CAPÍTULO 1: PILOTO
"El tiempo es relativo de varias maneras para cada persona. Recordamos las memorias que compartimos con nuestros seres queridos, recuerdos que, en sí, pensamos que duraron muy poco, pero, al momento de perder a aquellas personas, ese dolor es largo, tormentoso y, en ocasiones, eterno."
...
*Ha pasado exactamente un mes desde que perdí a mi amada Amara. Aquel día lo tengo marcado en mi calendario mental de color azul, ese 28 de enero. El tiempo me ha sido relativo; siento un falso estancamiento cuando en realidad aquel reloj sigue contando. Y me siento como aquella noche, en un estado de shock, frío, solo. En la mañana me despertaba al lado de ella, listos para nuestra rutina diaria. Nos alistamos juntos, desayunamos juntos, nos despedimos... Hubiera querido haberme despedido mejor aquel día, pero uno nunca está preparado para lo que pueda pasar.
Ella quería disfrutar ese viernes con su hermana. Hacía tiempo que no disfrutaban de un momento juntas y les hacía ilusión pasarla bien en el parque. No contarían con que algún imprudente perdiera el control e invadiera su carril... Lo odié al principio... Pero, al final, no puedo culparlo. Me alivió un poco que saliera con vida; pudo seguir pasando tiempo con su familia...
—Aidan... Aidan... ¡Aidan!
—Discúlpeme, Samuel. Ya volveré a mi trabajo —le contesté a mi gerente.
—Aidan, ¿podemos hablar en el pasillo? —Samuel me señaló la puerta para que me dirigiera hacia allá.
—Está bien.
Procedí a levantarme de mi asiento para salir junto a mi gerente y platicar de lo que fuera que me quisiese decir. Mi gerente se dirigió al pasillo después de que yo pasara, cerró la puerta cuidadosamente y, después de eso, se dirigió hacia mí, mostrándose preocupado.
—Hijo, yo sé que Amara era todo para ti. Ya ha pasado exactamente un mes desde que ella se fue. Te di un mes para que pudieras acomodar todo lo que tuvieras que acomodar, ya fuera en tu entorno o en ti mismo. Yo ya he pasado por situaciones como la que estás pasando y, créeme, no es para nada fácil, pero necesitamos que todos trabajen duro en este lugar, últimamente hay una alta demanda por la temporada.
Me duele mucho verte en tu cubículo, perdido en tus pensamientos, viendo a la nada o cabizbajo, pero realmente se nos hace difícil tener un empleado fantasma aquí. No sé si me puedas entender sobre esto.
—Lo entiendo, señor Samuel. Sé que no soy de mucha ayuda en estos momentos —trato de responderle, conteniendo las lágrimas.— Pero la verdad me siento exactamente igual que el día en que perdí a... Amara. Podría decirle ahora mismo que puedo continuar trabajando, pero la realidad es que no me creo capaz. Usted ha sido tan bueno conmigo, dándome mi tiempo para esta situación. La verdad, sí necesitaría pensarlo muy bien para saber si puedo realmente o no seguir trabajando con usted, más en esta situación, que es un call center, necesito hablar bien con las personas, pero las palabras se me van, los pensamientos se cruzan al momento y, al final, se vuelve un rato incómodo con los clientes.
Samuel suspiró y puso su mano en mi hombro, un poco cansado, pero con una media sonrisa en su rostro.
—Aidan, sé que es muy difícil todo esto para ti, pero lo único que puedo darte es una semana más. Yo sé que no es mucho, pero creo que te servirá para decidir si seguir aquí o no. Pasando la semana, exactamente el lunes, me darás tu respuesta. Y cualquier otra cosa, aquí estaré para apoyarte.
—Me parece bien, señor.
—Empieza desde ahora. Será mejor que, entre más pronto empieces a reordenar tu mente y tomar una decisión, mejor. Llamaré a Brenda para que te cubra esta semana también.
—Está bien, se lo agradezco.
Le di una sonrisa a Samuel y me dirigí hacia la salida. Samuel me dijo a lo lejos
—Sé que no me incumbe, pero siento que sería mejor que volvieras al psicólogo, aunque creyeras aquella vez que no te estaba funcionando.
—¡Lo pensaré!
Volteé hacia él con una sonrisa, despidiéndome, y me dirigí hacia la salida del edificio.
*¡Ay! Lo único que estoy haciendo es retrasar a los demás. No sirvo para nada, ya no sé hacer nada, siempre distrayéndome en el trabajo. Samuel... ese señor es demasiado bueno conmigo. Me dio un mes de vacaciones, técnicamente, y ahora una semana más. Cualquier persona ya me habría despedido hace rato. Y ahora, ese trabajo, aunque no sea lo mejor por ahora, me gusta estar ahí, pero ya no es lo mismo. Ya no me puedo concentrar en nada y mucho menos hablar con las personas de manera animada.
Llegaré a casa y lo único que podré hacer será pensar en Amara.
La extraño tanto...
Me puse los audífonos y proseguí mi camino, sumergido en la música y en mis pensamientos.
...
Llegando a casa, dejé mis cosas en el armario y me cambié a una ropa más cómoda: una pantalonera y una playera deportiva con una sudadera.
*Las cosas de la casa no las he movido de lugar desde que se fue Amara: su ropa, sus consolas de videojuegos, sus libros, entre otras cosas. Su pequeño estudio solo está acumulando polvo, pero siento que sería un pecado mover las cosas o siquiera limpiarlas. Lo único que he estado usando de ella es su ukelele, que tanto le gustaba, tratando de acercarme a la forma en que ella lo tocaba.
Eso era su relajación. Recuerdo cómo en las tardes lluviosas, le gustaba sentarse en la silla que estaba al lado de la ventana. Un café y su ukelele eran suficientes para salir de este mundo por unos minutos, tocando melodías jamás escritas y que lamento mucho no poder recordar con precisión.
Mientras tanto, yo he hecho cosas realmente estúpidas para poder volver con ella, poder hablarle. He intentado volverme religioso, pero eso nunca fue lo mío. Nunca he sido creyente de algo. Decían que lo mejor para hablar con esa persona que había fallecido era orar, y que solo así me podría comunicar con ella. Me sentía realmente tonto al hablarle en mis pensamientos, esperando una respuesta que, si llegaba, era solo imaginación mía. Lo dejé a los días.
Luego intenté usar una ouija y fui muy estúpido al pensar que recibiría una respuesta. Poco después, al investigar, supe que la ouija solo era un juego de mesa popularizado como algo terrorífico por las películas.
Y estoy aquí, pensando que este ritual que encontré en internet va a funcionar.
...
Encendí mi cigarrillo y empecé a preparar las cosas. El ritual lo acomodé en mi calendario para hoy en la noche. Repasé los materiales que necesitaría para ello:
• 7 velas rojas
• 1 vela blanca
• 2 velas negras
• Porción mínima de las cenizas del difunto
• Sangre fresca de animal muerto
• Imagen del difunto
• Gis rojo
• Vaso
Mientras preparaba todo en una mochila, un repartidor tocó la puerta levemente. Le abrí para recibir el paquete que había pedido hacía unos tres días.
—Buenas tardes. ¿Es usted Aidan Eliser?
—Sí, soy yo.
—Por favor, firme aquí.
El repartidor me acercó una pantalla para marcar como recibido el paquete. Lo firmé y le regresé el aparato.
—Muchas gracias.
—A usted.
Cuando me agradeció, se marchó rápidamente a su camioneta y se fue, mientras yo metía la caja que me había entregado. Había pedido hacía tres días las siete velas rojas, junto con las dos velas negras, la vela blanca y un paquete de gises rojos. No tenía los ánimos para salir de casa en busca de lo necesario.
Tomé de la cocina una taza vieja de la que me quería deshacer desde hacía tiempo, el gis y las velas, y las acomodé en la mochila. Fui a mi cuarto para tomar la foto que estaba en el pequeño portarretrato al lado de mi cama. No pude contener un suspiro mientras recordaba a Amara.
*Esa foto se la había tomado el día que fuimos de vacaciones a la playa. Habíamos regresado de nadar y estábamos viendo el atardecer en la alcoba del cuarto del hotel. Se veía tan contenta, con su piel colorada por el sol, sus ojos almendrados y su cabello corto y oscuro.
Ese sentimiento de conexión que teníamos en aquel momento fue precioso, pero ahora el recuerdo se siente como si todo hubiera sido un sueño.
*Amara... Cómo te extraño.
Guardé la foto en un espacio aparte de la mochila para que no se dañara. Tomé un cuchillo de cocina asegurándome de que tuviera filo, y lo limpié muy bien. Agarré el botiquín de primeros auxilios y guardé ambos en la mochila.
*No tengo el valor de matar un animal, así que me haré un leve corte para usar mi sangre en el ritual. No creo que eso afecte.
*Mmm... Solo faltan sus cenizas.
Me colgué la mochila, guardé mi celular, tomé las llaves de la casa y salí dispuesto a ir a la casa de la mamá de Amara. Ya había preparado todo, llamándola días antes para hablar sobre algo. Planeé diferentes mentiras, pero al final le diré que quiero conservar una parte de las cenizas de Amara para recordarla en un altar.
Cerré la puerta y me fui caminando hacia su casa. No he usado mi auto, ya que no me siento de manejarlo. El miedo a chocar me consume por distraerme fácilmente con mis pensamientos. Para mi suerte, el trabajo y la casa de la mamá de Amara quedan cerca.
Me coloqué mis audífonos mientras caminaba hacia aquella casa donde no me había molestado estar el día en que ella se había ido. Me alejé de todos cuando había ocurrido aquello, ese 28 de enero.
El denso viento frío seguía siendo la estrella de las calles a finales de febrero. El calor de mi cigarrillo me satisfacía durante la caminata. Seguía consumido por mis pensamientos mientras caminaba, pero una persona alta, delgada, con cabello largo y rubio, enfrente de mí, me hizo detenerme y disipar aquella nube de recuerdos. Me quité los audífonos para poder escucharla mejor.
—¿En serio sigues fumando? —dijo Marie, frunciendo el ceño.
—¿Tenía que pedirte permiso primero? —le respondí en un tono bajo, sin voltearla a ver.
—¡Vamos, Aidan! No tienes por qué ponerte así conmigo. Hace tiempo no nos veíamos... En serio, hombre, tenemos que salir algún día.
—¿Que si no nos hemos visto? Pasó exactamente lo mismo que ahora hace dos semanas. Iba caminando y llegaste de la nada a preguntar cuándo salíamos.
—No sucedería lo mismo que ahora si hubiéramos salido, pero no me has respondido a mi pregunta... Así que, ¿cuándo salimos?
—¡No lo sé! No lo sé... La verdad, no me siento listo aún para salir, no después de lo que ocurrió.
Me tranquilicé un poco, agachando mi cabeza. Volteé hacia ella para preguntarle:
—Aunque ahora que lo pienso, ¿tú cómo estás? Eras su mejor amiga. No hemos hablado apenas nada sobre aquello, ya que decidí distanciarme un poco, pero supongo que a ti también te afectó tanto su... Ya sabes.
—Sí, la verdad, sí. Al principio fue devastador. Ya no podía contar con ella ni hablarle como normalmente hacíamos todos los días, pero estuve yendo a terapia y me funcionó bastante. Creo que tú también lo necesitas. Aunque, si no te molesta, puedes hablarlo conmigo si lo necesitas, ¿vale?
—Claro... Uno de estos días.
—... ¿Y qué tal mañana en la noche? —Marie me volteó a ver. Sus grandes ojos grises me miraban expectantes, esperando mi respuesta.
Miré hacia arriba, casi inconscientemente, mientras pensaba.
—Mmm... Está bien. Mañana en la noche.
—¡Claro! Mañana te llamo para salir. ¡Nos vemos, Aidan!
Marie se alejó de mí. Tan rápido se había ido que me coloqué mis audífonos de nuevo y seguí con mi camino.
*Creo que me arrepentiré de esto...
...








