Capítulo 1
Los pasillos de la empresa central de Jeon Group parecían pertenecer a otro mundo
Todo allí hablaba de dinero, poder y prestigio. Las paredes de cristal reflejaban los trajes impecables de los ejecutivos que iban y venían con carpetas bajo el brazo, mientras asistentes perfectamente vestidos caminaban deprisa, atendiendo llamadas y siguiendo las órdenes de sus superiores
En lo más alto de aquella enorme estructura empresarial estaba Jeon Jungkook, el millonario que había convertido su apellido en un imperio y precisamente allí era donde Park Jimin quería entrar
No como invitado, no como el amigo de alguien y mucho menos gracias a Amanda Jeon, la esposa de Jungkook
Jimin podría haber recurrido a ella, claro que sí, después de todo, Amanda había sido su desagradable mejor amiga de colegio y ahora tenía acceso directo al hombre más poderoso de aquella compañía. Una simple llamada suya habría bastado para conseguirle una entrevista, una recomendación o incluso un puesto
Pero Jimin no quería eso, quería entrar por sus propios medios, quería poder mirar a cualquiera a los ojos y decir que aquel lugar se lo había ganado él
—Señor Park
Jimin levantó la mirada y una de las asistentes estaba frente a él
—¿Sí?
—Puede pasar
—Gracias
Jimin le dedicó una sonrisa amable, una sonrisa que desapareció apenas la mujer se alejó. Respiró profundamente y continuó caminando
A cada paso podía verse reflejado en las enormes puertas de cristal de las oficinas. Su ropa estaba perfectamente acomodada, su cabello, impecable, su figura estilizada se marcaba bajo el traje elegido cuidadosamente aquella mañana
Se detuvo durante unos segundos frente a uno de los cristales, se observó y giró ligeramente el rostro. Luego sonrió para sí mismo, Jimin sabía perfectamente lo que tenía, belleza, seguridad, constancia y sobre todo, una capacidad extraordinaria para conseguir que las personas lo recordarán
No necesitaba fingir ser alguien que no era
Simplemente sabía utilizar aquello que la vida le había dado, acomodó el cuello de su camisa y siguió avanzando, el departamento de Recursos Humanos estaba al final del pasillo. Allí se decidiría su futuro
Al entrar, una mujer de mediana edad levantó la mirada desde su escritorio
—¿Park Jimin?
—El mismo
—Tenemos su documentación. Puede sentarse
—Muchas gracias
Jimin tomó asiento y sobre la mesa había varias carpetas, decenas de candidatos competían por los mismos puestos que él. Jimin observó los documentos con discreción
Había personas con títulos impresionantes, experiencia internacional y recomendaciones de grandes compañías, por un instante sintió que el peso de aquella competencia caía sobre sus hombros
Pero solamente por un instante, porque Jimin no había llegado hasta allí para rendirse. La mujer de Recursos Humanos comenzó a hacerle preguntas
—¿Por qué quiere trabajar en Jeon Group?
Jimin sostuvo su mirada
—Porque quiero demostrarme a mí mismo que puedo conseguir un lugar aquí sin que nadie me lo regale
La mujer arqueó ligeramente una ceja
—¿Tiene algún conocido dentro de la empresa?
Jimin pensó inmediatamente en Amanda, su mejor amiga, la mujer que podría abrirle aquella puerta con una sola llamada. Pero negó con la cabeza
—No, por supuesto que no
Aquella respuesta pareció llamar la atención de la entrevistadora
—¿Está seguro?
—Completamente
Jimin cruzó las manos sobre sus piernas
—Si consigo el puesto, quiero saber que fue porque lo merecía
Por primera vez desde que había entrado, la mujer sonrió
—Entonces hablemos de lo que usted puede ofrecerle a la empresa
Y Jimin habló, habló de su experiencia, de sus capacidades, de los proyectos que había realizado y de todo aquello que había aprendido cuando nadie estaba dispuesto a ayudarlo
No intentó parecer perfecto, demostró que estaba preparado y cuando finalmente terminó la entrevista, se puso de pie
—Gracias por su tiempo
—Nosotros nos pondremos en contacto con usted, señor Park
Jimin asintió
—Esperaré su llamada
Salió de la oficina y una vez que las puertas de cristal se cerraron detrás de él, volvió a encontrarse con su reflejo. Esta vez no sonrió, se quedó observándose durante unos segundos
Había llegado hasta allí y aunque todavía no sabía si conseguiría el puesto, había algo que sí tenía claro. Park Jimin no quería que nadie dijera que había entrado a Jeon Group gracias a Amanda Jeon
Quería entrar porque era Jimin, porque había luchado, porque había insistido, porque, cuando todos los demás dudaban de él, él había seguido caminando y mientras avanzaba nuevamente por aquellos largos pasillos, sin saber que alguien desde una de las oficinas del piso superior acababa de reparar en él, Jimin pensó una última cosa
No importaba cuánto tuviera que esforzarse, entraría y una vez dentro, demostraría que Park Jimin no era alguien que pudiera ser ignorado
(...)
Desde el último piso de Jeon Group, Jungkook podía verlo todo
Su oficina ocupaba prácticamente todo un extremo del edificio. Desde allí tenía una vista privilegiada de los pasillos principales, de las oficinas de sus ejecutivos y de la entrada donde cada día decenas de personas llegaban buscando una oportunidad
Normalmente no le interesaban que los nuevos candidatos iban y venían
Para Jungkook eran solamente nombres sobre una carpeta que Recursos Humanos terminaba colocando sobre su escritorio cuando necesitaba tomar una decisión
Pero aquella tarde algo cambió
Jungkook estaba de pie frente al enorme ventanal cuando su mirada descendió accidentalmente hacia uno de los pasillos y entonces lo vio. Un hombre caminaba lentamente mientras revisaba algunos documentos que llevaba entre las manos
Traje oscuro, cabello cuidadosamente arreglado, una figura delgada y elegante. Pero fue su rostro lo que consiguió detener la mirada de Jungkook
—¿Quién demonios es...?
No terminó la frase
Jimin se detuvo frente a una puerta de cristal y, sin saber que alguien lo observaba desde varios pisos arriba, utilizó el reflejo para arreglarse el cabello. Jungkook lo miró fijamente, no era simplemente atractivo, había algo en aquel hombre que resultaba difícil de ignorar
Una belleza delicada, pero al mismo tiempo provocadora
Sus facciones parecían demasiado perfectas para pertenecer a alguien que acababa de entrar a una entrevista de trabajo, Jungkook permaneció inmóvil, Jimin volvió a caminar y sin entender por qué, Jungkook siguió sus movimientos hasta que desapareció detrás de las puertas de Recursos Humanos
—¿Quién era él?
La pregunta salió de sus labios casi en un susurro, presionó el botón del teléfono
—¿Sí, señor Jeon? —respondió su asistente
—El candidato que acaba de entrar a Recursos Humanos
—¿Se refiere al señor Park?
Jungkook se quedó callado, Park, el nombre quedó grabado en su cabeza
—Quiero su expediente cuando termine la entrevista
—Claro, señor
La llamada terminó y Jungkook volvió a mirar hacia el pasillo vacío, no sabía absolutamente nada de aquel hombre, no sabía de dónde venía, no sabía qué quería, no sabía siquiera si conseguiría el puesto
Pero había algo que Jungkook todavía no comprendía
Aquel rostro que había visto durante unos cuantos segundos terminaría convirtiéndose en una obsesión y aquella fascinación aparentemente inocente sería, con el tiempo, su mayor perdición
(...)
Horas después, en la casa de los Jeon... Amanda estaba sentada en la sala revisando unos documentos cuando recibió una llamada
—¿Jimin?
Su rostro cambió inmediatamente
—¡Hace cuánto no sé de ti!
Escuchó durante unos segundos y después abrió los ojos sorprendida
—¿Qué?
Se incorporó del sofá
—¿Estás intentando entrar a Jeon Group?
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro, Amanda conocía a Jimin desde hacía años, para ella no era simplemente un antiguo compañero de colegio. Era como un hermano
Habían pasado demasiadas cosas juntos y, aunque sus vidas habían tomado caminos completamente diferentes, Amanda jamás había dejado de preocuparse por él
—¿Y por qué no me dijiste nada?
Jimin respondió algo al otro lado de la línea. Amanda soltó una pequeña risa
—Ya sé que quieres hacerlo por tus propios medios —se quedó pensativa —Pero eso no significa que no pueda ayudarte un poquito
Jimin inmediatamente pareció protestar
—No, no, no. No voy a conseguirte un puesto directamente —dijo Amanda— Te conozco demasiado bien. Si haces algo, quieres sentir que lo ganaste tú
Sonrió
—Pero puedo asegurarme de que tu expediente llegue a las manos correctas
Jimin volvió a hablar, Amanda negó con la cabeza
—No tienes que saberlo —la sonrisa de Amanda se volvió traviesa —Déjamelo a mí
Cuando terminó la llamada, dejó el teléfono sobre la mesa, no tenía ninguna mala intención, para Amanda, aquello era simplemente ayudar a alguien que quería como un hermano
Se levantó y caminó hacia el despacho de su esposo, pero se detuvo antes de entrar, Jungkook todavía no había regresado, Amanda miró hacia el enorme despacho y sonrió. No podía imaginar que aquella pequeña ayuda cambiaría completamente su vida
Porque Amanda pensaba que estaba ayudando a Jimin a entrar en la empresa de su esposo
No sabía que estaba abriendo la puerta de su propia casa para alguien que terminaría ocupando un lugar demasiado importante en la vida de Jungkook
Y mucho menos imaginaba que el hombre al que quería como un hermano terminaría convirtiéndose, sin proponérselo al principio, en la persona que pondría su matrimonio al borde del abismo
(...)
Esa misma noche, Jungkook llegó a casa dejó el saco sobre una silla y aflojó ligeramente la corbata. Amanda apareció desde la sala
—Llegaste temprano
—Tenía trabajo pendiente
Amanda sonrió
—¿Mucho?
Jungkook la miró distraídamente
—Un poco
Amanda no mencionó a Park Jimin, Jungkook no mencionó que aquella belleza que llevaba horas apareciendo en su cabeza, no mencionó que había pedido su expediente, tampoco mencionó que, por primera vez en mucho tiempo, un candidato había conseguido despertar su curiosidad
Amanda tampoco dijo nada que ella guardaba su propio secreto
—¿Cómo estuvo tu día? —preguntó
Jungkook caminó hacia ella
—Normal
Amanda sonrió
—El mío también
Se abrazaron y durante aquel instante ninguno de los dos sabía que estaban parados frente al comienzo de algo que ninguno había elegido, un final, Amanda había abierto una puerta creyendo que hacía un favor y Jungkook había mirado a un desconocido creyendo que solamente era curiosidad
Y Jimin todavía pensaba que al día siguiente únicamente tendría que esperar una llamada de Recursos Humanos. Ninguno sabía que sus vidas ya habían comenzado a cruzarse y que, cuando finalmente lo comprendieran, quizá sería demasiado tarde para volver atrás