MI PERSONA FAVORITA
—¿Ya llegaste?
Renata sonrió al leer el mensaje.
Sebastián ❤️
—Hace diez minutos. ¿Tú dónde estás?
—Adivina.
Renata miró hacia la puerta del pequeño café donde habían quedado de encontrarse. Y entonces lo vio.
Sebastián entró con una sonrisa enorme y una pequeña bolsa en la mano.
—Llegas tarde —dijo ella, fingiendo molestia.
—Solo fueron diez minutos.
—Diez minutos son mucho.
—Entonces tendré que compensarlo.
Se sentó frente a ella y sacó de la bolsa una pequeña caja.
Renata levantó una ceja.
—¿Qué es?
—Ábrela.
Dentro había una pulsera sencilla con un pequeño dije en forma de sol.
Renata lo miró sorprendida.
—Sebastián...
—La vi y pensé en ti.
Ella sonrió.
—¿Por qué un sol?
Él tomó su mano.
—Porque eres mi rayo de sol.
Renata soltó una pequeña risa.
—Eso fue demasiado cursi.
—Pero te gustó.
—Muchísimo.
Sebastián sonrió y besó su mano.
Llevaban tres años juntos.
Tres años de cumpleaños, fotografías, viajes cortos, tardes interminables hablando y sueños que habían construido entre los dos.
Sabían cómo se gustaba el café del otro.
Qué canciones los hacían bailar.
Qué películas podían ver cien veces.
Y también sabían exactamente cómo imaginaban su futuro.
Una casa.
Viajes.
Tal vez dos hijos.
Y una vida juntos.
Renata apoyó la cabeza sobre su hombro.
—¿Sabes qué es lo que más me gusta de nosotros?
—¿Qué?
—Que puedo imaginarme toda mi vida contigo.
Sebastián la abrazó.
—Yo también.
En ese momento ninguno de los dos podía imaginar que algún día esas mismas palabras serían uno de los recuerdos que más les dolería.
Porque todavía no lo sabían.
Su amor era enorme.
Pero también estaba a punto de convertirse en algo que ninguno de los dos sabía controlar.








