La carta de Verona
No supe cuánto tiempo pasó, pero de pronto la fría madrugada de Leeds se disolvió y me encontré inmerso en un paisaje sumamente soleado. Nos encontrábamos frente a una imponente pared de piedra antigua, completamente tapizada de cartas redactadas a mano. Y ahí, de pie frente al muro, se encontraba la figura de Susan.
Vestía un diseño rosado idéntico al de las protagonistas de la película y calzaba zapatillas blancas impecables. Su cabellera castaña ondeaba suavemente bajo el influjo de la brisa primaveral. Sostenía una pluma estilográfica en los dedos, escribiendo trazos minuciosos sobre un fragmento de papel.
—¿Qué haces? —Me aproximé con cautela para no romper la armonía del entorno.
—Escribo cartas. —Respondió, manteniendo la vista fija en el papel, sin mirarme—. Como en la película.
—¿Y para quién? —Intenté estirar el cuello de forma sigilosa para descifrar el contenido del manuscrito.
—Para Julieta. Dicen que ella siempre leerá a quien escribe; no seré ignorada. Seré leída por ella.
Me dedicó una sonrisa resplandeciente. Conservaba los rasgos de siempre, pero lucía muchísimo más vívida al tenerla frente a mí, como si el mismísimo sol la hubiera seleccionado a ella para iluminarla con exclusividad. Sus ojos cafés podía observarlos con más detenimiento. Acto seguido, dobló el papel en cuatro pliegues perfectos, asegurándose de que yo no pudiera examinar el mensaje.
—Te ayudo a colgarla. —Extendí las manos y ella me confió el documento.
—Con cuidado. No dañes las de otras chicas —pidió en un susurro.
Acomodé el papel entre las grietas de la piedra con extrema delicadeza. Pero antes de que pudiera volver la cabeza para mirar a Susan, el estruendo ensordecedor de una alarma perforó la escena de golpe.
¡RING! ¡RING! ¡RING!
Abrí los ojos de par en par, incorporándome en el colchón. La densa oscuridad de mi habitación en Leeds me devolvió a la realidad en un segundo. La pantalla del celular parpadeaba insistentemente. Las 5:00 a.m. Concentración y entrenamiento.
Respiré hondo para calmar las pulsaciones. Todo había constituido un simple juego de mi mente, pero la nítida imagen de ella redactando cartas mientras yo la ayudaba contra el muro de piedra se quedó perfectamente grabada en mi memoria.
📢 Nota de la autora: Este relato es un extracto exclusivo de mi novela principal: «Entre páginas y balones». La historia completa ya está disponible en mi perfil de autora. ¡Te espero allá!




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