1. La primera mentira
Había pasado exactamente una semana desde que la señora Doris había fallecido. Los ojos de Lady Elise se abrieron por la mañana cuando la luz del amanecer se filtraba a través de la ventana, esa que tenía justo en frente y al cual el arquitecto de la mansión había pensado que era buena idea poner ahí.
Un recuerdo inundó la mente de la joven, la de aquel funeral discreto que el barón Voss preparó para la señora Doris. Elise nunca había ido a una funeral, pero si alguien le dijera que al morir nadie vendría a verla no le darían ganas de morir. Aunque, de todos modos, estando viva se sentía tan sola.
Se sentó en la cama aún algo adormilada, y con su manta rosada cubriendo sus piernas. Al destaparse pudo vislumbrar sus muslos. Ambos muslos tenían moretones, y era la única parte de su cuerpo que tenía moretones que al menos ella podía ver con claridad. Se puso de pie y caminó al espejo, notando los demás moretones. Uno en el ojo izquierdo, otro debajo del labio. Su atención se desvió abruptamente hacia el ruido que se escuchaba fuera. Claro, esa debía ser ella. Vivienne Marsh, la sirvienta que sus padres habían contratado. Tras revisar por la ventana pudo ver un carruaje estacionarse a la entrada de la mansión.

Evidentemente, Vivienne Marsh no era Doris. No sabía como iba a ser ella, no sabía si sería igual de amable y sabia. Quizá era todo lo contrario. ¿Tal vez sería incluso igual de cruel que el barón Voss? Elise esperaba sinceramente que no. Lidiar con una persona cruel ya era un martirio, y lidiar con dos era algo que no quería imaginarse. En lugar de pensar en ello, se imaginó a Vivienne como una persona bondadosa. Era tres años menor, pues apenas había cumplido la mayoría de edad, así que supuso que debía ser alguien inocente.
—Vivienne Marsh... —murmuró su nombre, como si quisiera probar como se escuchaba.
Tras maquillarse y vestirse adecuadamente, salió de sus aposentos y bajó las escaleras lista para recibirla como era debido. Como se supone que una dama aristocrática como ella debería de poder recibir a alguien.
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El traqueteo del carruaje había comenzado mucho antes del alba. Vivienne no había podido dormir más de dos horas, pues el resto de la noche la había pasado en vela releyendo una y otra vez el documento donde le habían escrito las instrucciones de su siguiente objetivo: Lady Elise Ashford-Montclair. "Que nombre más largo", pensó. Se trataba de una mujer de 21 años, la cual recientemente había sido comprometida con el barón Edmund Voss. Un arreglo matrimonial, que era algo muy común en estos tiempos.
Sus manos descansaban sobre su regazo mientras sentía como el carruaje dejaba atrás la sucia tierra del camino para adentrarse a pisos más lisos y bien cernidos. Las torres de la mansión Montclair emergieron entre los árboles. A primera impresion se veía como cualquier otra propiedad de gente de alto estatus: grande, antigua y rica entre basto bosque. Pero las primeras impresiones siempre ocultaban lo que el silencio guardaba en su interior.
Al bajar del carruaje con ayuda del cochero, alzó la mirada apenas un instante, recorriendo la belleza de la riqueza de quienes serían sus "nuevos señores".
—Me pregunto si la belleza solo está en el exterior —dijo para sí misma.
Y así, con movimientos precisos y guiada bajo el mando de el mayordomo de la casa, Vivienne caminó hacia la entrada sosteniendo una pequeña maleta de cuero gastado. Vestía sobria, impecable, sin joyas ni adornos. Con una mirada neutral ante su nuevo rubro.
Tras entrar a la mansión observó con precisión cada esquina, cada grieta, cada puerta y cada ventana. Memoriaba cada cosa que pudiera encontrar. Eso hasta que escuchó pasos bajando por las escaleras del segundo piso, provocando que su visión se fijara en ella, en Lady Elise.
Sin dudarlo ni un segundo, bajó la cabeza mostrando respeto y disciplina ante su nueva señora.
—Lady Elise —dijo, sin levantar la cabeza—. Soy su nueva sirvienta, Vivienne Marsh. Estoy bajo su mando y su servicio desde hoy. Espero serle de utilidad.
Cabello castaño, recogido y peinado de una manera que a Elise le encantó y que muy probablemente copiaría la proxima vez que necesitara arreglarse. Esa era Vivienne Marsh. No esperaba que llegase con el traje puesto, lo que hablaba bastante bien de su profesonalismo.
—Buenos días, señorita Vivienne. Es un placer muy grande conocerla. Y... bueno, no es necesario que agaches la cabeza. Tal vez mis padres no te lo explicaron bien, pero aunque seas una sirvienta como las demás, tu rol es más especial porque eres mi sirvienta personal...
Tras escuchar su voz por primera vez, Vivienne no pudo evitar pensar en que sonaba muy dulce. Era la primera vez que escuchaba una voz tan suave y distinta de las que conoció en objetivos anteriores.
—De igual forma es un placer, Lady Elise. —Contestó Vivienne sin levantar la cabeza, hasta que escuchó lo que dijo y levantó su mirada, recorriendola de abajo hacia arriba, observando cada doblez en su ropa junto a los rasgos de su rostro. Notó de inmediato lo que el maquillaje intentaba ocultar, pero aun así su expresión no vaciló ni un segundo y se mantuvo neutral—. Con mayor razón debería mostrarle mayor respeto hacia usted, señora.
—Pero yo quiero que me trates como a una amiga más. Porque eso somos, ¿no?; Bueno, quizá no ahora, porque toma tiempo y así... Pero lo seremos. —Elise sonrió de oreja a oreja—. Ahora, tu trabajo es cumplir básicamente todos mis caprichos. Puedes estar tranquila, porque no soy alguien explotadora ni pido mucho, más bien solo deseo cosas muy simples... Y mi primera orden es, ¡Que me digas como te hiciste ese peinado!
Al recibir dicha orden, Vivienne tuvo un pequeño sobresalto casi imperceptible. Elise comenzó a dar pequeños saltitos, acercandose lentamente hasta situarse detrás de su nueva sirvienta.
—Bueno... Podría hacerle ese peinado si le gusta.
—¡¿En serio?! —exclamó Elise con una sonrisa de oreja a oreja y con los ojos bien iluminados—. ¡Eso sería maravilloso! ¡Ven, ven!
Sin dudarlo, Elise tomó la mano de Vivienne y comenzó a caminar de manera un poco apresurada hacia las escaleras. Vivienne no tenía ni idea de como reaccionar ante aquel trato, y menos ante esa personalidad tan libre y poco educada de comportarse. Elise se detuvo a mitad de las escaleras, volteandose a verla.
—O... Tal vez debería mostrarte tu habitación primero. Sí, eso sería lo más prudente.
—O-Oh no, de eso se debe encargar otro sirviente... —dijo Vivienne sin pensarlo.
De inmediato se arrepintió de esas palabras, pues no hay nada más descortés e irrespetuoso que decirle que hacer a tu dueño. Su expresión titubeo un poco y bajó la cabeza, soltando su mano con suavidad mientras retrocedía unos pasos. Elise, que continuó adelante unos dos pasos más por inercia, se detuvo y se volteó.
—Usted solo dígame que gusta que haga. Seguiré toda ordén que me dé. Lamento mis malos modales —dijo con algo de rapidez en su habla, como si eso pudiera hacer que el castigo que fuera a recibir fuera menos severo.
Elise se quedó en silencio durante unos segundos.. y luego se echó a reír. Puso una mano en el hombro de Vivienne mientras tenía unos leves espasmos.
—¡Ay, no! ¡No te disculpes! ¡No hiciste nada malo! —Elise se separó un poco, aunque sus rostros quedaron bastante cerca—. Vamos, ¿Sí? Déjame presentarte tu cuarto, eso es lo que quiero hacer.
La calma de Vivienne se rompió al sentir su tacto en su hombro y como reía a carcajadas muy cerca de ella. Aunque se mantuvo quieta en su posición, no pudo evitar parpadear simultáneamente, sin entender la situación en la que se encontraba.
Y al tener su rostro tan cerca del suyo, sus ojos no pudieron evitar ver todos sus rasgos. Observó cada pestaña en sus ojos celestes como el cielo, cada pequeña arruga que formaban sus ojeras, cada cicatriz y cada golpe reciente que el maquillaje ocultaba.
Sin duda alguna, para Vivienne, Elise era una chica muy hermosa. Por un momento incluso pensó en que era una lástima no poder hacer algo más por ella.
—Bueno —dijo Vivienne tras algunos segundos de silencio. Al volver a sus sentidos solo bajó la mirada—. Agradezco su amabilidad.
Elise se apartó un poco, tomando su mano otra vez para ahora sí, dirigirla hacia la puerta de su nueva habitación y abrirla. No era nada extraordinario: solo una simple cama, con una ventana a lado y una mesita de noche. Además, un ropero y un escritorio con una lámpara.
—Este es tu cuarto. Ahora, si gustas, podemos tomar asiento en la cama y podré hablarte sobre tus responsabilidades.
—Muchas gracias mi Lady —asintió Vivienne en respuesta.
Vivienne vió el lugar con neutralidad, pero no entró, esperando a que Elise entrara primero como la dueña del lugar.
Elise también se quedó fuera durante varios segundos. Al notar que no iba a entrar, infló su mejilla derecha. Soltó su mano y puso ambas palmas en sus hombros, guíandola con genteliza hacia el interior del cuarto. Vivienne se sobresaltó nuevamente. Ya se había sobresaltado varias veces hoy.
—Me gustaría que tuvieras más iniciativa —comentaba Elise con un tono divertido, no a modo de regaño. Se sentó en la cama, arqueando un poco la espalda—. Siéntate.
Vivienne se sentó a su lado, mírandola fijamente.
—Vas a enfocarte en todo lo relacionado a mí, evidentemente. Me despierto a las 7 de la mañana y a esa hora ya debería estar el desayuno. Tu también debes desayunar, y desearía que lo hicieras conmigo. Todas las sirvientas ya se ocupan de lavar mi ropa, pero solo mi sirvienta personal, osea tú... se encarga de mi ropa interior.
Elise se sonrojó un poco ante esto último. Era vergonzoso, pues solo había tenido una sirvienta personal que era Doris, y ella se encargaba de lavar la ropa interior. Pero Vivienne no era Doris, Vivienne aún era una desconocida.
—A-Aunque si te incómoda entonces no lo hagas... Ujum, siguiendo con el tema. La comida es a la 1 de la tarde y la cena es a las 8. No tengo una dieta como tal, y tampoco una lista de comidas. Me gustaría que me sorprendas. Y... Bueno, el resto del día tómalo como tiempo libre. Aunque me gustaría que pases tiempo conmigo sin pedirtelo, como peinarme, ir conmigo a comprar más ropa, pasear en la ciudad o leerme un libro.
—Entiendo. Seguiré sus órdenes mi lady. Seré cuidadosa en su alimentación como en sus ropas íntimas.
Después de todo, para Vivienne todo eso era normal. Aunque aún estaba algo dudosa en acompañarla a comer, pues eso jamás debía pasar.
—Entonces es todo. Por ahora. ¡Ah! Es verdad, bueno... mi comprometido, el señor Voss, ahora mismo está de viaje en Alemania. Sin embargo, cuando vuelva, procura no hacerlo enojar, ¿Sí?
Elise volvió a mirarla a los ojos. Luego, comenzó a caminar en círculos frente a ella con las manos a la espalda.
—Y cualquier discusión que escuches, no te metas. Me gustaría que, de hecho, te mantuvieras lo más alejada que puedas. E-Es que, bueno, no es por nada grave en sí... es que no quiero que veas mi lado rudo. ¡Doy mucho miedo! —rió levemente.
Eso era mentira. No tenía un lado rudo, o al menos nunca lo había sacado. Era una tonta excusa. Elise sabía que Vivienne ya había notado sus moretones y probablemente con ello ya podría saber lo que sucede, pero agradecía el hecho de que Vivienne lo ignorara.
—En fin, ya hablé mucho de mí. Cuéntame sobre ti, Vivienne. ¿Ya conocías a mis padres? ¿De dónde eres?
—No, de hecho soy prima de una de las sirvientas de su familia. Ella me comentó que buscaban a alguien, y yo necesitaba el trabajo por lo que acudí a su llamado. Vivo algo lejos, en un campo por las afueras.
—Una prima... Ay, pero eres tan jovencita, apenas tienes 18 años. O al menos eso me dijeron. ¿No les habrás mentido a mis padres, verdad?
—Bueno, necesito el trabajo así que... —Vivienne fingió tímidez mientras bajaba la mirada—. Por favor, no se lo diga a nadie.
Elise rió ligeramente para luego bostezar un poco. Aún estaba adormilada, después de todo apenas eran las 7:30 a.m.
—¿Podrías traerme un poco de té de manzanilla? Por favorcito. La cocina está en el primer piso, justo a lado del comedor. No hace falta decirte donde está porque es tan grande que es fácil de ver.
—Enseguida, mi Lady.
Sin esperar un segundo más, Vivienne dió media vuelta para caminar hacia las escaleras y bajar al primer piso hacia la cocina. Elise la vió retirarse mientras volvía a sentarse en la cama y balanceaba sus piernas.
—Se puso tímida, mmm.
Elise tocó su propio pecho, arqueando una ceja. Era extraño. Elise juraba que sentía su corazón acelerado, algo similar a cuando está asustada. Aunque aquello era mucho más cálido.


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