En el fin del mundo
Señor. Reconozco ser un error de la existencia;
solo siento por sentir.
Por que el vacío me devoró la carne,
el día que elegí el olvido.
Mi sangre subyace un coágulo inerte,
mi llanto, una marea sin orillas.
Soy un alma desechable y en descomposición,
un espectro que habita ruinas de sueños e ilusiones
solo para maquillar la palidez de mi Residir.
La tinta me abandona,
y si me abandona sellará el perfomance.
Cuanto ruido, cuanto incauto cielo estrellado en lagrimas viscerales.
sangrará mi verso, como sangra la residencia de los desgraciados.
llorará por la ideal fabula de ser Delirio ajeno,
por una carne y sus gusanos incautos
a la tardía descomposición.
Mi monotonía entregó su última gota de alegría.
Ya no habrá un sueño, ni un querer de oriundo.
se clavará la orquídea en el azulejo roto,
en la celda microscópica de su insignificante estadía.
Porque lo único que sostiene el peso de mi yacer,
es la voracidad de un deseo:
que en este brevísimo, cruento y atemporal soplo,
lograr ser amado y recordado...
en el fin del mundo.
-Juan Diego Hurtado








