PRÓLOGO
ADVERTENCIA ⚠️
DE CONTENIDO (+18)
Esta historia es un Thriller Psicológico y Romance Oscuro que contiene temas que pueden resultar sensibles para algunos lectores. Se recomienda discreción.
Incluye representaciones de:
Abuso psicológico y manipulación: Temas relacionados con dinámicas familiares tóxicas y traumas de infancia.
Violencia y uso de armas: Escenas de acción, enfrentamientos físicos y heridas de bala.
Menciones de instituciones mentales: Referencias a internamientos forzados (manicomios).
Contenido sexual explícito
Lenguaje adulto.
Si eres sensible a estos temas, por favor lee bajo tu propia responsabilidad. Esta es una obra de ficción destinada a un público maduro.
"Inspirada libremente en la atmósfera de 'La Doncella' (The Handmaiden), esta es una reimaginación que explora la libertad, la identidad y el amor nacido en el engaño. Espero que disfruten este viaje tanto como yo disfruté creándolo."
La lluvia sobre Gyeongseong no era una bendición, era un peso. En los barrios bajos, el agua se mezclaba con el hollín de las fábricas y la desesperación de los callejones, creando un lodo negro que parecía devorar los pasos de los transeúntes. Sin embargo, para Lim Sae-ryung, la lluvia era simplemente un inconveniente estético.
Ella avanzaba por el distrito de los desahuciados con la precisión de un bisturí. Su figura era un contraste violento con la decrepitud del entorno: vestía un abrigo de cachemira color crema que cortaba la niebla y sostenía un paraguas de estructura de acero y seda negra.
Su rostro, de una belleza aristocrática y gélida, no mostraba emoción alguna. Sus ojos, afilados
y oscuros, buscaban un número específico en una puerta que apenas se sostenía en pie.
Sae-ryung no estaba allí por caridad. Estaba allí para comprar un alma.
Al entrar en el tugurio, el olor a humedad y tabaco barato la golpeó, pero no arrugó la nariz.
En el centro de la habitación, bajo una bombilla desnuda que parpadeaba como un corazón enfermo, estaba él. In-ho.A sus 27 años, In-ho poseía la estampa de un hombre que había visto demasiado. Era alto, de hombros anchos y una musculatura fibrosa forjada en la necesidad de sobrevivir. Su rostro era una combinación peligrosa de ángulos rectos y una mirada que parecía atravesar
cualquier mentira. Estaba sentado limpiando una vieja pistola, pero al verla, la guardó con una lentitud deliberada.
-Es una visita arriesgada para alguien con zapatos tan caros, Sae-ryung -dijo In-ho. Su voz era un barítono profundo, cargado de un cinismo elegante.
-El riesgo es una moneda que sé manejar, In-ho -respondió ella, cerrando el paraguas con
un chasquido que resonó como un disparo.
-Y he venido porque necesito tu... "talento" para la puesta en escena.
Sae-ryung se acercó a la mesa de madera podrida y, con un gesto de desdén hacia el polvo, dejó caer una carpeta de cuero. In-ho la abrió. Lo primero que vió fue la fotografía de un joven.
-Seong Gi-hun -anunció Sae-ryung-Veinticinco años. El heredero de la industria textil Seong. Un joven que posee una fortuna incalculable, pero cuya voluntad es tan blanda como la seda que fabrica su familia. Su tío, el regente, lo mantiene prácticamente recluido en la mansión, bajo la excusa de una "salud frágil". Es un pájaro en una jaula de oro que no conoce el mundo exterior.
In-ho observó la foto. Gi-hun tenía una belleza juvenil y melancólica; su cabello negro le caía sobre unos ojos que irradiaban una inocencia casi ofensiva para alguien como In-ho.
-¿Y qué quieres de este niño? -preguntó In-ho, levantando una ceja-. ¿Un rescate? ¿Un robo?
-Quiero una boda -sentenció Sae-ryung, sentándose frente a él con una elegancia que transformaba el tugurio en un salón de palacio.
-Voy a casarme con él. Voy a ser la señora de la casa Seong y, una vez que el anillo esté en su dedo y mi nombre en su testamento, Gi-hun será "trasladado" a una institución donde no pueda estorbar. Pero hay un problema: el chico es esquivo. No deja que nadie se le acerque. Teme a las mujeres, teme a los extraños... solo confía en quienes le sirven día a día.
In-ho soltó una carcajada seca, llena de ironía.
-Y quieres que yo sea el que le prepare el té y le planche las camisas. Me sobreestimas, Sae-ryung. No tengo paciencia para la servidumbre.
-No serás un sirviente común -dijo ella, inclinándose hacia él, su perfume de sándalo y lujo llenando el espacio.- Serás su sombra. Su confidente. El único amigo que ha tenido en años. Tu trabajo es entrar en esa mansión como su nuevo asistente personal. Debes estudiar sus debilidades, escuchar sus suspiros y, sobre todo, debes susurrar mi nombre en su oído como si fuera la única salvación a su soledad.
In-ho entrecerró los ojos, procesando el plan. Su mente de estafador empezó a ver las piezas del tablero.
-Quieres que lo persuada. Que lo empuje a tus brazos.
-Exactamente. Gi-hun es un romántico atrapado en el siglo XIX. Necesita creer que el matrimonio conmigo es su idea, su escape de la tiranía de su tío. Tú serás el arquitecto de ese engaño. Le dirás lo hermosa que soy, lo mucho que me preocupa su bienestar... lo harás desearme sin haber cruzado más de tres palabras conmigo.
In-ho se puso en pie, revelando su imponente estatura. Caminó alrededor de Sae-ryung, evaluándola.
-Es un juego largo. Gi-hun parece el tipo de persona que se asusta con facilidad. Si noto que sospecha, me iré con la mitad de la plata.
-Si lo haces bien, no habrá necesidad de huir. Te daré una suma que hará que este callejón parezca una pesadilla olvidada -Sae-ryung sacó un sobre grueso, lleno de billetes nuevos.
- Este es el anticipo. Mañana, un sastre irá a tu otra dirección. Necesitas parecer un sirviente de clase alta: discreto, pulcro, pero con esa presencia que haga que Gi-hun se sienta seguro a tu lado.
In-ho tomó el sobre y lo pesó en su mano. Miró de nuevo la foto de Gi-hun. Había algo en la pureza de ese rostro que le causaba una extraña irritación... y una curiosidad oscura. Se preguntó cuánto tardaría en corromper esa mirada de 25 años.
-¿Cómo se supone que me presente? -preguntó In-ho.
-Mañana llegarás a la mansión con una carta de recomendación falsa que yo misma he gestionado -respondió Sae-ryung, levantándose y recuperando su paraguas.
- Serás el hombre que cambiará su destino. Recuerda, In-ho: él no debe verte como una amenaza, sino como su único aliado. Y ese aliado debe convencerlo de que yo soy la única mujer que puede amarlo.
Sae-ryung caminó hacia la puerta, pero antes de salir, se giró con una sonrisa gélida.
-Ah, y una cosa más. No te encariñes con el juguete. Gi-hun es solo el medio para un fin.
In-ho no respondió. Se quedó solo en la penumbra, observando el reflejo de la bombilla sobre la foto de Gi-hun. El plan de Sae-ryung era perfecto, una red de seda y veneno. Pero In-ho sabía que, en los juegos de espejos, a veces el reflejo cobra vida propia.
Mañana, el estafador entraría en el palacio. Mañana, Gi-hun conocería al hombre que, mientras le abrochaba la chaqueta, le estaría robando el alma por orden de una mujer que solo amaba el poder.
Nota de Autora:
"¡Hola a todos! Pero ya estoy de vuelta y no quería dejarlos esperando más. Prepárense, porque este capítulo viene cargado de toda esa tensión dramática que tanto nos gusta. Gracias por la paciencia y por seguir aquí en El Reflejo del Engaño. ¡Disfruten la lectura! ✨"








