1
–Es una locura.
Se encogió de hombros, estaba tan absorta en su lectura que ni siquiera levantó la mirada, a veces su capacidad de leer y a la vez escuchar a su alrededor era impresionante, incluso podría dividir ambas cosas.
–No lo es, de hecho suena como un verdadero reto. A ti gustan, ¿no?- murmuró con una sonrisa ladeada antes de quitarle el libro de las manos, se lo llevó hasta dejarlo en la mesa de cocina y comedor.
–Exactamente a eso me refiero. Retractó mis palabras, es una locura y estupidez.- ni siquiera se inmutó cuando quitaron el libro, sus manos solamente las bajo y desvío su vista hacia el, mientras se acomoda a un costado del sofá.
La mayoría de los retos que le gustaban a ella, eran realmente estúpidos y sobre todo arriesgados. Odiaba admitir que le atraía la idea de hacerlo, pero simplemente valoraba su vida.
–¿Desde cuando estás, taaaan analista vos?- esa ligera risa la fastidiaba. -Prefiero cuando no piensas.
–¿Acaso tienes deficiencia mental?
–Jajaj, no creo, pero es lindo que preguntes. Cambiando, piensa en que nos ayudará para pagar el pie de la casa, eso es importante.
–Estamos hablando de personas que tienen seguridad hasta en sus testiculos. ¿Cuál es la probabilidad de que salgamos vivos? O ¿Cuan bueno eres para movernos sin que nos noten?
–Uhhh, no lo sé, pero suena como un desafío.
–No. No es un desafío. Hablo enserio. Entiendo que tengas bastante influencia entre esos... Vejestorios de alta clase
Se levantó está vez de mala gana hacia la mesa, tomo el libro entre sus dedos y lo abrió en donde leía y, marco la página con un pequeño dobles en la esquina.
No duró mucho su concentración antes de sentir los pasos de el, que daban vuelta hacia el lado de la mesa que se encontraba ella, su pecho se pegó a la espalda de la pelinegra y las manos se apoyaron en la mesa. Nuevamente su risa que la descolocaba, hizo que volteara ligeramente su rostro hacia el.
–¿Ya te enojaste? Que mecha corta.
Murmuró, tomo ligeramente su menton para guiarla hasta que se volteara por completo, unió sus labios en un beso lento y claramente provocativo, pero no sé inmutó, aún con el libro en manos rodeo su nuca, sin apartarlo. Apenas se dió un pequeño respiro ambos se observaron en silencio, uno con aquella sonrisa engreída y la otra con esa mirada indiferente.
–Tu boca apesta. ¿Te has lavado los dientes?
Con el libro aún en sus manos, le brindo un golpe en la zona occipital de su cráneo, luego retiro sus brazos.
-Auch...
Apenas el apartó la mano de su menton, y la otra para poder sobarse la cabeza, ella aprovecho para darle la espalda y caminar hacia el pasillo.
–Hazlo tu solo si quieres. No me pienso arriesgar.








