave que muestra unos dientes de conejo.
Siente una incomodidad repentina y abre los ojos, escuchando a la gente cantar, y lo envuelve nuevamente. Desde donde está sentado no puede ver a la persona que canta, pero canta con él las últimas líneas de la canción.
Quizá debería levantarse para observar al joven que canta, así que se abre camino entre la gente. Cuando está por la mitad de la pista, la voz acaba y todos gritan pidiéndole otra canción.
Jimin se ríe.
Es tierno.
—Guau —una voz diferente habla repentinamente—. Cien puntos para nuestro querido participante. Te has robado el show completamente… —dice riendo—, el público está pidiendo otra canción.
El otro micrófono suena fuerte, haciendo que casi todos quieran taparse los oídos. Incluso Jimin, que sigue atrapado en la mitad de la pista.
—Lo lamento por eso —habla la voz del cantante. Y Jimin vuelve a sentir algo dentro del estómago. Es una voz tan familiar, demasiado.
La voz sigue: —Es mi primera vez cantando delante de tanta gente —dice, riéndose tímidamente.
—Y deberías cantar otra… ¿Qué dices? —pregunta la voz del animador—. ¿Y nos dirás tu nombre? Has ganado fans hoy.
La voz del joven vuelve a sonar, esta vez más despacio, casi soltando una risita nerviosa.
—Me llamo Jeon Jungkook y les agradezco mucho, pero…
Deja de escuchar el resto de sus palabras.
¿Cómo dijo que se llama?
Jeon.
Jungkook.
Se siente apretado y con calor en todo el cuerpo. Se abre paso hacia el escenario.
Es imposible que sea Jeon Jungkook. Debe estar borracho ya.
Pero cuando llega, ya hay otra persona en el escenario entonando otra canción.
Jimin siente que el suelo se mueve bajo sus pies. O quizá es su pecho, que late tan fuerte que no sabe si puede respirar. Apoya una mano en la barra y cierra los ojos un segundo.
¿Jeon Jungkook? ¿Su ex de adolescencia, el chico del que estuvo enamorado hasta hace no tantos años? ¿Jeon Jungkook, su novio a distancia, el que desapareció de su vida sin darle una explicación completa? ¿El mismo Jungkook a quien le rompió el corazón y que también le rompió el suyo?
Se queja un rato, sintiendo dolor físico. Debería ir por agua, se dice mientras respira, intentando parecer normal.
Lleva sus dedos hacia su pelo, peinándolo hacia atrás.
Se sienta pidiéndole agua helada al barman.
Intenta buscar a Taehyung, pero no lo ve por ningún lado; no quiere mirar a la multitud por demasiado tiempo, teme encontrarse con esos ojos grandes que una vez lo miraron con amor.
Cuando el barman trae su agua, agradece llevándola ágilmente a su boca.
Unas risitas a su lado lo hacen mover su rostro hacia la izquierda y el agua casi se queda atrapada en su garganta.
Unos dientes de conejo brillan a su lado, riéndose de algo que no alcanza a escuchar. Se queda inmóvil. Jungkook está allí, a menos de un brazo de distancia, rodeado por tres o cuatro personas, tan real que por un segundo Jimin olvida cómo respirar. Siente un mareo repentino.
Y lo único que puede pensar es en lo hermoso que se ve; eso lo fastidia un poco.
“Hyung, estoy tan emocionado de verte”.
“Me encantó conocerte”.
Los recuerdos comienzan a inundar su mente; los aleja dando un trago a su agua.
Jungkook deja de reírse y se acomoda un rulo que cae por su frente; luego toma un trago de lo que sea que está tomando, dejando sus labios brillantes.
Él está seguro de que no ha parpadeado desde hace unos minutos.
Ha cambiado. Los hombros que recordaba angostos ahora llenan la chaqueta. El cuello, antes delgado, ahora tiene una línea firme que termina en el lunar que Jimin siempre había querido besar. Jungkook no es el chico delgado de hace años. Pero sus ojos siguen siendo los mismos: grandes, oscuros, y cuando miran a Jimin, lo desarman por completo.
—Heeey, Jimin.
Lo escucha sacándolo de su estupor. Gira la cara hacia Taehyung, que sonríe tambaleándose un poco más que antes.
Siente que comienza a sudar. ¿Será que Jungkook escuchó a Taehyung gritar su nombre? No quiere ver, no quiere ver y no lo hace. Se queda en silencio mientras ve el rostro de Taehyung, que intenta modular una oración.
—Me voy con Yunha —dice cerrando los ojos en discontinuidad.
Asiente en silencio. Lo más quieto que puede.
Pero Taehyung no se da por vencido y grita otra vez.
—Jiminah, mi amigo —dice tomándolo de la camiseta—. Te amo. Ve con cuidado a casa, ¿sí? Jimin.
Lo besa en la mejilla y susurra en su oído:
—Deberías estar yendo con alguien a casa.
Lo escucha, pero se encuentra demasiado nervioso como para ponerle más atención.
Solo ve la espalda de Taehyung desapareciendo entre la gente y él sigue sin querer moverse, quieto en su lugar. Si en algún momento sintió calor, ahora siente demasiado frío.
—Jimin. ¿Park Jimin?
Esa voz pregunta a su lado. Joder, que la tierra lo trague.
¿Debería hacerse el que no escuchó nada?
Debería estar corriendo fuera de aquí.
Pero antes de siquiera considerarlo bien, él ya está girando su cuerpo completamente hacia la voz.
Y Jeon Jungkook lo está mirando fijamente con esos gigantes ojos de estrellas. No puede ser.
Jungkook sonríe cuando ve su rostro y él se fuerza a intentar relajar la cara.
—Yo... Oh, Dios, sí eres tú. —Jungkook ríe a su lado llevándose las manos a la nuca—. Nunca imaginé verte aquí. Casi no te reconozco.
Le devuelve la sonrisa lo mejor que puede. No sería de sorprenderse; en el pasado se vieron contadas veces.
—Yo menos —dice, escuchando su voz temblorosa—. Hola.
Jungkook le sonríe otra vez cuando habla.
—Hola, Jimin, ha pasado un poco de tiempo.
Un poco de tiempo.
Cuatro años convertidos en un poco de tiempo.
Toma el resto del agua que le queda en el vaso, intentando relajarse.
—Sí —habla más confiado—, eh, ¿han sido tres o cuatro años? —pregunta, como si no hubiera llevado la cuenta de cuántos días pasó sin él… hace unos años.
Jungkook se ríe tímidamente.
—Sí, creo que ya serán cuatro años. Yo no esperaba verte aquí; es grandioso.
—Sí, es que salimos del concierto de Satellites y… decidimos venir a terminar aquí...
Los ojos de Jungkook se abren de par en par: —¿En serio? ¡Yo también estaba en el concierto! Y también decidimos venir aquí.
Solo lo mira fijamente. Qué increíbles coincidencias, ¿no?
—Genial… vaya… ¿Has venido a Seúl para el concierto?
—Oh, no—dice Jungkook bajando el vaso de alcohol azul que tiene en la mano—En realidad estoy por trabajo pero…—suelta una risita—sabes que amo a Satellites y me quedaba perfecto ir.
Asiente.
Por un momento piensa que Jungkook diría que vive en Seúl.
¿Eso hubiera sido bueno?
Guardan silencio un momento, mientras la música comienza otra vez en el bar. Jimin se pregunta si no está sonando demasiado mecánico.
Lo mira. Jungkook cruza sus piernas mientras se acaba de un solo sorbo el alcohol. Mira cómo baja por su garganta. Al terminar, Jungkook le regresa la mirada, sonriéndole.
Traga saliva.
—Yo… eh, te escuché. Allí arriba.
—¿Uh? —Jungkook pregunta.
—El karaoke, quiero decir… estuviste genial.
Jungkook vuelve a reír, golpeando sus muslos.
—No me lo digas, casi morí cuando comenzaron a pedirme otra —dice limpiándose las comisuras de los labios—. Oh, ¿me escuchaste cantar? Qué vergüenza.
—No. No. —Lo hiciste verdaderamente genial —dice Jimin mostrándole el pulgar.
—Mmh, si tú lo dices —suelta Jungkook risueño mientras se mueve en la silla.
—En realidad no te vi, pero te escuché y yo… No reconocí al instante tu voz… bueno, fue…
Oh no, comenzó a balbucear sin sentido. Solo se calla cuando Jungkook se ríe otra vez.
—Quizá si te veía iba a ponerme nervioso y fracasar en el karaoke —dice Jungkook.
—Oh…
Jungkook lo mira a los ojos, directamente y sin parpadear.
Abre los labios para decir algo, pero es interrumpido por una chica vestida de bléiser y ojos pequeños que le toca el hombro.
—Jungkook-ah, ya nos vamos… ¿vienes?
Jungkook la regresa a ver, sentado, y lo mira de regreso por un instante.
¿Ya se iba?
Eso era triste.
Jimin no quería eso.
—Yo, yo…
—¿Quieres ir a caminar? —interrumpe repentinamente.
—Sí —dice Jungkook de inmediato, después mira a la chica y con eso parece ser suficiente porque se despide con un beso en la mejilla diciéndole que lo llame por cualquier cosa y luego el grupo sale.
Y están los dos, solos.
Por primera vez después de mucho tiempo.
Se quedan en silencio otra vez. Jimin no sabe qué lo hizo impedir que Jungkook se vaya.
Hace diez minutos quería huir y ahora lo está invitando al río.
Es un imbécil.
Siente a Jungkook moverse a su costado.
—Bueno, y entonces… ¿A dónde va a caminar uno en Seúl a las…? No tengo idea de qué hora es —dice riéndose.
—Oh, yo tampoco sé la hora —dice Jimin—. Déjame ver si encuentro mi ce…
—Tienes un reloj en el brazo… literalmente —dice Jungkook comenzando a reírse.
Y oh, tiene su reloj en el brazo. Claro que tiene un reloj. ¿Por qué se está comportando como un tonto?
Se ríe disimulando los nervios y mira su muñeca.
Tres en punto de la mañana.
¿A dónde lleva a Jungkook ahora? Piensa.
—Son las tres de la mañana —dice—. Quizá, si estás cansado de la música y los bares, podemos ir a caminar de verdad… al río Han.
—Oh —Jungkook sonríe en aprobación—. Me encantaría. Lo he visto muy pocas veces en mi vida.
—Entonces creo que deberías salir de aquí —dice poniéndose de pie y llamando al barman.
Mueve sus manos contra la mesa; el tipo se está demorando en llegar y Jungkook está a su lado. Lo mira un milisegundo y Jungkook le sonríe inmediatamente y así están durante minutos.
¿Por qué carajo lo invitó a caminar?
Pero se tranquiliza diciéndose que solo será una caminata.
No significa nada. No significa que haya pensado en esto algunas veces.
Salen del bar después de que cada uno haya pagado su cuenta. Afuera hay parejas riendo o fumando. Siente a Jungkook a sus espaldas y le sonríe cuando lo ve intentar calentarse las manos. Desde aquel bar no queda lejos el río, así que le señala el camino a Jungkook, comenzando a caminar.
Los primeros minutos van en silencio. Solo escuchan los pasos de cada uno a su lado. El viento frío hace que sienta el alcohol bajar. Ya no está tan mareado como cuando lo vio por primera vez.
Jungkook ha comenzado a tararear a su lado, interrumpiendo el silencio.
—Y entonces… —comienza Jungkook—, ¿cómo ha ido tu vida?
Piensa un momento. Tropezando en sus recuerdos. No sabría decir qué tal ha ido su vida, pero de sus labios sale:
—Bien.
—¿Han sido años buenos entonces? —vuelve a preguntar Jungkook.
—Oh, sí, tuve un ascenso hace un año y medio. Ahora dirijo grupos más grandes de danza. Eso estuvo grandioso —dice Jimin, sintiéndose verdaderamente orgulloso de sí mismo. Jungkook sonríe cálido.
—Felicidades, Jimin hyung… Es increíble, justamente lo que querías. Yo siempre supe que ibas a lograrlo.
Se queda quieto un momento. Jungkook no lo había llamado hyung en muchos años.
—¿Y tú? —pregunta para distraerse, tronando sus dedos.
—Oh, yo. Comencé a trabajar en una editorial en Seúl. Ahora soy editor y… en realidad es por eso por lo que estoy aquí.
Lo escucha atentamente. Es agradable escuchar que Jungkook trabaja en algo que siempre había soñado. Después de haber pasado tanto tiempo deprimido, persiguiendo sueños que no podía alcanzar, como ser músico, y obligarse a estudiar la universidad.
Jungkook sigue: —¿La empresa nos envió, las personas con las que me viste adentro? —Asiente con la cabeza. Jungkook continúa: —Sí, bueno. Venimos como asesores a una nueva editorial asociada que abrirá el editorial jefe aquí en Seúl. Y llegué aquí hace unos días.
Jungkook llegó a Seúl hace unos días. Pudieron haberse topado por allí.
—Es increíble, Jungkook. Qué agradable que estés aquí y haciendo algo genial, ¿eh?
Jungkook suelta una risita.
—Supongo. En realidad, ha sido tan estresante madrugar, ir con tanta gente… Sabes que odio madrugar y quería aprovechar este concierto. Ya sabes, mi banda favorita de todos los tiempos. Era una excelente excusa.
Se ríe. Cómo dudarlo. Ellos se habían conocido por esta banda. Discutieron una vez en línea y después se dieron cuenta de que a los dos les gustaba la misma banda. Luego, sin darse cuenta, comenzaron a hablar más y más.
“Creo que me gustas mucho, Kook.”
“Olvida que dije eso.”
“No, espera. No lo olvides”.
Caminan en silencio unos cinco minutos más hasta que Jimin anuncia que están por llegar al río.
Jungkook asiente mordiéndose el labio. El piercing que tiene allí brilla bajo la luz del bar, y no puede evitar mirarlo. Se pregunta cómo se sentirá contra sus propios labios. Luego se odia por pensar eso.
Él aparta la mirada.
Las luces del río comienzan a aparecer. Los puestos que se quedan hasta bien entrada la madrugada están repletos de gente por las festividades.
Jungkook se asombra abriendo la boca cuando se acercan cada vez más.
—Fua, es hermoso —dice—. He venido solo en el día. Creo que es mi primera vez aquí observando las luces del puente y… todo lo demás.
Se carcajea; la primera vez que vio a Jungkook también se quedó mirándolo así y por un momento quiere tomarlo de la mano para arrastrarlo por medio de las luces y los adornos temáticos.
También quiere recordar todas las veces que salió herido por hacerlo.
Se detiene y lleva sus manos hechas puño a sus bolsillos.
—Es hermoso, tienes razón —dice en cambio.
—Ah, pero no tanto como Busan. —Jungkook lo provoca.
Jimin objeta moviendo la cabeza: —Sabes que eso no causa nada en mí porque soy de Busan.
—Ah, claro que sí, pero dejaste Busan a los ¿11 años? Qué sé. Eres más un capitalino que un provinciano como yo.
Se ríe. Estas eran sus típicas peleas cuando eran adolescentes, novios por mensajes.
Cuando ya están rodeados de los carritos y locales cerca del río, la bulla los absorbe. Jungkook mira a cada lado, curioso.
—Bien, ¿qué se te antoja comer? —pregunta Jimin—. Yo invito.
—Hyung invita. Entonces, mmm, ¿comemos algo dulce? —dice Jungkook mientras lo mira.
Sonríe.
—Aquí venden songpyeon demasiado bueno —dice Jimin guiando a Jungkook a un puesto debajo de un árbol.
Pide dos porciones, mientras Jungkook está en silencio a sus espaldas. Cuando recibe su pedido, se acomodan en las mesitas de colores.
Jungkook prueba el panecillo frunciendo el ceño, como lo ha hecho siempre que prueba cosas que le gustan.
—Mmm, Hyung, realmente están muy buenas.
—Te lo dije.
Siguen comiendo con las mejillas llenas de songpyeon.
—Entonces… —Comienza Jungkook cuando termina su trago de té frío—, ¿el chico que estaba contigo es tu novio?
—¿Qué? —¡No! Para nada —responde riendo—, es mi mejor amigo. ¿Recuerdas a Kim Taehyung?
Jungkook abre mucho los ojos cuando lo recuerda. —Diablos, sí. El chico que vomitó encima de ti el primer día de clases.
—Increíble que recuerdes justamente esa historia cuando te conté tantas. —Jimin carcajea tomando una empanadilla.
—No lo reconocí, es muy guapo. Pensé que era tu novio o algo así.
Asiente. Sí. Kim Taehyung es un hombre realmente guapo.
Pero nunca sería su novio. Comenzando con que es heterosexual.
Mira de reojo a Jungkook comer hasta llenarse las mejillas. Está por terminarse las últimas. Si se las acaba, le ofrecerá más.
—Y… —Jimin siente una confianza desmesurada desde que respondió que Taehyung no era novio. —¿Tú tienes novio?
Jungkook alza su mirada con las mejillas rojas.
—Para nada —dice con la boca llena—. He estado soltero como casi tres años, quizá. No estoy seguro. Relaciones que nunca pude vivir del todo. Algo fugaces, raras y después nada.
Se sorprende. No pensaba que Jungkook sería alguien que quisiera estar solo.
—¿Qué? Tres años soltero. ¿Estabas intentando volverte monje?
Jungkook ríe, pero la risa se apaga rápido.—Estuve con alguien. No fue la mejor decisión. Me usó, me mintió y, cuando terminó, entendí que no había sido una relación. Había sido un favor que yo le hacía a alguien que no me quería.
—Oh, lo lamento —dice mientras observa a Jungkook limpiarse la boca con una servilleta floreada. Pero las mentiras son las cosas que más recuerda de su relación.
—Además, estaba en el clóset… Su mamá pensaba que era su mejor amigo. Una estupidez así. Y no sé, tenía una relación rara con ella. Además, creía que yo era un maldito hotel y banco —habla tan rápido que Jimin se pregunta cómo no se ha atragantado todavía—. Y no me malentiendas, me encanta cuidar de mis parejas, pero el idiota llegaba y literalmente esperaba que le diera todo mientras se quedaba en mi cama sudando mis sábanas.
Ríe con eso. Jungkook ha cambiado, pero en esencia sigue siendo él mismo.
—Pero para terminar —continúa Jungkook haciendo que Jimin ponga atención nuevamente—. Me mintió; encontré mensajes de su ex, alguien que según ya había bloqueado. Coqueteaba con mi amiga del trabajo.
—Oh, realmente era un…
—Maldito estúpido. Lo sé.
Termina Jungkook.
—Pero bueno —dice Jungkook cuando Jimin no habla—. Siento que solo yo estoy hablando de mí. Dime… Si Kim Taehyung no es tu novio, ¿no tienes a nadie?
Lo mira. La pregunta vuela en su mente.
—No —dice—. Terminé una relación hace seis meses. Oficialmente hace tres meses y medio, aunque en realidad se venía apagando desde mucho antes.
Y oh, Park Jimin había mentido. ¿No le dijo a Taehyung que oficialmente fue hace un mes?
Se golpea mentalmente.
—Eso es algo reciente. Lo lamento.
—No te preocupes. En realidad, ya no duele.
Había dejado de doler hace mucho más de un mes.
Jungkook le sonríe.
—¿Entonces cuál fue su error? ¿Mal aliento? ¿No cocinaba tan bien?... No me digas… ¿También fue un infiel?
Jimin se ríe negando con la cabeza.
—Moon era buena —dice Jimin, y suena más triste de lo que quiere—. Pero ella quería irse. Y yo... bueno, yo ya sabía lo que era esperar a alguien que se va.
Cuando Jimin se da cuenta, Jungkook está en completo silencio y el momento vuelve incómodo. ¿Quizá dijo demasiado? ¿Él puso incómoda la situación? Quizá no debió hablar demasiado de su ex. Jimin recuerda entonces a un Jungkook más joven que le decía:
¿Y si te enamoras de alguien de Seúl?
Tú eres alguien de Corea también.
No, hyung, sabes a qué me refiero. Porque a mí me es más fácil perderte.
Se rasca el cuello, incómodo.
—Yo, quizá dije mucho…
—Lo lamento, Jimin hyung, no merecías pasar por malos momentos. Hyung no merece cosas malas.
Jungkook lo dice mirándolo fijamente y Jimin se siente pequeño de pronto, pero cálido bajo su mirada.
“Hyung no merece cosas malas”.
—En realidad estoy bien ahora… han pasado meses y salir con Taehyung me ha servido. Me perdí un poco en el camino, pero estoy mejor.
Jungkook suspira, asintiendo. —Lo entiendo, también me pasó.
Se quedan en silencio un momento mientras la gente comienza a dispersarse y el viento frío corre entre el cabello de Jungkook, levantándolo. Jimin le sonríe. Luce como cuando tenía 16, luce igual que cuando lo vio la primera vez a sus 19 y es el mismo chico que lo dejó años atrás. Jungkook lo mira de reojo.
—¿Quieres comprar más…?
—¿Quieres ir a caminar más cerca del río?
Los dos hablan al mismo tiempo y ríen. Jungkook se lleva la mano a la nuca, ese gesto de nervios que siempre hacía.
—¿Entonces? —pregunta Jungkook.
—¿No quieres comer nada más?
—No, estoy bien. Vamos a caminar. —Jungkook lo toma sorpresivamente de su chaqueta y Jimin siente que su piel se tensa debajo. No ha sentido su piel durante tanto tiempo. Jimin recuerda su tacto, sus dedos contra sus mejillas, sus labios contra los suyos.
“Hyung” Jungkook corriendo a sus brazos, después de recibirlo en Busan, la primera vez que se vieron. La primera vez que se tocaron. Su piel quemaba en donde Jungkook había tocado y florecían capullos de rosas que se quedaron grabados en su piel.
La primera vez que se besaron fue después de esa despedida...
Y por un momento Jimin deseó no tener la chaqueta puesta para volver a sentir su toque.
Cuando Jungkook lo suelta, Jimin siente su brazo quemar aunque no haya tocado su piel.
Jungkook abre los brazos; Jimin lo mira cerrar los ojos. Se ve tan guapo, su nariz, su barbilla, su cabello revuelto con el viento y aquel lunar que brilla debajo.
Jungkook abre los ojos, mirándolo.
—Es bonito estar aquí —dice—. Es bonito.
—Lo es —dice Jimin demasiado despacio.
“Es bonito que estés conmigo”.
Terminan sentados en el césped mientras la poca gente del lugar se retira. Jimin puede escuchar a lo lejos las risas de las personas saliendo de las discotecas, el ruido lejano de los autos, el río moviéndose oscuro frente a ellos como si no tuviera nada que ver con lo que estaba a punto de pasar.
Llevan minutos en silencio, pero ahora no se siente inseguro como al inicio de su reencuentro. Es un silencio distinto. Más pesado, sí, pero también más íntimo. Como si de pronto ambos hubieran entendido que no estaban caminando para ponerse al día, hablar de su presente, sino para volver al único lugar donde todo quedó inconcluso.
—Soñaba con vivir estas cosas contigo —dice Jungkook, rompiendo el silencio. No mira a Jimin, sino al río; quizá hablarle de frente fuera demasiado—. Caminar así. Comer algo tarde. Verte cansado y bonito al mismo tiempo. No tener que imaginar cómo se vería Seúl contigo al lado. Yo habría hecho cualquier cosa por estar aquí contigo. Yo iba a hacer todo por estar aquí contigo.
Y por un segundo Jimin no está sentado en el césped del río Han, sino en su habitación de adolescente, con el celular pegado al pecho y la luz azul de la pantalla iluminándole la cara.
Jungkook le había escrito a las tres de la mañana, cuando ambos fingían que podían dormir después de hablar durante horas.
¿No deberías estar durmiendo?, había preguntado Jungkook.
¿Y tú?, respondió Jimin.
Yo pregunté primero.
Entonces no.
Entonces yo tampoco.
Más tarde, cuando Jimin ya tenía los ojos cerrándose solos, Jungkook habló: Tengo sueño.
Duerme, le dijo Jimin, también dormitando en su almohada.
No quiero dejar de hablar contigo.
Jimin recuerda haber sonreído solo, completamente solo en su habitación, con esa certeza absurda de los dieciocho años: que algo tan pequeño podía salvarle la vida.
De regreso al río, Jimin siente una corriente en su espalda cuando escucha esas palabras. El recuerdo desaparece, pero le deja la garganta apretada.
—Jungkook…
Este lo mira, mostrando su rostro sombrío y sus ojos acuosos. Ya no parece el hombre que hace una hora se reía en el bar con una bebida azul en la mano. Parece el chico de Busan otra vez, el que se quedaba callado cuando algo le dolía demasiado.
—Oh, Dios, Jungkook…
Una angustia le sube al pecho. Jungkook va a llorar y Jimin no sabe qué hacer. Durante años imaginó preguntas, reproches, quizá rabia; no esto.
—Hyung. —La voz de Jungkook se quiebra—. Tú te fuiste primero. Y yo me quedé esperando...
—¿Qué, Jungkook-ah? ¿Por qué dices eso?
Jimin intenta acercarse, pero Jungkook retrocede.
—Me mentiste —repite.
Jimin se lleva las manos a la cara. Por qué siempre volvían a lo mismo después de tantos años. ¿Cuándo iban a madurar?
—Tú te fuiste, Jungkook. Era difícil la carga de mi vida, tus problemas... Creías que te era infiel con mi amigo, que te olvidaba, que te mentía.
Jungkook baja la mirada, pero no parece avergonzado; hace una mueca mostrándose cansado.
Jungkook se ríe.
—Creo que cualquiera desconfiaría de un amigo con el que te besabas de adolescente en las jodidas fiestas, Jimin. Y eso ni siquiera me preocupa, estoy viejo para recordar eso… solo me duele recordar cómo me dejaste al final.
Jimin recuerda noches enteras en donde Jungkook le pedía que no se fuera de su lado, drogado con medicamentos.
—No fue Yoongi —susurra después Jungkook.
Jimin parpadea.
—¿Qué?
—Claro que le tenía celos. Era guapo. Era tu amigo. Lo odiaba un poco. —Jungkook se limpia la cara con el dorso de la mano y se ríe sin ganas—. Pero no terminamos mal por Yoongi, Jimin.
El estómago de Jimin se hunde antes de que Jungkook diga lo siguiente.
—Terminamos mal contigo porque un día entendí que siempre ibas a ser el último en tu lista. Estaba desesperado, te necesitaba y me pediste que te dejara… Intenté hacerlo.
—No, Jungkook —dice Jimin levantando la voz, porque siente que si no la levanta se va a quebrar—. Tú decidiste creer que yo iba a irme antes de escucharme. Imaginaste que era el malo en la ecuación…
—No fuiste diferente a todos los que se iban a mi alrededor—dice Jungkook, y su voz es tan baja que Jimin tiene que esforzarse para oírla—. Sabías lo solo que estaba. Y entonces llegaste tú, y pensé que eras diferente…
Jungkook se ríe, pero es una risa amarga.
—Y al final te fuiste igual.
—¿Y qué querías que hiciera? Tenía veintitrés años. Habíamos terminado y regresado tantas veces. Estaba intentando tener una vida —dice Jimin, irritado—. Jungkook, yo hice todo lo que tuve en mis manos para quererte, para quedarme, para entenderte.
Termina de decir, pero hay una parte de él, pequeña y horrible, que sabe que Jungkook no está inventando todo.
Lo recuerda aunque se odie por hacerlo.
Jungkook llegaba a Seúl a visitarlo. Habían discutido hace unas noches; Jimin ya no estaba tan presente para él. Le envió una foto bajando del tren con una mochila enorme, el cabello revuelto y los ojos brillantes de sueño. Tiene diecinueve años y una sonrisa tan abierta que Jimin, incluso ahora, siente vergüenza de recordarla.
Había ahorrado durante semanas para ese viaje. Le había mandado fotos tontas del boleto, de la mochila, de la comida que compró para el camino. Había escrito: Esta vez sí voy a abrazarte hasta que te canses de mí.
Y Jimin había respondido con corazones, con promesas, con un te espero que después no supo cumplir.
Porque esa tarde la universidad se le vino encima, porque Yoongi lo había llamado para un trabajo grupal, porque Taehyung insistió en que no podía faltar, porque él pensó que Jungkook entendería que esta era su vida ahora.
Lo siento. No voy a poder ir. Surgió algo en la universidad, pero espérame en la dirección que voy a enviarte.
Jimin recuerda haber visto los tres puntos aparecer y desaparecer durante demasiado tiempo.
Al final, Jungkook solo escribió: Está bien.
Pero no estaba bien. Claro que no estaba bien; fue una de las tantas veces que Jimin lo ignoró sin realmente querer hacerlo.
Eso hace que Jimin guarde silencio, sintiendo cómo sus mejillas se calientan.
—Era la cuarta vez que cancelabas en dos meses —dice Jungkook, y su voz se rompe apenas en la última palabra—. Y yo seguía diciendo que no importaba. Que entendía. Que estaba bien. Porque estaba enamorado de ti y porque me daba vergüenza pedirte que me eligieras. Pero siguió sucediendo y yo solo quería decirte que iban a internarme si el nuevo medicamento no funciona.
Jimin siente que algo se le parte muy despacio en el pecho.
—Dios, Kook, lo lamento, yo... yo nunca quise hacerte sentir así. No podía ir hacia ti y… resolverlo todo.
—Pero lo hiciste.
La frase lo hace retroceder, apretando su mandíbula. ¿Habían crecido alrededor de este dolor, sin aprender de él?
Jungkook siempre había sido inseguro e introvertido. Primero fueron amigos. Después, algo más. Después, novios.
Vivían lejos, eran adolescentes y no tenían dinero. Se prometían una vida juntos que todavía no podían alcanzar. Cuando volvieron a encontrarse después de meses de silencio, se hicieron novios tan rápido que ninguno tuvo tiempo de aprender a cuidar al otro.
Jungkook soñaba con graduarse e ir a la universidad en Seúl para estar con Jimin.
Todo se volvió un problema cuando Jimin entró a la universidad, se reencontró con Min Yoongi y comenzó a tener más amistades, más planes, más vida lejos de una pantalla. Mientras él avanzaba, Jungkook parecía quedarse atrapado en sus propios miedos; al parecer, su depresión avanzó hasta ser imposible.
No fue culpa de Jimin.
O quizá fue su culpa.
Quizá sí le mintió sobre dónde estaba y con quién. Quizá sí comenzó a ignorar sus llamadas, no porque hubiera dejado de amarlo, sino porque ya no sabía cómo sostener todo sin sentirse controlado. No soportaba los llantos de Jungkook al celular. Quizá pensó que Jungkook era demasiado intenso. Quizá Jungkook lo era. Quizá ambos eran demasiado jóvenes para distinguir entre amor, miedo y dependencia.
Así que Jungkook un día le dijo que ya tenía a alguien más. Lo dijo con una frialdad que Jimin todavía recuerda. Jimin se sintió traicionado porque, a pesar de todo, nunca había dejado de amarlo.
Y al final todo resultó ser mentira. Le escribió en la noche, borracho o desesperado, rogándole que lo perdonara, diciendo que solo quería que Jimin reaccionara, que solo quería saber si todavía le importaba.
Jimin no contestó hasta la mañana siguiente. Y para entonces algo entre ellos ya se había roto. La despedida fue inevitable, aunque Jungkook siempre estuvo algo cerca. Hasta que no.
Jimin se queda mirando el río durante un momento.
El agua sigue avanzando, indiferente.
—No podemos hacer nada con lo que vivimos ni con lo que hicimos en el pasado, Jungkook.
Jungkook guarda silencio.
—Todo eso nos trajo hasta aquí. Hasta quienes somos ahora. Y yo... joder, lo siento mucho por todo.
Jungkook baja la mirada.
—Hyung...
—Pero tampoco creo que lo que vivimos nos defina para siempre. —Jimin juega con una brizna de césped entre los dedos—. Creo que solo podemos aprender de ello.
Levanta la vista hacia él.
—Ser mejores.
Hace una pausa.
—Y amar mejor.
Escucha a Jungkook reprimir un gemido a su costado.
—Es tan estúpido esto —dice Jungkook, limpiándose las mejillas con rabia—. Cuando escuché tu nombre, casi pierdo la cabeza literalmente. Pensé que estaba demasiado borracho. Pero no. Estabas allí, irreal. Casi salgo corriendo, pero ha pasado tanto tiempo como para seguir sintiéndome así.
Jungkook se ríe, pero la risa se le convierte en aire roto.
—¿Sabes qué es lo peor? Que yo también te mentí. Te dije que tenía a alguien porque quería que doliera. Quería que por una vez fueras tú el que sintiera que yo podía irme. Hice tantas cosas mal… ¿Por qué quisiste volver cuando ya era demasiado tarde?
Jimin levanta la cabeza difícilmente.
—Y funcionó —susurra—. Claro que funcionó.
—No quería que funcionara así, fui tan infantil. —Jungkook gime.
—Pero funcionó así.
Jimin agacha la cabeza cuando termina de decir eso. No quiere culpar a Jungkook. No quiere herirlo, pero se siente terrible saber que Jungkook todavía guarda resentimientos contra él. Tiene ganas de defenderse, de decirle que él también sufrió, que él también esperó mensajes que no llegaron, que él también se quedó despierto mirando una pantalla vacía. Pero ahora, por primera vez, entiende que amar a Jungkook no fue suficiente.
Jungkook se ríe, después de estar un rato en silencio, tumbándose en el césped. El cielo parece estar claro, Jimin mira alrededor nervioso e inquieto. Todavía hay pocas personas alrededor.
—Mi primo Seokjin me decía que te dejara. Porque estaba cansado de verme llorar y mojar sus camisetas de marca. Me dijo cómo podía amar a alguien que no había visto, pero ellos no sabían que ya te había visto y ya te había amado.
Jungkook cierra los ojos y comienza a llorar. A llorar quejándose y escondiendo su rostro entre sus manos, agotado. Y Jimin solo lo observa, estático.
—Perdón por llorar, es que… quizá estos no han sido mis mejores años y, Dios, estoy borracho y… estoy tan cansado de estar enojado contigo.
Jungkook se limpia la cara.
—Han pasado años y sigo estando enojado contigo. Por momentos pensaba que fuiste tú quien me dañó la percepción de las relaciones, que nunca iba a poder tener una relación… Al final, siempre he sido yo.
Siente el golpeteo de su corazón y su cuerpo que pesa adolorido.
Quiere abrazarlo, pero otra parte de sí mismo se pregunta dónde estaba toda esa tristeza hace tantos años. Una tristeza que por la distancia no pudo ver.
—Lo siento tanto, Jungkook, no pienses así de ti, por favor. —Jimin mueve sus manos hacia el cuerpo de Jungkook; lo siente tan lejos.
Pero Jungkook se queda en silencio y solo lo observa respirar mientras limpia sus propias lágrimas.
—Jungkook —llama, pero Jungkook no responde. Acostado sobre su espalda con sus ojos cerrados.
Jimin decide hablar igual.
—Está bien.
Los años que tuvo después de Jungkook desaparecen. Y regresa al momento en donde amaba tanto a Jungkook que dolía.
—Nunca dejé de agradecer haberte conocido —sonríe—. Nos exigimos cosas que dos niños no podían sostener, pero fue un amor real y sincero.
Jungkook no responde, y Jimin se impacienta. Está amaneciendo, no quiere que esto se acabe, Jungkook se irá, esto será el final. Pero Jungkook suelta un nuevo y suave sollozo, y Jimin, que tiene lágrimas contenidas desde que escuchó a Jungkook cantar, deja que sus emociones decidan por él. Cae al lado de Jungkook, llevándolo a su pecho. Lo abraza apretándolo fuertemente, fuerte como si no quisiera que se vaya nunca de su lado.
Jungkook se suelta de su abrazo.
Y Jimin llora porque Jungkook huele a canela, dulce y cálida como lo recuerda.
Jimin lo aprieta más hacia su pecho, a su amante de regreso. Lloran juntos en silencio hasta que Jungkook se cansa de hacerlo, pero Jimin no lo suelta todavía. Sus corazones laten al unísono.
—Jimin —Jungkook pregunta—, ¿de verdad la amaste?
Suspira.
No es difícil hablar de ella, quien fue su compañía. Una nueva etapa.
—Sí. Mucho.
Jungkook no responde aquello, pero Jimin vuelve a hablar:
—Nunca fue nada igual.
Nunca lo sería.
Y con eso Jungkook lo abraza por primera vez en la noche, respirando contra su cuello.
Jungkook habla entrecortado, haciéndole cosquillas.
—Canté esa canción pensando en ti.
Jimin sonríe y besa su cabello.
—Hyung, yo… —comienza a hablar Jungkook sacando su cabeza del pecho de Jimin.
—Te odié tanto.
—Yo sé que fui un dolor de cabeza, pero…
Lo mira, sus ojos rojos. Con sus dedos limpia las lágrimas que quedan, acaricia su mejilla hasta llegar a sus labios.
—H-hyung, yo…
Jungkook abre los ojos y lo mira.Jimin sabe exactamente lo que está a punto de hacer.También sabe que quizá es una mala idea.
Lleva años queriendo hacerlo y Jimin no puede más, porque la mirada de Jungkook lo sigue brillando y anhelante.Pero contiene el impulso a último momento.En lugar de eso, apoya la frente contra la de Jungkook y cierra los ojos. El aire entre los dos es tan corto que sus respiraciones se mezclan.
Jungkook no se aparta, aprisiona con cuidado la cintura de Jimin, dudando un poco de si debe tocarlo o no. Jimin tampoco se mueve. Permanecen así unos segundos, respirando el mismo aire, dejando que el silencio termine de decir lo que ninguno sabe cómo. Sintiendo el viento correr y la corriente del río cantarles.
—Jungkook-ah, está amaneciendo… ven conmigo. Ven conmigo —ruega cerca de sus labios.
La pregunta se queda flotando entre los dos, más grande que el cansancio, más grande que la madrugada. Jimin sabía que invitarlo a su departamento podía complicarlo todo, pero también sabía que dejarlo ir en ese momento sería repetir una despedida que ninguno de los dos ha superado.
Jungkook lo mira.—¿Qué estás diciendo?—Que no quiero que esto termine aquí —dice Jimin, y suena tan frágil que casi se arrepiente—. No quiero despedirme otra vez.
Jungkook baja la mirada un instante. Cuando vuelve a levantarla, sus ojos brillan igual que hace un momento.
El pecho de Jimin retumba; siente su corazón en sus labios. El mundo ha desaparecido para ellos y Jimin solo puede escuchar en su cabeza.
Mierda, todavía lo amo.
✦ — ♫ — ✦
El camino a su departamento es rápido. El taxi se detiene apenas Jimin levanta la mano. Jimin desearía que hubiera tardado más. O menos.
No está seguro. Porque ahora los dos viajan en silencio, encerrados en un espacio pequeño después de haberse besado, mirando por la ventana para no tener que mirarse.
El taxi se detiene. Jimin paga rápido, sin mirar atrás, porque si mira a Jungkook, quizá se eche atrás. Pero cuando se baja y cierra la puerta, Jungkook ya está fuera, esperándolo con las manos en los bolsillos y la mirada perdida en el edificio.
—¿Y…? —pregunta Jungkook.
Jimin se da cuenta de que lleva un momento entero mirando la puerta sin moverse. Sin saber si está haciendo lo correcto. Sin saber si esto es un comienzo o un error.
Jungkook no presiona. Solo espera, con el cuerpo encogido y la nariz roja de frío, y Jimin piensa que se ve mucho más pequeño de lo que realmente es. —Por aquí —dice Jimin, permitiéndole pasar primero.
Entran al edificio y toman el ascensor.
—Vivo en el cuarto piso —anuncia Jimin y Jungkook solo asiente en silencio.
Cuando llegan, las luces del corredor están apagadas. Abre rápidamente el departamento. Llegando por fin. Cuando mira sobre su hombro, Jungkook sigue en la puerta, mirando hacia dentro, tímido.
—Pasa —dice Jimin—. Aquí adentro está caliente.
Extiende la mano y Jungkook entra, sin tocarlo.
Se saca la chaqueta y los zapatos. Se despeina un poco el cabello. Está nervioso. Jungkook está en su departamento, y Jimin intenta no pensarlo demasiado porque, si lo hace, sufrirá un cortocircuito.
—Eh —duda en qué decir—. Ponte cómodo. No sé si deseas un té, quizá, o… ¿Agua pura?
Jungkook asiente, mirándolo por fin a los ojos.
—¿Y bien?
—Agua estaría bien.
—Te lo traigo, toma asiento.
—Gracias.
—Bueno.
Esquiva la mirada y va apresuradamente a su cocina, el ala pegada a la sala a unos cuantos pasos.
Busca un vaso con las manos temblorosas.
—Tienes un bonito departamento…
Escucha a Jungkook hablar desde la sala, ysuena forzado,como si hubiera estado practicando esa frase en el taxi.
—Me gustan los cuadros… ¿Algún pintor reconocido?
Jimin ríe, llegando con el vaso de agua. Jungkook está sentado, con las manos entre sus piernas, y lo mira con esa cara de cachorrito. Se ve adorable, pero Jimin puede notar que está nervioso.
—En realidad son regalos de Taehyung —dice extendiendo el vaso de agua a las manos de Jungkook.
—Ah —Jungkook asiente sin mirarlo—. Claro. Él pintaba.
—Sí.
Jimin se sienta a su lado, nervioso, y el silencio vuelve a instalarse entre ellos. Están solos y cualquier cosa que Jimin hubiera pensado en el pasado para decirle a Jungkook si nuevamente se encontraban ha desaparecido de su mente.
Puede escuchar el agua pasar por la garganta de Jungkook y los vellos de los brazos de Jimin se erizan.
Suspira. Jungkook está en su departamento.
Jungkook está literalmente en su departamento.
Sentado en su sillón.
Tomando un vaso de agua.
Como si fuera algo normal.
Ya están aquí y solo hablarán… quizá.
Jungkook deja el vaso casi terminado en la mesa del centro, con un sonido suave.
Y vuelve a poner sus manos entre sus piernas. Jimin lo mira de reojo sin saber exactamente qué decir, esperando que Jungkook sea el primero en hablar. Como siempre lo esperaba.
—Eh… me gustan los sillones, creo recordarlos… ¿No eran de…?
—De mi mamá, sí.
Jungkook asiente: —Sí, lo recordaba.
Jimin no sabe la hora, pero no quiere saberla, aunque siente ya los párpados cansados y el cuerpo adolorido.
—Mi departamento queda cerca del centro de Busan —habla Jungkook repentinamente—. Y… y, bueno, es pequeño y algo desordenado. Está lleno de plantas —suena como si estuviera buscando algo seguro de qué hablar.
Jimin sonríe, acomodando su cuerpo hacia Jungkook en el sillón.
—Eso significa que por fin pudiste cuidar plantas sin matarlas.
Jungkook se ríe haciendo un ademán con la mano.
—Hace años y ahora las amo. Puedo entender a mi madre; son un mundo.
—Vaya, eso está increíble.
—¡Sí! ¿Y sabes qué es lo mejor?
Jimin alza las cejas.
—Tengo una jodida planta de mandarinas en mi sala.
—¿Qué?
—Sí. Una mandarina que carga mandarinas en la sala de mi pequeño departamento en Busan.
Los dos se ríen alegremente un momento, acercándose en el mueble.
—De verdad que me das mucha envidia, joder.
—Lo sé, lo sé… Quizá pueda invitarte un día.
Jimin lo mira cuando acaba de decir eso; los ojos de Jungkook brillan.
Siguen húmedas sus mejillas y la punta de su nariz roja. Sus labios con marcas de dientes, después de haberse mordido tanto los labios y jalar su piercing.
Su cuello también brilla, pero por una fina capa de sudor y…
—Creo que está amaneciendo y… me cansé de hablar de departamentos —comienza Jungkook intentando ponerse de pie.
¿Ya se va?
No.
No te vayas.
—Quédate a dormir.
¿Qué?
—¿Qué?
—Yo… es que está tarde y es difícil conseguir Uber un sábado a estas horas.
Eso en parte es falso, pero él no debe saberlo.
Jungkook lo mira un momento y después asiente.
—Supongo que está bien.
—Puedo darte algo de ropa y puedes dormir en mi cama; dormiré aquí o en la habitación de invitados, pero no tiene sábanas, así que quizá debería dormir aquí, no sé…
Jungkook se ríe por el arrebato de nervios de Jimin. Siempre habla sin sentido cuando se pone nervioso.
—Lo siento —dice rascándose la nuca—. Puedes bañarte si deseas; iré por las cosas.
Jungkook asiente y Jimin le pide que lo siga.
Cuando busca una de sus camisetas, la más grande que tenga, se la da a Jungkook junto con una toalla y lo guía a su baño, el único que tiene jabón y shampoo. Se sonroja un poco cuando ve que su habitación quedó desarreglada y con ropa amontonada en la cama, pero Jungkook no le presta atención.
Cuando Jungkook se encierra en el baño, Jimin busca ropa y algún jabón para ir al baño de invitados.
Se baña tan rápido que se sorprende cuando llega a su habitación y Jungkook sigue dentro, así que aprovecha para sacar la ropa de la cama, oler si las almohadas apestan y si las sábanas abrigan. Al final falta como una hora para que el sol salga totalmente, pero quiere que Jungkook se sienta cómodo hasta que se vaya.
Espera a Jungkook encima de las sábanas, nervioso.
Jungkook sale, con el pelo mojado, la nariz roja y los ojos mucho más… como si hubiera llorado otra vez.
Se miran y dudan, pero Jungkook cierra la puerta del baño y se sienta a su lado.
—Me gusta el olor de tu acondicionador —dice.
—Gracias, es la marca que uso desde hace años.
—Lo sé —le sonríe.
Jungkook se acuesta y Jimin siente cómo el colchón se hunde bajo su peso. Están tan cerca que podría estirar la mano y tocar su brazo. Pero no lo hace. Solo se queda mirando el techo, escuchando cómo Jungkook respira, cómo el colchón cruje cada vez que se mueve.
El olor de su acondicionador llena la habitación. Jimin cierra los ojos y respira hondo.
—Hyung —susurra Jungkook, y su voz suena distinta. Más suave. Como si el cansancio hubiera derribado todas sus paredes.
—Dime.
Hay un silencio. Jungkook se da la vuelta, y Jimin siente su mirada en el costado de la cara.
—Mi primo Seokjin me decía que buscara terapia.
Jimin se ríe sin abrir los ojos.—¿Y la buscaste?—Sí.
—¿Y?
—Y la terapeuta me dijo que tenía problemas con el abandono. Otras cosas. Ya sabes todo mi recorrido con psiquiatras y psicólogos. Solo había agregado algunos detalles más a mi historial médico.
Jimin abre los ojos y se gira. Jungkook está frente a él, con el rostro iluminado apenas por la luz de la lámpara. Sus ojos están cansados, pero hay una sonrisa temblorosa en sus labios. —Dios mío.
—Exacto —dice Jungkook y los dos se ríen.
Jungkook se queda mirando el techo.
—Lo siento.
—¿Por qué?
—Porque llevo toda la noche llorando por algo que pasó hace cuatro años. Te prometo que no vivía odiándote.
—Está bien —dice Jimin—. Yo también extrañé esto.
Jungkook suspira pesadamente mientras mira al techo.
Sus labios tiemblan.
—Hyung —dice Jungkook, y su voz suena distinta. Juguetona.
—¿Qué?
—Conocía a tu novia.
Jimin se incorpora.—¿Qué?
—Bueno... “Conocía” es una palabra muy fuerte. —Jungkook se ríe, pero hay algo culpable en su sonrisa—. Solo veía sus historias.
—Jungkook.—No todos los días.—¿Cuántas veces? —Jimin siente que se está sonrojando.—¿Por qué querrías saber eso, hyung?—¡Jeon Jungkook!
—Joder, lo siento mucho, lo hacía a veces cuando estaba solo, cansado y… hyung, lo siento —dice riendo otra vez—, también sabía que cambiaste de auto.
—¿Qué?
—Y que te teñiste de azul una vez.
—¡¿Qué?!
Pero Jimin no está enojado, sonríe un poco porque esto es tan predecible y él mismo también revisó sus redes sociales, más veces de las que puede recordar. Se volvió loco cuando descubrió que Jungkook tenía novio; explotó con mensajes los chats de Jungkook. Y lo había visto a lo lejos, algunas veces.También evitó ciertas canciones y bloqueó su número celular cada vez que se acordaba de que allí estaba.
De eso ya habían pasado muchos años.
No puede culpar a Jungkook; él es un espejo de sí mismo.
—Eso es un poco inquietante.
—Lo sé, joder.
—¿También sabes qué cereal desayuno?
—No.
Jungkook lo mira con mucha seriedad.
—Porque dejaste de comprarlo hace como dos años.
Y Jimin le lanza una almohada, rompiéndose en una carcajada. Aunque Jungkook esté bromeando ahora, puede recordar momentos similares que sí los afectaron. Cuánto lo extrañó. Esto se siente tan normal que da miedo. Pero Jungkook se ríe cuando la almohada le golpea el pecho y, por un instante, Jimin olvida cualquier cosa. El dolor de años, las lágrimas y todo el amor que vino después.
Jimin lo mira; su camiseta le queda tan bien, su cabello húmedo descansa sobre la almohada, pero a Jimin no le importa.
Mierda, podría acostumbrarse a esto.
—Hyung, yo sé que fue una noche llena de emociones, yo... seguí con mi vida, te juro que seguí con mi vida, hyung, pero no… simplemente no pude olvidarme de ti del todo. —Siempre estuviste aquí —habla Jungkook tocando su pecho.
Suspira sonriendo porque conoce muy bien lo que el amor imperfecto puede llegar a hacer. Él también pensó demasiado en Jungkook y lo tenía en su corazón.
Jimin traga saliva.
Y cuando levanta la cabeza, Jungkook ya lo está mirando.
Jungkook se gira hasta quedar frente a frente. Y le sonríe. Jimin se acerca. Solo un poco más. Y está mirando sus labios. Jimin lo nota. Mordiéndolos sin poder detenerse.
Jungkook vuelve a hacerlo. —¿Puedo besarte?
Pregunta al final.
Y Jimin siente su cuerpo quemar, porque sí, lo desea, lo necesita, lo anhela. Ha pasado mucho tiempo esperando esto y por fin Jimin puede sincerarse.
—Llevas cuatro años llegando tarde para preguntar eso.
Jungkook baja la mirada un instante y respira tan profundo que Jimin lo siente en el cuerpo.
Cuando vuelve a levantarla, Jimin sonríe, apenas una sonrisa que curva sus labios.
Y lo besa, acortando la distancia que queda entre ellos. Jungkook gimotea en sus labios; Jimin toma su nuca, acercándolo más, mucho más.
Cuatro años desaparecen en un instante; Jungkook está aquí, en sus brazos donde siempre ha pertenecido. Y Jungkook sabe igual cómo lo recuerda, tibio, suave, dulce. Sus dulces labios, los había extrañado tanto que quiere fundirse en ellos, volverse uno solo.
Siente las manos de Jungkook sobre su cuerpo sin tocarlo.
Y Jimin se separa para tomarlas, besándolas.
Jungkook se ríe y vuelve a besarlo. Esta vez más lento. Jimin acaricia su mejilla, deja sus labios y besa su nariz, su mentón. No puede detenerse, vuelve a besar sus mejillas y Jungkook solo sonríe… como un niño.
Se miran en silencio, para abrazarse.
Está flotando cada vez más. Las manos de Jungkook suben por sus caderas, tocando su piel del estómago. Y Jimin está volando. Nunca intimó con Jungkook, nunca lo besó tan profundamente. Y nunca lo tocó más allá de lo permitido. Así que no sabe si esto está bien después de una noche llena de emociones fuertes, pero es tan débil que se deja llevar. Besando su mandíbula, tomando su mejilla con una mano y la otra acercando a Jungkook con la otra.
Jimin lo mira desde arriba.
Dios. Está aquí de verdad.
Su mente es un lío, olvidando lo exterior. Olvidándose de cualquier dolor. Jungkook gime y suspira pesadamente; sus labios tiemblan contra las sienes de Jimin.
—Tócame más —pide—. Por favor.
Jimin siente una corriente eléctrica correr por su columna, pero se controla, respirando pesadamente, dejando su frente contra la de Jungkook. Cierra los ojos.
—¿Está bien esto, Jungkook?
—Sí —asiente—. Por favor.
Es lo único que necesita Jimin para devorar a Jungkook y tomarlo en su boca, queriendo arrancar la camiseta que le impide tomar más de su cuerpo.
Lo besa subiéndose sobre él, y Jungkook lo recibe abriendo las piernas, gimiendo contra su boca, pasando sus manos por su espalda con desespero.
—¿Puedo quitarte la camiseta?
Jungkook asiente, con los ojos entrecerrados.
Jimin lo hace lento, lleva sus manos al filo de la tela… acaricia la piel de su cintura; Jungkook levanta los brazos para facilitarlo. Jimin jadea cuando ve su cuerpo. Piel tersa, sin vello. Músculos que se mueven con cada respiración entrecortada.
—O-oh, Jungkook-ah —susurra—, eres precioso.
Y lo es. Más hermoso del que pudo enamorarse, Jimin quiere amarlo lento, pero el recuerdo de los suaves gemidos al celular, de Jungkook rogando ser tocado pese a la distancia, lo vuelve ansioso.
Acerca sus labios a su pecho, besando suavemente y pasando su lengua. Jungkook lo toma de la nuca, pidiéndole que siga.
Hyung —susurra Jungkook, y su voz es tan baja que Jimin siente las palabras vibrar en sus propios labios. —Siempre quise esto —dice, y su voz tiembla—. Que me tocaras. Que me sintieras. Quedarme a tu lado, florecer para ti.
Jimin lo besa mientras lo toca; Jungkook se aferra a sus hombros, las uñas clavándose en la tela, sus gemidos tan bajos que Jimin los traga con cada beso. Jungkook se arquea contra su mano y su respiración se quiebra cuando Jimin acelera el ritmo de sus caricias.
—Hyung —jadea—. Hyung, yo también quiero tocarte.
Jimin se detiene. Jungkook lo mira, con los ojos entrecerrados, el pecho subiendo y bajando rápido.
—Bien —dice Jimin.
Jungkook se arrodilla en la cama. Sus dedos tocan la ropa de Jimin con precaución, buscando permiso en cada movimiento. Jimin asiente y Jungkook lo desnuda despacio, besando sus hombros, su cuello, su mandíbula.
Recuéstate, hyung. —pide.
Jimin se recuesta sobre la almohada, mirando a Jungkook. Jungkook se sienta a horcajadas sobre sus muslos y Jimin siente el peso de su cuerpo, el calor que irradia.
Jungkook sonríe y lo llena de besos. Su cuello, su estómago. Su lengua rodea su areola, baja por sus costillas, besa con la boca tibia y húmeda. Jimin solo puede gemir con los ojos cerrados.
Cuando llega a la hebilla de su pantalón… Jimin lo siente dudar un poco, pero Jimin gime y Jungkook no espera más, abre el botón de los pantalones. Temblorosos. Rápidos.
—Ah —susurra Jungkook—. Tan bonito, hyung. Toda mi vida pensé que eras el hombre bonito.
Baja hacia el pene de Jimin, aún vestido, y lo besa con la boca abierta, dejando manchas húmedas sobre la tela de su calzoncillo.
—Podría hacer esto todo el tiempo.
Jimin está excitado, duro dentro de su ropa interior. Jungkook lo está volviendo loco.
—Mírame —pide Jungkook.
Jimin abre los ojos. Jungkook está sobre él, sus labios húmedos. Jungkook mira su rostro, atento, y Jimin siente el peso de esa atención como una caricia.
Le sonríe. Y baja, baja nuevamente.
Después de llorar tanto, Jungkook se desenvuelve encima de él como si tratara de robar su aliento y eso lo hace sonrojar. Jimin se desespera cuando siente la boca de Jungkook alrededor de su pene. El calor, la humedad, la lengua moviéndose con una lentitud que es casi dolorosa. Jimin mueve sus caderas al escuchar eso, hacia el calor tan agradable de la boca de Jungkook.
Jungkook lo detiene con las manos en sus caderas.
—Tranquilo —susurra contra su piel, y la vibración hace que Jimin jadee.
—Por favor.
Ahora es él quien ruega.
Jungkook mueve su boca, chupando la punta con delicadeza, y dejando besos en el tronco de su pene, masturbándolo lento con su mano derecha. Acaricia sus testículos mientras chupa la punta de su polla.
—Jungkook —jadea, frenándolo—. No quiero correrme sin ti. Jungkook, yo también quiero tocarte.
Jungkook no se detiene de inmediato. Deja unos últimos besos en sus piernas, lentos, como si no quisiera separarse. Luego se sube sobre Jimin. Lo mira: ojos húmedos, labios rojos e hinchados. Sonríe. Jimin quiere morir.
Jungkook es un manjar.
Jungkook vuelve a acariciar su pene. Con la otra mano busca la de Jimin y la guía hacia su propio cuerpo.
Jimin gime cuando por fin puede tocar el pene de Jungkook, caliente, húmedo, pesado.
Jimin sabe qué hacer, tomándolo y acariciándolo lentamente. Lo toma, lo acaricia lento. Vuelve sus dedos a su boca, escupe en ellos y toma a Jungkook otra vez.
Jungkook gime y esconde su cabeza en el hueco del cuello de Jimin.
—Eres tan hermoso —susurra Jimin—. Me tienes loco.
Jimin acaricia mucho más abajo, sus testículos pesados, deseando ir más allá, pero no esta noche… esta noche no.
—Hyung —susurra Jungkook, y su voz se quiebra—. Hyung, estoy cerca.
—Yo también —dice Jimin. Toma el cuerpo de Jungkook y lo deja sobre la cama, él encima. Aparta las manos de Jungkook de su propio pene. Toma los dos juntos en su mano, los masturba al mismo tiempo.
Jungkook gime más, escondiendo su rostro con su brazo, cuando Jimin acaricia contra su otra mano el perineo de Jungkook de manera circular.
Jungkook levanta la cabeza para mirarlo. Sus ojos están vidriosos, sus labios entreabiertos, su respiración tan rápida que sus palabras apenas son audibles.
Está por venir y masturba más rápido sus penes.
No puede hablar.
Jungkook se incorpora, apoyándose sobre sus brazos, y Jimin ve cada reacción en su rostro.
—H-hyung, voy a…
—Ven, Jungkook-ah… ven.
Con dos tirones más, ve cómo los ojos de Jungkook se oscurecen, cómo su boca se abre, cómo sus dedos se tensan contra la piel de Jimin cuando el placer lo alcanza.
Jimin siente el calor extenderse bajo sus dedos y su propio cuerpo se arquea. Su mano aprieta alrededor de sus penes y escucha el gemido que escapa de sus labios, un sonido ronco y alargado que hace a Jimin vibrar.
Su brazo tiembla y cae sobre el pecho de Jungkook mojado con sus fluidos y este lo abraza. Suspiran pesado, con los ojos cerrados. Porque no quiere que acabe este momento.
……
El pecho de Jungkook sube y baja rítmicamente, regulándose poco a poco. Jimin lo abraza un poco antes de obligarse a separarse del calor que lo atrapa, porque al final tienen que separarse. Toma una toalla que saca rápidamente de un cajón y limpia a Jungkook tímidamente sin pedirle permiso, pero no cree necesitarlo cuando Jungkook está tan dócil bajo su tacto… con las mejillas sonrojadas y la frente sudada levemente.
En silencio se viste nuevamente, a sus espaldas escucha a Jungkook hacer lo mismo. Desea preguntarle a Jungkook si quiere entrar a la ducha otra vez; camina hacia la cama, pero Jungkook tiene los ojos cerrados y un pequeño puchero formándose.
Jimin se ríe despacio, y se sienta a su lado, acaricia su cabello, su mejilla. ¿Con esto deja de ser el hombre correcto que intenta ser? Al olvidar a su exnovia tan rápido y besar con pasión a Jungkook. Como si hubiera estado muriendo de sed durante todo este tiempo.
No sabe qué significó esto y, siendo sincero, tampoco quiere saberlo. No quiere preguntárselo. Y para no hacerlo, mete su cuerpo rápidamente en las sábanas y suspira mirando a Jungkook hasta que se duerme.
✦ — ♫ — ✦
Jimin se despierta con una alarma. La alarma que tiene los fines de semana para no abusar del tiempo de descanso, y esa alarma suena a las 9:30. Abre los ojos rápidamente, perdido por un segundo, hasta que la noche anterior vuelve a él como un balde de agua fría. Jungkook, su llanto, sus palabras y sus gemidos. Pero cuando mira a su derecha, Jungkook ya no está, y la idea de que se ha ido abandonándolo viene a él más rápido que el despertar de su cuerpo.
Se queja mientras se pone de pie, buscando algún indicio de que sigue en el departamento. Le duele la cabeza y siente los labios hinchados. Las piernas suplican cuando se levanta y camina sobre el frío cuarto…
La luz que se filtra lo está molestando.
Y Jungkook no está.
No en su cuarto.
Busca en el baño a Jungkook, pero es el primer lugar en donde no está.
No en la sala.
No como hace años, cuando le escribió hasta llorar y él había desaparecido.
Jimin se quiere convencer de que está bien, estrujando los ojos demasiado fuerte… pero cuando camina unos cuantos pasos más, Jungkook está en el centro de su cocina, vistiendo la camiseta extragrande que le dio en la madrugada y moviendo una olla en la estufa. Jimin se da cuenta de que había estado aguantando la respiración cuando exhala tan fuerte que Jungkook gira hacia su cuerpo. Jungkook no se ha ido y sonríe, un poco.
—Buenos días. Lamento haber tocado tus cosas, pero… —Se encoge en su lugar—. No había comido desde ayer tarde. Discúlpame.
Jimin sigue parado viendo a Jungkook, hermoso con su camiseta, hermoso con la luz en el rostro que a él le hizo doler la cabeza y hermoso en su departamento. Porque no se ha ido, sigue aquí.
Por fin se mueve, cuando Jungkook se vuelve a girar para seguir moviendo la olla.
—No te preocupes… —¿Puedo saber lo que estás haciendo? —pregunta cuando llega a su lado.
—¡Oh! Sí. Encontré ramen instantáneo y también chuleta precocida en la nevera… Yo pensé qué podía hacer para los dos.
Jimin sonríe viendo los nervios y la ternura en el acto de Jungkook.
—Me parece perfecto.
—¡Genial! Eh, ¿me ayudas a servir? No encontré los platos.
Dice Jungkook, agachando la cabeza.
Jimin los saca rápidamente y, como si fuera costumbre, se sientan en el pequeño comedor.
La sopa instantánea sabe deliciosa, tanto que le dan ganas de besar a Jungkook por eso.
Una sola vez pudo probar algo que Jungkook le preparó, y Jimin recuerda pequeños besos robados, un Jungkook nervioso por ese pequeño regalo de aniversario y el gran cielo de Seúl a su espalda.
—¿Dormiste bien? —pregunta.
Jungkook levanta el rostro del plato.
—¡Sí! En realidad, lo siento mucho; creo que me quedé dormido apenas me puse los pantalones… Qué vergüenza.
Jimin mueve la cabeza en negación, sin querer reír.
—Fue una madrugada cansada y todas las emociones. Era necesario.
Jungkook asiente mientras absorbe la sopa de regreso.
—Tienes una cama muy cómoda.
—¿Lo crees? A mí me duele la cabeza.
—Oh, entonces debí estar todavía borracho.
Jimin se ríe.
Y siguen comiendo en silencio; Jungkook no dice nada. Jimin tampoco.
Los cláxones en la calle lo están poniendo algo nervioso. Jimin traga seco, mirándolo comer. Su cuerpo pica y hay una rara emoción que es suficiente para preguntar…
—¿Estuvo bien lo que hicimos anoche?
“¿No te estás volviendo loco por ello?”
Jungkook abre los ojos y lo mira durante un segundo que Jimin siente que son varios.
—¿Estuvo bien para ti?
—Y-yo sí. Estuvo bien.
Jungkook baja la cabeza.
—Estuvo bien para mí. Yo realmente no estoy enojado contigo; el tiempo ha hecho lo suyo, anoche fueron muchas emociones.
Y sorbe la sopa otra vez.
—Pero sé que eso no significa que todo esté arreglado.
—Lo sé.
—Ya hemos pasado por esto.
—Lo sé —repite Jimin.
—Pero quiero que funcione.
—Lo sé… ¿Qué?
—Si tú quieres —dice Jungkook, y sus ojos se humedecen—. No lo dije anoche, pero me quedaré con el puesto de director en esta editorial… en Seúl. Esto no estaba en mis planes —se ríe nervioso.
Durante años soñó con escuchar algo así. Jungkook en la misma ciudad. Sin pantallas, sin mensajes malinterpretados. Sin despedidas en estaciones de tren. Sin llamadas que terminaban demasiado pronto. Y sin embargo, lo primero que siente no es felicidad, de pronto el ramen quema su lengua y siente miedo, porque ahora sí podría intentarlo de verdad y fracasar de verdad. Todo va demasiado apresudaro en su cabeza.
Jungkook se ríe nervioso.
—No era lo que esperaba, pero acepté el puesto.
—Jungkook...
Le cuesta hablar.
—¿Sabes cuántas veces imaginé que decías algo así?
Jungkook lo mira sorprendido.
—Y ahora que está pasando, siento que voy a salir corriendo.
Jungkook se encoge de hombros.
—¿Ah, sí?
Jimin se ríe sin humor, pasándose las manos por la cara.
—Sí. Y ahora que está pasando, tengo más miedo que cuando no estaba pasando.
Jungkook baja la mirada.
—Yo también tengo miedo.
Eso consigue que Jimin sonría.
—Joder, podemos intentarlo —lo interrumpe—. Yo creo.
Jungkook levanta la mirada, viéndolo fijamente.
—¿Sí?
—Sí, creo que podemos.
Y Jungkook sonríe, como si sintiera alivio, dejando que sus manos caigan en la mesa. Eso hace sonreír a Jimin también.
—Hyung, te has vuelto malhablado.
Jimin le pellizca la mejilla, más tranquilo ahora.
—Es la emoción, mocoso. Los insultos son todos tuyos.
Con un último abrazo terminan de comer.
Jungkook no ha dicho que deba irse, y Jimin tampoco se lo ha preguntado. Aprovecha la mañana para escuchar de la vida de Jungkook, su familia, su carrera, sus amores. Sin profundizar, solo contar lo más importante. Y aunque no es toda la historia, le hace sentir que el tiempo no ha pasado detenido a su alrededor. Jimin también habla, de su padre, de su hermano policía y de cómo ama liderar clases de baile.
Cuando la tarde llega, piden comida y comen mientras comparten sonrisas tiernas.
—Hyung, quiero que vayamos despacio —dice Jungkook cuando han terminado—. Quiero que hablemos, que volvamos a conectar.
—Me parece bien —dice Jimin mientras le acaricia la mejilla—. Podríamos ir a citas también, ¿mmm?
—Me encantaría… y nada de sexo —dice, apuntándolo con un dedo—. Y el primer beso después de la cuarta cita fuera de la puerta del departamento.
Jimin se ríe cayendo encima de su regazo.
—¿Cómo vas a decir eso, Jungkookie? ¿Cómo podría vivir sin tus labios?
Jungkook se ríe intentando escapar de sus labios. —Está bien, está bien, bésame mucho… pero sí quiero ir despacio. Por favor. No creo que queramos perder nuestro tiempo.
Jungkook lo mira muy dentro de sí, con las cejas algo arqueadas y suplicantes.
—Sí, Jungkook-ah, claro que sí. Haremos que esto funcione.
….
—Me tengo que ir a Busan.
—Lo dijiste.
—Y volveré dentro de tres meses.
—Está bien.
—Tres meses —repite mirándolo como si fuese un cachorro.
—Te esperé tanto tiempo, ¿qué son tres meses?
Jungkook lo abraza por la cintura con eso, acostándose en el sillón, mientras Jimin lo llena de besos en el rostro.
—No quiero volver a lo que éramos, hyung, quiero descubrir qué podríamos ser ahora.
Cuando la tarde se está acabando, Jungkook ya está vestido para salir, irse a su hotel, volver a su vida de trabajo. Todavía le quedan días en la capital, hasta que tenga que regresar a Busan.
Están en la puerta; Jimin lo sostiene de la mano, no quiere que se vaya, y Jungkook no quiere irse.
Pero sonríe, prometiendo que mañana podrán verse aunque sea un momento.
Jimin no quiere ser llevado por la emoción del momento. Debe calmarse, pero Jungkook dice:
—Hyung… sé que dije ir lento, ¿pero puedes besarme antes de que me vaya?
Y Jimin sonríe, tomándolo de las mejillas, suavemente, mientras lo besa durante tanto tiempo que tiene que respirar profundamente cuando se separan. Con eso, Jungkook sale por la puerta, con su cuerpo lleno de besos y con una promesa. Y Jimin sigue sintiendo miedo, pero esta vez piensa quedarse igual.









muy buena historia gracias por compartir 😘