Capítulo 1: La voz detrás de él
Jimin supo que alguien había cambiado las sillas antes de que su bastón encontrara una atravesada en el pasillo.
El golpe seco contra una pata metálica se perdió entre conversaciones, mochilas cerrándose y vasos de café apoyados sobre las mesas. Se detuvo apenas un segundo. No porque no supiera qué hacer, sino para imaginar el espacio con los sonidos que lo rodeaban.
La sala olía a madera barnizada, papel y café demasiado dulce. A su derecha, alguien reía junto a las ventanas. Más adelante, una estudiante discutía por teléfono. El aire acondicionado vibraba sobre la puerta y el sol de la mañana entraba con tanta fuerza que incluso desde el corredor Jimin sentía una presión desagradable detrás de los ojos.
—Te dije que te esperaría abajo.
Reconoció el perfume de Taehyung antes de sentir su mano cerca del codo.
—Y yo te dije que podía llegar solo.
—No pensaba cargarte, dramático. Venía a acompañarte.
—Eso dices ahora.
Taehyung apartó la silla del camino. Jimin percibió el arrastre y frunció el ceño.
—Déjala junto a la pared. Alguien más podría tropezar.
—Sí, señor Park.
Jimin plegó el bastón cuando llegaron a la primera fila. No necesitó buscar demasiado para encontrar el asiento: Taehyung ya había dejado su bolso sobre la mesa, como hacía desde que comenzaron la universidad.
Escogían siempre un lugar alejado de las ventanas. Jimin todavía podía distinguir la claridad que entraba por ellas, pero los días soleados convertían el aula en una mancha blanca y dolorosa. En cambio, desde esa esquina, bajo una luz artificial más suave, lograba percibir los contornos de las mesas, el movimiento de las personas y algunos colores.
Taehyung vestía algo verde. O quizás azul. Jimin no estaba seguro, pero el suéter formaba una sombra amplia frente a él y su cabello oscuro atrapaba la luz alrededor de su cabeza.
—¿Y Jin? —preguntó Jimin.
—Namjoon vino a buscarlo antes de que entráramos. Dice que nos espera para almorzar.
—¿Otra vez se dejó sobornar con comida?
—Le trajo desayuno.
—Lo detesto.
—Tú también quieres un novio que te traiga desayuno.
—Quiero el desayuno. El novio es negociable.
Taehyung soltó una carcajada que hizo girar a alguien cerca de ellos. Jimin sonrió mientras sacaba su tableta y conectaba los audífonos. Aumentó el contraste de la pantalla hasta que las letras aparecieron blancas sobre un fondo negro, grandes y definidas a pocos centímetros de su rostro.
La asignatura se llamaba Narrativas Contemporáneas. Jin la había descrito como «una materia sencilla para completar créditos», lo que, viniendo de él, podía significar cualquier cosa entre ver películas y escribir una tesis semanal.
—Jimin —susurró Taehyung.
—¿Qué?
—Él está aquí.
Jimin dejó de mover los dedos sobre la pantalla.
—¿Quién?
Taehyung acercó la silla. El aroma limpio de su ropa se mezcló con el café del salón.
—Min Yoongi.
Jimin había escuchado ese nombre durante las últimas dos semanas, aunque jamás había hablado con su dueño. Jin aseguraba que nadie sabía realmente qué había pasado con él. Taehyung decía que tenía una cicatriz enorme en el rostro. Otros estudiantes hablaban de una expulsión, peleas y una noche en una comisaría.
Cada versión era más dramática que la anterior.
—¿Dónde está? —preguntó Jimin.
—Al fondo.
—¿Y qué hace?
—Está... sentado.
Jimin giró el rostro hacia él.
—Qué aterrador.
—No me molestes. Solo te estoy avisando.
—¿Por qué?
Taehyung tardó demasiado en responder.
—Porque dicen que no es de fiar.
Jimin apoyó los codos sobre la mesa.
—También decían que tú incendiaste el laboratorio el año pasado.
—Fue una cantidad mínima de humo.
—Activaste tres alarmas.
—Ese no es el punto.
A dos filas de distancia, unas voces bajaron de volumen. Jimin no pretendía escucharlas, pero había aprendido hacía mucho que las personas rara vez recordaban cuidar sus palabras cuando creían que él tampoco podía verlas.
—Dicen que se la hicieron en una pelea —comentó alguien.
—Mi compañero de residencia asegura que fueron tres contra él.
—Yo escuché que tenía un cuchillo.
—¿Yo o los otros tres?
La voz surgió detrás de ellos.
Era profunda, más cercana de lo que Jimin esperaba. El sobresalto le recorrió la espalda y su rodilla golpeó la parte inferior de la mesa. Su tableta se deslizó unos centímetros.
El salón quedó en silencio.
—Si van a inventar mi vida —continuó la misma voz—, al menos podrían hacerla interesante.
Una silla rechinó. Alguien murmuró una disculpa y los pasos se alejaron rápidamente.
Jimin mantuvo una mano sobre la tableta. Su corazón todavía latía con una velocidad absurda. No había escuchado acercarse a Yoongi entre todas las conversaciones.
Taehyung se había quedado rígido a su lado.
—¿Estás bien? —preguntó en voz baja.
Antes de que Jimin pudiera responder, la voz grave sonó nuevamente, esta vez más lejos.
—No iba a hacerle nada.
Había algo cortante en la frase. No exactamente enojo. Jimin conocía demasiado bien ese tono: era el que utilizaban quienes ya esperaban ser acusados antes de que alguien abriera la boca.
Giró el rostro hacia la voz. Distinguió una silueta oscura junto a la mesa contigua, delgada y quieta. La luz rozaba uno de sus costados, pero sus facciones se deshacían en sombras antes de que Jimin pudiera ordenarlas.
—No me asustaste tú —aclaró—. No te escuché llegar.
La figura no se movió.
—Qué alivio.
La respuesta parecía sarcástica, pero debajo había algo más difícil de reconocer.
Yoongi tomó asiento dos filas detrás de ellos. Jimin escuchó el sonido de unos anillos chocando contra la superficie de la mesa y después el roce de hojas arrancadas de un cuaderno.
Taehyung se inclinó hacia él.
—¿Viste cómo habla?
—No, Tae. Precisamente no vi.
—Sabes a qué me refiero.
Jimin contuvo una sonrisa.
La profesora entró antes de que Taehyung pudiera continuar. Sus tacones marcaron un ritmo rápido sobre el suelo y el murmullo de la sala disminuyó.
—Buenos días. Antes de comenzar, despejemos una cuestión importante: el proyecto de esta asignatura representa el sesenta por ciento de la calificación final.
Varias personas protestaron.
Jimin abrió la aplicación de notas y activó la transcripción. La voz de la profesora comenzó a transformarse en palabras grandes sobre la pantalla.
—Trabajarán durante todo el semestre en una narración construida desde dos percepciones diferentes. Puede ser audiovisual, sonora, fotográfica o escrita. Las parejas ya están asignadas.
A Jimin no le gustó esa última frase.
Taehyung encontró su mano bajo la mesa y la apretó.
—Si nos separa, abandono la universidad —susurró.
—Esta es tu tercera amenaza de abandono esta semana.
La profesora comenzó a leer los nombres. Cada pareja provocaba susurros, risas o quejas disimuladas. Taehyung terminó con Hoseok, a quien conocían desde el semestre anterior. Celebró en voz baja.
Jimin siguió esperando.
—Park Jimin trabajará con Min Yoongi.
Esta vez nadie se rio.
El silencio fue tan evidente que Jimin alcanzó a escuchar el zumbido de una lámpara sobre sus cabezas. Taehyung no soltó su mano.
Desde atrás llegó el crujido de una silla.
Jimin sintió calor en las mejillas, más por la reacción de los demás que por el nombre en sí. Odiaba esos silencios cargados de compasión, como si el salón entero acabara de presenciar una desgracia.
La profesora continuó leyendo parejas.
Cuando terminó la clase, Taehyung guardó las cosas con movimientos bruscos.
—Podemos hablar con ella.
—¿Para qué?
—Para que te cambie.
—Ni siquiera lo conozco.
—Exactamente.
Jimin guardó la tableta y buscó el bastón plegado sobre la mesa. Antes de encontrarlo, escuchó dos pasos acercándose. Esta vez fueron deliberadamente claros.
—Park Jimin.
La voz grave ya no lo sobresaltó.
Jimin levantó el rostro. A esa distancia percibía el cabello negro de Yoongi, la línea oscura de sus hombros y una zona irregular que atravesaba el lado izquierdo de su cara. No podía distinguir más.
—Ese soy yo.
Hubo una breve pausa.
—¿Quieres solicitar que te cambien de compañero?
Taehyung se tensó a su lado.
Jimin sostuvo la mirada en el lugar donde calculaba que estaban los ojos de Yoongi.
—¿Tú quieres cambiarme?
—No te conozco.
—Entonces estamos en igualdad de condiciones.
Los anillos de Yoongi chocaron entre sí cuando cerró la mano. Jimin esperó alguna respuesta cortante, pero lo que oyó fue una exhalación breve. Casi una risa.
—Biblioteca, mañana, a las cinco —dijo Yoongi—. Segundo piso.
—A las cinco está bien.
Yoongi dejó una tarjeta sobre la mesa.
—Mi número está escrito ahí.
Jimin pasó los dedos por la superficie lisa.
—No puedo leer esto.
El silencio regresó, aunque esta vez pertenecía únicamente a los tres.
—Mierda —murmuró Yoongi.
Jimin sonrió.
—Puedes dictármelo.
Yoongi lo hizo. Despacio, sin levantar la voz y repitiendo cada número mientras Jimin lo guardaba en el teléfono.
Antes de marcharse, golpeó suavemente dos veces la mesa.
—Me voy.
Sus pasos se alejaron entre las sillas.
Taehyung esperó hasta que la puerta se cerró.
—Sigo pensando que deberías tener cuidado.
Jimin guardó el teléfono en el bolsillo y desplegó su bastón.
Quizá Taehyung tenía razón. Quizá todas aquellas historias contenían una parte de verdad. Pero mientras avanzaba hacia la salida, Jimin solo podía pensar en los dos golpes sobre la mesa.
Yoongi había anunciado que se marchaba para que no tuviera que adivinarlo.
Nadie le había enseñado que debía hacerlo.
Aun así, lo había comprendido.
Holaa soy yo después de mucho tiempo espero que esta historia les gusta tanto como me gusto escribirla, la verdad es que esta casi en su 80% lista ya está bastante avanzada.
Y recuerda
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