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Vino y Cenizas

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Sinopsis

Tras abandonar el hogar de su familia, Venedic solo tiene una prioridad: mantener con vida a la única persona que nunca le dio la espalda, su abuela. Entre clases, trabajos mal pagados y deudas que no dejan de crecer, cada día se convierte en una lucha por llegar al siguiente. Pero una sola noche basta para cambiarlo todo. Una misión termina peor de lo esperado. Acorralado y sin otra alternativa para escapar, Venedic besa al hombre que lo había capturado. Consigue huir. Pero durante ese breve instante, el desconocido obtiene algo mucho más valioso que un simple rostro: una muestra de su sangre. ¿Pero cómo? Ahora alguien puede encontrarlo cuando quiera. El único error que jamás debía cometer terminó convirtiéndose en su única forma de sobrevivir. Porque escapar... ya no será suficiente. Hay alguien que ha decidido no dejarlo ir.

Genero:
Fantasy
Autor/a:
Ravden
Estado:
hace 2 días
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Una muestra de sangre

CAPÍTULO 1

Domingo 9:13 p. m.

Empresa At & Zyni


—Srta. Mehss, tranquila. Yo puedo terminar el correo.

El vampiro permanecía sentado frente al escritorio, revisando los archivos que habían sido entregados aquella mañana. Aún quedaban varios documentos por analizar. El proyecto que llevaba desarrollando desde hacía meses estaba a punto de concluir; sin embargo, mientras más se acercaba a una respuesta concreta, más complejo resultaba encontrar la pieza que faltaba.

La taza de té que descansaba junto al ordenador llevaba varios minutos fría. Había olvidado beberla. Cada vez que se concentraba en el trabajo, el tiempo dejaba de importar.

—Uh… Señor Schwarzenfeld, no puedo hacer eso. Debería irme hasta que usted lo haga.

—Bueno… Entonces necesito que me traigas el porcentaje actualizado de las proyecciones financieras del tercer trimestre.

—Sí, señor. ¿Le gustaría un café?

—Sí. —respondió sin apartar la vista de los documentos que descansaban sobre el escritorio contiguo.

Unos segundos después giró levemente el cuello para aliviar la molestia que lo acompañaba desde hacía varios días. Sin detenerse demasiado, volvió a concentrarse en el informe.

10:23 p. m.

Durante el día, el edificio permanecía lleno de empleados que recorrían constantemente sus amplios pasillos. Sin embargo, a esas horas de la noche, el lugar parecía completamente distinto.

Los largos pasillos grises contrastaban con el brillo del suelo de mármol blanco. Cada ciertos metros, una planta decorativa rompía la monotonía del lugar, mientras las luces del exterior se reflejaban en los enormes ventanales. El silencio era tan profundo que cualquier sonido parecía recorrer todo el edificio.

En medio de aquella tranquilidad, la señorita Violet caminaba hacia la secretaría para recoger la documentación que su jefe le había solicitado.

Entonces...

Sintió que alguien la seguía.

Al principio creyó que era una simple impresión, pero un escalofrío recorrió lentamente su espalda.

—Mmmh… ¿Señor Schwarzenfeld?... ¿Es usted? —preguntó mientras se giraba lentamente.

No hubo respuesta. El pasillo permanecía vacío y completamente a oscuras. La mayoría de los trabajadores se habían retirado y eso hacía más desconfiable el lugar.

Solo se escuchaba el sonido de la ciudad y el viento que soplaba contra la ventanas del enorme lugar.

—Tal vez... solo sea mi imaginación... —murmuró antes de suspirar—. Será mejor que me apresure. Seguro el señor Schwarzenfeld sigue esperándome.

Aun así, la sensación de que alguien caminaba detrás de ella no desaparecía.

Continuó avanzando.

Tac…Tac...Tac...

El sonido de unos pasos parecía seguir el mismo ritmo que los suyos. De repente se detuvo. Silencio. Frunció ligeramente el ceño.

Volvió a caminar.

Tac...Tac...Tac...

Aquellos pasos regresaron. Esta vez estaba completamente segura de que no estaba sola.

Tomó aire lentamente, intentando reunir valor. La tensión era tan intensa que podía escuchar los latidos de su propio corazón.

Giró despacio la cabeza, recorriendo el pasillo con la mirada en busca de cualquier movimiento.

—¿Hay alguien ahí?... En serio, no estoy jugando. Por favor, salga.

Al no identificar nada sospechoso entonces miro hacia adelante. ¿Dónde estaba? ¿Qué era? ¿Quién era? Continuó avanzando por el pasillo, pero esta vez mas lento de lo normal. Entonces, en un rápido movimiento, una figura apareció detrás de ella. Un brazo rodeó su cuello mientras un pañuelo cubría su boca.

—¡Ah...! ¡Auxi...! ¡A-au... xi...!...

La secretaria no pudo reaccionar de inmediato y cedió a la fuerza del sujeto. Poco a poco su cuerpo perdió fuerza y cayó inconsciente.

—Shhh... —murmuró el desconocido mientras la sostenía para evitar que golpeara el suelo—. Yo tampoco estaba jugando.

La acomodó con cuidado contra la pared y comenzó a revisar los bolsillos de la secretaria.

—Veamos qué tenemos aquí...

Encontró una llave electrónica.

—Bingo.

Subió al siguiente piso por las escaleras, procurando no hacer ruido y evitando las zonas donde sabía que había cámaras de seguridad. Antes de cruzar el inmenso pasillo, observó cuidadosamente ambos lados.

Silencio.

Comenzó a caminar con rapidez.

Sus pasos no emitían el más mínimo sonido. Era evidente que había recibido entrenamiento para infiltrarse sin dejar rastro.

Al llegar a la zona principal volvió a detenerse.

No había nadie. Solo algunas luces permanecían encendidas para iluminar parcialmente el edificio. El resto estaba completamente vacío.

Primer objetivo.

Necesitaba conseguir una credencial con autorización para acceder a la oficina presidencial.

Después buscaría los documentos. Continuó avanzando.

—Mmmh...

Al final del pasillo encontró varias oficinas, todas tenían placas con diferentes apellidos. Frunció ligeramente el ceño.

—Genial... ¿Y ahora cuál de todas será?

Siguió recorriendo el piso. Después de subir un nivel más, finalmente encontró algo diferente al resto.

Una oficina ocupaba prácticamente todo el extremo del pasillo. Frente a ella había un escritorio independiente, debía pertenecer a la secretaria del presidente.

La puerta, fabricada en madera oscura, estaba acompañada por dos plantas decorativas en las esquinas. La iluminación cálida contrastaba con el silencio del edificio.

Antes de acercarse, recorrió el lugar con la mirada. No había nadie. Se aproximó lentamente al escritorio. Abrió el primer cajón, solo encontró documentos administrativos.

El segundo. Material de oficina. El tercero... Una tarjeta de acceso provisional.

Sonrió.

—Excelente...

La guardó cuidadosamente dentro de la chaqueta.

Le bastó una rápida mirada para memorizar la distribución de la oficina exterior: la distancia hasta las escaleras, las ventanas, los puntos ciegos y la ubicación de las cámaras.

Si algo salía mal, ya tenía planeada una ruta de escape.

Respiró profundamente.

Segundo objetivo.

Entrar a la oficina presidencial.

Se colocó frente al lector electrónico, acercó la tarjeta. Bip. La cerradura se desbloqueó y empujó lentamente la puerta.

La oficina era amplia, elegante y demasiado ordenada. A simple vista no había nada fuera de lugar.

Cerró la puerta con cuidado y se dirigió directamente hacia la biblioteca, donde varias cajas clasificadas por colores almacenaban documentos importantes.

—Veamos...

Sus dedos comenzaron a recorrer apresuradamente los archivadores.

—Si no recuerdo mal... era la amarilla... —frunció el ceño—. En serio, deberían organizar mejor estas oficinas.

Pasó una carpeta tras otra. Hasta que encontró el apellido que buscaba.

—Señor Valcour...

Sonrió.

—Bingo.

Sacó la carpeta.

—Ahora... ¿dónde estará la del señor Ruther?

Mientras rebuscaba entre los estantes, una voz rompió el silencio.

—¿Qué estás buscando?

El joven se quedó completamente inmóvil.

La voz provenía de detrás de él.

Carajo...

—Te hice una pregunta.

A unos metros de distancia, un hombre permanecía apoyado tranquilamente contra la pared, como si hubiera estado observándolo desde hacía varios minutos.

Vestía una camisa blanca con los primeros botones desabrochados, un pantalón de vestir azul marino y zapatos negros perfectamente lustrados. Sus manos descansaban dentro de los bolsillos, mientras una chaqueta oscura permanecía cuidadosamente doblada sobre el respaldo de una silla cercana.

Su cabello, largo hasta los hombros, caía en capas desordenadas alrededor del rostro, dándole un aspecto elegante sin perder autoridad. Era de un tono rojo vino oscuro, casi marrón bajo la tenue iluminación de la oficina.

Pero lo que más llamó la atención del menor fueron sus ojos. Negros. Pero había un rojo intenso que permanecía fijo sobre él en forma de una grieta sin mostrar la más mínima emoción.

No parecía sorprendido. Ni molesto. Solo lo observaba.

Como si ya supiera que alguien terminaría entrando en aquella oficina.

Era un vampiro puro.

—¿Acaso eres sordo?

Sin responder, Venedic giró sobre sus talones y se impulsó para escapar. Pero el vampiro reaccionó antes. Tomó una silla cercana y la lanzó con fuerza. El impacto alcanzó la pierna del menor.

—¡Agh...!

Venedic perdió el equilibrio y cayó de rodillas sobre el suelo de mármol.

El impacto hizo que apoyara una mano para no golpearse el rostro. La otra continuaba aferrada a la carpeta.

¡Mierda...!

Un dolor punzante recorrió toda su pierna, intentó ponerse de pie, pero no respondió. La rodilla temblaba y apenas soportaba su peso.

Cuando levantó la vista, el vampiro ya estaba frente a él. No había corrido. Simplemente había caminado con absoluta tranquilidad. Como si desde el principio hubiera sabido que no lograría escapar.

—¿Así que estabas robando información?

Sujetó al menor del cabello y lo obligó a levantar el rostro. El cuello de Venedic se tensó por la fuerza.

—A... agh...

Su respiración se volvió irregular.

El vampiro descendió lentamente la mirada hasta la carpeta que el menor seguía abrazando.

—Señor Valcour...

No…

No puedo soltarla.

Aprovechando que el mayor mantenía una sola mano ocupada sujetándolo, Venedic levantó rápidamente el brazo derecho. Sujetó con fuerza la muñeca del vampiro. Giró el cuerpo hacia un costado y, utilizando el impulso de todo su peso, lo empujó desde el hombro.

El mayor dio un paso hacia atrás, aunque no fue suficiente para derribarlo. fue suficiente para hacerlo perder el equilibrio. Ambos terminaron cayendo.

La espalda del vampiro golpeó primero el suelo. Venedic cayó de costado, sintiendo un fuerte impacto en el hombro.

La carpeta resbaló unos centímetros sobre el piso.

¡No!

Se lanzó inmediatamente hacia ella, apenas logró sujetarla…Sintió que algo atrapaba su tobillo. El vampiro, aún tendido en el suelo, había estirado el brazo.

Sus dedos rodeaban con firmeza el tobillo izquierdo del menor.

—¿Uh...?

Con un fuerte tirón…Venedic fue arrastrado varios centímetros sobre el mármol, su pecho golpeó el suelo, el aire escapó bruscamente de sus pulmones.

—¡Cof...!

Antes de que el mayor pudiera incorporarse por completo, Venedic dobló la pierna libre y lanzó una patada directa hacia su rostro.

El talón impactó contra la mejilla del desconocido. La cabeza del sujeto se desvió ligeramente hacia un lado, recibiendo el impacto. Esto ayudó a que el agarre se aflojara. Era la oportunidad.

Entonces Venedic recuperó la pierna y retrocedió rápidamente, arrastrándose hasta quedar junto a la biblioteca. Respiraba con dificultad. Podría acabar con esto rápido, pero…la rodilla seguía ardiendo.

Aun así, sostenía la carpeta con tanta fuerza que los nudillos habían perdido el color.

El desconocido se incorporó lentamente. Se llevó una mano a la mejilla donde había recibido la patada.

—Tienes bastante fuerza... —comentó el desconocido mientras se tocaba la mejilla.

Venedic seguía en el suelo, intentó levantarse apoyándose únicamente en la pierna sana, pero no alcanzó a hacerlo. El mayor dio un paso al frente y colocó el zapato exactamente sobre la rodilla lesionada.

No la aplastó de inmediato, primero apoyó el peso, luego comenzó a ejercer presión lentamente.

—¡Agh...!

Un dolor intenso atravesó toda la pierna del menor. La fuerza desapareció de inmediato.

Su cuerpo volvió a caer contra el suelo. Apretó los dientes con tanta fuerza que sintió dolor en la mandíbula. Los dedos seguían aferrados a la carpeta.

El vampiro inclinó apenas la cabeza al observar su reacción.

Una leve sonrisa apareció en sus labios.

—¿En serio duele? —preguntó el hombre con una pequeña sonrisa.

En cuanto el menor alcanzó una de las cajas de archivos que descansaban junto a la biblioteca, la sujetó con ambas manos y, haciendo un esfuerzo por el dolor de su pierna, la lanzó con todas sus fuerzas hacia el desconocido.

—¡Tch...!

El sujeto apenas alcanzó a cubrirse con el antebrazo. La caja impactó contra su hombro y cayó al suelo.

El golpe provocó que las demás cajas, apiladas una sobre otra, perdieran el equilibrio. Una tras otra comenzaron a desplomarse. Los archivadores se abrieron al chocar contra el mármol.

Decenas de documentos salieron despedidos y quedaron esparcidos por toda la oficina. Durante unos segundos solo se escuchó el sonido de las carpetas golpeando el suelo, el perfecto orden de la biblioteca había desaparecido.

El desconocido observó el desastre.

Lentamente se llevó una mano a la frente.

—En serio eres un dolor de cabeza…

Su voz seguía siendo tranquila. Pero aquella vez había un ligero tono de resignación.

Ordenar nuevamente aquellos archivos sería un trabajo interminable, cada caja contenía semanas de clasificación. Ahora todo estaba mezclado.

Venedic aprovechó aquel breve instante. Se lanzó hacia la carpeta que había venido a buscar y la sujetó con fuerza contra su pecho.

Solo necesito salir de aquí.

Intentó ponerse de pie, entonces la rodilla respondió con un intenso dolor. Apenas consiguió dar un paso en dirección hacia la ventana que estaba abierta.

Una mano sujetó con firmeza su muñeca.

—No.

La voz sonó justo detrás de él. Serena y firme.

—Aquí te quedas.

Venedic reaccionó por instinto. Giró el cuerpo y lanzó un golpe directo al rostro del vampiro.

Este lo esquivó apenas unos centímetros y atrapó su muñeca antes de que el golpe alcanzara su destino, el menor intentó golpear nuevamente con la otra mano.

También fue detenida.

En cuestión de segundos ambas muñecas quedaron inmovilizadas. El vampiro dio un paso al frente.

Empujó al menor contra la biblioteca.

La espalda de Venedic chocó contra el mueble de madera, varios libros vibraron por el impacto, sin darle oportunidad de reaccionar, el desconocido terminó derribándolo.

Los dos cayeron al suelo. El vampiro quedó encima de él, sujetaba ambas muñecas del menor con una sola mano sobre su cabeza.

Con la otra comenzó a acercarse lentamente al antifaz. Venedic comprendió inmediatamente sus intenciones, la desesperación ingresó y giró la cabeza hacia ambos lados una y otra vez.

El vampiro suspiró.

—¿De verdad quieres que te rompa la mandíbula?

Aun así, el menor siguió resistiéndose. Tras varios intentos...el desconocido logró retirar el antifaz.

El tiempo pareció detenerse, por un instante ninguno de los dos dijo una palabra. Los ojos rojos del mayor recorrieron lentamente el rostro del joven.

Una ligera sonrisa apareció en sus labios.

—Vaya...

Guardó unos segundos de silencio.

—Eres un vampiro de sombra negra.

Maldita sea...

¿¡Por qué no puedo moverme!?

Venedic apretó los dientes, el peso del vampiro sobre su cuerpo le impedía incorporarse, las muñecas seguían completamente sujetas. No tenía forma de escapar.

No puedo permitir que todo este trabajo haya sido en vano...

Espero no arrepentirme de esto.

Cerró los ojos apenas un instante, respiró hondo y tomó una decisión. Se inclinó hacia adelante con brusquedad.

Lo besó.

El desconocido abrió ligeramente los ojos. Durante un segundo pareció olvidarse por completo de la situación.

—¿Qué demonios...?

Una sonrisa divertida apareció lentamente en su rostro. Venedic aprovechó aquel instante de desconcierto y consiguió liberar una de sus manos.

Sujetó con firmeza el rostro del vampiro y volvió a besarlo, esta vez con mucha más decisión.

Para sorpresa del menor...el desconocido terminó correspondiéndole.

Lo sujetó por la cintura e invirtió las posiciones con facilidad. Ahora era Venedic quien permanecía debajo.

El beso apenas duró unos segundos.

Los suficientes.

Venedic apoyó ambas manos sobre el pecho del mayor y lo empujó con todas sus fuerzas. El vampiro retrocedió apenas un paso.

Era la oportunidad que necesitaba, recogió rápidamente la carpeta y corrió hacia la ventana. Ya con una pierna sobre el marco, giró apenas el rostro. Una sonrisa desafiante apareció en sus labios.

—Podrás ser guapo...

Hizo una breve pausa.

—Pero no eres mi tipo.

Y saltó.

El desconocido permaneció inmóvil durante unos segundos, todavía procesaba lo que acababa de ocurrir.

Finalmente caminó hasta la ventana.

Se apoyó en el marco y observó cómo aquella figura desaparecía entre los edificios iluminados por la ciudad.

Lentamente llevó dos dedos a sus labios.

Sonrió.

—Ja...

Bajó la mano.

—Haré que cambies de opinión.

Unos minutos después, unos pasos apresurados resonaron por el pasillo.

—¡Señor Schwarzenfeld! ¿Se encuentra bien? —preguntó la señorita Violet al entrar en la oficina, aún con la respiración agitada.

El vampiro permanecía de pie frente a la ventana, observando en silencio el lugar por donde aquella figura había desaparecido entre los edificios.

Llevó lentamente dos dedos hasta el costado de sus labios. Al retirarlos, encontró una pequeña mancha de sangre.

Sacó un pañuelo del bolsillo interior de la chaqueta y limpió cuidadosamente la sangre.

La secretaria abrió los ojos con preocupación.


—¡Señor Schwarzenfeld! ¡Está sangrando!


El vampiro volteó lentamente hacia ella. Sin alterar su expresión, le extendió el pañuelo.


—Tranquila.


La secretaria tomó el pañuelo con cuidado y asintió antes de retirarse.

El vampiro volvió la mirada hacia la ventana.

Durante aquel inesperado beso había aprovechado el instante en que el intruso bajó la guardia para morder ligeramente su labio inferior. No había sido un acto impulsivo. Ni siquiera en medio de aquella absurda situación había dejado de analizar cada detalle.

Si el desconocido conseguía escapar...

Al menos no lo haría sin dejar su identidad atrás.

Una leve sonrisa se dibujó en sus labios.


—Haz que analicen esta muestra de sangre.

Capítulos
1. Una muestra de sangre
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