Prólogo
Prólogo
Kazehaya Aoto era un joven estudiante de primer año de preparatoria. Caminaba por los pasillos con una sonrisa en el rostro, saludando alegremente a varios amigos y compañeros con los que se cruzaba en el camino.
De vez en cuando, se acercaba a las ventanas por simple curiosidad, echando un vistazo al exterior. Desde allí podía observar a los estudiantes participando en sus respectivos clubes: algunas chicas entrenaban tenis o natación, mientras que varios chicos practicaban básquetbol y béisbol.
También había otros clubes, aunque ninguno despertaba particularmente su interés.
Decidió continuar con su camino. Su cabello negro, con dos trenzas largas de puntas azules, se mecía suavemente con cada paso. Sus ojos de un llamativo color aguamarina brillaban al recibir los reflejos de la luz solar que entraba por las ventanas.
Su complexión era delgada y su estatura bastante baja para un chico de su edad; apenas medía ciento cincuenta y ocho centímetros. Sumado a su rostro delicado y ligeramente afeminado, poseía una belleza natural que despertaba la envidia de muchas de las chicas de la escuela, quienes deseaban tener un aspecto tan atractivo como el suyo.
Mientras bajaba por las escaleras, algo llamó su atención.
Una de sus cejas se alzó ligeramente.
Allí estaba su mejor amigo.
Se encontraba escondido detrás de una pared, asomándose con cautela mientras observaba algo —o a alguien— en el pasillo. La posición en la que estaba resultaba tan sospechosa que Aoto no pudo evitar sentir curiosidad.
Tomó una respiración profunda y decidió acercarse lentamente, procurando hacer el menor ruido posible.
Cuando estuvo detrás de él, también pudo apreciar su complexión delgada y su baja estatura. Después de todo, ambos medían exactamente lo mismo desde el chequeo físico realizado una semana atrás.
Aoto observó durante unos segundos el cabello azul oscuro de su amigo. Lo llevaba con un corte estilo tazón, cuyas puntas se sacudían ligeramente cada vez que se asomaba para mirar el pasillo y volvía a esconderse.
Una sonrisa traviesa apareció en el rostro de Aoto.
—¡Bu!
—¡Ah!
La persona que se encontraba escondida dio un sobresalto ante aquella voz repentina que había sonado prácticamente junto a su oído. Para empeorar las cosas, Aoto había colocado ambas manos sobre sus hombros en el mismo instante.
Los ojos de un profundo azul oscuro se abrieron de par en par por el susto. Sin embargo, poco después, su expresión se relajó al reconocer a la persona que acababa de asustarlo.
—¡Venti! ¡¿Por qué me asustaste?!
—¡Jajaja!
Aoto —o «Venti», como lo llamaban sus amigos más cercanos debido a su parecido con cierto personaje de un videojuego— se llevó una mano al estómago mientras se reía al ver la expresión de su mejor amigo.
—¡Tu cara fue demasiado graciosa! ¡Deberías haberla visto, Riku!
Kurogane Riku, o «Scaramouche», como Aoto solía llamarlo en aquellas ocasiones en las que hacía cosplay de cierto personaje de videojuego, frunció el ceño.
—Tch... Explícame por qué hiciste eso.
Aoto soltó una última carcajada antes de recuperar la compostura.
—Te estabas comportando de forma sospechosa, escondiéndote detrás de la pared. Así que pensé que sería divertido gastarte una pequeña broma.
Se inclinó ligeramente hacia un lado para intentar ver el pasillo.
—Pero, en serio, ¿qué estás mirando?
Riku finalmente se calmó y se apartó un poco, permitiéndole a Aoto observar desde la misma posición en la que había estado escondido.
Aoto entrecerró los ojos con curiosidad.
—¿Mm? ¿Estás mirando a tu nii-san mientras te escondes de una forma tan sospechosa?
—No solo estoy mirando a mi hermano. También estoy observando a la chica con la que está hablando.
Aoto dirigió la mirada hacia donde Riku señalaba.
Frente a su hermano mayor se encontraba una hermosa chica de cabello largo y plateado, adornado con un mechón morado y un peculiar flequillo trenzado que enmarcaba su rostro. Sus ojos eran de un intenso color amarillo, destacando incluso a la distancia.

Su cuerpo era delgado y tenía unas proporciones que llamaban fácilmente la atención. A simple vista, Aoto calculó que no debía medir mucho más de ciento sesenta y cinco centímetros.
No podía negarlo.
Era realmente hermosa.
Sin embargo, tampoco podía ignorar lo apuesto que era el hermano mayor de Riku. Si ambos llegaran a convertirse en pareja, sin duda serían una de las parejas más llamativas de la escuela. Después de todo, los dos eran extremadamente atractivos.
—Oh... Así que hablas de la chica que se parece a la VTuber «La+ Darkness».
—Sí. Es nuestra senpai y, además, compañera de la misma clase de nii-san.
Aoto arqueó una ceja con curiosidad.
—Vaya. Entonces esto se pone interesante.
Sin querer perderse nada, ambos se escondieron nuevamente detrás de la pared. Desde allí podían escuchar la conversación sin ser descubiertos.
La voz de la chica llegó hasta ellos.
—Renji-kun... me gustas... y me haría feliz si te convirtieras en mi novio... si es que tú quieres.
Los ojos de Aoto y Riku se abrieron de par en par.
Acababan de presenciar una confesión.
Aoto giró lentamente la cabeza hacia su amigo, quien permanecía inmóvil, procesando lo que acababan de escuchar.
—Dime, Riku... Tu nii-san nunca ha tenido novia, ¿cierto?
—Que yo sepa, no —respondió Riku después de pensarlo durante unos segundos—. Al menos, que haya tenido una y decidió mantenerlo en secreto.
Hizo una pequeña pausa y volvió a mirar hacia su hermano.
—Puede ser posible que haya tenido una y simplemente decidiera mantener su relación en secreto.
Aoto volvió la mirada hacia la pareja que se encontraba al otro lado del pasillo.
Una sonrisa traviesa comenzó a aparecer en su rostro.
—Entonces estamos presenciando un momento histórico.
Riku lo miró de reojo.
—No empieces.
—¿Qué? ¡Es emocionante!
—Precisamente por eso sé que vas a hacer alguna estupidez.
Aoto se llevó un dedo a los labios, conteniendo una risita.
—Yo jamás haría algo así.
Riku lo observó en silencio.
—...
—Bueno... casi nunca.
Riku entrecerró los ojos.
—Esa sonrisa me preocupa.
—¿Qué sonrisa?
—La que tienes ahora mismo.
Aoto se llevó una mano al pecho con fingida inocencia.
—¿Cómo puedes desconfiar tanto de tu mejor amigo?
—Porque te conozco desde hace años.
—Eso no significa que vaya a hacer algo.
—Precisamente porque te conozco desde hace años sé que vas a hacer algo.
Aoto infló ligeramente las mejillas.
—Qué poca fe me tienes...
Sin embargo, apenas unos segundos después, volvió a asomarse.
Riku intentó detenerlo sujetándolo por la parte posterior del uniforme.
—¡Oye! ¿Qué haces?
—Quiero escuchar qué responde.
—¡No puedes hacer eso!
—¿Por qué no?
—Porque es una conversación privada.
Aoto se quedó pensativo.
—Tienes razón.
Riku soltó el aire, aliviado.
—Por fin dices algo sensato.
—Por eso voy a acercarme un poquito más.
—¡¿Qué?!
Antes de que Riku pudiera detenerlo, Aoto avanzó sigilosamente hasta quedar a unos cuantos metros de la pareja.
Riku se llevó una mano al rostro.
—Sabía que esto iba a pasar...
Aoto, completamente concentrado, intentó agudizar el oído.
—Vamos, Renji... Di que sí...
—¿Qué estás haciendo?
Una voz femenina sonó justo detrás de ellos.
Aoto se quedó completamente inmóvil.
Riku también.
Ambos intercambiaron una mirada.
Muy lentamente, giraron la cabeza.
Una estudiante de cabello oscuro los observaba con una expresión de absoluta confusión.
—¿Por qué están escondidos detrás de esa columna?
—...
—...
Aoto levantó lentamente un dedo.
—Estamos...
Miró a Riku.
Riku lo miró de vuelta.
Ninguno parecía tener una respuesta convincente.
—...inspeccionando el edificio.
La chica parpadeó.
—¿Inspeccionando?
—Sí.
Aoto asintió con absoluta seriedad.
—Es una actividad muy importante.
Riku cerró los ojos.
—No puedo creer que hayas dicho eso.
—¡Cállate!
La chica los observó durante unos segundos antes de mirar hacia el lugar donde Renji y la senpai continuaban hablando.
Su expresión cambió inmediatamente.
—Ah...
Pareció comprenderlo todo.
—Estaban espiando a Kurogane-senpai.
—¡No estábamos espiando!
Riku respondió demasiado rápido.
La chica arqueó una ceja.
—Entonces, ¿qué estaban haciendo?
—...
Riku guardó silencio.
Aoto, en cambio, sonrió.
—Observación científica.
—Venti...
—¿Qué?
—Deja de empeorarlo.
La estudiante soltó una pequeña risa.
—Ustedes dos son bastante extraños.
Aoto sonrió.
—Gracias.
—No era un cumplido.
—Lo tomaré como uno.
Antes de que la conversación pudiera continuar, una voz masculina llegó desde el otro extremo del pasillo.
—¿Riku?
Los tres se congelaron.
Aoto abrió lentamente los ojos.
Riku palideció.
Al otro lado del pasillo, Renji los estaba observando.
Y junto a él se encontraba la senpai que acababa de confesarle sus sentimientos.
—¿Qué están haciendo ustedes dos ahí?
Riku tragó saliva.
Aoto levantó una mano y saludó con una sonrisa.
—¡Hola, nii-san!
Renji entrecerró los ojos.
—Riku.
—No fui yo.
—Todavía no he dicho nada.
—Pero sé lo que estás pensando.
Renji suspiró.
Luego dirigió su atención hacia Aoto.
—Y tú debes ser Venti.
—¡Exactamente!
Aoto sonrió con orgullo.
Riku se llevó una mano al rostro.
—Por favor, no le sigas el juego...
La senpai, que hasta entonces había permanecido en silencio, observó a Aoto con cierta curiosidad.
Sus ojos amarillos se detuvieron en las largas trenzas negras con puntas azules.
—¿Tú eres Kazehaya-kun?
Aoto parpadeó.
—¿Me conoces?
—He escuchado hablar de ti.
—¿En serio?
—Sí.
La chica sonrió ligeramente.
—Dicen que eres bastante popular entre las chicas de primer año.
Aoto quedó en silencio durante un instante.
Luego señaló su propio rostro.
—¿Popular?
Riku soltó una pequeña risa.
—No te hagas el sorprendido.
—¡Pero yo no hago nada!
—Ese es precisamente el problema.
La senpai dejó escapar una suave carcajada.
Por primera vez desde que había comenzado aquella conversación, su expresión parecía mucho más relajada.
Sin embargo, Renji continuaba mirando a su hermano menor con evidente sospecha.
—Riku.
—¿Sí?
—¿Cuánto tiempo llevan ahí?
Riku apartó la mirada.
—...
—Riku.
—Unos minutos.
—¿Unos minutos?
Aoto levantó una mano.
—Para ser exactos, fueron siete minutos y treinta y cuatro segundos.
Riku lo miró horrorizado.
—¡¿Por qué sabes cuánto tiempo llevamos?!
—Tengo buena memoria.
Renji suspiró profundamente.
—No quiero saberlo.
La chica de cabello plateado volvió a reír.
—Son realmente buenos amigos, ¿verdad?
Aoto miró a Riku.
Riku hizo lo mismo.
Durante unos segundos, ninguno dijo nada.
Finalmente, Aoto sonrió.
—Sí.
Riku apartó la mirada con una expresión ligeramente avergonzada.
—Supongo.
Renji observó a ambos y negó con la cabeza.
—En fin... ya que están aquí, será mejor que sepan algo.
Su expresión cambió.
Aoto dejó de sonreír.
Riku también prestó atención.
Renji miró primero a su hermano y después a Aoto.
—Ella y yo tenemos algo que contarles.
La chica de cabello plateado se sonrojó ligeramente.
Aoto abrió los ojos.
—¿No me digas que...?
Renji suspiró.
—Sí.
Hizo una breve pausa.
—Acepté salir con ella.
Minutos antes…
El rostro de Renji experimentó un ligero cambio al escuchar la confesión de su compañera de clase.
La observó con calma durante unos segundos.
No era la primera vez que una chica se confesaba y le proponía iniciar una relación romántica. De hecho, había perdido la cuenta de cuántas veces había recibido ese tipo de confesiones desde que ingresó a la preparatoria.
Y todas habían terminado de la misma manera.
Las había rechazado.
No porque las considerara poco atractivas, ni porque tuviera algún interés romántico en otra persona.
La razón era mucho más simple.
Renji tenía un defecto.
Uno que consideraba demasiado grande como para ignorarlo.
—Si soy sincero... no puedo aceptar esto.
El semblante de la chica cambió de inmediato.
La ilusión que había mostrado momentos atrás desapareció poco a poco, siendo reemplazada por una expresión de tristeza.
Aun así, reunió el valor suficiente para preguntar:
—¿Hay alguna razón en particular?
Renji apoyó la espalda contra la pared y desvió la mirada hacia el campo de la preparatoria.
Durante unos instantes permaneció en silencio, pensando cuidadosamente en cómo responder.
—Mm... Sí la hay.
Hizo una breve pausa.
—Y es una razón bastante importante.
—¿Cuál...?
La voz de la chica se volvió cada vez más baja.
Renji notó que ella comenzaba a bajar la mirada, por lo que habló nuevamente.
—No bajes la cabeza.
Ella levantó lentamente el rostro.
Renji la observó con una expresión tranquila.
—El problema no eres tú. Soy yo.
Sus manos desaparecieron dentro de los bolsillos de su pantalón.
—Tengo un defecto bastante grande. Uno que, hasta ahora, no he sido capaz de corregir.
La chica permaneció en silencio.
Intentaba comprender a qué se refería.
—Si es algo así... —murmuró finalmente—, puedo ayudarte.
Renji levantó ligeramente una ceja.
—¿Ayudarme?
—Sí.
Ella reunió valor y dio un pequeño paso hacia él.
—Podemos salir juntos. Quizá... quizá estar en una relación te ayude a superarlo.
Renji no respondió inmediatamente.
Su mirada volvió a dirigirse hacia el campo.
Sabía que aquello no tenía ninguna garantía.
Salir con ella no significaba que aquel defecto desaparecería de repente. Tampoco podía asegurar que una relación romántica fuera suficiente para cambiar algo que llevaba tanto tiempo formando parte de él.
Sin embargo...
Intentarlo tampoco parecía una mala idea.
Después de todo, ¿qué podía perder?
Renji volvió a mirarla.
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.

Era una sonrisa tranquila, pero lo suficientemente atractiva como para hacer que el rostro de la chica se iluminara con un destello de esperanza.
—Está bien.
Ella abrió ligeramente los ojos.
—¿Eh?
—Aceptaré.
Renji hizo una pequeña pausa antes de continuar.
—Podemos intentar tener una relación.
La expresión de la chica cambió por completo.
—¡¿De verdad?!
—Sí.
Renji soltó una pequeña risa.
—Aunque no quiero darte falsas expectativas. No estoy seguro de que esto vaya a ayudarme a solucionar el defecto que tengo.
Ella negó rápidamente con la cabeza.
—¡No importa!
Sus ojos brillaban de determinación.
—¡Haré todo lo posible para ayudarte! Si hay algo que te está deteniendo, quiero estar a tu lado hasta que puedas superarlo.
Renji la observó durante unos segundos.
La determinación en sus palabras resultaba bastante inesperada.
Finalmente, dejó escapar un suave suspiro.
—Ja, ja... eres bastante divertida, Suzune-san.
La reacción fue inmediata.
El rostro de la chica adquirió un intenso tono rojizo.
—Re... Renji-kun...
Al parecer, escuchar su nombre de pila en boca de Renji había sido suficiente para ponerla nerviosa.
Él sonrió ligeramente.
—Ya que estamos avanzando, ¿quieres que caminemos juntos?
Suzune levantó la mirada.
Una sonrisa brillante apareció en su rostro.
—¡Sí!
Ambos comenzaron a caminar uno al lado del otro por el pasillo.
Aunque todavía resultaba extraño pensar que acababan de convertirse en pareja, Suzune parecía estar disfrutando enormemente aquel momento.
Renji, por su parte, caminaba tranquilamente mientras reflexionaba sobre lo que acababa de hacer.
Quizá aquella decisión no cambiaría nada.
Quizá su defecto continuaría siendo exactamente el mismo.
Pero, por primera vez en mucho tiempo, había decidido darle una oportunidad a algo que normalmente habría rechazado sin pensarlo demasiado.
Sin embargo, cuando estaban a punto de llegar a las escaleras, Renji se detuvo.
—¿Hm?
Suzune también se detuvo y siguió la dirección de su mirada.
Allí había tres estudiantes.
O, para ser más precisos...
Dos estudiantes que conocía perfectamente y una chica a la que nunca había visto antes.
Renji entrecerró ligeramente los ojos.
—¿Riku...?
Su hermano menor se encontraba junto a su mejor amigo, Kazehaya Aoto.
Ambos parecían haber sido descubiertos haciendo algo sospechoso.
Y, para sorpresa de Renji, estaban acompañados por otra estudiante.
—¿Qué hacen esos dos?
Suzune inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Los conoces?
—El de cabello azul es mi hermano menor.
Renji suspiró.
—Y el otro es su mejor amigo.
Como si hubiera sentido la mirada de su hermano, Riku giró lentamente la cabeza.
Sus ojos se encontraron con los de Renji.
Silencio.
Riku se quedó completamente inmóvil.
Aoto, por otro lado, levantó una mano con una sonrisa nerviosa.
—¡Hola, nii-san!
Renji cerró los ojos durante un instante.
Ahora entendía perfectamente lo que había ocurrido.
Su hermano menor y su mejor amigo probablemente habían estado escuchando la conversación desde algún momento.
—Riku...
—No fui yo.
La respuesta salió demasiado rápido.
Renji arqueó una ceja.
—Ni siquiera te he acusado.
—Pero estabas a punto de hacerlo.
Aoto soltó una pequeña risa.
—Tu hermano te conoce bastante bien.
—Tú cállate, Venti.
—¡¿Por qué yo?!
Suzune observó la escena con cierta sorpresa.
Luego volvió a mirar a Renji.
—¿Son amigos?
—El chico de cabello negro es el mejor amigo de mi hermano.
Renji hizo una pequeña pausa.
Después miró a Suzune.
—Y parece que ahora tendremos que explicarles algo.
Suzune parpadeó.
—¿Explicarles?
Renji asintió.
—Sí.
Miró nuevamente a Riku.
—Riku, ella es Suzune.
El menor observó a ambos con una expresión de sorpresa.
Renji continuó:
—Y... acabamos de empezar a salir.
Los ojos de Riku se abrieron de par en par.
—¡¿Qué?!
Aoto también quedó completamente sorprendido.
—¡¿En serio?!
Suzune se sonrojó profundamente.
Renji, en cambio, mantuvo una expresión tranquila.
—Sí.
Riku permaneció en silencio durante unos segundos.
Entonces miró a su hermano.
Después a Suzune.
Y finalmente volvió a mirar a Aoto.
Aoto tenía una sonrisa enorme en el rostro.
Riku supo inmediatamente que aquello iba a convertirse en un problema.
—Venti...
—¿Sí?
—No digas nada.
Aoto sonrió todavía más.
—No iba a decir nada.
Riku entrecerró los ojos.
—Te conozco.
—Bueno...
Aoto se llevó una mano al mentón.
—Quizá solamente iba a decir que este sí que es un momento histórico.
—¡Te dije que no dijeras nada!








